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    V.B. Anglada
    Una lucha en la dimensión sutil.


    DISCIPULADO Y PERFECCIÓN

    - Una lucha en la dimensión sutil.

    Las personas que por ignorancia más que por otra causa practican el mal, sólo pueden atacar el aspecto inferior de aquellos contra los cuales sienten alguna forma de animosidad o antipatía. Utilizan a este fin cosas físicas, etéricamente relacionadas con los sujetos que son centro y blanco de su malas intenciones y actúan luego decididamente contra estas cosas.

    Esta actividad se transmite por simpatía de vibraciones en aspectos definidos de mal sobre quienes fueron propietarios o utilizaron tales cosas y se establece así una corriente ininterrumpida de mal que va desde quien lo practica a la cosa u objeto de referencia y de ahí al sujeto a quien se pretende perjudicar, una corriente magnética que de no ser debidamente atajada por destrucción de tales elementos físicos de referencia, llega a destruir progresiva y sistemáticamente la red etérica protectora de determinados órganos físicos sobre los cuales se actúa, hasta provocar la muerte física por destrucción de aquellos elementos de defensa, o a provocar tensiones negativas de orden moral o emocional que pueden derivar asimismo hacia la obsesión y a la locura.

    “Toda forma de magia negra obedece a idéntico principio de separatividad humana, de negación de la luz espiritual, es decir, al triunfo de la ignorancia, del egoísmo y de la mala voluntad sobre las correctas intenciones de los hombres. Existe, no obstante, una notable diferencia desde el ángulo esotérico entre las formas de magia negra".

    La diferencia no es de base o de principio, sino de intensidad, de grado o de nivel. La magia negra del ignorante sólo bordea las orillas de lo físico y de lo astral inferior; la magia del verdadero mago negro, de aquel que sabe perfectamente lo que hace, se origina principalmente en el plano mental concreto y actúa conscientemente y con pleno conocimiento de causa, persiguiendo unos fines que no atentan solamente contra la seguridad física, emocional o mental de determinados individuos, sino que se enfrentan decididamente y utilizando grandes poderes contra el Plan mismo del Creador, contra el proceso de la evolución humana y muy definidamente contra todos aquellos que de una u otro manera han decidido colaborar en el desarrollo de este Plan.

    Ahora bien, los “magos negros” a los que yo por experiencia debo referirme, van mucho más allá, tal como anteriormente he dicho, no sólo por la inteligencia que despliegan sino por el gran poder que utilizan. Una de las razones más importantes desde el ángulo de estas consideraciones es que los “magos negros” propiamente dichos están organizados en forma de Logia, siguiendo sus miembros idéntico o muy parecido sistema de entrenamiento y proceso de iniciación a los que se adaptan las gloriosas huestes de la LUZ que constituyen la Gran Fraternidad Blanca del Planeta.

    Al estar sujetos los “magos negros” en sus distintas gradaciones a este sistema de entrenamiento científico, que involucra el conocimiento de la ley que regula las energías y fuerzas planetarias, y de ciertos mántrams de invocación de los devas inferiores o elementales de las sombras que viven y se desarrollan en el seno profundo de lo podríamos llamar “subconsciencia planetaria”, el alcance de su poder es enorme y su radio de acción se extiende incluso y alcanza la vida de los propios discípulos mundiales en proceso de alineamiento con sus almas y de integración con la vida espiritual. Afortunadamente para estos discípulos y para la humanidad entera, el poder los “magos negros” termina en las fronteras del mundo espiritual, allí donde empieza la verdadera y fecunda actividad de los Hermanos Mayores de la Humanidad, de los Maestros de Sabiduría e Iniciados de la Gran Logia Blanca y el poder beneficioso de las Huestes de la Luz.

    Hay que reconocer no obstante, que hasta que los cuerpos inferiores de un discípulo no estén debidamente purificados y controlados, la actividad de los magos negros puede hacer mella sobre ellos y convertirlos en “centro de sus terribles y maléficos ataques”...

    Deseamos ilustrar más amplia y definidamente sobre este difícil pasaje en la vida de un discípulo espiritual, para ello me remitiré a mi propia experiencia personal.


    - Tentación y magia negra

    ... “No voy a repetir aquí algo que todo verdadero aspirante espiritual debe forzosamente saber respecto al poder invocativo de los fuegos mayores o de redención por medio de ciertos mántrams sagrados. Me limitaré únicamente a decir que dentro de un Ashrama de la Jerarquía, en donde se supone que el discípulo que del mismo forma parte se halla convenientemente preparado espiritual y personalmente, sólo con mucha discreción y reticencia se le confían fórmulas mantrámicas de alto poder invocativo y aún en todo caso cuando la presión de ciertas circunstancias o la gravedad de un caso concreto así lo justifiquen. En cierta ocasión, hace de ello unos años, tuve oportunidad de experimentar directamente sobre mi vida personal el ejercicio de esta ley reguladora de transmisión de mántrams de poder o de invocación de los Fuegos sagrados de la Naturaleza. Mi Alma primero y mi Maestro después fueron los sagrados vehículos de aquella espiritual transmisión.

    Los hechos, como siempre, eran consecuencia de un ferviente e intenso vivir en pos de la Realidad superior presentida. Pero, vean por favor, los hechos:

    Se trataba específicamente de contrarrestar la acción sobre mi vida mental y psíquica de unas potentes y maléficas influencias provenientes según pude comprobar más tarde de ciertas zonas definidas de mal radicadas en remotos y sombríos lugares del Planeta. Las cualidades de bien que empiezan a desarrollarse en la vida de un discípulo, atraen inmediatamente la atención no sólo de las Fuerzas bienhechoras de la Naturaleza que encuentran en ellas un nuevo cauce para su expresión, sino también y en forma todavía más acusada, dadas las características kármicas del discípulo, de las aviesas intenciones de los adeptos y miembros de la llamada Logia Negra del planeta, una Corporación de seres -no me atrevo a llamarlos humanos- que practican conscientemente el mal y se oponen deliberadamente al bien.

    Estos desgraciados seres, inteligentes pero sin corazón, se alimentan -por así decirlo- de la sustancia de las sombras, trabajan mayormente durante la noche y se aprovechan para el logro de sus innobles fines de la debilidad espiritual de una parte considerable de la raza humana, de las energías de baja vibración generadas por las entidades situadas en el arco descendente o de involución de la vida planetaria, del poder engendrado por la espantosa lucha del deseo inconsumado de los hombres, del oscuro fluir astral y etérico de sus bajas inclinaciones y del terrible choque que en el mundo mental sostienen las ideas y voluntades de los seres humanos que originan la gran herejía de la separatividad humana con su espantosa secuela de guerras y conflictos.

    Toda esta fuerza, esencialmente material, separativa y destructiva es aprovechada por “los señores de las sombras”, por esos expertos “magos negros”, para fomentar dentro de las conciencias humanas las semillas del odio y de la destrucción y se centra preferentemente contra la vida de aquellos que por comprensión superior y en forma definida y constante, empiezan a liberarse de sus particulares egoísmos y seguir las sendas del Bien.

    Como me encontraba a la sazón en aquel caso, no pude escapar ni a la regla ni al proceso, siendo en lo que al discípulo se refiere, la regla la tentación y el proceso la crisis. En su interacción la tentación y la crisis subsiguiente constituyen la más amarga prueba del Sendero, aquello que místicamente se conoce como “la Noche del Alma”. Pero, si se mantiene la firmeza espiritual y se acepta noblemente y sin rencor el desafío de los hechos, el Alma penetra entonces más profundamente dentro de la LUZ, AMOR Y PODER de Aquél que es Guía espiritual de nuestra vida...


    - Horas terribles

    ... Durante el desarrollo de aquel proceso al que me refiero pasé horas muy terribles coloreadas de un profundo dramatismo, más acusadas todavía por el hecho de que en aquellos momentos me era negada incluso la posibilidad de invocar la energía interna. Durante un período bastante prolongado de tiempo “no me era permitido siquiera dormir”. En mi alcoba se daban cita a la hora del descanso nocturno una serie de entidades de aspecto terrorífico que una y otra vez me atormentaban con visiones deprimentes que diluían mi imaginación y envenenaban mi ánimo. Me era absolutamente imposible concentrar mi mente en el Maestro y en el Ashrama. Cuando empezaba a recitar la Gran Invocación, una fórmula de gran poder que siempre me conectaba con la energía de los Altos Lugares, ruidos por todas partes de la habitación me impedían coordinar las distintas estrofas de la misma.

    La imagen de Cristo que habitualmente percibía con gran nitidez y me servía de luminoso punto de referencia en mis meditaciones, era suplantada por imágenes horribles y bestiales.

    En el desarrollo de este para mí nuevo e inesperado proceso que consideraba trascendido desde mi ingreso en el Ashrama, pude comprender por mí mismo el alcance universal y profundo de aquel estado que llamamos de tentación. Tentaciones eran en efecto todas las intromisiones de mal dentro de mi conciencia, es decir, de aquellas visiones morbosas unas, nefastas otras, de aquellos ruidos, profundos dolores de cabeza, incapacidad de concentración, pérdidas de percepción espiritual y una creciente debilidad física. Toda aquella horrible pesadilla era concretamente una invitación a volverme atrás del camino espiritual que había emprendido, y me hubiese resultado ciertamente fácil hacerlo, renunciando a la vida de servicio y de comunión con el Ashrama y el Maestro y hacer la vida normal y corriente de la inmensa mayoría de los seres humanos.

    La vida de un discípulo no es, sin embargo, una vida común y corriente, entendiendo por ello un plegamiento sin lucha y sin resistencia al fluir de lo habitual es, por el contrario, una vida de esfuerzo y de sacrificio que ha de conducir a la perfecta integración espiritual. Como se dice muy bien en ciertos textos sagrados relativos a la vida de un discípulo en encarnación física: “La peor tentación es vivir sin tentaciones”, pues la tentación hace surgir a flor de conciencia las debilidades ocultas del discípulo, aviva los rescoldos de pasión de un fuego que parecía muerto, pero que sólo estaba dormido y muestra las profundas sutilezas de personal morbosidad incrustadas en los desconocidos repliegues de la conciencia que deben ser destruidas antes de enfrentarse con el terrible poder del Fuego iniciático.

    El Maestro nos había advertido ya de la existencia de estos sutiles impedimentos dentro de la conciencia, pero yo había aceptado Sus palabras más como una enseñanza teórica destinada al equipo de nuestro conocimiento que como una sagrada advertencia a “vivir profundamente apercibidos frente a la inevitable condición humana de nuestra vida kármica”. En lo más intenso de la lucha, mientras se desarrollaba el proceso, tuve de improviso un luminoso vislumbre del alcance universal de las palabras del Maestro y decidí renunciar al descanso y al placentero diálogo con lo habitual y aceptar el creciente desafío de los hechos, tratando de paliar en lo posible los impactos dirigidos contra mis cuerpos sutiles por los magos negros.

    No sabía cuánto podía durar aquel estado de cosas, sólo sabía que debía resistir, luchar y ampararme en el bien de mi alma. Durante el día, mayormente durante el período solar, el más favorable para la meditación espiritual, me esforzaba por reagrupar mis pensamientos esparcidos y debilitados y dirigirlos hacia el Maestro y el Ashrama prosiguiendo lo mejor que me era posible mis tareas profesionales y las propias del campo de servicio que voluntariamente había elegido.

    Mientras tanto, mi cuerpo físico cada vez más debilitado por efecto de esta lucha, mayormente por la imposibilidad de dormir y descansar por las noches, amenazaba llegar por desgaste a un punto crítico de tensión, pasado el cual sólo era previsible la aniquilación física con la pérdida de una oportunidad cíclica de evolución espiritual. Fue precisamente al llegar a este punto de extrema tensión cuando sobrevino la acción universal.


    - La acción universal

    Una noche mientras me hallaba como desde hacía ya tanto tiempo bajo la presión de las fuerzas negativas a las que anteriormente hice referencia y me preparaba ya a pasar otra noche sin poder dormir y a afrontar pacientemente todas las posibles y extenuantes molestias de aquellas fuerzas que habían hecho ya acto de presencia dentro de mí y a mi alrededor, oí resonar clara y distintamente dentro de mi conciencia la voz del Maestro. Un profundo y extraordinario sentimiento de gozo hizo desbordar de ternura mi corazón acongojado. En aquella ocasión el Maestro se limitó a decirme: “El momento es llegado. Pronuncia conmigo y graba en tu conciencia estas palabras”. Se trataba de un mántram específico de gran poder, relacionado como pude averiguar más tarde, con el Fuego de Shamballa.

    Era una extraña fórmula mágica al parecer muy sencilla, pero dotada de ciertas inflexiones que yo trataba de repetir siguiendo el consejo del Maestro, y de ciertas pausas que sentía resonar poderosamente dentro de mí como si yo fuese una campana hueca sometida a la acción de un tremendo badajo. Durante unos momentos y en tanto seguía yo recitando bajo la guía oral del Maestro aquella fórmula mágica de invocación superior, me pareció recordar vagamente aquellas cadencias y aquel ritmo. En efecto, aquel mántram traía a mi recuerdo sonidos de un aire familiar, como si no fuese aquella la primera vez que yo los emitía o los escuchase.

    ¿Sería aquélla la invocación directa del Ángel Solar, de mi verdadero yo espiritual, o acaso una síntesis a mi alcance en aquellos momentos del Poder del Rayo espiritual de mi vida que se expresaba a través de mi alma solar o interna? En aquellos momentos todo me parecía posible pues sentía resonar dentro de mí la voz del Maestro, aquella voz tan íntimamente conocida, cuyas inflexiones evocaban en mí el cálido aliento de lo eterno y la aspiración a las más elevadas esferas y dimensiones...

    ...De inmediato vi que penetraba en mi alcoba un resplandeciente Deva. Su rostro, del que emanaban luminosos rayos expresaba indomable firmeza y resolución. Llevaba en Su diestra una espada centelleante de la que emanaban ígneos destellos y la dirigía describiendo movimientos circulares extraordinariamente rápidos contra todas aquellas sombras y formas terroríficas que desde hacía tanto tiempo se habían enseñoreado de mi alcoba y de mi ánimo. Aunque esta lucha parecía tener lugar fuera de mí, por cuanto me era posible presenciarla, sentía que se desarrollaba profundamente dentro de mi corazón y me sería imposible describir los espantosos gritos, gemidos y blasfemias que originaba en lo más íntimo de mí mismo la acción de la espada flamígera del Deva...

    ...Finalmente, mi alcoba quedó totalmente iluminada aunque no percibía nada objetivo de la misma, lo cual me demostraba que aquella espantosa lucha no había tenido lugar en el plano físico, sino en otra dimensión más sutil. Sólo percibía en aquellos momentos y dentro de la luz al Ángel de la Presencia, al poderoso Deva solar que había acudido a socorrerme y que ahora al contemplarle serenamente me parecía íntima y extrañamente familiar, como si fuese parte consustancial de mí mismo.

    La paz reinaba entonces en mi espíritu, una paz que desde hacía tiempo parecía haber perdido. Cuando lleno de emoción quise expresarle mi agradecimiento al Ángel auxiliador, éste me hizo un signo profundamente amistoso como de despedida y desapareció del campo de mis percepciones.

    La luz continuaba brillando dentro de mí y aunque era plenamente consciente de todo, nada distinguía todavía de los objetos de mi alcoba. Súbitamente sentí dentro de mi ser aquel profundo sentimiento de expectación, imposible de ser explicado en palabras, que preludiaba la proximidad del Maestro y Su voz resonó de nuevo dentro de mi alma en silencio. Entonces lo vi por primera vez fuera del Ashrama, allí a mi lado, en el interior de mi humilde alcoba, jamás tan humilde ante Su presencia. No me dijo nada. Se limitó a sonreírme con inefable ternura y a bendecirme. Desapareció muy luego como anteriormente lo había hecho, el Gran Deva solar, y paulatinamente mi conciencia fue penetrando en el mundo de lo habitual. Empecé a percibir entonces los objetos de mi alcoba y a ser plenamente consciente en mi cerebro físico.

    La paz que sentía entonces dentro de mi mente y corazón, era un testigo inmediato e incontrovertible de mi contacto con el Maestro, y con el ánimo profundamente tranquilo y sosegado pude entregarme ya sin reservas a un reconfortante descanso físico del que desde hacía tanto tiempo había estado absolutamente privado.

    Días más tarde, en el suave retiro del Ashrama al que tenía nuevamente acceso después de haber consumado la crisis pasada, el Maestro me impartió la correspondiente enseñanza de mi estado y me confió de acuerdo a mi temperamento y condición un positivo mántram de dispersión de las fuerzas del mal que tratasen en lo sucesivo de penetrar en el área de mi conciencia. Al hacerlo me dijo que los mántrams o sonidos mágicos que me había oralmente transmitido en el momento cumbre de mi crisis se irían borrando paulatinamente de mi memoria. “Solo en determinado ciclo iniciático de tu vida -me dijo- volverás a utilizar aquel conjunto de palabras y sonidos que te impidieron sucumbir a la presión del mal y a la actividad de las fuerzas oscuras del planeta, pero entonces aquellos mántrams serán en tus manos una clave de poder universal para salvar a la humanidad y no solamente para ayudarte a ti mismo”.

    Y prosiguió mirándome profundamente: “Te darás cuenta entonces que aquella Voz, la Voz del ritmo solar expresado en ciertas cadencias, sonidos y definidas palabras, era tu propia voz, la voz de tu Alma, del Ser inmortal, cuya eterna liberación y su retorno a la patria solar, dependen única y enteramente de tu plena adaptación a las leyes del universal servicio y de fraternal abnegación en favor de los demás, como lo hicieron el Buda, el Cristo y todas las personalidades insignes de la Raza”.

    Estas palabras del Maestro, aparentemente tan sencillas, tuvieron para mí un profundo significado y me permitieron entrever etapas futuras de la raza humana, en las que la Divinidad expresaría a través del hombre el poder de la vida universal que todo lo compenetra y unifica, fundiendo en un eterno abrazo las dos grandes corrientes de energía promotora de toda posible evolución, las de la Materia y las del Espíritu, de la Vida y de la Forma, que en el mágico equilibrio de sus aparentemente opuestas expresiones deben producir la liberación del Alma, del Ángel Solar, de la Conciencia humana.



    Continúa en: El ángel de la presencia.

    DISCIPULADO Y PERFECCIÓN
    V.B.Anglada



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