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    V.B. Anglada
    La naturaleza y el mundo dévico.


    Uno de los principales cometidos de los Ashramas de la Jerarquía, en relación con los discípulos mundiales de esta era de transición que estamos viviendo, es prepararles para establecer contacto consciente con el reino dévico. Este reino, en sus infinitas gradaciones abarca estados de evolución que se extienden desde las pequeñas criaturas que viven en los elementos de la Naturaleza y constituyen las cualidades características del fuego, del agua, del aire y de la tierra y de los distintos éteres del plano físico, hasta los más exaltados Arcángeles, de categoría similar -en lo que a evolución espiritual se refiere- a la de los propios Logos creadores. En esta inmensa escalera de Jacob, simbólicamente hablando, “por la que ascienden y descienden los Ángeles”, cada deva y cada elemental constructor a sus órdenes, conocen exactamente la índole particular de su misión que ordenada en su conjunto constituye el Universo manifestado, es decir, el campo expresivo de los Dioses y de los hombres.

    Quizás tengamos ocasión de ver más adelante cómo trabajan y evolucionan los devas en sus distintas gradaciones o jerarquías. Pero, lo que interesa, es despertar el interés de los aspirantes en el Sendero por el mundo dévico, por esta inmensa área esotérica espiritual, corrientemente dejada de lado incluso por muchos de los llamados “esoteristas”.

    La mayoría de personas, las potentemente polarizadas en el mundo mental concreto, caen a veces en la falsa postura de considerar una superstición hablar de los devas, sin saber que éstos, como agentes constructores de la Naturaleza y depositarios del Plan específico de la evolución planetaria diseñada por la Voluntad divina a través de los indescriptibles Arquetipos superiores, están tan indisolublemente unidos al proceso histórico, racial y espiritual de la humanidad como lo están la sangre y los tejidos nerviosos dentro del cuerpo humano.

    Hay también la posición de aquellas otras personas que “hastiadas” de las enseñanzas, frecuentemente dogmáticas, de las religiones organizadas, se resisten a tomar en consideración toda información relativa a este importante aspecto de la enseñanza esotérica. Comprendemos claramente la razón de ambas posturas y nos guardaremos de criticarlas. Lo único que podemos hacer en todo caso, es relatar nuestras propias experiencias en relación con el mundo dévico, hablar de la entrañable amistad del mismo respecto al reino humano, contar algunos de nuestros contactos con devas de distintos niveles de evolución, transmitirles algunas de sus enseñanzas y tratar de hacer comprensibles el exquisito interés de los mismos por todos los hijos de los hombres, su excelso amor por los niños por quienes velan amparados por su inocencia con entrañable y singular afecto, su protección decidida a aquellos que sinceramente se aman, sus tiernos y fraternales cuidados para los enfermos y todos cuantos sufren, y su especial devoción y
    simpatía hacia los seres humanos capaces de comprenderles y recibir sus mensajes llenos de sencillez, profundidad y ternura.

    Los aspirantes espirituales que empiezan a hollar el Sendero deberían saber que el discípulo en entrenamiento iniciático ha de ser capaz de establecer contacto con la obra de Dios en todos los niveles posibles, desde los niveles etéricos, aún en orden físico, hasta el propio plano búdico en donde mora habitualmente el Maestro, pasando por los distintos subplanos de los planos astral y mental, hasta llegar a ser plenamente consciente de su Yo superior, el punto central de todo su posible y extenso campo de percepciones y relaciones. La toma de conciencia de cada plano jalona el camino iniciático, y es partiendo de la plena conciencia individual de un plano que se pasa al siguiente superior. El método que sigue el discípulo en este proceso de traslación de su conciencia es de “investigación científica”. ¿Qué se quiere significar exactamente con estas dos palabras? La misión específica de la ciencia es investigar y comprobar. Esto es precisamente lo que hace el discípulo, de manera que cuando formula una declara
    ción, y hay que advertir que ciertas declaraciones entrañan una gran responsabilidad, ya sea en relación con el Sendero que está recorriendo o con la conciencia de determinado plano, sus palabras tienen no sólo un carácter netamente afirmativo, sino que aportan además el testimonio de ciertos hechos habitualmente ocultos dentro de los tupidos repliegues de la conciencia humana.

    Al referirnos a los devas o a algún hecho o experiencia de carácter espiritual vividos dentro o fuera del Ashrama partimos de este principio básico de investigación y comprobación científica.


    - La técnica del silencio

    Establecer contacto con los moradores del mundo dévico no es tan difícil y complicado como a simple vista parece. Es indispensable, sin embargo, “creer en ellos”, estar persuadidos de su existencia. Este es el primer punto de aproximación, más adelante se aprenden las necesarias técnicas que facilitan el contacto; que son de constante y permanente estímulo y, posteriormente se aprende la ciencia de su lenguaje, lo cual presupone el desarrollo de ciertas áreas de nuestra mente, netamente intuitivas y sólo en latencia en la mayoría de las personas.

    La enseñanza relativa a los devas ha de excluir, por lo tanto, todo culto a lo maravilloso o fantástico, es decir, hay que Aceptar su existencia con toda sencillez, como un “hecho” de la Naturaleza. Una de las cosas que hemos podido constatar con respecto a los devas, es que su mente es extremadamente sencilla y exquisitamente sensible a las impresiones provenientes de todos los reinos de la Naturaleza con los que se hallan misteriosamente conectados a través de los elementos constructores que trabajan específicamente en cada uno de los distintos planos de evolución. Esta exquisita vulnerabilidad e indescriptible sencillez de sus mentes les dota de un potente y gozoso dinamismo que infiltran en el ánimo de todo aquel que es capaz de reconocerles y escucharles. Hay que admitir también que un deva no puede ser debidamente contactado utilizando el método normal de acercamiento mental concreto que utilizamos en relación con las cosas y hechos corrientes de la vida.

    Hay que educar pues un tipo de mente que sea asimismo sencilla y altamente sensible. El culto al silencio y a la contemplación, aún en sus iniciales etapas, puede ayudarnos en nuestros intentos de aproximación al mundo de los devas. Hay que tener presente que en etapas superiores de entrenamiento espiritual le es exigido al discípulo una silenciación total de todos sus deseos y pensamientos para que pueda oír aquello que en lenguaje místico se denomina “voz del silencio”:

    La voz del silencio podría ser descrita como una síntesis de todos los sonidos de la creación. Se la puede oír en su elevada trascendencia después de la pronunciación correcta del OM sagrado. Se produce entonces un vacío dentro de nosotros y a nuestro alrededor que es llenado por esta fuerza misteriosa del silencio que, en sus aspectos universales, es aquel SILENCIO o GRAN PRALAYA, que precede a la creación de los mundos. Es también el sonido invocativo de las huestes angélicas, de nuestros desconocidos hermanos de los mundos invisibles. El silencio realizado dentro de nosotros, tras las necesarias disciplinas de serenidad mental y estabilidad emocional, emite un sonido particular inaudible que atrae a los devas. Según sea el grado de silenciación de nuestros efectos y cualidades personales, así será el poder e intensidad de nuestro sonido invocativo y por lo tanto, la elevación espiritual de los devas, con quienes podemos establecer contacto.

    Es precisamente a esta técnica de “silenciación”, a la que se refiere “LUZ EN EL SENDERO” en aquella esotérica máxima de “El discípulo no puede hablar en presencia del Maestro hasta no haber perdido toda posibilidad de herir” (por medio de la palabra, del verbo humano). Sólo la palabra que surge de lo profundo del espiritual silencio establecido en nuestras mentes y corazones es incapaz de herir. Es, expresado de otra manera, la voz del VERBO revelado, a que se refiere Juan, el iniciado evangelista.


    - El valor del verbo

    En etapas trascendentes de este espiritual entrenamiento aprende el discípulo el valor absoluto del Verbo en relación con las leyes expresivas de la Naturaleza. Sabe entonces, en virtud de ciertos poderes espirituales implícitos en la iniciación, cómo invocar y cómo dirigir conscientemente las fuerzas que actúan en y sobre la Naturaleza, y puede crear entonces a voluntad aquellos prodigios, llamados milagros, que no son otra cosa que el poder de invocar y utilizar a los devas, o a los elementales constructores para ciertos fines de orden mágico y de acuerdo a determinados aspectos de servicio creador. Todo Iniciado posee el poder invocativo de las fuerzas constructoras de la Naturaleza, el control de los poderes elementales y la decidida protección y ayuda de los Grandes Devas que presiden el desarrollo evolutivo de la creación.

    Podría añadir quizás dentro de este orden de ideas que el hombre habla (el sentido creador del Verbo) y que el deva escucha (la Voz del Silencio). El hablar y escuchar, la invocación y la evocación, armoniosamente compenetradas constituyen la síntesis de todas las cosas existentes. Pero, esta compenetración natural entre los hombres y los devas sólo puede provenir del esfuerzo humano por silenciar progresivamente sus apetencias personales y del creciente desarrollo de sus poderes invocativos.

    Respecto al discípulo debemos indicar que el resultado de sus esfuerzos de apaciguamiento mental-espiritual es la conquista de la intuición, siendo ésta el Antakarana o vehículo de luz superior por el que asciende a las sublimes alturas donde establece contacto con el Maestro, con su propia Alma inmortal, con sus condiscípulos del Ashrama y con los Devas, las fuerzas vivas de la Naturaleza. De cada una de estas Fuentes superiores recibe el discípulo las inspiraciones precisas y el poder necesario para manifestar ostensiblemente en la vida la gloria revelada de un perfecto Hijo de Dios, gloria hacia la cual tiende incesantemente dejando en cada recodo del Camino jirones de honra y de bienes personales.

    Cada uno, dentro de la particular esfera de relaciones impuestas por su karma personal, puede prepararse también para estos contactos trascendentes empezando desde ahora un lento y callado proceso de silenciación de todos los innecesarios e inútiles deseos y pensamientos albergados todavía en su ánimo y que les impide acercarse limpiamente a la Realidad espiritual que constituye la esencia de sus propias vidas. Dediquen unos momentos de su vida cotidiana a esta sencilla pero universal tarea.

    No hay que olvidar las palabras de Madame H. P. Blavatsky, cuando decía: “La mente es la matadora de lo Real”, es decir, de la intuición, pues nuestra mente concreta o inferior a la que se refiere concretamente este axioma, es constantemente un hervidero de pensamientos, conceptos figurativos y opiniones contradictorias que impiden entrar en la suave quietud de la vida espiritual. Insistiendo sobre este punto, y para desvanecer posibles dudas, debo afirmar que la perfecta silenciación mental no comporta en manera alguna la aniquilación de la mente concreta o intelectual, sino el sabio gobierno de ésta por la Voluntad superior que la puede utilizar entonces como un delicado instrumento de relación y contacto con los tres mundos de la evolución humana.


    - Valiosa enseñanza

    Debemos decir, para estímulo de algunos estudiantes de esoterismo, que la misión especial de ciertos devas -denominados en lenguaje místico “los Ángeles del Silencio”- es sensibilizar las mentes de los hombres para hacerles receptibles al silencio espiritual y a la voz infinita de la Naturaleza. Los hombres enseñados por tales devas aprecian en todas las cosas de la vida, aún en las más sencillas e insignificantes, una vida interior palpitante que está dando su mensaje de amor divino.

    En edades pasadas de las que la historia no guarda noción, los devas vivían junto a los hombres en el seno de las primitivas humanidades, enseñándoles el arte de vivir, de moverse y de relacionarse. Ellos enseñaron a aquellos instintivos seres, que más tarde serían hombres, las primeras verdades respecto a la Naturaleza, desde el culto al sol, fuente de vida, hasta el conocimiento del fuego que caracterizó una etapa definida dentro del proceso evolutivo de la humanidad. Ellos presidieron los primarios e incipientes motivos de vida que condujeron a la perpetuación de la especie y enseñaron también los principios básicos de relación que culminarían más tarde en el anhelo vivo de conciencia.

    Fueron ellos, los devas, los que prepararon el campo de la vida animal para contener la simiente de la mente humana, y fueron los Ángeles Solares, estos misteriosos testigos de la Luz, de los que tan poco sabemos, los que infundieron el aliento de su propia vida y conciencia en el ser instintivo animal a través de la gloria inmarcesible de la mente.

    Por todos estos motivos está sobradamente justificada toda enseñanza relativa a los devas. Su consustancial relación con el reino humano, su participación constante en la evolución espiritual del hombre y de las sociedades humanas, determina un eje fatal de relación a través del cual giran, indisolublemente unidas las evoluciones humana y dévica.

    Cuando al estudiante esotérico se le presentan las verdades contenidas en términos científicos tan conocidos como los de “energías y fuerzas”, se le advierte ante todo que tales términos están íntimamente relacionados con la vida oculta de la Naturaleza y con aquellos misteriosos habitantes de los mundos invisibles que llamamos ángeles, devas o elementales constructores.

    El discípulo en el Ashrama sabe apreciar por propia y obligada experiencia y por el proceso riguroso de investigación científica a que se halla sometido, la distinción, cualidades y funciones de las distintas jerarquías de devas y pueden ejercer sobre aquel mundo oculto y desconocido, el poder creador de la vida espiritual.

    Un poderoso Deva con el cual nos fue posible establecer contacto y cuya enseñanza facilitó extraordinariamente el curso exigido de entrenamiento espiritual sobre los reinos ocultos de la Naturaleza nos dijo en cierta ocasión: “Cuando la ciencia humana haya logrado liberarse del proceso absolutamente técnico o mecánico de sus experimentos y acepte lógicamente la existencia de nuestro mundo, empezará para ella un proceso de aseveración de hechos y verdades que ahora ni remotamente sospecha, perdida en el laberinto de las ecuaciones concretas. Podrá ver directamente en la luz del sol aspectos vibratorios que están más allá de los que puede captar actualmente a través de sus aparatos científicos. Será consciente también de los factores dévicos que concurren en el gran misterio de la electricidad y tendrá también una explicación lógica y racional para ella todo cuanto hasta aquí ha sido encuadrado dentro de este orden vago y misterioso que el mundo llama “milagro”.

    Conocerá a Dios más realmente de lo que lo hace ahora a través de sus grandes avances técnicos y descubrimientos. Simplificará tanto su proceso de investigación y estudio que las maravillosas computadoras e ingenios electrónicos serán meramente unos juguetes mecánicos que sólo interesarán a los cerebros juveniles. El contacto directo con la realidad le abrirá las perspectivas de un mundo insospechado cuyo sondeo debe ser verificado con una mente tan ágil y libre que ningún ingenio creado, por perfeccionado que sea, podrá equiparársele. Esta nueva legión de investigadores científicos cuenta ya dentro de sus filas con algunos elementos despiertos dentro del orden espiritual, que saben ya por experiencia lo que significa estar en consciente contacto con la Realidad universal cuyo poder creador y ordenador los preside todo”.

    Las palabras de este Gran Amigo fueron muy inspiradoras para nosotros. Ellas dan la clave de mucho de lo que se refiere a la relación entre la inspiración espiritual y la técnica humana, entre la intuición y el instrumento intelectual. Por la intuición se establece contacto con el mundo causal de las realidades subjetivas, aunque en un mundo ordenado de acuerdo a un sinnúmero de principios concretos, es realmente difícil llegar a esta directa percepción que elimina todos los posibles intermediarios. No obstante, hay que repetir hasta la saciedad que si bien el proceso perceptivo de la Realidad pertenece a la mente intuitiva o abstracta del hombre, el proceso de organización y plasmación de estas percepciones e inspiraciones pertenece a la mente concreta.

    Es para establecer el mágico equilibrio de la vida en sus distintos y variados niveles de actividad que las escuelas esotéricas del mundo y principalmente los Ashramas de la Jerarquía ofrecen a los aspirantes espirituales y a los discípulos mucha información oculta sobre el mundo dévico o angélico.

    Una de las primeras enseñanzas del Ashrama trataba precisamente del contacto dévico. Virtualmente estas entidades -en sus innumerables graduaciones- actúan también sobre la humanidad desde distintos niveles vibratorios, aunque no nos demos cuenta de su misteriosa y eficaz influencia sobre nuestras vidas. Señalaré la primera vez que establecí contacto consciente con un Deva. Sentí como si una brisa suave y fresca penetrara profundamente dentro de mí llevándose todos mis deseos y pensamientos. Una vez “vacío completamente de mí mismo” me sentí lleno de un profundo y dinámico gozo interno, como si convergiera en mi ser toda la alegría indescriptible de la Naturaleza, y entonces oí su voz. No era una voz humana, sino una maravillosa combinación de armónicos sonidos, refulgentes colores y delicados perfumes. De la conversación que el Deva sostenía conmigo parecían participar todos los elementos naturales del lugar donde nos encontrábamos (un verde prado en un hermoso y solitario rincón de la Suiza Alemana).

    El Deva me estaba hablando a través de las diminutas hierbas, de las delicadas florecillas campestres de los inquietos pajarillos, de los gigantescos castaños, del aire que hacía ondular el tallo de los juncos lejanos. Y, ¡cosa curiosa!, yo sabía exactamente lo que me estaba diciendo, me sentía penetrado de la sencilla profundidad de su Mensaje espiritual e insuflado de un amor sin límites por la obra del Creador, extendida ante mi vista y abarcando el marco de toda posible perspectiva. Para mí, la existencia de los Devas y su directa participación en nuestra vida a través de la Naturaleza viva que nos rodea, es una realidad y no un sueño ni una fantasía.

    Los ejercicios ashrámicos de contacto dévico fueron muy sencillos al principio, y se iniciaron con la invocación de pequeñas criaturas, habitantes de las regiones etéricas, algunas de ellas realmente bellísimas, graciosas y juguetonas, otras terriblemente repulsivas, repelentes y esquivas. El Maestro nos dijo: “Debéis aprender a amar tanto las unas como las otras, pues así como el Bien y el Mal, en sus aspectos de Luz y Sombra, son consustanciales en la vida evolutiva del planeta, basada en la conciencia de dualidad, la labor de estas pequeñas criaturas -cada cual desde su particular nivel o elemento- contribuye a la realización del Gran Plan.

    Una cosa quiero que grabéis en vuestras mentes y corazones. Estas pequeñas criaturas de los éteres, viven en los elementos que motiva la expresión de la Naturaleza en todos sus aspectos. Ellas trabajan de acuerdo a un modelo mayormente impuesto por la propia evolución de los hombres. A medida que la humanidad avance y tienda hacia la unidad esencial, desaparecerá de la tierra toda fealdad y desarmonía, pues no habrá en ella las pequeñas criaturas de los éteres que trabajan con la sustancia de las sombras. Pero, mientras tanto, amadlas como creaciones vuestras, fecundadas, gestadas y nacidas del inestable humor de vuestro ánimo, que pueden mejorar considerablemente con el impulso creador de vuestro propósito interno. Y no olvidéis nunca que en lo que acabo de deciros subyace el misterio oculto de la gran verdad esotérica que ha de estar presente en el ánimo de todo discípulo: “La Naturaleza cumplirá su verdadera misión cuando el hombre haya cumplido la Suya”.



    V.B.Anglada



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