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    Allan Kardec
    Amar al prójimo como a sí mismo.


    El mayor mandamiento

    1. Mas los fariseos cuando oyeron que había hecho callar a los Saduceos, se juntaron en consejo. - Y le preguntó uno de ellos que era doctor de la ley, tentándole:

    Maestro: ¿Cuál es el grande mandamiento en la ley? - Y Jesús le dijo:

    Amarás al Señor tu Dios de todo corazón, y de toda tu alma y de todo tu entendimiento. - Este es el mayor y el primer mandamiento.-Y el segundo, semejante es a éste. "Amarás a tu prójimo como a tí mismo".

    De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (San Mateo, cap. XXIII, v. 34 a 40).

    2. "Y así todo lo que queréis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos". Porque ésta es la ley y los profetas. (Id., cap. VII, v. 12). - Y lo que queréis que hagan a vosotros los hombres, eso mismo haced vosotros a ellos. (San Lucas, cap. VI, v. 31).

    3. Por esto el reino de los cielos es comparado a un hombre rey, que quiso entrar en cuentas con sus siervos.-Y habiendo comenzado a tomar las cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos.-Y como no tenía con qué pagarlos, mandó su señor que fuese vendido él y su mujer, y sus hijos y cuanto tenía y que se le pagase. - Entonces el siervo, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Señor, espérame, que todo te lo pagaré.

    - Y compadecido el Señor de aquel siervo, le dejó libre y le perdonó la deuda. -

    Mas luego que salió aquel siervo, halló uno de sus consiervos, que le debía cien denarios, y trabando de él, le quería ahogar diciendo: Paga lo que me debes. - Y arrojándose a sus pies su compañero, le rogaba diciendo: Ten un poco de paciencia, y todo te lo pagaré. - Mas él no quiso; sino que fué y le hizo poner en la cárcel, hasta que pagase todo lo que debía.

    Y viendo los otros siervos sus compañeros lo que pasaba, se entristecieron mucho: y fueron a contar a su Señor todo lo que había pasado. - Entonces le llamó su Señor y le dijo: Siervo mato, toda la deuda te perdoné, porque me lo rogaste. -

    ¿Pues no debías tu también tener compasión de tu compañero, así como yo la tuve de tí? Y enojado su Señor, lo hizo entregar a los atormentadores hasta que pagase todo lo que debía.

    Del mismo modo hará también con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáreis de vuestros corazones cada uno a su hermano. (San Mateo, cap. XVIII, v. de 23 a 25).

    4. "Amar a tu prójimo como a tí mismo, hacer por los otros lo que quisiéramos que los otros hiciesen por nosotros", es la expresión más completa de la caridad, porque resume todos los deberes para con el prójimo. No se puede tener guía más segura sobre este particular que el tomar por medida de lo que debe hacerse con los otros lo que deseamos que a nosotros se nos haga. ¿Con qué derecho se exigiría a nuestros semejantes mejores procederes de indulgencía, de benevolencia, y de afecto, que los que se tiene con ellos? La práctica de estas máximas se dirige a la destrucción del egoísmo; cuando los hombres las tomen por regla de su conducta y por base de sus instituciones, comprenderán la verdadera fraternidad y harán reinar entre ellos la paz y la justicia; no habrá ya ni odios ni disensiones, sino unión, concordia y benevolencia mutua.

    Dad al César lo que es del César

    5. Entonces los Fariseos se fueron, y consideraron entre sí cómo le sorprenderían en lo que hablase. - Y le envían sus discípulos juntamente con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios en verdad, y que no te cuidas de cosa alguna; porque no miras a la persona de los hombres. - Dinos, pues, ¿qué te parece; es lícito dar tributo al César, o no?

    Mas Jesús, conociendo la malicia de ellos, dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? -Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario - Y Jesús les dijo: ¿cúya es esta figura e inscripción? - Dícenle: del César. Entonces les dijo: "Pues pagad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

    Y cuando esto oyeron, se maravillaron, y dejándole, se retiraron. (San Mateo, cap. XXII, v. de 15 a 22. - San Marcos, cap. XII, v. de 13 a 17).

    6. La cuestión propuesta a Jesús fué motivada por la circunstancia de que teniendo los judíos horror al tributo impuesto por los romanos, lo habían hecho cuestión religiosa, formándose un partido numeroso para negárselo: el pago del tributo era, para ellos, pues, una cuestión irritante de actualidad, sin lo cual la pregunta hecha a Jesús:

    "¿No es libre el pagar o dejar de pagar el tributo al César?" no hubiera tenido ningún sentido. Esta pregunta era un lazo; porque según su respuesta, esperaban excitar contra él, ya sea a la autoridad romana, ya a los judíos disidentes. Pero ,"Jesús, conociendo su malicía", elude la dificultad dándoles una lección de justicia, diciendo que a cada uno debe dársele lo que le corresponde. (Véase la introducción, art. Publicanos).

    7. Esta máxima: "Dad al César lo que es del César" no debe entenderse de una manera restrictiva y absoluta. Como todas las enseñanzas de Jesús, es un principio general resumido bajo una forma práctica y usual, y deducido de una circunstancia particular: Ese principio es consecuencia del que dice que debemos obrar respecto a los otros como quisiéramos que éstos obrasen con respecto a nosotros; condena todo perjuicio material y moral causado a otro, toda violación de sus intereses, y prescribe el respeto a los derechos de cada uno, como cada uno desea que se le respeten los suyos; se extiende al cumplimiento de los deberes contraídos con la familia, la sociedad, la autoridad, lo mismo que con los individuos.


    INSTRUCIONES DE LOS ESPÍRITUS

    La ley de amor

    8. El amor resume toda la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia, y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. El hombre en su origen sólo tiene instintos; más adelantado y corrompido, sólo tiene sensaciones; pero instruído y purificado, tiene sentimientos, y el punto exquisito del sentimiento es el amor; no el amor en el sentido vulgar de la palabra, sino ese sol interior que condensa y reúne en su ardiente foco todas las aspiraciones y todas las revelaciones sobrehumanas. La ley de amor reemplaza a la personalidad por la fusión de los seres, y aniquila las miserias sociales. ¡Feliz aquel que, elevándose sobre su humanidad, quiere con grande amor a sus hermanos doloridos! ¡Feliz aquel que ama, porque no conoce ni la carestía del alma ni la del cuerpo; sus pies son ligeros y vive como transportado fuera de sí mismo! Luego que Jesús hubo pronunciado esta divina palabra: amor, hizo con ella estremecer a los pueblos, y los mártires, embriagados de esperanz
    a, descendían al circo.

    El Espiritismo, a su vez viene a pronunciar la segunda palabra del alfabeto divino; estad atentos, porque esa palabra levanta la piedra de las tumbas vacías, y la "reencarnación", triunfando de la muerte revela al hombre ofuscado su patrimonio intelectual; ya no le conduce a los suplicios, sino a la conquista de su ser elevado y transfigurado. La sangre ha rescatado al espíritu y el espíritu debe rescatar hoy al hombre de la materia.

    He dicho que el hombre en su principio sólo tiene instintos; aquel, pues, en quien dominan los instintos está más próximo al punto de partida que al fin. Para adelantar hacia éste, es preciso vencer los instintos en provecho de los sentimientos, es decir, perfeccionar éstos sofocando los gérmenes latentes de la materia. Los instintos son la germinación y los embriones del sentimiento; llevan consigo el progreso, como la bellota encierra la encina; y los seres menos avanzados son los que permanecen avasallados por sus instintos. El espíritu debe ser cultivado como un campo: toda la riqueza futura depende del trabajo presente, y más que bienes terrestres os traerá la gloriosa elevación; entonces será cuando, comprendiendo la ley de amor que une a todos los seres, buscaréis en ella los suaves goces del alma, que son los preludios de los goces celestes.
    (Lázaro. París, 1862).

    9. El amor es de esencia divina, y desde el primero hasta el último poseéis en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado. He aquí un hecho que podéis haber observado muchas veces: el hombre más abyecto, más vil y más criminal, siente por un ser o por un objeto cualquiera un afecto vivo y ardiente a prueba de todo lo que tendiera a disminuirlo, que toma a menudo proporciones sublimes.

    He dicho por un ser o por un objeto cualquiera porque hay entre vosotros individuos que prodigan los tesoros de amor de que su corazón rebosa, a los animales, a las plantas y aun a los objetos materiales; especie de misántropos, que se quejan de la humanidad en general, que se resisten a la inclinación natural de su alma y que buscan a su alrededor afecto y simpatía. Esos rebajan la ley de amor al estado de instinto. Pero por más que hagan, no podrán sofocar el gérmen vivo que Dios, al crearlos, deposító en su corazón: este germen se desarrolla y engrandece con la moralidad y la inteligencia, aunque muchas veces comprimido por el egoísmo, es origen de santas y dulces virtudes que constituyen los afectos sinceros y duraderos, y os ayudan a subir el camino, escarpado y árido de la existencia humana.

    Hay algunas personas a quienes repugna la prueba de la reencarnación, en el sentido de que otras participen de las simpatías afectuosas a que están celosas. ¡Pobres hermanos! vuestro afecto os hace egoístas; vuestro amor está limitado a un círculo íntimo de parientes o amigos, y todos los otros os son indiferentes. Pues bien, para practicar la ley de amor tal como Dios la entiende, es preciso que lleguéis por grados a amar a todos vuestros hermanos indistintamente. La tarea será larga y difícil, pero se cumplirá: Dios lo quiere, y la ley de amor es el primero y más importante precepto de vuestra nueva doctrina, porque aquella es la que debe un día matar al egoísmo, bajo cualquier forma que se presente; porque además del egoísmo personal, hay también el egoísmo de familia, de casta, de nacionalidad. Jesús dijo: "Ama a tu prójimo como a tí mismo", ¿pero, cuál es el límite de tu prójimo? ¿Es, acaso, la familia, la secta, la nación?

    No, es la humanidad entera. En los mundos superiores, el amor mutuo armoniza y dirige a los espíritus avanzados que los habitan; y vuestro planeta, destinado a un progreso próximo para su transformación social, verá practicar por sus habitantes esta sublime ley, reflejo de la Divinidad.

    Los afectos de la ley de amor son el mejoramiento moral de la raza humana y la felicidad durante la vida terrestre. Los más rebeldes y más viciosos deberán reformarse cuando vean los beneficios producidos por esta práctica: No hagáis a los otros lo que no quisiéreis que os hicieran a vosotros, pero hacedles, por el contrario, todo el bien que podáis.

    No creáis en la esterilidad y endurecimiento del corazón humano; a pesar suyo, cede al amor verdadero; es un imán al que no se puede resistir, y el contacto de ese amor vívifíca y fecunda los gérmenes de esa virtud que está en vuestro corazón en estado latente. La tierra, morada de prueba y de destierro, será entonces purificada por ese fuego sagrado, y verá practicar la caridad; la humildad, la paciencia, la adhesión, la abnegación, la resignación, el sacrificio, todas las virtudes hijas del amor. No os canséis, pues, de escuchar las palabras de Juan Evangelista; ya lo sabéis: cuando las dolencias y la vejez suspendieron el curso de sus predicaciones, sólo repetía estas dulces palabras: "Hijitos míos, amáos unos a otros".

    Queridos y estimados hermanos, aprovecháos de las lecciones; su práctica es difícil, pero el alma saca de ellas un bien inmenso. Creedme, haced el esfuerzo sublime que os pido: "Amáos" muy pronto veréis la tierra transformada en Elíseo, donde las almas de los justos vendrán a gozar del reposo. (Fenelón. Bordeaux, 1861).

    10. Mis queridos condiscípulos: los espíritus que están aquí presentes os dicen por mi voz: Amad bien, con el fin de ser amados. Este pensamiento es tan justo, que encontraréis en él todo lo que consuela y calma las penas de cada día; o más bien, practicando esta sabia máxima, os elevaréis de tal modo sobre la materia, que os espiritualizaréis antes de separaros de vuestro cuerpo terrestre. Habiendo los estudios espirituales desarrollado en vosotros la comprensión del porvenir, tenéis una seguridad:

    el adelantamiento hacia Dios con todas las promesas que corresponden a las aspiraciones de vuestra alma; también debéis elevaros lo bastante para juzgar sin los lazos de la materia, y no condenar a vuestro prójimo antes de haber dirigido vuestro pensamiento a Dios.

    Amar, en el sentido profundo de la palabra, es ser real, probo, concienzudo, para hacer a los otros lo que quisiéramos para nosotros mismos; es buscar alrededor de sí el sentido íntimo de todos los dolores que abruman a nuestros hermanos, para llevarles un alivio; es mirar la gran familia humana como la suya, porque esta familia la volveréis a encontrar en cierto período en los mundos más avanzados, y los espíritus que la componen son, como vosotros, hijos de Dios designados para elevarse hasta el infinito. Por esto no podéis rehusar a vuestros hermanos lo que Dios os ha dado liberalmente, porque por vuestra parte estaríais muy contentos de que vuestros hermanos os diesen lo que os hiciera falta. En tódo sufrimiento dadles, pues, una palabra de esperanza y de apoyo, a fin de que seáis todo amor, todo justicia.

    Creed que estas sabías palabras: "Amad bien para ser amados", seguirán su curso; son revolucionarias y siguen una senda segura, invariable. Mas vosotros que me escucháis, habéis triunfado; sois infinitamente mejores que hace cíen años: habéis cambiado de tal modo, con ventaja vuestra, que aceptáis sin réplica una multitud de ideas nuevas sobre la libertad y fraternidad, que en otro tiempo hubiérais rechazado, pues de aquí a cien años aceptaréis con la misma facilidad las que aun no han podido entrar en vuestro cerebro. Hoy que el movimiento espiritista ha dado un gran paso, veis con que rapidez las ideas de justicia y de renovación, contenidas en los dictados de los espíritus, son aceptadas por la mitad del mundo inteligente; es porque esas ideas responden a todo lo que hay de divino en vosotros; es porque estáis preparados por una semilla fecunda:

    la del siglo último, que ha plantado en la sociedad las grandes ideas del progreso; y como todo se encadena bajo el dedo del Todopoderoso, todas las lecciones recibidas y aceptadas se encerrarán en este cambio universal del amor al prójimo. Por él los espíritus encarnados, juzgando mejor y sintiendo mejor, se tenderán la mano desde los confines de vuestro planeta, y se reunirán para entenderse y amarse y para destruir todas las injusticias y todas las causas de mala inteligencia entre los pueblos.

    ¡Gran pensamiento de renovación por el Espiritismo, también descrito en el "Libro de los Espíritus!" tú producirás el gran milagro del siglo venidero, el de la reunión de todos los intereses materiales y espirituales de los hombres por la aplicación de esta máxima bien comprendida: "Amad bien con el fin de ser amados". (Sansón, antiguo miembro de la Sociedad Espiritista de París, 1863).




    Extracto de: ALLAN KARDEC
    El Evangelio Segun El Espiritismo.



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