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    V.B. Anglada
    Ingreso en el Ashrama y su composición.


    Unos meses antes de ser admitido en el Ashrama al cual me honro pertenecer, tuve una experiencia espiritual que marcó mi corazón para siempre y que dejó en mi cerebro físico un recuerdo imborrable. Fue el prólogo o iniciación de una serie de situaciones de carácter trascendente que culminaron en el contacto consciente con el Maestro y en mi ingreso en Su Ashrama. Voy a relatarles esta experiencia:

    Me hallé de improviso fuera del cuerpo. En forma suave y casi sin darme cuenta me hallé viajando velozmente por el espacio. Estaba plenamente consciente y percibía no sólo que me dirigía hacia un determinado lugar, sino que iba acompañado por alguien a quien no veía, pero cuya compañía me infundía una gran seguridad.

    Aparecieron en lontananza unas montañas muy elevadas con nieve en las cumbres. ¿Se trataría de los Montes Himalaya? Me acuerdo perfectamente que tuve unos momentos de vacilación y de duda. En efecto, la noche anterior había estado leyendo el libro de Mr. Leadbeater “LOS MAESTROS Y EL SENDERO”, precisamente el pasaje que trata sobre las iniciaciones y donde se habla profusamente de las ceremonias que tienen lugar en ciertos lugares de estas montañas realmente sagradas. Yo me decía a mí mismo: “He aquí las consecuencias de tu lectura de anoche”. Pero, mi guía, mi desconocido acompañante, que había captado perfectamente mi pensamiento, me había trasmitido asimismo en forma de pensamiento sus palabras: “No, no se trata de un sueño ni de una alucinación. Es por el contrario una realidad que debes tratar de vivir tan intensamente como puedas, pues marcará tu memoria para siempre. Permanece atento y sigue con profundo interés cuánto veas y oigas…”.

    Habíamos llegado ante una profunda hendidura dentro de una inmensa roca. Recuerdo que la entrada era bastante estrecha y que había ante la misma frondosos árboles y espesos arbustos que la ocultaban completamente. No era, pues, visible, a menos de encontrarse frente a ella. Pero, el caso es que nos encontrábamos allí y yo veía perfectamente los arbustos y los árboles desde la entrada misma de esta extraña cueva, cosa en la cual no me había fijado anteriormente y que me demostraba que habíamos llegado allí descendiendo desde arriba y naturalmente en cuerpo astral.

    Penetramos en el interior de esta cueva. A medida que avanzábamos, las paredes laterales iban ensanchándose, y llegamos así, a un recinto amplio de unos quince metros de largo por unos diez de ancho. Frente a nosotros siguiendo el orden de la galería, había una especie de altar de forma circular y a derecha e izquierda de donde habíamos entrado había varias puertas. Las pude contar pese a que todo se hallaba en perfecta oscuridad, mediante la percepción astral; eran siete, y yo me dije que quizás este número no era ajeno a la clase de ceremonias que debían celebrarse allí. Mi acompañante había asentido a esta formulación mental e incluso me pareció que había sonreído al hacerlo. Me dijo a su vez: “No es por azar que te hallas aquí. La dirección de tus futuras actividades depende en gran parte de la atención con que sigas esta experiencia, y de tu capacidad de perpetuarla internamente”.

    No se exactamente cuanto tiempo permanecimos allí, en la oscuridad y en silencio. Sólo se que me hallaba profundamente expectante. De improviso todo el recinto quedó iluminado y me di cuenta que estaba lleno de personas, todas en silencioso recogimiento como nosotros, ocupando por grupos la parte situada frente a cada una de las siete puertas a las que anteriormente me he referido. Advertí también que tanto mi guía como yo formábamos parte de uno de aquellos grupos. Y fue entonces cuando pude reconocer a mi acompañante. Se trataba de mi gran amigo R... de nacionalidad hindú. Vive en Bombay y ocupa un cargo administrativo en el Gobierno de la Sra. Indira Gandhi. Sé que es un iniciado y que es discípulo de un Maestro de la Jerarquía.

    Mientras tanto, y por una puerta oculta tras el altar, o quizás por materialización astral, habían aparecido tres personajes. No distinguía claramente sus facciones por la luz que parecía emanar de sus rostros, pero intuí de inmediato que se trataba de Altos Iniciados de la Jerarquía Blanca del Planeta. Cómo vinieron a mí estas ideas no podría precisarlo, pero estaba plenamente seguro de ellas. Estas cosas no tienen naturalmente una explicación racional. Una cosa se sabe y se tiene la inquebrantable seguridad de ello, pero no se sabe exactamente porqué. Simplemente se sabe, con una seguridad que está más allá de los positivos argumentos. Lo único que puedo precisar es que el aura que envolvía Sus cuerpos era brillantísima, extendiéndose en irisadas ondulaciones muy lejos de donde nos hallábamos. Puedo afirmar, sin embargo, ya que tengo las fotografías en mi casa, que no se trataba de ninguno de los Maestros Morya, Koot Hoomi, Conde de San Germán o del Señor Maitreya.

    Sólo me es dable decir que eran unos Adeptos de la Jerarquía Planetaria, lo era cuando menos el que ocupaba el centro del altar y que parecía ser el centro de aquella extraña reunión.

    Me hacía estas reflexiones, cuando mi amigo R... me dijo tocándome ligeramente: “Esta ceremonia a la que asistimos es de preparación iniciática de grupos. Siguiendo las nuevas orientaciones jerárquicas que marcan el destino de los tiempos, pequeños grupos de personas convenientemente preparadas acuden aquí periódicamente, siguiendo ritmos cíclicos, para recibir instrucción espiritual especial. El Maestro X (cuyo nombre no puedo revelar) que ves allí en el centro y que seguidamente va a hablarnos, es uno de los Instructores específicos para el ciclo inmediato. Sus orientaciones precisas sobre el orden de la Nueva Edad y Su profundo conocimiento de las leyes que regulan el destino universal se reflejan en Sus enseñanzas, sencillas claras y contundentes.

    Ellas tienen por objeto establecer en la conciencia de cada uno de los asistentes a esta reunión, la tónica precisa de la Era de Acuario que apunta ya en lontananza y cuyo crepúsculo matutino empieza a irrumpir en el destino de la humanidad produciendo crisis y tensiones en el orden mundial establecido. Todos cuantos asisten a esta congregación están vinculados de una u otra manera con la obra a realizar por la Jerarquía en la tierra para un próximo futuro. Los componentes de estos distintos grupos, pertenecientes a los siete tipos de Rayo que evolucionan en este universo, no se conocen físicamente entre sí. En cambio se reconocen subjetivamente por la obra que realizan en el mundo y por sus esfuerzos sinceros en favor de la paz, comprensión y concordia humana. Todos ellos son seres de reconocida buena voluntad que aman a sus hermanos, son conscientes de las necesidades que los afligen y tratan sinceramente de remediarlas.

    Habrás comprendido naturalmente que se trata de elementos activos del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, con el cual te hallas íntimamente relacionado, y que actualmente asume la función vinculativa entre los hijos de los hombres capaces de pensar en forma ordenada y los componentes de los misterios “Gran Fraternidad Blanca del planeta”. Comprendo perfectamente la identidad espiritual del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y la calidad del trabajo que sus miembros realizan en el seno de la humanidad por la actuación que me ocupó durante muchos años en la Escuela Arcana, cuyas sedes están en Nueva York, Londres y Ginebra.

    En esto el Maestro X hizo un signo de bendición y se dirigió a nosotros. Se había producido un gran silencio, un silencio indescriptible lleno de serena expectación dentro del cual se percibía el aliento unificado de un sólo pensamiento y el latido de un sólo corazón. No hay en verdad palabras para describir ese estado de expectación espiritual, producido fuera del cuerpo físico y elevado a tal extremo de tensión creadora. Estas fueron las palabras del Maestro o cuando menos tal fue el claro Sentido de las mismas y que percibo hoy dentro de mi mente con extraños fulgores de realidad y actualidad: “Amigos: La paz sea con vosotros. Habéis venido aquí desde todas las partes de la tierra, unos asisten a esta reunión por vez primera. Otros han venido ya varias veces.

    Algunos de vosotros recordaréis perfectamente esta experiencia espiritual; otros no podrán recordarla por no disponer todavía del adecuado desarrollo cerebral, pero todos sentiréis indistintamente la Fuerza que va a ser liberada aquí dentro de unos momentos y podréis aprovecharla para el ejercicio de vuestras distintas actividades en favor del Plan creador.

    Pero prescindiendo de estos detalles que en nada afectan la efectividad del Trabajo Uno al que todos estamos consagrados, habéis venido aquí impulsados por un designio único, el SERVICIO a nuestros hermanos.

    Es, pues, de este SERVICIO compartido del que voy a hablaros. Desde tiempos inmemoriales la cadena iniciática de los Agentes transmisores de LUZ ha sido unida por infinitos eslabones de servicio creador a la Raza. Una sola regla ha imperado, el Amor a los demás y el ardiente deseo de ayudarles en sus necesidades. La cadena cíclica de los tiempos en espirales cada vez más extensas y elevadas, ha penetrado en la conciencia de los hombres deparándoles una visión cada vez más profunda de su destino. Pero no todos han comprendido todavía que la consumación de este destino es AMOR, y que es el AMOR compartido el que debe salvar al hombre.

    Cuando las espirales de esta cadena cíclica penetran no solamente en las mentes, sino también en el corazón de los hombres, un nuevo tipo humano viene a la existencia, un tipo representativo en espacio y tiempo de la Voluntad divina, que determina una nueva expansión de energía creadora dentro de la humanidad. Este nuevo tipo de ser humano, verdadero fermento redentor dentro de la evolución natural de las razas, hace resonar una elevada NOTA dentro de la Sinfonía del tiempo y nuevas necesidades y oportunidades nacen y se expansionan dentro de la conciencia humana como un todo.

    Esta NOTA es la NOTA iniciática, difícilmente audible para el oído humano. Es la Nota de la Voluntad divina que crea el potente determinismo y la indomable resistencia ante todos los obstáculos originados por el impulso natural de la Búsqueda y es de hecho “el Brazo Derecho de la Ley”. Los que hacen resonar esta NOTA en sus vidas entran por derecho natural en esta Gran Corriente de Amistad Cósmica, que llamamos “Sendero Iniciático” o de “Retorno”.

    Por el impulso básico de este Rayo de Amistad, que es una proyección eterna del Rayo de Amor del Señor del Universo y para permitiros hacer vibrar las octavas superiores de la Nota de Buena Voluntad que habitualmente pulsáis en el mundo, es por lo que habéis sido convocados. ¿Qué es, pues, lo que realmente se espera de vosotros? ¿Por qué os encontráis aquí?

    Todos sin distinción, en la eximia belleza de los diferentes matices de actividad, habéis sido capaces de reproducir la NOTA en vuestras mentes y corazones y vuestra presencia aquí no es en manera alguna fortuita; no debéis considerarla tampoco como el pago a ciertas actitudes espiritualmente positivas que habéis adoptado en el mundo, sino como un testimonio vivo del Inapelable Juicio de la Ley. Os habéis unido consciente o inconscientemente a la eterna Sinfonía y cada uno trata de ajustar su pequeña nota a la Gran NOTA presentida.

    Todos pertenecéis a un diferente Rayo específico de Poder y a un departamento asimismo específico de nuestro trabajo en el mundo, que es la Actividad creadora del Plan, conforme se va desarrollando en el seno de la humanidad y en la Naturaleza entera. Cada cual tiene sus propios métodos o sistemas de actividad y la visión de cada uno se ajusta a una orientación exactamente definida de este trabajo creador al cual dedica la mayor parte de sus esfuerzos.

    No venís, pues aquí, para adquirir nuevas orientaciones en vuestro trabajo, sino para perfeccionar la técnica precisa para el mismo y especialmente para adquirir renovada FUERZA para el cumplimiento de vuestro deber en el mundo.

    Algunos de vosotros sabéis claramente de nuestras existencias y de nuestra OBRA, otros ni siquiera habéis oído nombrarnos en el devenir del mundo profano, pero esto carece de importancia capital. Sabed que NOSOTROS medimos la Intención, no el Conocimiento. La Intención es interna y galvaniza vuestro propósito espiritual, el Conocimiento es externo, proviene del mundo en que vivís y debéis utilizarlo únicamente para perfeccionar vuestra técnica de trabajo. Pero, en esencia, cuantos estáis aquí formáis parte en distintos niveles de la Gran Corporación de Servidores que desde las primeras edades ayuda a la humanidad en sus esfuerzos de unión y perfección. Vuestra presencia aquí no es sino el ejercicio de un derecho que nada ni nadie os puede negar.

    La orientación precisa de vuestras energías se realiza sin esfuerzo aparente de vuestra parte, dado que la NOTA presentida es la NOTA característica de vuestro Rayo y es a través de ella que penetrasteis un día en la gran corriente universal de Vida. La técnica precisa y más conveniente para la consumación de este gran ciclo de crisis y oportunidades que está viviendo el mundo es la de la amistad perfecta. El servicio creador surge espontáneamente cuando creáis las grandes avenidas para esta amistad impersonal, libre de sentimentalismos vanos, que le da un grato sabor a la vida.

    Esta técnica que en vosotros empieza a crear condiciones propicias para influenciar positivamente el ambiente que os rodea y que por analogía vibratoria va creando impactos directos en el corazón de la humanidad, debe venir avalada sin embargo por la FUERZA pues es por la Fuerza y por el Poder que ella determina que se realizan y consuman los gloriosos destinos de cada Rayo. El Poder da la clave de resolución que conduce finalmente a la Liberación, a la penetración consciente de los designios de la Gran Fraternidad Blanca. Todo miembro de esta Gran Fraternidad es un verdadero servidor de la Raza.

    Sabed por tanto que cada una de vuestras asistencias a estas reuniones es un culto celebrado en honor de la Fuerza y la Resolución. Ellas aclaran el sentido orientador de vuestras técnicas de trabajo y sin daros cuenta, por el sólo hecho de vuestra serena expectación estáis profundizando en los misterios implícitos dentro de la NOTA iniciática. Lo demás os vendrá por añadidura, pues tal es la Ley. “Acoged pues con amor toda la Fuerza que seáis capaces de resistir y trasmitidla al mundo como una sagrada ofrenda de paz y de amistad para la angustiada humanidad de nuestros días.”

    El Maestro X había terminado de hablar. Siguieron unos momentos de inspirativo silencio; la mirada del Maestro se había posado sobre nosotros y cada uno se sentía profundamente escudriñado mientras recorría todos y cada uno de los grupos.

    Cogió después de encima del altar una especie de varilla que parecía de oro con una piedra roja centelleante en uno de sus extremos y dirigió sucesivamente ésta hacia todos nosotros, en tanto que Él y sus dos acompañantes pronunciaban misteriosas palabras de poder. Una potentísima fuerza circuló entonces a través de nuestros cuerpos sutiles y, por unos momentos, todo desapareció de nuestra vista quedando únicamente un sentimiento de unidad, de vida y de propósito mancomunado que no puede ser explicado con palabras. Es la unidad de todo en el Todo, siendo su símbolo más aproximado la Luz blanca en el centro expandiendo en proyecciones concéntricas los siete colores básicos de la Naturaleza.


    * Poco tiempo después de la experiencia que acabo de relatar, ingresé conscientemente en el Ashrama.

    Este hecho trascendente en lo que a mi vida personal y espiritual se refiere, vino precedido por algunos contactos fuera del cuerpo físico, con mi amigo R... Éste me preparó para la comunicación con el Maestro facilitándome valiosas instrucciones acerca de la vida en el Ashrama así como ciertas orientaciones definidas sobre mi cuerpo mental, para que mi mente entrara en la gran corriente telepática que une a los discípulos de la Jerarquía entre sí con sus Maestros respectivos. Cuando consideró que su obra había tenido éxito y que todas sus informaciones habían sido debidamente interpretadas, me llevó ante el Maestro.

    Esta primera entrevista tuvo lugar en la propia casa del Maestro, en... La habitación era normal y corriente como tantas otras; el fuego de su Presencia, no obstante, prestaba a todo lo que allí había un encanto particular que jamás olvidaré.

    El Maestro me acogió como a un amigo de siempre y yo me encontré a Su lado como en presencia de Alguien a quien siempre se ha conocido y cuya amistad debe perdurar perpetuamente. Su voz era musical, de tonos graves pero exquisitamente armoniosos. Comprobé gratamente sorprendido que no era aquella la primera vez que la oía, aunque no guardaba recuerdo, alguno en mi memoria física. No se cuanto tiempo estuve a Su lado. Sólo recuerdo que sus últimas palabras fueron: “HAZ MEMORIA Y COMPRENDERÁS”. Al cabo de cierto tiempo, recordé en efecto. Este recuerdo va implícito en cada una de las frases que componen el texto de este libro, ya que fue memorizando espontáneamente, como pude glosar el conjunto de ideas y experiencias que les he ido trasmitiendo.

    Mi ingreso en el Ashrama, después de mi primera entrevista con el Maestro, tuvo efecto tras una pequeña ceremonia en la que Él, después de presentarme a mis compañeros de grupo, me aleccionó directa e íntimamente acerca de mi misión y funciones dentro del Ashrama, otorgándome seguidamente ciertas instrucciones de carácter muy íntimo que me permitirían, en lo sucesivo, responder “telepáticamente y de inmediato”, a cualquier requerimiento suyo, de acuerdo con la vida del Ashrama. Me habló asimismo de las difíciles condiciones de mi vida personal, en el sentido que fueron precisamente éstas las que me habían ido preparando y sutilizando para la experiencia espiritual trascendente que estaba viviendo.

    Me habló finalmente del valor y de la resolución del discipulado consciente y me habló reverentemente de Cristo y de Su obra en relación con la Nueva Era, o de Acuario, para la cual todos los Ashramas de la Jerarquía sin distinción están trabajando y la parte de trabajo específico que yo podía realizar si me ajustaba enteramente al mecanismo de la Obra conjunta.

    Comprendí desde lo profundo de mí mismo el valor inefable de las palabras del Maestro y desde entonces trato de cumplirlas en mi mente y corazón lo mejor que puedo. Finalmente el Maestro, frente a mí y rodeado de los demás miembros del Ashrama, me pidió solemnemente, y su pedido tenía el carácter de un juramento inviolable, si prometía acatar la ley del grupo hasta sus últimas consecuencias y si decidía vivir en lo sucesivo la vida del discípulo, de disciplina natural, de orden espiritual y de resolución indomable frente a todas las personas, hechos y experiencias de la vida. Contesté sin vacilar afirmativamente y entonces el Maestro, tras bendecirme especialmente, me admitió en su Ashrama. Las experiencias subsiguientes a este ingreso las verán reflejadas en todas y cada una de las páginas que componen este libro. A través de ellas, más que de mis propias afirmaciones acerca del discipulado, serán conscientes de la verdad de los hechos y de las ideas emitidas.



    Vicente Beltran Anglada



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