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    V.B. Anglada
    Razas y Yogas.


    Tal como ha sido anunciado en el Prefacio de este libro, todos los Yogas, desde el físico al espiritual más elevado y trascendente, arrancan de un tronco común, apoyado en raíces cósmicas y utilizando como marcos de su proyección y realización el espacio, el tiempo, las grandes posiciones astrológicas de los astros, las situaciones planetarias y las distintas Razas que van apareciendo en la Tierra a medida que el espíritu humano, impelido incesantemente hacia adelante en su constante búsqueda de lo eterno, va realizando su evolución y revelando aquel indescriptible Arquetipo de perfección para el cual fue programado desde las excelsas alturas por la Divinidad.

    Lógico es admitir, pues, que existen un Yoga o Sendero y una Meta o Arquetipo ideal para cada uno de los cuerpos o vehículos por medio de los cuales se expresa el ser humano en el incesante devenir de su desarrollo evolutivo. Por ejemplo, el cuerpo físico, a través del Hatha Yoga, tiene como Meta arquetípica la Belleza y el equilibrio de las funciones orgánicas; el cuerpo emocional, por medio del Bakti Yoga debe revelar Bondad desarrollando las cualidades de la devoción, sensibilidad y armonía psíquica y el cuerpo mental, bajo la acción del Raja Yoga, tiene como misión específica revelar la Verdad, la esencia del quinto gran principio cósmico, educiendo las facultades de la razón, del intelecto y del poder de actuar sobre la sustancia material, incorporándola al noble ejercicio del espíritu creador.

    El objetivo esencial de Agni Yoga, de acuerdo con las leyes evolutivas que rigen la expresión del ser humano, es la integración de las cualidades básicas de Verdad, Bondad y Belleza, en un solo Cuerpo místico de expresión universal, introduciendo en cada uno de los cuerpos o vehículos del alma humana, la cualidad de Síntesis.

    Nos ha parecido asimismo conveniente, en nuestro sincero empeño de presentar el Yoga en sus más dilatadas perspectivas, revelar, por primera vez quizás en algún tratado esotérico, la existencia de un nuevo tipo de Yoga surgido de la presión de los tiempos y del rápido cambio de situaciones planetarias provocado por las potentes corrientes de energía que la Gran Constelación de Acuario derrama sobre la Tierra. Denominamos Devi Yoga a este nuevo tipo de Yoga, aunque debemos confesar honestamente que tal denominación quizá no sea la más adecuada y deba ser reemplazada más adelante por otra más conveniente. De momento nos ha parecido correcta debido a que Devi Yoga tiene que ver con el inteligente contacto que deberán realizar los seres humanos con el soberbio mundo de los devas, o los ángeles, en algunas de sus inmediatas jerarquías.

    No obstante y como vía aclaratoria, deberemos decir que se trata de la fusión de la mente los hombres con el sentimiento de integridad de cierto tipo de devas que habitan en el cuarto subplano del plano búdico de nuestro Sistema. Aparentemente esta Meta se halla todavía muy lejana de las posibilidades de los seres humanos en el momento actual, pero, en realidad, el Reino de los Cielos con todas sus magnificentes oportunidades está más cerca de lo que comúnmente se cree por la magnitud del Misterio de Gracia por la cual toda alma tiene en el refugio del Corazón y con toda su potencia la indescriptible posibilidad de aquel Reino.

    Ahora bien, ateniéndonos al curso de nuestras ideas más inmediatas y de acuerdo con el fin propuesto, podemos decir que cada tipo de Yoga corresponde a un período determinado dentro de la expresión planetaria y es incorporado y expresado inicialmente por una bien definida subraza dentro de cada una de las Razas que van apareciendo cíclicamente en la Tierra en el noble empeño por revelar un Arquetipo diseñado por su correspondiente Manú.(1)

    (1) Potencia planetaria que diseña el cuerpo físico de cada una de las siete subrazas dentro de la correspondiente gran raza raíz, de acuerdo con arquetipos universales.

    Podemos decir, así, que Hatha Yoga apareció en cierta lejanísima época de la evolución humana, muchos millones de años antes de que la mente, como principio de coordinación inteligente, actuara en el cerebro. Le siguió en el orden evolutivo el Bakti Yoga, el Yoga de la devoción y de las emociones, cuando empezó a construirse el cuerpo astral y la mónada individual empezó a manifestar anhelos de aproximación a los demás seres que le rodeaban y a rendir un cierto culto de la belleza. Siguió en este orden ascensional la aparición del Raja Yoga, el Yoga de la mente, el de la razón y la autoconciencia, en aquella mística etapa, que más adelante analizaremos, en que el ser semi-animal, que sólo tenía de hombre la apariencia física fue elevado al misterio de la individualización por intercesión de aquellas indescriptibles Entidades cósmicas denominadas esotéricamente los Dhyanes del Fuego (2) o los Ángeles Solares.

    (2) Doctrina Secreta.

    Hay que decir, al llegar a este punto, que el estudio correspondiente al principio de cada Yoga y la búsqueda de sus remotas raíces históricas, han sido realizados leyendo en la luz astral en donde se proyectan los registros akáshicos o memoria cósmica de la Naturaleza. Tales registros nada tienen que ver con los relatos de la historia corriente en sus libros y en sus tratados, sino que son la expresión de "hechos vivientes”, tal como aparecen en la mente de un observador que está reviviendo un recuerdo muy querido y lleno, por tanto, de los más ricos y variados matices. El principio de analogía coopera en esta percepción especial, muy corriente sin embargo en el investigador esotérico, de ver “los hechos” tal como se produjeron realmente y no como los presenta la historia, falseados o distorsionados.

    El tiempo, en su aspecto cronológico, nunca ha limitado la visión de los grandes profetas e iluminados, ni la de aquellos argonautas o aventureros del tiempo, que supieron adentrarse en la luz de los sucesos reales de la historia y que pudiendo ver muy claros los sucesos del pasado, supieron ver también muy claramente las oportunidades del futuro. Existe un antakarana luminoso que surgiendo de las profundas oquedades de la mente, en donde queda archivada toda historia real de la humanidad dentro de un sagrado arcano de los hechos, y elevándose hacia regiones sutiles de la intuición, permite al observador, como en una elevada atalaya, percibir con igual claridad los hechos del pasado como los que tendrán lugar en el futuro. La creación de esta atalaya, de esta línea de proyección ascensional que llamamos técnicamente "antakarana", exige un perfecto entrenamiento mental y una utilización constante del principio hermético de la analogía, que en ciertos casos, permite adueñarse del secreto de la historia.

    Se trata, por así decirlo, de engarzar los acontecimientos del pasado con los del futuro por medio de la atalaya del presente, la cual brindará un radio de visión o de percepción tanto más extenso cuanto más elevada sea la perpendicular del luminoso antakarana desde donde efectuemos nuestras observaciones.

    Desde "un determinado, aunque bien definido nivel" del antakarana individual, han podido ser observados ciertos hechos del pasado en relación con nuestro estudio acerca del Yoga y su identificación concreta, salvo aquellas pequeñas lagunas o vacíos en el tiempo, que todo investigador encuentra en su camino, ha corroborado una vez más la similitud o analogía de los procesos históricos de la humanidad que dieron lugar a la aparición de determinados Yogas, con unas bien definidas corrientes astrológicas y unos muy bien definidos Avatares. Algunos de tales Avatares no han logrado ser identificados debido a la lejanía de su origen histórico, que se pierde en la oscuridad misteriosa del tiempo (3), pero las Figuras de Hermes, Cristo, Buda y Patanjali, más cercanas a nosotros, surgen del fondo del Misterio con una luz esplendorosa que ilumina la historia del Yoga, adjudicándole un valor inmortal y una razón de ser que trascienden todos los aspectos especulativos de la mente y aún del propio tiempo.

    (3) La cadena lunar.


    a) Las Grandes Vinculaciones Raciales

    El Yoga, en todas sus expresiones, es la Voluntad de Dios expresándose en el ser humano a medida que Su programa cósmico va realizándose en el tiempo. Cada tipo de Yoga halla así su adecuada expresión y su período de realización en determinado estadio del proceso evolutivo.

    Según nuestras observaciones –corroboradas siempre por el principio de analogía– los tres primeros Yogas: Hatha Yoga, Bakti Yoga y Raja Yoga, tuvieron raíces históricas en una bien definida subraza de cada una de las tres primeras grandes Razas Raíces. No obstante, a fin de facilitar nuestras ideas acerca de los principios del Yoga como ciencia de expresión de la Divinidad planetaria, iniciaremos nuestro estudio siguiendo este orden:

    Hatha Yoga 3ª Subraza 3ª Raza
    Bakti Yoga 4ª Subraza 3ª Raza Lemur
    Raja Yoga 5ª Subraza 3ª Raza

    Les rogamos tengan presente que este orden no ha sido elegido al azar, sino basándonos en hechos rigurosamente esotéricos afirmados en la sabiduría de la Kábala, según la cual existe una misteriosa relación entre el número característico de una subraza de cualquier Raza Raíz con el mismo número correspondiente a la subraza de las demás Razas raíces. Hemos podido observar al respecto, que en la tercera subraza de la tercera Raza se producía una integración perfecta de funciones en el cuerpo físico de los seres humanos; que en la cuarta subraza de esta misma Raza se notaba una particular y potente expansión del aspecto emocional y que en la quinta subraza aparecía, por primera vez en el destino cíclico del planeta Tierra y concretamente de la humanidad, el fenómeno de la mente.

    Si siguen ustedes esta analogía podrán deducir lógicamente que cuando el número de una subraza coincide con el de la Raza Raíz a la cual pertenece, la integración que se produce ha de tener caracteres realmente impresionantes y de tipo trascendente. Por ejemplo, los altos secretos de la Magia y los grandes poderes psíquicos se introdujeron en la humanidad durante el período de evolución asignada a la cuarta subraza de la Cuarta Raza Raíz, la Atlante, y los tremendos avances técnicos y las grandes conquistas en el orden científico de nuestra humanidad actual, tienen lugar precisamente en los momentos cíclicos en que se está desarrollando e integrando la quinta subraza dentro de la Quinta Raza, la Aria.

    Al estudiar estas analogías que sometemos a la consideración de ustedes deben tener presente que en función de actividad de Reinos se le asigna esotéricamente al cuerpo físico el número 3 (reinos mineral, vegetal y animal), al cuerpo emocional, el número 4 (reino humano) y al vehículo mental, el número 5, (en razón de que es a través del mismo que se ha de alcanzar el quinto Reino de la Naturaleza, el de las Almas y que la mente responde a la ley del quinto gran Principio cósmico, el del Fuego creador).

    Las dos primeras grandes Razas Raíces aparecidas en la Tierra y que crearon las matrices físicas y emocionales de la humanidad, se pierden en la lejanía del tiempo por cuanto estaban vinculadas todavía con la evolución del esquema lunar, o sea, con la actividad de ciertos poderosos Pitris (4) que en aquel planeta –hoy un cadáver flotante en el espacio y condicionado al movimiento de rotación de la Tierra– realizaron su evolución.

    (4) Adeptos Potencias planetarias.

    Estas dos Razas traían el mensaje lunar en forma de dos definidos átomos permanentes, el físico y el astral. El átomo permanente mental aparecería mucho más adelante como una aportación netamente solar y entró en actividad por la directa aportación de los Señores de la Llama.(5)

    (5) Cuatro Grandes Seres, procedentes del planeta Venus, llamados también los Cuatro Kumaras.

    Siguiendo el hilo de una correcta analogía podríamos decir que las primeras Jerarquías espirituales que estuvieron en contacto con la incipiente humanidad terrestre eran de procedencia lunar y que, a través de los primeros átomos permanentes, el físico y el astral, que pusieron en vibración activando el poder de su fuego o llama interna (un proceso de memorización cósmica), crearon las primeras formas o vehículos para que la Mónada o Espíritu del ser humano, iniciara su evolución.

    b) Los Orígenes Raciales del Hombre

    Los primeros cuerpos construidos (de proyección netamente lunar) no tenían físicamente nada en común con los cuerpos actuales de los hombres. Aparecen ante la percepción clarividente como una especie de sacos disformes, constituidos de una materia gelatinosa y con unos orificios situados en donde el cuerpo humano tiene actualmente la boca, la nariz y el expulsor de los elementos gastados del organismo. Aparece sin carácter de sexo, lo cual hace suponer que la reproducción de la especie es netamente andrógina o que se realiza quizá por escisión, como en el caso de las amebas.(6) Existen dos únicas y bien definidas funciones, la alimentación y la respiración.

    Toda la conciencia se halla centralizada en estas actividades básicas y es conmovedor contemplar el trabajo de cierto tipo de devas contribuyendo al proceso de estructuración de las formas y enseñando a aquellos primitivos seres, semillas de la humanidad terrestre, a comer y a respirar. Esta fase, correspondiente a la evolución de la primera subraza de la primera Raza Raíz, es la primera actividad cíclica del Yoga en nuestro planeta. En este punto todavía inconcreto e indefinido en el marco de la historia, pero constituyendo un "hecho objetivo" para cierta modalidad de visión, o percepción, aparece Hatha Yoga, el Yoga del cuerpo físico que, a través de las edades tiene como misión crear el tabernáculo objetivo para la Mónada espiritual. En las próximas subrazas que irán apareciendo se diseñarán nuevos aspectos estructurales y se desarrollarán nuevas funciones, pero siempre dentro de un orden puramente físico.

    Aparecerán así la vista, el oído, el olfato y, más adelante, el gusto y el tacto y estos sentidos, cuyo desenvolvimiento exige edades, son apertura de la vida interna hacia el exterior.

    Al final de la séptima subraza de la Primera Raza Raíz, el ser humano posee un cuerpo bien definido y estructurado, pero tosco y desproporcionado. Los miembros son fuertes, extraordinariamente fuertes en relación con los cuerpos actuales; los brazos, por ejemplo, son extremadamente largos y cuando el ser que posee este cuerpo anda, más que andar causa la sensación de que se arrastra por el suelo. El cuerpo está cubierto de pelos, largos, espesos y cerdosos, los ojos son muy pequeños, aunque vivos y penetrantes. Las orejas largas y la nariz muy achatada y con grandes fosas nasales. Raras veces se levanta del suelo y su columna vertebral no adopta casi nunca una posición vertical con respecto a aquél. Forma parte todavía de la tierra, como un elemento más de la misma y hacia ella dirige constantemente su atención inmediata y sus mudos interrogantes van orientados hacia abajo, sintiendo el infinito peso de la gravedad terrestre que contiene el secreto dormido de su karma como hombre futuro.

    (6) Véase artículo complementario: “La gran escisión”.

    En las primeras subrazas de la segunda Raza Raíz, el panorama ha sufrido ya alguna modificación; en primer lugar porque el segundo átomo permanente, el astral, ha iniciado ya su actividad y la Mónada espiritual que utiliza las energías que aquel átomo astral genera, empieza a desarrollar el germen de la sensibilidad y a experimentar ciertas modificaciones astrales en la conciencia embrionaria que se va estructurando. Ello implica que en determinada zona de la misma empieza a crearse un núcleo de materia astral, que convenientemente aglutinada alrededor del átomo permanente, constituye el primer síntoma de conciencia sensitiva que se eleva por encima de la rudimentaria conciencia física.

    El proceso de desarrollo de la conciencia astral es largo, larguísimo, y altamente doloroso para la Mónada encarnada. El cuerpo físico aparece ahora, en la cuarta subraza de la segunda Raza, mucho más estilizado aunque gigantesco. Alcanza alturas de tres y cuatro metros. El ambiente circundante es realmente hostil y el cuerpo humano ha de ser extraordinariamente fuerte para poder sobrevivir a la espantosa lucha cotidiana contra los elementos y los gigantescos y agresivos animales, reptiles en su mayor parte, que le disputan la posesión de la tierra.

    La sensación constante del peligro inmediato y la tremenda necesidad de una inminente y adecuada réplica, constituyen el primer síntoma de acercamiento entre sí de los hombres-animales. Se les ve constituyendo núcleos y pequeñas comunidades en donde impera la ley del más fuerte, y se alimentan de los despojos de los animales muertos y aún de los de su propia especie. No vamos a entrar en detalles acerca del desarrollo evolutivo de esta primitiva segunda Raza Raíz. Pero, al finalizar la misma, ya en sus últimas etapas o subrazas, como un tremendo ensayo de la Vida de Dios en la Naturaleza, vemos que el hombre-animal posee un cuerpo parecido al nuestro actual, aunque con unas muy específicas variantes; la cabeza es muy pequeña, los ojos algo mayores que en el proceso estructural de finales de la primera Raza, las orejas más pequeñas, así como los orificios de la nariz. Los brazos algo más cortos y las piernas más largas.

    La columna vertebral se ha elevado constituyendo una vertical sobre la horizontalidad del suelo(7) y ya no se arrastra sino que camina. El cerebro, que en las primeras subrazas de la segunda Raza aparecía alojado en la región del plexo solar, se halla situado ahora en la parte posterior de la cabeza. Pero, prescindiendo de la forma física, hay que notar preferentemente un notable desarrollo de la sensibilidad, la aparición de las sensaciones de simpatía y antipatía y una cierta atracción hacia las cualidades de belleza implícitas en las grandes y esplendentes formas vegetales, en la luz del Sol y en un estrellado firmamento. Mudas interrogantes se van elevando hacia el cielo. Se contemplan las silenciosas oquedades del mismo y se rinde culto al Sol en donde se presiente y adivina la Vida de Dios.

    (7) En este sagrado punto de la experiencia humana se construye definidamente el Chacra Muladhara, el depósito del fuego de Kundalini.

    Otro tipo de devas, aunque todavía de procedencia lunar y muy relacionados con la evolución del átomo permanente astral, aunque insuflados de ciertas corrientes espirituales de vida jerárquica, ayudan y cooperan en el proceso de expansión de la vida sensitiva y la actividad conjunta de las mudas invocaciones de los hombres-animales hacia las inmortales Alturas, la cooperación de los devas y el progresivo aliento de la Divinidad expresándose como vida infinita a través de la Mónada espiritual, abren el ciclo de Bakti Yoga, el Yoga de la devoción a la Divinidad, del desarrollo del mundo emocional, de la sensibilidad o bondad oculta que subyace en los profundos y misteriosos repliegues de la vida monádica en creciente expansión.


    V.B.Anglada



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