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    V.B. Anglada
    El Yoga y sus grandes analogías Universales


    Como ocultamente se nos dice, nuestro planeta Tierra (y probablemente todos los astros dentro de nuestro Sistema Solar) está sujeto a grandes crisis físicas, astrales, mentales y espirituales y que estas crisis son siempre el preludio de un mejoramiento de las condiciones planetarias de las que participan y a la vez se benefician todos los Reinos de la Naturaleza y, muy particularmente, la humanidad, en razón de sus cualidades de autoconciencia que le permiten contribuir inteligentemente al desarrollo de estas crisis y a su período de emergencia espiritual. Estas crisis son de orden periódico o cíclico; algunas tienen un carácter transitorio o efímero, por ejemplo, las que tienen lugar a finales de año y su período de emergencia cuando el Sol, astronómicamente hablando, se dirige de nuevo hacia el norte. Más breve y efímero todavía, es el ciclo planetario que da lugar a los días y las noches.

    Siempre en sentido esotérico, podemos decir que existen pequeñas crisis cada vez que el planeta Tierra penetra en la luz del Sol o se sumerge en las tinieblas de la noche.

    En realidad, siempre será ostensible esta actividad oculta que se realiza en los éteres para el esoterista entrenado, el cual, desde su punto de comprensión y estabilidad alcanzado procura adueñarse progresivamente de los ciclos positivos del tiempo. Una particularidad muy notable al respecto es que los verdaderos esoteristas y discípulos espirituales trabajan con la sustancia dévica que produce la luz y que los magos negros lo hacen con la sustancia elementaria que vivifica las sombras. Lógico es suponer, pues, que cuando el Sol se remonta hacia el norte, es decir, cuando empieza a ascender por la línea de meridianos terrestres, abarcando cada vez más extensas zonas de la Tierra en su luz, la Jerarquía adquiere renovada fuerza, una fuerza que tiene también a su disposición en los momentos cíclicos de plenilunio durante los cuales el Sol baña completamente aquella parte de la Luna invariablemente orientada hacia nuestro planeta.

    La parte oscura de aquélla tiene también su importancia capital y está siendo "especialmente vigilada” por las huestes de la Jerarquía tratando de neutralizar en lo posible su nefasta influencia sobre la Tierra y la de sus normales comunicadores, los magos negros. Muchas de las enfermedades ancestrales y corrientes psíquicas de orden depresor, tales como la que produce el temor, el pesimismo, el odio, la desconfianza, etc., proceden de allí y son hábilmente canalizadas por los siniestros "hermanos de las sombras".

    Otros ciclos mayores, tales como los que siguen las grandes constelaciones siderales más kármicamente unidas a la evolución del planeta Tierra, es decir, las doce del ciclo zodiacal, las de las Pléyades, de la Osa mayor y la del Can, en donde tiene su centro de irradiación la gran Estrella Sirio, ofrecen también esas particularidades, aunque en una extensión, medida y circunstancias que escapan por completo a la más sagaz y profunda de las investigaciones.

    Lo importante, por ello, es reconocer el hecho fundamental, señalado por la analogía, de que todo astro en el firmamento es en realidad un Centro más o menos desarrollado, dentro del organismo vital de alguna Entidad Psicológica solar, planetaria o cósmica que utiliza el espacio y una especie particular de éter como campo de experimentación y de progresiva expansión de Su conciencia.

    Yendo al tema central de nuestra idea, en orden a la Ley de los Ciclos y tratando de hacerla más comprensiva de acuerdo con nuestro presente estudio sobre el Yoga, deberemos analizar primero aquellos cuatro grandes ciclos o períodos mundiales, llamados Yugas, dentro de los cuales la humanidad terrestre efectúa su normal evolución en un constante e interminable despliegue de crisis, tensiones y ulteriores ciclos de emergencia. He aquí su descripción:

    Kali Yuga -> Edad de hierro
    Dwapara Yuga -> Edad de bronce
    Treta Yuga -> Edad de plata
    Satya o Krita Yuga -> Edad de oro

    Estos Yugas son Edades o Ciclos de evolución del Logos Planetario que condicionan el período de expansión cíclica de una Raza y de un determinado tipo de Yoga y, tal como aparece en sus correspondientes esquemas de expresión, afectan corrientes psíquicas de distinta vibración y naturaleza que condicionan la vida de la humanidad durante inmensos períodos de tiempo. Tales cómputos temporales se deducen esotéricamente teniendo en cuenta la edad de los devas(1), llamada también edad espiritual o divina. La edad o límite de tiempo fijado para la evolución dévica es proporcionalmente de 1 - 360 de acuerdo con los años terrestres, es decir, que un día de los devas equivale a 365 días de los seres humanos, prácticamente un año solar. Un año divino o dévico equivale pues a 365 años terrestres.

    Según las anotaciones de los sabios el Satya Yuga, la edad de oro de una Raza, o sea, su período de emergencia espiritual en el cual se realiza el Arquetipo racial diseñado por el Manú(2) de aquélla, consta de 4.000 años divinos, es decir, 1.440.000 años terrestres. Si tenemos en cuenta que un día completo o Yuga tiene también una aurora y un crepúsculo, cuya duración se calcula en 400 años divinos, tendremos que la duración total del Satya Yuga es de: 1.440.000 + 40 x 360 = 1.728.000 años terrestres.

    Las otras tres edades, o Yugas, precedidas y seguidas igualmente por albas y crepúsculos, corresponden también a la duración del Satya Yuga, teniendo en cuenta que se efectúa una reducción de tres años divinos sobre cada uno en razón de la aminoración del movimiento de rotación de la Tierra(3), pudiendo calcular que los cuatro Yugas en su totalidad tienen una duración aproximada de 4.320.000 años terrestres, cantidad que naturalmente no podremos jamás comprobar, a menos que en ciertas elevadas iniciaciones no hayamos adquirido la visión de síntesis de los verdaderos Argonautas del Espíritu...

    Se trata, en realidad, de cuatro edades planetarias durante las cuales tienen lugar ciertas crisis de orientación y reajuste en la Vida psicológica de aquella Potestad divina que rige la evolución de nuestro Planeta. Podríamos decir que son expresión de unas energías liberadas desde fuentes cósmicas que los Señores del Karma, denominados también "Los Cuatro Ángeles de la Espada Flamígera", canalizan con destino a la Tierra afectando todo su contenido, físico, etérico, emocional y mental y provocando todas las situaciones planetarias que condicionan el ritmo variable de la evolución.

    Estos cuatro Yugas se reproducen incesantemente en la evolución del planeta Tierra abarcando períodos de tiempo que van de la más oscura materialidad a la más esplendente luz espiritual y durante su recorrido o ciclo de proyección sobre el planeta, la Vida de Dios, subyacente en todo átomo vivo y en cada unidad de conciencia de no importa qué plano, reino o dimensión, va expandiéndose en espirales cíclicas de cada vez más elevada trascendencia. De las sempiternas alturas en donde se manifiesta un Satya Yuga, o Edad de Oro, se proyecta una franja de luz que ilumina la conciencia de la humanidad en las horas sombrías de un Kali Yuga y permite la afluencia de una corriente arquetípica o intuitiva, que los seres más avanzados pueden contactar y canalizar constituyéndose en puntos de luz, amor y poder e inspiración para el resto de la humanidad.

    En realidad, cada ser humano que ha logrado un cierto grado de integración siente en su mente y corazón las impresiones profundamente espirituales que le transmite su propio Arquetipo o Yo Superior, el Cual vive constante y persistentemente inmerso en un Satya Yuga, el que le es propio y forma parte consustancial de Su vida de inmortal Adepto. Como fragmento integrante de una historia perdida en la inmensidad del tiempo, la conciencia de los seres humanos trata de reconstruir constantemente los memorables hechos que caracterizan un Satya Yuga y formar parte conciente de aquel indescriptible Drama histórico, psicológico y espiritual vivido en edades precedentes. Es así como avanza el proceso de la evolución humana, teniendo siempre, allá en el fondo de las insondables perspectivas de su destino, la imagen luminosa de un Arquetipo o Satya Yuga, ..., a la exacta medida de sus deseos y posibilidades.



    (1) Ángeles
    (2) Exaltado ser espiritual que dirige la evolución física de una gran raza raíz.
    (3) Esta aminoración del movimiento de rotación de la Tierra, y consecuentemente del de traslación alrededor del Sol, se explica por el hecho esotérico de que durante el período de exaltación de un Satya Yuga, o Krita Yuga, la Tierra gira más rápidamente sobre sí misma, mientras que en un período de un Kali Yuga el efecto de las condiciones planetarias es retardatorio (nueve años dévicos en relación con Satya Yuga) debido a la vibración menos acentuada de la presión interna del Logos planetario, que reacciona sobre el fuego central del planeta que origina la vida terrestre y el propio movimiento de rotación. Treta Yuga y Dwapara Yuga constituyen así los ejes de equilibrio del proceso de rotación, con fases retardatarias de tres y seis años dévicos en relación a la duración de un período de Satya Yuga. Vienen a constituir el proceso compensatorio de la Naturaleza, tal como se realiza por medio de las auroras y los crepúsculos en los días planetarios y de las primaveras y los otoños en las estaciones del año. Puede ser supuesta también idéntica analogía en el proceso de respiración de los seres humanos, cuyas pausas o intervalos entre una fase de inhalación y otra de exhalación tienen también su cualidad compensatoria o equilibradora.


    V.B.Anglada



    Siguiente: V.B. Anglada ~ La Acción de los Yugas.

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