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    Allan Kardec
    Bienaventurados los limpios de corazón.


    Dejad a los ninos venir a mí

    1. Bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. (San Mateo, cap. V, v. 8).

    2. Y le presentaban unos niños para que los tocase. Mas los discípulos reñían a los que les presentaban. - Y cuando los vió Jesús, lo llevó muy a mal, y les dijo: "Dejad a los niños venir a mí", y no se lo estorbeis, porque de los tales es el reino de Dios. - En verdad os digo que el que no recibiera el reino de Dios como niño, no entrará en él. - Y abrazándolos y poniendo sobre ellos las manos, los bendecía. (San Mateo, cap. X, v. de 13 a 16).

    3. La pureza de corazón es inseparable de la sencillez y de la humildad, y excluye todo pensamiento de egoísmo y orgullo; por esto Jesús toma la infancia como emblema de esa pureza, como la tomó también por el de la humildad.

    Esta comparación podría no ser justa si se considera que el espíritu del niño puede ser muy viejo, y que trae, naciendo otra vez a la vida corporal, las imperfecciones de que no se ha despojado en las existencias precedentes; sólo un espíritu llegado a la perfección podría dársenos como tipo de la verdadera pureza. Mas es exacta desde el punto de vista de la vida presente; porque el niño, no habiendo podido aún manifestar ninguna tendencia perversa, nos ofrece la imagen de la inocencia y del candor: así es que Jesús no dice de un modo absoluto que el reino de Dios "es para ellos", sino "para aquellos que se les parecen".

    4. Puesto que el espíritu del niño ha vivido ya, ¿por qué desde el nacimiento no se manifiesta tal cual es? Todo es sabio en las obras de Dios. El niño necesita cuidados delicados que sólo la ternura de una madre puede prodigarle, y esa ternura aumenta con la debilidad y la ingenuidad del niño. Para una madre, su hijo es siempre un ángel, y así debía ser para cautivar su solicitud; no hubiera podido abandonarse a su cariño si en vez de la gracia sencilla hubiese encontrado bajo las facciones infantiles, un carácter viril y las ideas de un adulto, y menos aún si hubiese conocido su pasado.

    Por otra parte, era preciso que la actividad del principio inteligente fuese proporcionada a la debilidad del cuerpo, porque no hubiera podido resistir a una actividad demasiado grande del espíritu, como se ve en los niños muy precoces. Por esto, desde que se aproxima la encarnación, el espíritu, entrando en turbación, pierde poco a poco la conciencia de sí mismo, y por espacio de cierto período, está en una especie de sueño, durante el cual todas sus facultades se hallan en estado latente. Este estado transitorio es necesario para dar al espíritu un nuevo punto de partida, y hacerle olvidar, en su nueva existencia terrestre, las cosas que hubieran podido estorbarle. Su pasado, sin embargo, reacciona sobre él y renace a más amplía vida, más fuerte, moral e intelectualmente, sostenido y secundado por la intuición que conserva de la experiencia adquirida.

    Desde su nacimiento, sus ideas vuelven a tomar gradualmente su vuelo a medida que se desarrollan sus órganos, pudiendo decirse que durante los primeros años, el espíritu es verdaderamente niño, porque las ideas que forman el fondo de su carácter están aún embotadas. Durante el tiempo en que sus instintos dormitan, es más flexible, y por lo mismo más accesible a las impresiones que puedan modificar su naturaleza y hacerle progresar, y es más dócil al cuidado de los padres.

    El espíritu reviste, pues, por una temporada el ropaje de inocencia, y Jesús dice la verdad cuando, a pesar de la interioridad del alma, toma al niño por emblema de la pureza y de la sencillez.

    Pecado de pensamiento. Adulterio

    5. Oísteis que fué dicho a los antiguos: No adulterarás. - Pues yo os digo que todo aquél que pusiere los ojos en una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón con ella. (San Mateo, cap. V, v. 27 y 28).

    6. La palabra adulterio no debe entenderse aquí en el sentido exclusivo de su propia acepción, sino en un sentido más general; Jesús la empleó muy a menudo por extensión para designar el mal, el pecado y cualquier mal pensamiento, como por ejemplo en este pasaje: "Y quien se afrentare de mí y de mis palabras en medio de esta generación "adúltera y pecadora"; el Hijo del hombre también se afrentará de él cuando viniere en la gloria de su Padre, acompañado de los santos ángeles".
    (San Lucas, cap. XI, v. de 37 a 40).

    La verdadera pureza no está sólo en los actos, también está en el pensamiento, porque el que tiene el corazón puro, tampoco piensa en el mal; esto es lo que quiso decir Jesús. Condena el pecado hasta de pensamiento porque es una señal de impureza.

    7. Ese principio, naturalmente nos conduce a esta cuestión: "¿Sufre uno las consecuencias de un mal pensamiento que no se ha ejecutado?"

    Debemos hacer una distinción importante. A medida que el alma, que está en el camino del mal, adelanta en la vida espiritual, se instruye y se despoja poco a poco de sus imperfecciones, según su mayor o menor voluntad, en virtud de su libre albedrío.

    Todo mal pensamiento, es, pues, resultado de la imperfección del alma, pero según el deseo que ha concebido de puríficarse, ese mal pensamiento viene a ser aún para ella una ocasión de adelantamiento, porque lo rechaza con energía; ese indicio de una mancha que se esfuerza en borrar, si se presenta la ocasión de satisfacer un mal deseo, no cederá, y después que haya resistido, se sentirá más fuerte y alegre por su victoria.

    La que, por el contrario, no ha tenido buenas resoluciones, busca la ocasión, y si no llega a cumplir el acto malo, no es por voluntad, sino porque le ha faltado ocasión, y de este modo, es tan culpable como si lo cometiera.

    En resumen: en la persona que ni siquiera concibe el pensamiento del mal, el progreso se ha cumplido; en la que tiene este pensamiento, pero que lo rechaza, el progreso está en camino de cumplirse; en aquella, en fin, que tiene ese pensamiento y se complace en el mal, está en todo su vigor; en la una está hecho el trabajo, en la otra está por hacer; Dios, que es justo, toma en cuenta todos esos matices en la responsabilidad de los actos y de los pensamientos del hombre.

    Verdadera pureza. Manos no lavadas

    8. Entonces se llegaron a él unos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo:
    ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.

    Y él respondiéndoles, dijo: Y vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Pues Dios dijo: Honra al padre y a la madre. Y: Quien maldijere al padre y a la madre, muera de muerte. - Mas vosotros decís: cualquiera que dijera al padre, o a la madre: Todo don que yo ofreciere, a tí aprovechará. - Y no honrará a su padre o a su madre: y habéis hecho vano el mandamiento de Dios por vuestra tradición.

    Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con los labios me honra; mas el corazón de ellos lejos está de mí. - Y en vano me honran enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.

    Y habiendo convocado así a las gentes, les dijo: Oid y entended. No ensucia al hombre lo que entre en la boca; mas lo que sale de la boca, eso ensucia al hombre.

    Entonces, llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado, cuando han oído esta palabra? - Mas él respondiendo, dijo: Toda planta que no plantó mi padre celestial, arrancada será de raíz. - Dejadlos; ciegos son, y guías ciegos. Y si un ciego guía a otro cíego, entrambos caerán en el hoyo.-Y respondiendo Pedro le dijo: Explícanos esa parábola. - Y Jesús dijo: ¿Aun vosotros también sois sin entendimiento? - ¿No comprendéis que toda cosa que entra en la boca, va al vientre, y es echado en lugar secreto? Mas lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto ensucia al hombre. Porque del corazón salen los pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que ensucian al hombre. Mas el comer con las manos sin lavar no ensucia al hombre. (San Mateo, capítulo XV, v. de 1 a 20).

    9. Y cuando estaba hablando le rogó un fariseo que fuese a comer con él. Y habiendo entrado se sentó a la mesa. Y el fariseo comenzó a pensar y decir dentro de sí, por qué no se habrá lavado antes de comer. Y el señor le dijo: Ahora vosotros los fariseos, limpiáis lo de fuera del vaso y del plato: mas vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad. Necios: ¿el que hizo lo que está de fuera, no hizo también lo que está de dentro? (San Lucas, cap. XI, v. de 37 a 40).

    10. Los judíos habían descuidado los verdaderos mandamientos de Dios, para observar la práctica de los reglamentos establecidos por los hombres y cuyos rígidos observadores se hacían de ella un cargo de conciencia; el fondo, muy sencillo, había concluído por desaparecer bajo la complicación de la forma. Como era mucho más cómodo observar los actos exteriores que el reformarse moralmente "lavarse las manos que limpiarse el corazón", los hombres se engañaron a sí mismos, y se creían en paz con Dios, porque se con formaban a esas prácticas permaneciendo lo mismo que eran antes, porque se les enseñaba que Dios no pedía más. Por esto dijo el profeta; "Y en vano me honran enseñando doctrinas y mandamientos de hombres". Lo mismo ha sucedido con la doctrina moral de Cristo, que ha hecho que muchos cristianos, a ejemplo de los antiguos judíos, creen su salvación más asegurada con las prácticas exteriores que con las de la moral. A estas adiciones hechas por los hombres a la ley de Dios, son a las que Jesús hacía alusi
    ón cuando dijo: "Toda planta que mi padre celestial no ha plantado, será arrancada de raíz".

    El objeto de la religión es conducir al hombre a Dios; así, pues, el hombre no llega a Dios hasta que es perfecto; toda religión que no hace al hombre mejor, no consigue su objeto, y aquélla en la cual cree apoyarse para hacer el mal, es o falsa, o falseada en su principio. Tal es el resultado de todas aquellas cuya forma altera el fondo.

    La creencia en la eficacia de las formas exteriores es nula si no impide el cometer asesinatos, adulterios, robos, calumniar y hacer daño a su prójimo de cualquier modo que sea. Hace supersticiosos, hipócritas o fanáticos, pero no hace hombres de bien.

    No basta, pues, tener las apariencias de la pureza; ante todo es preciso tener la pureza del corazón.

    Escándalos: Si tu mano es objeto de escándalo, córtala

    11. Y el que escandalizare a uno de estos pequeñitos, que en mí creen, mejor le fuera que colgasen a su cuello una piedra de molino de asno, y le anegasen en lo profundo del mar.

    Ay del mundo por los escándalos! Porque necesario es que vengan escándalos, mas ay de aquel hombre por quien viene el escándalo.

    Por tanto si tu mano o tu pie te escandaliza, córtale y échale de tí: porque más te vale entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos o dos pies y ser echado en el fuego eterno. -Y si tu ojo te escandaliza, sácale y échale de tí, porque mejor te es entrar en la vida con un solo ojo que tener dos ojos, y ser echado en la gehenna del fuego. - Mirad que no tengáis en poco a uno de estos pequeñitos: porque os digo que sus ángeles en el cielo siempre ven la cara de mi Padre, que está em los cielos. (San Mateo, cap XVIII, v. de 6 a 10).

    12. En el sentido vulgar, escándalo se dice de toda acción que choca con la moral o decoro de una manera ostensible. El escándalo no está en la misma acción, sino en la publicidad que pueda tener. La palabra escándalo implica siempre cierta idea de publicidad. Muchas personas se contentan con evitar el escándalo, porque resentiría su orgullo y su consideración perdería entre los hombres; pues con tal que sus torpezas queden ignoradas, esto les basta, y su conciencia queda tranquila. Estos son, según las palabras de Jesús: "Sepulcros blanqueados por fuera, mas llenos de podredumbre por dentro, vasos limpios por fuera y sucios por dentro".

    En el sentido evangélico la acepción de la palabra escándalo, empleada con tanta frecuencia, es mucho más general; por esto no se comprende esta acepción en ciertos casos. No es sólo lo que lastima la conciencia de otro: es todo aquello que resulta de los vicios y de las imperfeccfones de los hombres, toda acción mala de individuo a individuo con publicidad o sin ella. El escándalo en este caso, "es resultado efectivo del mal moral".

    13. "Es menester que vengan escándalos en el mundo", dijo Jesús, porque siendo los hombres imperfectos en la tierra se inclinan a hacer mal, y porque malos árboles, dan malos frutos. Es necesario, pues, entender por estas palabras, que el mal es una consecuencia de la imperfección de los hombres, y que no tengan una obligación de hacerlo.

    14. "Es necesario que venga el escándalo", porque estando los hombres en expiación en la tierra, se castigan ellos mismos por el contacto de sus vicios, cuyas primeras víctimas son y cuyos inconvenientes acaban por comprender. Cuando estén cansados de sufrir el mal, buscarán el remedio en el bien. La reacción de esos vicios, sirve, pues, a la vez de castigo a los unos y de prueba a los otros; así es como Dios hace salir el bien del mal y como los mismos hombres utilizan las cosas malas o escorias.

    15. Si es así, se dirá, el mal es necesario y durará siempre, porque si desapareciese, Dios quedaría privado de un poderoso medio para castigar a los culpables; luego es inútil tratar de mejorar a los hombres. No; si no hubiese ya culpables, no habría necesidad de castigos. Supongamos a la humanidad transformada en hombres de bien; nadie procurará hacer daño a su projimo, y todos serán felices porque serán buenos. Tal es el estado de los mundos adelantados, de los que el mal está excluído; tal será el de la tierra cuando haya progresado bastante. Pero mientras ciertos mundos adelantan, se forman otros poblados por espíritus primitivos, y que sirven, además de habitación, de destierro o lugar de expiación para los imperfectos rebeldes, obstinados en el mal y que son arrojados de los mundos que han llegado a ser felices.

    16. "Mas ay de aquel por quien viene el escándalo"; es decir, que el mal, siendo siempre el mal, el que ha servido, sin saberlo, de instrumento para la justicia divina, cuyos malos instintos se han utilizado no ha dejado por eso de hacer mal y debe ser castigado. Así es, por ejemplo, que un hijo ingrato es un castigo o una prueba para un padre que le sufre, porque este mismo padre ha podido ser un mal hijo que hizo sufrir a su padre y es castigado con la pena del talión; pero el hijo tampoco tiene excusa y deberá ser castigado a su vez en sus propios hijos o de otro modo.

    17. "Si vuestra mano es una causa de escándalo, cortadla"; figura enérgica que sería absurdo tomar literalmente, y que sencillamente significa que es menester destruir en sí mismo toda causa de escándalo, es decir, de mal; arrancar de su corazón todo sentimiento impuro y todo principio vicioso, es decir, repito, que más le valdría a un hombre no haber tenido la mano, que no que le hubiese servido de instrumento para una mala acción; estar privado de la vista, que no que sus ojos le hubiesen despertado malos pensamientos.

    Jesús no dijo nada absurdo para cualquiera que comprenda el sentido alegórico y profundo de sus palabras; pero muchas cosas no pueden comprenderse sin la clave que da el Espiritismo.


    INSTRUCCIONES DE LOS ESPÍRITUS

    Dejad a los niños venir a mí

    18. Cristo dijo: "Dejad a los niños venir a mí" Estas palabras profundas, en su sencillez, no se concretan al simple llamamiento de los niños, si que también al de las almas que gravitan en los mundos o estados inferiores en donde la desgracia ignora la esperanza. Jesús llamaba a El la infancia intelectual de la criatura formada; a los débiles, a los esclavos, a los viciosos; nada podía enseñar a la infancia física, prisionera de la materia, sometida al yugo del instinto y que no pertenecía al orden superior de la razón y de la voluntad que se ejercen alrededor de ella y por ella.

    Jesús quería que los hombres fuesen a El con la confianza de aquellos pequeños seres de vacilante paso, cuyo llamamiento le conquistaba el corazón de todas las mujeres que son madres: de este modo sometía las almas a su tierna y misteriosa autoridad.

    Fué la antorcha que despeja las tinieblas, el clarín de la mañana que toca a despertar; fué el iniciador del Espiritismo, que debe a su vez llamar a él, no a los niños sino a los hombres de buena voluntad. La acción viril está subyugada; ya no se trata de creer instintivamente, y obedecer maquinalmente; es menester que el hombre siga la ley inteligente que le revela su universalidad.

    Pero, queridos mios, estamos ya en los tiempos en que los errores explicados serán verdades; nosotros os enseñaremos el sentido exacto de las parábolas, la correlación poderosa que une lo que fué y lo que es. En verdad os digo, la manifestación espiritista dilata el horizonte y aquí está su enviado que va a resplandecer como el sol en la cima de los montes. (Juan Evangelista. París, 1863).

    19. "Dejad venir a mí a los niños", porque yo poseo la leche que fortifíca a los débiles. Dejad venir a mí a aquéllos que temerosos y débiles tienen necesidad de apoyo y de consuelo. Dejad venir a mí a los ignorantes, para que yo les ilustre; dejad venir a mí a todos los que sufren, a la multitud de afligidos y desgraciados, porque yo les enseñaré el gran remedio para aliviar los males de la vida; yo les daré el secreto para curar sus heridas. ¿Cuál será, amigos mios, ese bálsamo soberano que posee la virtud por excelencia, ese bálsamo que se aplica a todas las llagas del corazón y las cierra? ¿Es el amor; es la caridad? Si tenéis ese fuego divino, ¿qué temeréis? Diréis en todos los instantes de vuestra vida: Padre mío, que se haga vuestra voluntad y no la mía, y si os place el probarme por el dolor y las tribulaciones, bendito seáis, porque es por mi bien, yo lo sé; que vuestra mano pese sobre mí.

    Si os conviene, Señor, tened piedad de vuestra frágil criatura; si dais a su corazón los goces permitidos, bendito seáis también; pero haced que el amor divino no duerma en nuestra alma, sino que sin cesar haga subir a vuestros pies la voz de su reconocimiento...

    Si tenéis amor, tendréis todo lo que podáis desear en vuestra tierra, poseeréis la perla por excelencia, que ni los acontecimientos, ni las fechorías de los que os aborrecen y os persiguen podrán arrebataros. Si tenéis amor, habréis colocado vuestros tesoros, en donde la polilla y el orín no pueden alcanzarlos, y veréis borrar-se insensiblemente de vuestra alma todo lo que puede manchar la pureza; sentiréis que el peso de la materia se aligera de día en día, y, semejante al pájaro que cruza los aires y no se acuerda ya de la tierra, subiréis sin César, subiréis siempre hasta que vuestra alma embriágada pueda saturarse de su elemento de vida en el seno del Señor. (Un Espíritu protector. Bordeaux, 1861)

    Bienaventurado. loe que tienen loe ojos cerrados (*)

    (*) Esta comunicación fué dada a propósito de una persona ciega, por lo que se evocó al espíritu de J. B. Vianney. cura de Ars.

    20. Mis buenos amigos, me habéis llamado, ¿para qué? ¿Es para hacerme poner las manos sobre la pobre paciente que está aquí y curarla? ¡Ah! ¡Qué sufrimiento, buen Dios! Ha perdido la vista y ha quedado en la obscuridad. ¡Pobre hija!, que ruegue y espere; yo no sé hacer milagros sin la voluntad de Dios. Todas las curaciones que yo he podido obtener y de que habéis tenido noticia, debéis atribuirlas al Padre de todos. En vuestras aflicciones, levantad siempre los ojos al Cielo y decid desde el fondo de vuestro corazón: "¡Padre mío. curadme, pero haced que mi alma se cure antes que las enfermedades del cuerpo; que mi alma sea castigada si es necesario, para que mi alma elevada hacia vos tenga la blancura de cuando la creásteis!" Después de esta oración, mis buenos amigos, que Dios misericordioso escuchará siempre, se os dará la fuerza y el valor, y quizá también esta curación que vosotros habréis pedido temerosamente, en recompensa de vuestra abnegacion.

    Pues que estoy aquí, en una reunión en la que ante todo se trata de estudios, os diré que los que están privados de la vista, deberían considerarse como los bienaventurados a la expiación. Acordáos que Cristo dijo que era menester arrancar vuestro ojo si era malo, y que valía más que lo echarais al fuego que ser la causa de vuestra condenación. ¡Ah! ¡Cuántos hay en vuestra tierra que un día maldecirán en las tinieblas el haber visto la luz! ¡Oh! sí, qué felices son aquellos que en su expiación son castigados por la vista; su ojo no será objeto de escándalo y de pecado: pueden entregarse completamente a la vida de las almas y pueden ver más que vosotros que véis claro... Cuando Dios me permite ir a abrir los párpados a alguno de esos pobres enfermos y volverles la luz, me digo: alma querida, ¿por qué no conoces todas las delicias del espíritu que vive en la contemplación y en el amor? Tú no solicitarías ver imágenes menos duras y menos apacibles que las que te es dado entrever en tu ceguedad.

    ¡Oh!, sí, bienaventurado el ciego que quiere vivir con Dios; más feliz que vosotros que estáis aquí, siente la felicidad, la toca, vé las almas y puede lanzarse con ellas a las esferas de los espíritus, que aún los predestinados de la tierra no ven; el ojo abierto siempre está dispuesto a hacer faltar al alma; el ojo cerrado, por el contrario, siempre está dispuesto a hacerla elevar a Dios. Creedme, mis buenos y queridos amigos, la ceguera de los ojos muchas veces es la verdadera luz del corazón, mientras que la vista es a menudo el ángel de las tinieblas que conduce a la muerte.

    Ahora, algunas palabras para ti, querida enferma; espera y ten valor; si te dijera hija mía, tus ojos van a abrirse, ¡cómo te alegrarías! ¿y quién sabe si esta alegría no te perdería? Ten confianza en la bondad de Dios que ha hecho la felicidad y ha permitido la tristeza! Haré por tí todo lo que me será permitido; pero a tu vez, ruega y sobre todo, piensa en lo que acabo de decirte.

    Antes de que me aleje, todos los que estáis aquí, recibid mi bendición. (Vianney, cura de Ars. París, 1863).

    21. Observación. Cuando una aflicción no es consecuencia de los actos de la vida presente, es preciso buscar su causa en una vida anterior. Lo que se llaman caprichos de la suerte, no son otra cosa que efectos de la justicia de Dios. Dios no castiga arbitrariamente: quiere que entre la falta y la pena haya siempre correlación. Si en su bondad ha echado un velo a nuestros actos pasados, nos pone sin embargo en su camino, diciendo: "El que ha herido por la espada, perecerá por la espada"; palabras que pueden traducirse de este modo: "Siempre somos castigados por donde hemos pecado".

    Si alguno, pues, es castigado por la pérdida de la vista, es porque la vista ha sido causa de su falta. También puede ser que haya sido causa de la pérdida de la vista de otro; puede que alguno haya quedado ciego por el exceso del trabajo que se le ha impuesto, o por consecuencia de malos tratamientos, falta de cuidados, etc., y entonces sufre la pena del Talión. El mismo, en su arrepentimiento, pudo escoger esta expiación, aplicándose estas palabras de Jesús: "Si vuestro ojo es motivo de escándalo, arrancadle".



    EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO
    CONTIENE LA EXPLICACIÓN DE LAS MÁXIMAS MORALES DE CRISTO, SU CONCORDANCIA CON EL ESPIRITISMO Y SU APLICACIÓN A LAS DIVERSAS POSICIONES DE LA VIDA
    POR ALLAN KARDEC



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