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    V.B. Anglada
    Maravillosa excursión a Montserrat.


    Casi en el centro geográfico de Cataluña, a unos 60 kilómetros por carretera de Barcelona, se alza una de las más bellas montañas de Europa, la montaña de Montserrat.

    Su sorprendente configuración y el orden caprichosamente magnífico de sus rocas que la hacen parecer un museo de escultura natural, convierten este lugar en el más interesante centro de atracción turístico de Cataluña.

    La montaña de Montserrat contiene multitud de leyendas, a cual más atrayente y sugestiva desde el ángulo de la investigación esotérica. Una de las más conocidas y la que mayormente atrae la atención de los espiritualistas es la de que el gran músico Ricardo Wagner se inspiró en ellas para componer su famosa obra “Parsifal”. Este hecho en sí no tendría importancia trascendente dada la profunda inspiración del músico alemán. Pero, la tiene sin embargo, si aliamos esta leyenda a otra anterior que asegura existe en un remoto y secreto lugar de esta montaña un templo iniciático o un centro magnético donde se realizan periódicamente ciertos rituales mágicos a cargo de altos Iniciados de la Gran Logia Blanca del Planeta. Sea lo que sea, estas montañas tienen justificado renombre espiritual. Existe allí también un monasterio benedictino, que fundó en el año 1031 el Abad Fr. Oliva, con un templo realmente magnífico donde pueden contemplarse maravillosas obras de arte.

    Este templo está dedicado a la famosa Virgen Morena de Montserrat, a la “Moreneta” como la llaman familiarmente los creyentes catalanes.

    Sería interesante recordar aquí que el origen del culto a la Virgen Negra, o “Señora Negra de las Cavernas” es, esotéricamente hablando, contemporáneo de los primeros hombres post-diluvianos, entre los cuales -según la tradición o la leyenda- “no se encontraba ni una sola mujer blanca para reconstruir a la humanidad salvada del diluvio”. Esta tradición o leyenda no debe de ser sin embargo descartada, por lo menos en lo que se refiere a la étnica de los habitantes de las planicies etíopes salvados del diluvio que se establecieron en Egipto. Pues, es precisamente en Egipto donde tuvo nacimiento el culto a las “vírgenes negras”, cuya diseminación por toda la tierra parece tener una causa o carácter universal. Sabido es que la Virgen negra era adorada también por los celtas bajo el nombre de Dana.

    En lo que al esoterismo se refiere, la Madre negra es la representación de La Divinidad oculta y del trabajo sutil y misterioso que se realiza en la clandestinidad de las “cuevas” y de los templos ocultos de orden iniciático. Quizás no sea, pues, sin razón justificada esta misteriosa relación de la Virgen Morena de Montserrat con el templo iniciático que se supone existe en cierto “lugar secreto” de sus montañas, y la hipótesis cada vez más aceptada de la procedencia atlante de las mismas. La extraña forma arquitectónica de Montserrat y las incrustaciones de conchas y caracoles marinas petrificadas halladas en sus rocas, nos hablan indudablemente de un pasado lejanísimo en el que estas montañas estuvieron realmente sumergidas en la profundidad de los océanos y que terribles convulsiones geológicas -posiblemente algunas de las que determinaron el hundimiento del gran Continente de la Atlántida- las hicieron irrumpir en la superficie bajo esta forma extrañamente magnífica.


    - La Excursión

    Desde hacía tiempo, un grupo de estudiantes de esoterismo de Barcelona, había proyectado una excursión a Montserrat. Lo integraban el Sr. Luis Lorenzana, Secretario de la S. T. en España; Sra. Josefina Maynadé, escritora, esposa del primero; Sr. José Soteras, un amigo investigador esotérico; mi esposa y yo. La fecha programada era el 22 de Mayo de 1968, hacía solamente unos días que habíamos celebrado el Festival Wesak y aún sentíamos en nosotros les energías de la potente Bendición de Buda.

    La intención básica de este viaje era tratar de descubrir, mediante la forma de un ritual mágico, la orientación posible del centro magnético o templo iniciático de Montserrat o, cuando menos, tratar de beneficiamos de sus radiaciones. Lo demás, la belleza del paisaje, el hecho de sacudirse por un tiempo del aire viciado de la ciudad y el embrujo magnífico de aquellas suntuosas moles arquitectónicas, aunque realmente interesante, quedaba reducido a algo meramente circunstancial. La inestabilidad del tiempo redujo el número de los viajeros. Desde el primer momento comprendimos todos que el hecho de haber quedado reducido a cinco el número de los componentes del grupo excursionista no se debía al azar.

    El cinco, número sagrado por excelencia por estar en misteriosa relación con la Vida mística del Cristo “Señor de los Ángeles y de los Hombres”, me pareció tener un efecto sorprendente sobre la experiencia conjunta que había abierto a nuestras mentes y corazones el ansia de una participación activa en los Misterios que, al parecer, se reproducen cíclicamente en el centro sagrado de las montañas de Montserrat.

    El día era realmente desapacible y al llegar soplaba un viento frío, casi invernal, y caía una fina lluvia. Algo parecía desafiarnos a quedarnos abajo, en las dependencias comerciales contiguas a la Basílica, en busca de confort y de placentero diálogo. Pero, no era ésta nuestra intención y por ello, arriesgándonos a todas las posibles incomodidades decidimos emprender nuestra excursión a las cumbres. Tomamos pues un autocar hasta la estación del funicular que debía conducirnos a San Gerónimo (estación de llegada) y desde allí dirigirnos a pie al Santuario de San Juan.

    Durante este trayecto empezó nuestra aventura espiritual. Desde la estación del funicular de San Gerónimo en dirección al Santuario de San Juan hay que descender por un camino que conduce a una pequeña ermita cerrada, donde hay una bifurcación de dos senderos uno, el de la izquierda, que lleva a San Juan y el otro, casi una prolongación del anterior en descenso que conduce a un hotel en la cresta de la montaña.

    Al llegar al fondo y casi frente a la pequeña ermita, percibí a un Deva resplandeciente de Luz, cuya aura de un vivísimo color azul-violeta daba a entender que se trataba de un Deva de elevado desarrollo espiritual. Huelga decir que la impresión que me causó esta Presencia fue realmente extraordinaria y que desde aquel momento me sentí invadido por una profunda sensación de paz. Pero, nada comuniqué de inmediato a mis amigos, aunque sí después, cuando en el momento de celebrar el ritual mágico meditativo me sentí potentemente impelido a transmitirles el Mensaje de aquel Deva.

    Nos habíamos sentado los cinco en una pequeña hondonada bajo el camino que conduce al hotel de la cumbre. Como la inestabilidad del tiempo había restado afluencia a estos lugares habitualmente muy concurridos, el silencio era casi absoluto. Nuestro ánimo sereno y nuestra mente en calma propiciaban en efecto un trabajo espiritual realmente positivo. Por una -digamos extraña- casualidad el sol había salido en aquellos momentos por entre el claro de dos espesas nubes; allá y acullá parecía llover. Más abajo, por entre la espesura de pinos, alegres pajaritos empezaron a acariciar nuestros oídos con sus trinos.


    - El mensaje

    En aquellos momentos, y con voz serena y apacible, transmití el siguiente mensaje dévico: “¡Salud, amigos nuestros!

    Es realmente inspirativo y conmovedor el contacto que puede establecerse entre los hombres y los ángeles, entre los hijos de la Naturaleza y las fuerzas vivas que la crean.

    Nuestro gozo es inmenso, indescriptible para vuestra razón humana y quisiéramos que lo compartieseis.

    Sabemos por qué habéis venido aquí. Conocemos vuestras intenciones y sabemos lo que estáis buscando. Sí, aquí existe realmente lo que llamáis un “lugar secreto” aunque sólo es secreto para los ciegos a la luz espiritual. Continuad viniendo aquí, con mente ligera y corazón libre y lo descubriréis.

    Es muy raro ver por estos lugares a seres humanos henchidos de altos ideales y de intenciones puras, asequibles a la inspiración a la que es propicio nuestro mundo.

    Aquellos que vienen aquí, no en busca de distracciones vanas sino llenos de inquietud por descubrir el aliento ligero de las cosas, acaban por descubrir el secreto de la vida oculta de la Naturaleza. Y éstos trabajan por el día en que los hijos de los hombres y los ángeles de la Naturaleza, conscientemente unidos y complementados, cantarán juntos la gloria del Señor. Tal día marcará el Sendero de una Nueva Edad en el que la Creación entera rendirá homenaje a Su Creador y las sociedades humanas estarán regidas por un equilibrio consciente y una determinación divina. El mundo en el cual todos vivimos será entonces un planeta sagrado y su radiación teñirá de una nueva luz los éteres inmortales.

    Estos contactos, tan raramente producidos a causa de la ceguera de los hombres, que desde hace tanto tiempo perdieron el estado de gracia o de inocencia son, sin embargo, la promesa divina de los tiempos presentidos que todos anhelamos.

    Pues de la misma manera que un relámpago, aunque rápido y fugaz, da una magnífica idea de la luz de donde emana, así estos contactos entre los hombres y los ángeles, abren la esperanza de un mundo ideal en que el pensamiento humano y el sentimiento de los devas, armoniosamente compenetrados, den a luz una mejor forma de civilización y una nueva vitalidad en la expresión de la vida de la Naturaleza.

    Quisiera ayudaros en vuestras pesquisas internas, pues os guía la buena intención y percibo en vosotros una perfecta aura de amistad. Mantened firmemente esta amistad, gloria del destino humano, que os hará asequibles al amor inmortal de los devas.

    Volved más adelante. Hay lugares sagrados aquí, henchidos de fuerza magnética que pueden ayudaros mucho en la consumación de vuestro particular destino. Pero no vengáis en grupos numerosos, sino eligiendo cuidadosamente aquellos que verdaderamente se sientan inspirados por la fuerza de la devoción espiritual y el perfecto culto a la vida de la Naturaleza. Con estas santas disposiciones siempre hallaréis aquí, o en otros lugares sagrados, a un Deva o a un grupo de Devas dispuestos a ayudaros.


    Regocijaos ahora con nosotros y participad en silencio de la Paz natural de estos lugares. Que esta Paz sea el premio de vuestra recta intención y os sirva de potente estímulo para continuar la obra que cada cual ha de realizar en el mundo para mayor gloria del Señor.

    Yo os bendigo con Amor y os ofrezco mi amistad con el destello natural de nuestra vida de equilibrio, y en tanto permanezcáis aquí estaréis bajo mi protección. “Seguid adelante con la vista eternamente orientada hacia las doradas cumbres en donde los Dioses Creadores y Sus Ángeles Servidores tienen para el reino humano un futuro de perfección”.


    Mis palabras cada vez más lentas y suaves, se habían ido infiltrando sutilmente a través del oído en nuestros corazones, llenándonos de un sentimiento de paz indescriptible. Cada cual a su manera, había notado claramente la presencia de aquel DEVA, misterioso habitante de los mundos invisibles, pero todos habíamos convenido en que el hecho de encontrarnos allí reunidos no era fortuito, y que una misteriosa sucesión de acontecimientos causales nos habían puesto en contacto con la más poderosa de las Fuerzas de la Naturaleza, el Reino de los Devas, de los Ángeles del Señor, verdaderos agentes fraternales del Poder de Dios manifestado.

    Sí, volveremos a Montserrat. Nos dejaremos llevar por el “aliento ligero de las cosas” y, tal como nos aconsejó nuestro Gran Amigo el Ángel de las Montañas Sagradas de Montserrat, trataremos de mantener firmemente los lazos de amistad que es la fuerza creadora más positiva en la humanidad y dentro de la vida oculta de la Naturaleza.

    El verdadero investigador nunca afirma ni nunca niega categóricamente. Se limita simplemente a investigar, y cuando sus investigaciones dan un fruto como consecuencia de sus pesquisas entonces adquiere aquella especial virtud de asentimiento que sólo puede provenir de la experiencia. Hablar de un hecho sin haberlo comprobado indica falta de madurez. No se pueden descifrar ciertos enigmas o misterios de la Naturaleza, recurriendo únicamente a la imaginación. Uno puede imaginar fácilmente un DEVA. Tenemos toda una idea formada de cómo son los devas, los ángeles. Los hemos visto desde nuestra niñez plasmados en cuadros y en estatuas. Pero, ¿Son ellos tal como nos los han presentado los artistas en sus lienzos o en sus piedras talladas, o como los han descrito ciertos investigadores?

    La corriente de vida que culmina en el mundo dévico, contiene una gradación infinita. Esto implica naturalmente que “sus formas” expresivas, así como sus especiales funciones, son muchas y muy variadas. El color con que se muestran al investigador contiene también infinidad de matices, algunos de ellos de tal naturaleza y de tal extraño fulgor, que nuestros colores conocidos, los clásicos siete del espectro solar y los innumerables que surgen de sus infinitas combinaciones, no pueden ni remotamente dar la más mínima idea del mismo. En estas condiciones, el hecho de “ver” un Deva, y su posible descripción por parte del clarividente observador, está condicionado a muchos pormenores y a muchas dificultades, debido a los distintos elementos en que se muevan los devas, a las cualidades de los mismos, a su tipo vibratorio y..., singularmente, a la formación espiritual del observador y a su grado de madurez interna.

    Conocemos algunas personas que aseguran que ven a los ángeles, a los devas, y que incluso hablan con ellos. No dudo de sus palabras, aunque cada cual verá y oirá, aquello que está a su inmediato alcance o en su mismo nivel vibratorio. En cierta ocasión, después de un profundo proceso meditativo de grupo, una señora clarividente dijo que cuando cierta persona había pronunciado el OM sagrado, se habían rasgado encima de ella, los éteres del espacio, y que había aparecido un ángel resplandeciente de luz con “las manos” en actitud de bendecir. Nos chocó esto de “las manos” al referirse a un ÁNGEL. En realidad un Ángel es una ráfaga de luz, de color, de sonido. No tiene una configuración humana, salvo en determinadas circunstancias, aquellas en las que él (y me refiero a un Deva superior), quiere presentarse bajo esta forma. Existe también el juego de la imaginación humana, acostumbrada a cierto tipo de formas.

    No es extraño que un ángel se preste a este juego de la imaginación, singularmente si esta imaginación viene estimulada por motivos puros y por impulsos realmente espirituales. Pero, la forma de un Ángel es muy distinta de la que nosotros tenemos en nuestra mente. Su exquisita plasticidad, el poder que tienen los Devas superiores sobre los elementos naturales, hace que su forma se adapte siempre a las condiciones de este ambiente. Por ejemplo, los devas solares, los que viven en y SON la luz del sol, aparecen como ráfagas luminosas del color de este astro, pero de tan extraordinario fulgor que resulta imposible mirarlos. Sólo cuando se sienten observados y comprenden los sanos motivos del observador, disminuyen la intensidad de su brillo y aparecen como surgiendo del profundo seno de la luz en donde viven. En tal caso se los puede apreciar con flameantes cabelleras del color ígneo del sol que prácticamente cubre “sus cuerpos”.

    Hablamos en forma muy figurada y tratando solamente de dar una simple idea de aquello que la imaginación es casi incapaz de dar forma. Cuando hablamos de ráfagas al referirnos a los devas, nos atenemos a lo inmediato que surge en nuestra mente. El color define estas ráfagas y el observador puede darse cuenta del tipo de deva que está observando. Es muy interesante está definición. Al hablar de “cuerpos” no nos referimos a cuerpos parecidos a los nuestros, sino más bien al aspecto que adoptan las ráfagas de vida angélica en un momento determinado, y de acuerdo con las cualidades espirituales del observador.

    El aspecto científico de la enseñanza esotérica en lo que atañe a los devas, reino desconocido o imperfectamente conocido por la mayoría de las gentes y aún por muchos estudiantes de esoterismo, constituye un requisito básico en lo que se refiere al entrenamiento espiritual de los miembros de un Ashrama. Entendemos por aspecto científico:

    a) El mundo dévico en relación con las energías y fuerzas que operan en la Naturaleza y en todos los reinos que evolucionan en la misma.

    b) La experiencia directa del discípulo en entrenamiento esotérico con entidades más o menos evolucionadas del mundo dévico.

    c) Las distintas gradaciones de devas, solares unos y lunares otros, pero que en su mutua interdependencia o conjunción magnética producen el gran misterio de la electricidad en nuestro planeta.

    Esta última afirmación puede parecer como muy vaga e imprecisa dado el carácter científico que se trata de dar, pero nos permitimos apuntar el hecho, de que la Ciencia humana pese a sus tremendos avances técnicos está utilizando una energía, la electricidad, cuya naturaleza esencial desconoce prácticamente todavía. Sin intentar desmerecer el gigantesco desarrollo científico de la humanidad durante los últimos tiempos, hay que admitir un hecho básico:

    La Ciencia se halla situada, frente al gran misterio de la electricidad, en la misma posición de cualquier persona que sin tecnicismo eléctrico alguno es capaz de producir la luz con sólo dar una simple vuelta a la llave de un conmutador. El alarde científico sigue pues un proceso rigurosamente técnico extendiéndose en efectos realmente singulares y grandiosos, como en el caso de las computadoras electrónicas, pero la causa esencial que vivifica el proceso, permanece oculta todavía en las profundas raíces cósmicas del gran secreto de la vida de la Naturaleza.

    Al penetrar algo más profundamente en el maravilloso mundo de los devas, tendría que desarrollar el investigador ciertas cualidades mentales y morales de orden superior, para poder establecer contacto consciente con Devas de elevado desarrollo espiritual y evitar también el peligro de caer bajo la influencia frecuentemente obsesiva y maléfica de ciertos devas inferiores, o elementales de la Naturaleza, habitantes de las bajas esferas o substratos inferiores de los éteres de nuestro mundo.

    Un tipo especial de devas, gobernados por poderosos Devas solares, viven en la luz y forman parte consustancial de la misma. Se les puede percibir, cuando existe la debida preparación mental-espiritual, agitándose gozosamente en toda manifestación de luz y de color. Todos los colores, no sólo los primarios del espectro solar, sino la infinita variedad de colores que resultan de las combinaciones de los siete tipos de base, están regidos por la vida esencial de estos devas. La actividad de una especie particular de los mismos constituye el aspecto “calor” de la luz, habida cuenta de que toda expresión de luz y calor en nuestro Universo es una manifestación del sol al coincidir sus rayos sobre los éteres, o aura particular, de todos y cada uno de los planetas del Sistema Solar. Las cualidades especiales de cada planeta expresando su grado de evolución quedan así exaltadas o elevadas en su sintonía por la acción del sol, centro y vida del Sistema.

    Toda manifestación de luz y de calor obedece al principio universal de “fricción”, este principio condiciona la evolución total del Universo en donde vivimos, nos movemos y tenemos el Ser. Hay que entender por “fricción” el contacto del Espíritu con la Materia, del aspecto masculino con el femenino, de la Vida con la Sustancia. Esta fricción o contacto produce las infinitas modificaciones de la sustancia material por imposición del espíritu divino y la creación y desarrollo de la conciencia en todos los seres y en todas las cosas. En el devenir de este proceso básico, existen una serie de factores que escapan normalmente a nuestra penetración y percepción, como por ejemplo el concurso de los devas y también las reacciones del complejo atómico de los tres mundos físico, emocional y mental, en donde vivimos sumergidos.

    Pero, no se trata de este tipo de conciencia en evolución que tiene como campo de experimentación lo que esotéricamente definimos conciencia del átomo, sino que lo mencionamos únicamente por sus implicaciones o relaciones con todo cuanto tiene que ver con la vida de los devas, cuya especial función, en orden al proceso estructural de todas las formas que existen en la Naturaleza, está directa e indisolublemente vinculada a la infinita e indescriptible variedad de vidas y conciencias que evolucionan en el mundo de los elementos químicos y de los átomos.

    Una manifestación inferior de devas solares puede ser fácilmente perceptible al ojo humano cuando se contempla el azul del cielo un día intensamente soleado. Se trata de aquellos corpúsculos o puntos luminosos, en incesante movimiento, que se agitan en el espacio. Pese a su extrema pequeñez, su función es muy importante si tenemos en cuenta que su actividad vitaliza los organismos vivos. En general, las distintas gradaciones de devas solares en sus innumerables interacciones, combinaciones, modificaciones o estados, a través de los diferentes éteres planetarios, producen por “fricción” aquella sustancia vital, que los esoteristas llaman PRANA.



    V.B.Anglada



    Siguiente: V.B. Anglada ~ Los Devas Solares y el Prana.

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