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    Cristo
    Carta 2 - Parte I.


    CRISTO VUELVE –HABLA SU VERDAD
    CARTA 2
    (Esta carta debe ser meditada más que leída)

    Yo Soy el Cristo.

    Mientras obro desde las más altas esferas de la CONSCIENCIA CREATIVA DIVINA, mi influencia envuelve tu mundo.

    Usando una metáfora, estoy tan distante en consciencia de tu mundo como tu sol dista de la tierra. No obstante si me llamas con sinceridad, estaré tan cerca como sea necesario para ayudarte.

    Habrá muchos que no podrán recibir estas CARTAS. Tales personas no están aún preparadas para ellas.

    Habrá quienes intenten ahogar su existencia, puesto que sus enseñanzas serán una amenaza para su sustento o religión. No tendrán éxito. La oposición reforzará estas CARTAS.

    Habrá quienes reciban estas CARTAS con alegría, puesto que en sus almas habrán sabido que más allá de las religiones del mundo se hallaba la VERDAD – la REALIDAD de la existencia. Estas son las personas que prosperarán y al fin y al cabo salvarán el mundo de la auto – aniquilación.

    Ahora, seguiré mi ‘autobiografía’ desde donde la dejé en mi última CARTA.

    Mi propósito al darte algunos detalles biográficos de mi entrada en la vida pública como maestro y sanador ha sido para atraer tu atención hacia mis actitudes y comportamiento de joven; las circunstancias ante el logro de mi propia humanidad espiritualizada.

    Es importante que puedas visualizar como era Palestina cuando estuve en la tierra y ver claramente los conflictos interiores que mis enseñanzas despertaron en la gente adoctrinada con las creencias judías y ritos tradicionales.

    Estos conflictos fueron el núcleo que incapacitó a los evangelistas para hacer constar, con precisión, todo lo que intentaba enseñarles.

    En los evangelios hay frecuentes referencias a mis parábolas que describen el Reino de los Cielos o el Reino de Dios, cual fuese el término que usaron los evangelistas, sin embargo en ninguna parte ha habido un intento por ahondar en las palabras mismas, para explorar las frases hechas, o sacar el significado espiritual del Reino de Dios o del Reino del Cielo.

    Conforme vaya hablando de mis verdaderos sermones dados al pueblo, a la luz de mis experiencias en el desierto, y de tu propio conocimiento de hechos científicos, podrás entender, por fin, un poco de lo que intentaba enseñar en aquellos entonces.

    Puesto que en gran medida, no tuve éxito, es imprescindible que otro intento deba producirse, al comienzo de esta era, este milenio, pues es sobre mi más elevado conocimiento espiritualizado, privilegiado, e iluminado que se fundará y se desarrollará la próxima era.

    Era – y es – esencial que un Maestro como yo, y como otros han sido, sumamente sensibles y totalmente comprometidos mental y emocionalmente, ir hacia una búsqueda de la Verdad de la Existencia, venir a la tierra a CREAR PALABRAS para describir a la gente en la tierra, aprisionados en palabras, lo que puede hallar en la DIMENSIÓN UNIVERSAL CREATIVA en un estado no definido. Si no fuera por tales Maestros inspirados, la gente en la tierra hubiese quedado ignorante de todo lo que se halla más allá de la tierra – dispuesta para hacer contacto, para ser experimentada y absorbida personalmente para promocionar la evolución futura espiritual.

    No tan solo esto – se dice que la Biblia es el libro más ampliamente leído del mundo. En su forma presente ha servido sus propósitos.

    El Nuevo Testamento, en si mismo, con todo su bagaje de malas interpretaciones es un obstáculo para la evolución espiritual. Ya es hora de adelantar hacia una nueva esfera de percepción y comprensión mística.

    Puesto que me es imposible descender de nuevo en un cuerpo humano para hablar de nuevo al mundo, y por que tengo otras dimensiones en donde ministro, he entrenado a un alma sensible para recibir y transcribir. Es lo mejor que puedo hacer para hablar contigo personalmente. Espero que puedas recibir y aceptar esto.

    Todo lo que es erróneo se borra, De esto puedes estar seguro. Los incidentes y curaciones relatados en las siguientes páginas no tienen importancia. Ocurrieron pero se cuentan tan solo para permitirte comprender su significado espiritual.






    Quiero, mientras lees, que relaciones las condiciones de hace 2000 años con tu vida y tiempos actuales.

    Quiero que mires a la persona de ‘Jesús’ como un ‘icono’ de lo que finalmente puede ser logrado por todo ser humano que está dispuesto a convertirse en un miembro fundador del ‘Reino del Cielo’ en la tierra.

    Aunque la gente de vuestro mundo actual es supuestamente sofisticada y egocéntrica en sus ‘conocimientos y enseñanzas’ modernas, versados en modales contemporáneos, y que tienen nuevas maneras de relacionarse el uno con el otro, básicamente, la gente de hace tantos años eran iguales que vosotros.

    Estaban controlados y motivados completamente por sus IMPULSOS GEMELOS de

    ADHESIÓN – RECHAZO

    DESEOS – REPULSIONES

    Igual que vosotros.

    Amaron, odiaron, criticaron, condenaron, calumniaron y chismorrearon, tenían ambiciones de subir a la cima de la sociedad, despreciaron a aquellos fracasados en la vida; en secreto eran promiscuos y se burlaron de aquellos que eran diferentes de cualquier modo a si mismos.

    Para ayudarte a comprender y entrar plenamente en mi tiempo sobre la tierra, mi consciencia ha bajado a tu plano de existencia terrenal para experimentar de nuevo la ‘persona’ de ‘Jesús’ y las emociones y los sucesos en los cuales me vi envuelto.

    **************************************

    Cuando abandoné el desierto y puse pie en el camino que llevaba hacia mi pueblo de Nazaret. Todavía me regocijaba del conocimiento tan gloriosamente revelado en el desierto. Fijé mis pensamientos en todo lo que había aprendido, y si mis pensamientos se extraviaban, rápidamente volvía al PADRE para conseguir la inspiración y determinación para superarlos, De este modo, volví, constantemente, hacia la Luz del conocimiento y de la comprensión.

    Algunas personas me miraron con desconfianza, viendo mi alegría y también mi aspecto sucio y descuidado. ¿Estaba borracho? se preguntaron. Otros me miraron aborreciéndome. En lugar de reaccionar con enfado como en el pasado, me acordaba que había sido bendecido con visiones y conocimiento que ellos no podían ni siquiera imaginar. Les bendije y pedí que su visión interior se abriera de manera similar, y continué mi camino en paz hacia mi casa.

    Había aldeanos, sin embargo, que vieron mi lamentable aspecto con compasión, e iban deprisa a sus casas para traerme pan e incluso vino para ayudarme a seguir mi camino. Siempre había alguien que me ofrecía refugio por la noche. La ‘Vida del Padre’ de veras alivió todas mis necesidades y me dio protección en el momento oportuno.

    En todo este tiempo, no dije ni una palabra acerca de mis semanas en el desierto. Sentía que todavía no era el momento. Por fin, llegué a mi pueblo, Nazaret, y los aldeanos se mofaban abiertamente, señalando mi aspecto asqueroso y mi ropa hecha jirones. ‘¡Sucio holgazán!’ eran algunas de las palabras más amables que me lanzaron.

    Llegué a la puerta de mi madre con un sentimiento de pavor, puesto que sabía que estaría más escandalizada que sus vecinos al verme delante de ella: delgado, los huesos traspasando la piel, los ojos hundidos, y huecos en las mejillas, la cara quemada, negra, y los labios con ampollas por el sol, las barbas largas y en desorden. ¡La ropa! Se pondría furiosa al ver mi ropa,- su color original totalmente irreconocible por el polvo del desierto y la tela rota y rasgada.

    Subí los escalones y me preparé para aguantar la cólera de mi madre. Cuando llamé, vino a la puerta mi hermana. Me miró boquiabierta, con los ojos muy abiertos y asustada; luego cerró la puerta en mi cara de golpe. La oí ir corriendo hacia la parte de atrás de la casa, gritando:

    - Madre, ven de prisa, hay un hombre viejo y sucio en la puerta.

    Escuché a mi madre refunfuñando al venir a la puerta. Abrió la puerta de golpe, se quedó inmovilizada. Sonreí tan solo por un momento, me miró de arriba abajo horrorizada al darse cuenta que este hombre de horrible aspecto era, de veras, su hijo rebelde, Jesús.

    Le ofrecí la mano, diciendo:

    - Sé que te causo mucha pena pero ¿puedes ayudarme?

    Enseguida, le cambió la expresión y tirándome hacia adentro, cerró bien la puerta.

    - De prisa, - dijo a mi hermana asustada:

    - Deja ese ruido y pon agua a hervir. Tu hermano está muerto de hambre. No importa en qué lío se ha metido, nos pertenece. Hay que cuidarlo.

    Despacio me ayudó a quitarme la ropa y me inclinó sobre un gran recipiente de agua y me lavó. Me lavó y recortó el pelo y la barba, y suavemente cubrió las llagas en el cuerpo y labios con ungüento. Ninguno de los dos rompimos el silencio.

    Saboreé el amor que me mostró e intenté mostrar mi gratitud con una actitud más suave, más sensible.
    Después de ponerme una túnica limpia, me hizo sentar a tomar unos alimentos frugales, leche, pan y miel.

    A disgusto, me dio vino, para recobrar fuerzas, pero estaba claro que pensaba que era el vino la causa de mi terrible apuro.

    Luego me dirigió hacia una cama y me cubrió, Dormí durante varias horas y me desperté refrescado a una mañana clara de sol que se veía por la ventana.

    Deseaba hablar con mi madre, para contarle que yo era de verdad, un Mesías pero no de la clase que imaginaban los judíos. Podía salvar a la gente de los malos resultados de sus ‘pecados’ Podía ayudarles a encontrar la salud, abundancia, la satisfacción de sus necesidades, porque podía enseñarles exactamente como había sido creado el mundo.

    Conforme se lo iba explicando empezó por estar ilusionada y encantada. Se puso de pie de un salto y quiso salir a toda prisa para contar a los vecinos que su hijo era realmente el Mesías – ¡deberían escuchar de que manera hablaba – y había ayunado en el desierto! Pero impedí que lo hiciera. Le dije que todavía no le había contado lo que me había sido revelado. Una de las cosas más importantes que había aprendido era que los Judíos Ortodoxos estaban completamente equivocados en su creencia en un ‘dios’ vengativo. No había tal cosa.

    Esto le asustó, le disgustó y exclamó;

    - Entonces, ¿Cómo gobernará el mundo Jehová para hacernos buenos y que escuchemos a los profetas, si él no nos castiga? ¿Eres tan importante ya que puedas enseñarles a los Sumos Sacerdotes como llevar sus propios asuntos transmitidos desde los tiempos de Moisés? ¿Vas a traer más vergüenza a esta casa?

    Se puso a llorar, diciendo enojada:

    - No has cambiado en nada, Solamente ha cambiado lo que dices. No me has traído más que pena. ¿Cómo pude haberme creído que eras el Mesías? Solo llevarás a nuestro pueblo hacia mayores tormentos que nunca con tus extrañas ideas.

    Mis hermanos oyeron sus lamentos y vinieron corriendo, querían echarme de la casa. Porque no quería más alborotos, ofrecí marcharme pacíficamente.

    Si mi madre reaccionó así, podría estar seguro de que todos los demás reaccionarían del mismo modo a lo que les quería contar. Comprendí que necesitaba tranquilidad, descanso absoluto y silencio para poner en orden mis pensamientos y experiencias. Tendría que rezar pidiendo orientación inspirada para saber cómo acercar a los judíos con mi mensaje de ‘Buenas Nuevas.’ Estaba seguro de que el ‘Padre – Vida’ satisficiera mi necesidad, y encontraría el alojamiento conveniente en alguna parte. Mi madre, aunque estaba furiosa con mis ideas aparentemente engreídas estaba, sin embargo, atormentada por sus sentimientos de amor y compasión por mi estado demacrado. Rechazó todo lo que aparentemente representaba – la rebeldía, el desprecio por la Religión Judaica, actitudes engreídas ante la autoridad, mi obstinación y arrogancia, pero todavía me amaba y estaba profundamente preocupada porque al final iba a acabar en conflictos tan grandes como jamás había pensado posible.

    Ella reprendió a mis hermanos, diciéndoles que parasen sus discusiones ruidosas y volvió hacia mí:

    - Puedes quedarte aquí hasta que estés mejor, dijo.

    - Quizás mientras que estés aquí, te pueda convencer con sensatez. Te puedo decir ahora que si sales a las calles hablando como lo has hecho conmigo acabarás en peor estado que nunca. La gente buena te escupirá y te arrojará su basura podrida. Eres una desgracia para la familia.

    De modo que, a pesar de su enfado, me reí; le di las gracias y le di un beso cariñoso. Contento, me quedé con ella, sabiendo muy bien que bajo su enfado, estaba profundamente preocupada por mí. Me alimentó bien y me hizo buena ropa nueva. Agradecí todo lo que hacía para mejorar mi aspecto, porque sabía que para moverme libremente entre los ricos y los pobres, debería estar adecuadamente vestido con atuendo decente.

    A veces había escasez de comida en casa. Recurriendo al poder de mi ‘PADRE’ la repuse sin decir nada. Tampoco ella dijo nada. Yo sabía que se preguntaba con tristeza, si añadido a mis demás malos hábitos, ahora era ladrón.

    Luego me sorprendió con un pan recién horneado en las manos y sabía que no había estado fuera para comprarlo, y tampoco había sido usado el horno aquel día.

    No me dijo nada pero me echó una mirada reflexiva. Veía cambiar su actitud en ese momento. Ya no estaba segura de su terreno. Empezaba a cuestionar sus propias actitudes hacia mí y también la verdad de lo que yo afirmaba:

    - ¿Qué le ocurrió realmente ahí en el desierto? ¿Cómo podría hacer un pan sin fuego, harina y levadura? ¿Qué significa? ¿Es el Mesías?

    Luego mi hermano se cortó la mano. Tenía mucho dolor cuando se infectó. Me dejó imponer las manos sobre la herida y rezar tranquilamente. Veía que sentía que el ‘PODER’ fluía dentro de su mano porque me miró extrañado.

    - Se ha ido el dolor - dijo brevemente. Estaba malhumorado al irse, y yo sabía que aunque sentía alivio del dolor, no le gustó que pudiera ayudarle. Sentí sus celos.

    Mi hermana se escaldó la mano y otro hermano se quejó frecuentemente de fuertes dolores de cabeza. A los dos fui capaz de curar.

    Mis hermanos empezaron a bromear acerca de mis ‘poderes mágicos.’ Se preguntaban que ‘mal’ les podría hacer si me hicieran enfadar. La tensión en casa se hizo más profunda para mi madre que anhelaba paz en el hogar.

    Pero vio cambios en mi comportamiento y estuvo más reconfortada. Yo era más tranquilo, visiblemente controlé posibles arrebatos, puse riendas a mis energías, contuve la impaciencia, ya no discutía. Me preocupé más de ella, escuchando sus quejas de mujer, le ayudaba en casa arreglando los muebles rotos. Anduve por las colinas hasta granjas lejanas en busca de fruta y vegetales que necesitaba.

    Llegue a quererla con ternura y con compasión como una madre debe ser amada.

    Un día se atrevió a preguntarme:

    - ¿Todavía crees que Jehová es un mito?

    - Job dijo que si Jehová retirara su aliento, toda carne vendría abajo. Ese es el ‘Jehová’ en quien creo y vi.

    - Nadie ha visto a Jehová, - dijo con firmeza.

    - Yo vi. a AQUEL que hizo que todas las cosas tuviesen el ser, respondí con calma. LO llamo el ‘Padre’ porque es el AMOR PERFECTO, el AMOR más perfecto que el de una madre, - agregue sonriéndola.

    - ELLO obra dentro, a través de y para toda SU creación. Es el ‘Padre’ en mí quien te ha traído las cosas que necesitabas en casa y quien sanó a mis hermanos y hermanas tan rápidamente.

    Veía que empezaba a comprender un poco lo que decía.

    - ¿Qué hay del pecado? - preguntó.

    - No hay ‘pecado’ como nosotros lo entendemos. Nacemos para comportarnos como lo hacemos. Tenemos que buscar una manera de superar nuestros pensamientos y sentimientos humanos porque nos separan de la protección del ‘Padre’ y nos traen nuestras enfermedades y la miseria. Cuando hayamos aprendido cómo superar el ‘yo’ entraremos en el Reino del Cielo.

    Mi madre volvió silenciosamente, claramente reflexionando sobre lo que le había dicho pero ya no estaba enfadada. Yo sabía que estaba meditando sobre mis afirmaciones y me di cuenta que estaría volviendo del revés su seguro y bien conocido mundo. Sin su creencia en un Jehová amenazando venganza extrema si el hombre fuese indisciplinado, se sentiría perdida e insegura. Se preguntaría cómo el mundo se las arreglaría si tan solo los hombres tuviesen que controlar sus propias maldades y las de los demás. Incluso los reyes y los gobernantes eran malvados en sus acciones Sin Jehová para reinar y castigar a los pecadores, dónde iríamos a parar.

    Mientras reponía fuerzas estudié las Escrituras con diligencia para poder encontrarme con los Fariseos y Escribas con confianza. También era absolutamente necesario que supiese lo que se había escrito del Mesías porque estaba convencido que era ‘yo’ de quien los profetas habían escrito. De veras podría rescatar – salvar – a la gente de la miseria, la enfermedad y la pobreza, incluso conseguir que recobrasen la salud y la prosperidad, enseñándoles la verdad respecto al Reino del Cielo y la REALIDAD del ‘Padre.’

    Cuando me sentí lo suficientemente preparado para salir a enseñar y sanar, para complacer a mi madre, consentí marcharme, un sábado, a la sinagoga de Nazaret y hablar con la congregación. Como era la costumbre, me puse en pie y me dieron para leer a Isaías. Escogí el texto que profetiza sobre la venida del Mesías que libertaría a los judíos de todo tipo de esclavitud.


    “El Espíritu del Señor está sobre mí,
    porque el Señor me ha ungido
    para dar la buena noticia a los pobres.
    Me ha enviado para proclamar la amnistía a los cautivos
    Y para recobrar la vista a los ciegos.
    Para dejar en libertad a los oprimidos,
    para proclamar el año de gracia del Señor.”

    Luego me senté diciendo:

    - Hoy, esta profecía ha sido cumplido en mí.

    Esto produjo conmoción y los hombres miraban atónitos, pero seguía hablando sabiendo que mi ‘Padre’ me diría qué decir. Vinieron las palabras sin vacilación.

    Hablé de mi experiencia en el desierto y narré mi visión del niño que crecía hasta ser hombre, todo el tiempo, sin saberlo, envolviéndose en correas y cadenas mentales, y así se iba quedando ciego y encarcelándose en oscuridad interior, apartándose de Dios.

    Expliqué que al hacer eso, se exponían a la opresión de conquistadores, a la esclavitud, a la pobreza y a la enfermedad.

    - Puesto que Dios es LUZ - dije, - y la LUZ, es la sustancia de todas las cosas visibles, y la LUZ es el AMOR que hace todas las cosas para el disfrute del hombre.

    - Todas las bendiciones de abundancia y salud eran disponibles gratuitamente para el que amara a Dios con la mente, el corazón y el alma y aquel que viviera estrictamente según las leyes de Dios.

    Cuando terminé, hubo un gran silencio en la sinagoga. Sentía que la congregación había experimentado algo extraño y poderoso que les había elevado a un plano más alto de pensamiento y no quise que nada interrumpiera la tranquilidad trascendente de aquel momento.

    Luego empezaron a murmurar entre ellos. Se preguntaba quién era. Algunos estaban convencidos de que era la persona, Jesús, cuya familia se conocía bien en la aldea, pero otros no lo podían aceptar, puesto que había hablado con autoridad.

    Desgraciadamente, sentí despertar mis antiguas reacciones hacia estos hombres religiosos. Sabía que me habían despreciado antes, de modo que esperaba su rechazo. Mis viejas actitudes de desafío volvieron y se pusieron furiosos conmigo. Por mis propias reacciones humanas, invité al desastre. Y el desastre casi lo conseguí.

    Los más jóvenes, alentados por los mayores, corrieron hacia mí y me arrastraron hasta lo alto del acantilado para arrojarme a la muerte pero recé a mi ‘Padre’ para que me salvara. De repente, parecían tan alterados que apenas sabían qué hacían y se volvieron unos contra los otros, y pude escabullirme y escapar.

    Fue extraño. Parecía que no se daban cuenta de que me iba.

    Muy sacudido por la experiencia, logré enviar un mensaje a mi madre, diciéndole que me marchaba de Nazaret enseguida, y bajaba a Cafarnaún, una ciudad señorial junto al mar de Galilea.

    Al principio, pensé unirme con antiguos conocidos, pero por intuición, sentía que esto no sería lo correcto. De modo que, en todo el camino y al entrar en la ciudad, pedí orientación y ayuda a mi ‘Padre’ para encontrar alojamiento. No tenía dinero y no pediría limosna.

    Al caminar por la calle, vino hacia mí una mujer de edad mediana, pesadamente cargada de cestos sobre los brazos. Su rostro estaba triste. Parecía que había estado llorando. Sin reflexionar, la paré y le pregunté dónde podría encontrar alojamiento. Brevemente respondió que normalmente me ofrecería una cama pero que tenía en casa a su hijo muy enfermo. Añadió que había ido a comprar provisiones para alimentar a los ‘consoladores’ que ya habían reunido para llorar la muerte de su hijo cuando éste muriese.

    Mi corazón se sentía afligido por ella pero también se regocijaba. En seguida, había sido dirigido hacia alguien a quien podría ayudar. Expresé mi pesar y me ofrecía a llevar sus cestas a casa.

    Me miró por un momento, preguntándose quién podría ser, pero aparentemente satisfecha por mi aspecto y conducta. De camino, expliqué que quizás podía ayudar a su hijo.

    - ¿Es usted médico? - me preguntó.

    Contesté que no había recibido formación médica, pero que sin embargo podría ayudarle.

    Al llegar a su casa – grande y bien construida de piedra, que indicaba buena situación social y prosperidad, me llevó hasta su marido diciendo:

    - Este hombre dice que puede ayudar a nuestro hijo.
    Inclinó la cabeza, malhumorado sin decir nada. La mujer, Miriam, me llevó diciendo que estaba muy afligido y enfadado.

    - El chico es nuestro único hijo entre muchas hijas, y culpa a Dios por darle al niño la enfermedad. Miriam se echó a llorar.

    - Si habla así contra Dios, ¿qué más penas se nos cargarán? - me preguntó.

    - Tranquila – dije - pronto verás bien a tu hijo, de nuevo.

    Ella dudaba pero me dirigió hacia la habitación donde estaba acostado el chico. Hacia calor y el ambiente era sofocante, y estaba lleno de tristes consoladores charlando. Pedí a la madre que desalojara la habitación, pero los visitantes se resistían. Querían ver lo que sucedería y solamente se marcharon a disgusto, cuando Miriam llamó a su marido para que les hablase. Les oía discutiendo con el padre de él en la habitación de al lado. ¿Qué pensaba que podría hacer ese hombre, si el médico no había sido capaz de ayudar al chico? El padre entró en la habitación para ver por sí mismo.

    Su hijo estaba más pálido que un muerto y tenía mucha fiebre. La madre explicó que no transigía la comida, y que tenía suelto el vientre. Estaba así desde hacía varios días y había perdido mucho peso, y el médico había dicho que nada más podía hacerse. Probablemente moriría.

    Puse las manos sobre la cabeza del niño y recé, sabiendo, y silenciosamente dando gracias de todo corazón porque la Vida del ‘Padre’ fluiría a través de mis manos y dentro de su cuerpo. De este modo el trabajo de curación se llevaría a cabo. Sentí calor extremo y un hormigueo en las manos, y el Poder vertiéndose en su frágil cuerpo. Me sobrevino una oleada de gratitud. ¡Que grande, que maravillosa era la ‘Vida del Padre’ al soltarla para hacer SU trabajo natural de curación!

    Su madre y su padre, angustiados, preguntándose qué ocurriría, se habían cogido de la mano y miraron con gran atención. Al ver como el color de su hijo gradualmente cambiaba del blanco a un rubor más sano, exclamaron atónitos deleitándose. Después de algún tiempo, el niño me miró, diciendo alegremente:

    - Gracias, estoy bien ahora. Tengo hambre y quiero comer algo.

    Su madre se rió de contenta abrazándole, pero también algo preocupada:

    - No puedo darte comida, hijo mío. El médico se enfadaría.
    Le había avisado que no tomara nada excepto agua. Sonreí y dije:

    - Está curado. Le puedes dar pan y vino, y lo aguantará.

    Su padre, Zedekiah, se regocijaba de gratitud. Después de abrazar a su amado hijo, se volvió hacia mí y me dio la mano calurosamente. Dándome palmaditas en el hombro sin parar, meneando la cabeza, era incapaz de hablar por las lágrimas que corrían por las mejillas.

    Recobrando la compostura, pasó al salón y dijo a la gente:

    - ¡Mi hijo, casi muerto, ha recobrado la plenitud de vida de nuevo!

    Un gran clamor de júbilo, regocijo, incredulidad, preguntas, risas y felicitaciones seguían sus palabras. La madre del niño de pie, la cara toda sonrisa.

    Después de eso, no hubo necesidad de alojamiento. Cuando Zedekiah contó a los atónitos ‘consoladores’ que el chico estaba curado, y el joven, mismo, apareciera sonriente en la puerta, pidiendo comida de nuevo, los ‘consoladores’ todos, me rodearon y me invitaron a sus casas. Sin embargo, prefería quedarme con el padre del niño, que decía que tenía muchas preguntas que hacerme; esperaba que se las pudiera contestar.

    Después de colocar sobre la mesa la comida y el vino, todo el mundo, fue invitado a comer hasta saciarse, Zedekiah se sentó y me hizo su primera pregunta.

    Dijo:

    - Has hecho algo que ningún sacerdote ni médico podría hacer. La curación proviene solamente de Dios. Aunque seas forastero, percibo que debes venir de Dios.

    - Si - respondí. Y la gente murmuraba, asombrada.

    - Esta enfermedad que ha tenido mi hijo ¿Era un castigo por algo que hice mal en el pasado? Y ¿cómo podría cometer un pecado tan grave que Dios quisiese quitarme mi único hijo?

    Muchas de las personas asintieron con la cabeza al escuchar estas palabras.

    - Has hecho la pregunta que más quisiera contestar, Zedekiah. Dios nos da la VIDA y el ser. No os arrebataría como un hombre arrebatara algún tesoro a otro porque está enfadado con él. Así se comporta el hombre. No Dios. Y Dios no está sentado sobre un trono en alguna parte del cielo como se sientan los reyes en sus tronos gobernando a la gente. Este es el proceder humano, y una creencia humana, no es la verdad.

    - La manera de Dios está muy por encima de cualquier cosa que la mente humana pudiera concebir o imaginar. Solamente yo he ‘visto’ a AQUELLO que nos ha dado el ser y sé que ELLO no es la clase de ‘dios’ que nos enseñan los Rabinos. vi. que ELLO es el ‘Amor Perfecto’ Y por esta razón prefiero hablar del ‘Padre’ puesto que he visto que Obra dentro de cada ser vivo, manteniéndolo en un estado de buena salud, tal como un padre humano trabaja para mantener a sus hijos bien alimentados, vestidos, y protegidos dentro del calor de un ‘hogar.’ LO he visto dentro de todas las cosas del mundo.

    - ¿Cómo puede ser? - preguntó un hombre dudando. - No es posible que un ‘ser’ individual de ninguna clase esté en todas partes al mismo tiempo.

    - Pero el aire está en todas partes aunque no se ve. Sin embargo, sabemos, sin ninguna duda, que es real y muy importante para nuestra existencia. Si no hubiera aire, y no pudiéramos respirarlo nos moriríamos. El movimiento del aire, que llamamos viento no se ve pero lo vemos agitar las hojas, y mover las nubes por el cielo, por tanto sabemos que el aire está alrededor y encima de nosotros y que es fuerte. Y ahora os pregunto:

    - ¿Cuál es la parte más real y más valiosa del hombre – su cuerpo o su mente?

    Algunos respondían que era su cuerpo, De lo contrario no tendría lugar en la tierra, no podría existir, no podría verse, no sería conocido. Otros decían que pensaban que su mente era más importante que su cuerpo.

    Y yo contesté:

    - Su mente es la parte más importante de él puesto que sin la mente, no se podía impulsar el cuerpo. No se podría beber, dormir, mover, planificar ni vivir. Sin embargo, la mente no se ve. Simplemente sabemos que tenemos una mente a causa de los pensamientos que produce, y porque los pensamientos modulan algún tipo de actividad en nuestras vidas. Creemos que la mente funciona a través del cerebro. Sí, es así. Puesto que ¿cómo podría el cerebro, nacido de la carne, producir pensamientos, sentimientos, ideas o planes? Ya debéis de tener claro que es así, que el ‘Padre’ está presente en todas las cosas; ELLO es la ‘Mente’ que dirige tras la mente humana, obrando Sus grandes hazañas dentro de todo ser viviente. Sabemos que es así, porque vemos las maravillas de su obra. Vemos el crecimiento de nuestros hijos. Vemos el alimento que comen convertido milagrosamente en otra sustancia que nutre y hace que crezcan. Cómo sucede, no sabemos, ni siquiera lo podemos imaginar. Si lo supiéramos, seguiríamos sin saber qué puso en marcha tal proceso de vida tan importante dentro de los cuerpos vivos de cada especie. Mirad de qué manera más decididamente maravillosa son diseñados y creados los cuerpos de cada especie, expresamente para transformar la clase de alimento que comen en nutrición, para que crezca el hueso, la sangre y la carne.

    - Ya que tú nos demuestras estas cosas, vemos que son verdaderamente maravillosas - exclamó un joven.

    - ¡Lo son! ¡Lo son! Vemos a los jóvenes cuerpos pasando por sus varias etapas de desarrollo, y vemos a sus mentes al compás del desarrollo físico hasta que los mozos y las jóvenes empiezan a anhelar encontrar pareja y a convertirse en padres ellos mismos. Luego se cumple la gran obra de concepción y el crecimiento de la semilla dentro de la matriz continúa, hasta que el niño llega a su pleno desarrollo.

    - ¡Pensad! ¿Quién determina todo este constante crecimiento tan metódico dentro de la mujer? ¿De dónde vienen los planes que gobiernan el correcto desarrollo de cabeza, cuerpo y de los miembros, los cuales no varían entre una mujer a otra, y de una especie a otra? ¿Quién decide el momento exacto del comienzo del nacimiento – los medios físicos por los cuales el niño salga de la matriz, la provisión de la leche para el niño?

    - ¡Pensad! ¿Es la madre? No, no es la madre. Ella no es más que testigo de todo lo que ocurre dentro de ella desde el momento en que su marido haya estado con ella y haya sembrado su semilla para unirla con la suya. ¿Dios hace todas estas cosas desde lejos? ¿Sus pensamientos alcanzan a cada hombre y mujer para decidir cuando estas cosas deben ocurrir? No, es el Poder Creativo de la Mente y la Vida Inteligente Amorosa que está dentro de toda cosa viva la que realiza todo este trabajo. Vemos el amor de los padres hacia su descendencia, sea ave, animal u hombre, De dónde viene ese amor. Proviene del Poder de la Mente Creativa – el Amor Perfecto – del ‘Padre’ que está dentro de nosotros. Es porque el ‘Padre’ hace el trabajo en las plantas, los árboles, las aves, los animales y en el hombre en si, que hoy estamos aquí, vivos, respirando, comiendo, durmiendo, teniendo hijos, envejeciendo, y luego muriendo para pasar a otro lugar más feliz. Todo esto es el trabajo del ‘Padre’ que está activo dentro de nosotros. “¿Cómo se puede negar la verdad de todo lo que os he dicho esta noche? Hoy, habéis visto a un joven moribundo vuelto a la plenitud de la vida en poco tiempo. ¿Fui yo quien le curó? Nada de eso. Por mí mismo no puedo hacer nada. Fue la VIDA, que es el Padre activo dentro de todas las cosas, que vino con toda su fuerza para reparar un cuerpo enfermo y a recobrar la plena salud, porque yo creí que LO haría y no dudé.

    Hubo suspiros de satisfacción en el salón. Nueva luz, nuevo interés, incluso se veía una nueva dulzura en sus caras.

    -¿Porqué, entonces, sufre el hombre tan lamentablemente? - preguntó Miriam.

    - Porque cuando el hombre es concebido, cuando la VIDA toma forma dentro de la semilla, ELLA toma la humanidad la cual LO separa de cualquier otro individuo en el mundo, para hacerLO una figura aislada, no unido a ningún otro, solitario, íntimo, SU propia persona. ELLO es sujeto a – es controlado por dos fortísimos impulsos en su naturaleza terrenal – para aferrarse a todas aquellas cosas que tanto desea y para rechazar y apartar todo lo que no quiere. Estos dos impulsos más básicos en el hombre sirven de base en cada cosa que hace a través de su vida, y son enteramente responsables por los apuros que se buscan. Aunque el ‘PADRE’ está activo dentro del hombre, EL no tiene nada de humanidad dentro de EL.

    - Por tanto, el ‘PADRE’ no sostiene nada, no rechaza nada, no condena nada, ni siquiera ve ‘la maldad’. Todo lo que hace el hombre que él llama pecado es tan solo de este mundo y se castiga solamente en este mundo – puesto que es una LEY de la EXISTENCIA TERRENAL, como sabéis, que todo lo que se siembra se cosecha igual que la siega. Porque extrae la VIDA y la MENTE del ‘PADRE,’ el hombre mismo es creador en pensamientos, palabras y acciones. Lo que piensa, dice, hace y cree, se le devuelve de la misma manera más adelante. No hay castigo del ‘PADRE’ - cualesquiera que sean las penas que lleguen a la humanidad proceden enteramente de su propio obrar.

    La gente susurraba que esta era realmente una nueva enseñanza; sin embargo tenía más sentido que todo lo que les habían enseñado antes.
    Varias voces me exhortaban a contarles más.

    - Os digo, en mí habéis visto la VIDA activa como curación; seguidme y oiréis del CAMINO que debéis seguir para encontrar la felicidad; en mis palabras encontraréis la VERDAD de la EXISTENCIA hasta ahora no revelada por ningún hombre.

    - Se ha dicho del Mesías que contará los secretos que han estado ocultos desde el comienzo de la creación. Os digo, en verdad, que estos secretos oiréis de mí. Si escucháis atentamente, y captáis su significado, y ponéis en práctica su verdad, y os aferráis a sus leyes, seréis hechos nuevos y entraréis en el Reino del Cielo.
    Después de hablar, la gente permanecía callada durante un momento y luego hubo un clamor de conversación emocionada, pero Zedekiah se puso de pie y dijo que era hora de que la casa se calmara. Su hijo necesitaba dormir, y su mujer y sus hijas también estaban cansadas de tanto llorar. Se planeaba que a la mañana siguiente, bajase al puerto y se me trajese a la gente enferma. Y así, podía lanzarme a la misión y todo se arreglaba rápidamente de la mejor manera posible. Parecía que si no curaba, no habría interés ni aprobación de todo lo que se les había contado. La curación demostró la verdad de lo que quise enseñar, y mis enseñanzas explicarían las razones por las que era capaz de traerles la curación del ‘Padre.’ Al despertar a la mañana siguiente, me sentía maravillosamente vivo con la expectación de las cosas maravillosas por venir.

    Después de desayunar, salí con Zedekiah hacia el puerto, el corazón radiante por el amor hacia todos los que pasaban. Les saludé calidamente, diciéndoles que tenía ‘buenas noticias’ para aquellos que quisieran escuchar.

    Al llegar al muelle, encontré a hombres, mujeres y niños sentados en el suelo, esperando mi llegada. Algunos extendieron las manos implorando. Parecían muy enfermos, algunos lisiados, y otros muchos cubiertos de llagas.

    Su estado lastimoso me dañaba el corazón pero ahora podía regocijarme también porque sabía que no era la ‘Voluntad del Padre’ que estuviesen así. ¡Todo lo contrario! El ‘Padre’ era Él mismo toda curación, toda salud. Esto lo había probado la noche anterior y en mi casa. Estaba exultante porque podría demostrar esta maravillosa verdad a las multitudes que me rodeaban.

    Una cara vieja y triste me atrajo la tención. Era arrugada, flaca y torcida. Fui hacia ella y arrodillado a su lado, coloqué mis manos sobre su cabeza y enseguida el flujo del ‘Poder del Padre’ a través de mis manos vibraba por su cabeza hasta que sacudía todo el cuerpo con la Fuerza de la Vida dando energía a sus miembros.

    La gente viendo esto se quedó atónita, y se preguntaron qué podría estar haciéndole, pero otros callaron sus objeciones. Paulatinamente sus miembros empezaron a desdoblarse, alargarse y a ponerse derechos; su rostro se transformó con la alegría de volver a sentir su fuerza. Le ayudé a incorporarse, luego se puso de pie ella sola con orgullo. Estaba tan abrumada por la alegría que se puso a llorar y luego riéndose se puso a bailar, llamando a la gente:

    - ¡Alabad a Dios! – dijo - ¡Alabad a Dios! - y otros que estaban allí repetían la frase. Todos estaban profundamente conmovidos por lo que habían visto.

    La aglomeración de gente apretujándose contra mi persona era tal que Zedekiah se ofreció a controlarla. De modo ordenado, y ayudado por otros de los espectadores impacientes, dirigió ordenadamente a los enfermos hacia mí, para que les pudiera atender según sus necesidades más profundas.
    Por fin, sintiéndome cansado, mi anfitrión me invitó a su casa para cenar. Despidió a aquellos a quienes no había podido curar por falta de tiempo. Les aseguró que volvería al día siguiente. Fue una noche festiva – tanto de que hablar – tanto que celebrar – tanto que enseñar – tanto que aprender – y todo aquello, ciertamente una ‘buena nueva’ reconocía la gente. Sabía que por muchos fui aceptado por decir la verdad de lo que había visto en el desierto.

    Y así seguí durante muchos días. La gente venía a verme de todas partes. Zedekiah y otros amigos suyos me ayudaron a controlar la multitud para que yo pudiera curar y enseñar. La gente escuchaba encantada. Hablaron entre ellos mismos acerca del ‘Padre’ y deseosos por aprender más acerca de las ‘ataduras y las cadenas’ que ataban a la gente a su miseria.

    La aglomeración se hizo tan grande, que pronto me di cuenta de que tendría que buscar a mis propios ayudantes en los cuales pudiera confiar para asistirme. Era hora de que Zedekiah volviera a llevar su empresa de cuero lo cual había estado descuidando.

    Fui a las colinas para rezar acerca de cómo ‘elegir a mis discípulos.’ Cuando me vino la convicción de que sería guiado para hacer la elección, volví a Cafarnaún. Sentía un fuerte impulso por bajar al puerto para hablar con unos hombres a quienes había visto escuchando muy atentos a mis enseñanzas. Si dejaran sus redes para unirse a mí, quedaba por ver. Pero cuando les llamé, Simón, Andrés, Santiago y Juan vinieron enseguida, contentos de asistirme en mi obra de curación y enseñanza. Otros también se unieron a mí al empezar el trabajo entre la gente.

    Dejé a mi anfitrión, la casa de Zedekiah con él, asegurándome que podría volver en cualquier momento.

    Y así fue cómo comencé mi misión como maestro y sanador yendo sin rumbo dondequiera que hubiera necesidad a través de las ciudades y las aldeas. Antes de partir reuniría a los jóvenes que habían consentido deseosos de ayudarme. Escucharían mis enseñanzas y quedarían perplejos ante lo mucho que les quería decir. Era imprescindible que primero les explicara el fondo de todo lo que me había sido revelado en el desierto.

    Les conté que a pesar de mi modo de vida anterior imprevisible, siempre había sentido una profunda compasión hacia la gente. Era mi compasión lo que me hizo dar la espalda al ‘dios’ presentado por los Rabinos. Cuando hablé de mi total rechazo de un Jehová castigador, veía la duda y el sobresalto en sus caras. En detalle les expliqué que me preguntaba cómo era posible hablar de un Dios ‘bueno’ habiendo tanto sufrimiento sobrellevado por niños inocentes. Mientras hablaba vi como gradualmente se relajaban. Continuaba poniendo en palabras mis dudas y enojo de antes, hasta ver cambiar sus expresiones por las de aprobación y luego total acuerdo. Descubrí que les había expresado sus propias dudas y preguntas, las cuales, nunca antes había tenido el valor de admitir.

    Hablando juntos, sentí el alivio de que ya no estaban solos en su resistencia secreta ante las enseñanzas de los Rabinos.

    Les dije que llegó el momento de cuando empecé a darme cuenta con mayor claridad que estaba malgastando mi vida. Quise cambiar y sentí con fuerza que debía ir a Juan el Bautista como punto de partida, para comenzar una nueva forma de vida.

    Les describí lo que ocurrió durante mi bautizo y las seis semanas en el desierto. Les explique que todos mis pensamientos, creencias, actitudes, arrogancia, y rebeldía previa fueron paulatinamente limpiados de mi consciencia mientras pasaba por las profundas revelaciones y visiones que me mostraron la ‘Realidad’ que ya llamaba el ‘Padre.’

    Expliqué la ‘Naturaleza’ del ‘Padre’ y que esta Naturaleza Divina también estaba compuesta por la Voluntad Divina. Les dije que era el hombre en sí que por su pensar erróneo y su comportamiento equivocado quien se apartaba del ‘Padre’ en su interior, y únicamente el hombre, primero al arrepentirse y luego mediante la purificación mental-emocional, podría volver a encontrar su propio camino de vuelta y al contacto pleno con el ‘Padre.’ Cuando esto se cumpliera, la ‘NATURALEZA’ plena del ‘PADRE’ sería liberada en la mente, corazón, cuerpo, alma, en el entorno y en las experiencias de la persona. Al suceder esto, tal persona entraría en el Reino del Cielo donde reina el ‘Padre’ y también el Reino del Cielo se establecería dentro de la consciencia de la persona. Entonces habría alcanzado el propósito detrás de su existencia.

    Mientras hablaba con mis discípulos, vi sus reacciones reflejadas en sus caras. Toda duda había desaparecido, - ahora había luz de cierta comprensión y alegría. Estos jóvenes se convertían en entusiastas creyentes exclamando:

    - ¡Estas sí son buenas nuevas!

    Sin embargo, después de la primera aceptación de todo lo que había dicho, había veces que se preguntaban si todo lo que había dicho era verdad. Esto lo comprendí. Estar dispuesto a deshacerse de la imagen de ‘Jehová’ tan profundamente grabado en sus mentes requería mucha valentía.

    Hubo veces que hablaron entre sí y se preguntaban quién era este hombre del que afirmaban tales maravillas. ¿Y si me seguían y resultara que realmente era un mensajero de Satanás? ¿Entonces qué? Serian severamente castigados por Jehová.

    Tenían mucho que perder – su posición social como jóvenes, hombres sobrios y trabajadores, su reputación como comerciantes y artesanos, la pérdida de ingresos, y el obstáculo más grande de todos, el probable enojo y rechazo de sus familias. ¿Qué recibirían de recompensa?

    Les dije que no les podía prometer ninguna recompensa terrenal por su ayuda en propagar el ‘evangelio de la buena nueva.’ No tenía ninguna duda que dondequiera que fuéramos nos darían alimento y refugio y que la gente nos acogería bien. Tan solo podía prometer la Verdad de que el ‘Padre’ conocía sus necesidades, que se quedarían satisfechos, y que les mantendrían sanos. También les podría prometer que al ir al ‘Padre’ y al confiar en el ‘Padre’ en cada paso del camino, estarían felices como nunca habían sido antes. Experimentarían el Reino del Cielo ellos mismos según el punto en que echasen a un lado las exigencias del ‘yo’ y sirvieran a los demás. Serían testigos de las curaciones, y estas les aumentarían la fe y les daría la valentía para sobrellevar las incomodidades del viaje.

    Y así empezamos nuestra misión de propagar la ‘BUENA NUEVA’ del ‘EVANGELIO del REINO.’

    Envié a estos jóvenes hombres delante de mí a la ciudad que habríamos de visitar. Al entrar, se le decía a la gente que se juntase para escuchar la ‘Buena Nueva del Reino del Cielo.’

    La gente se quedaba sorprendida y querían saber más pero los discípulos les instaban a que trajesen a los amigos y vecinos y que se enteraran ‘al llegar Jesús,’ y que habría curaciones para su gente enferma. Ilusionados, muchos corrían para ayudar a difundir la ‘buena noticia’ y pronto estaban juntos formando una gran multitud.

    Yo, que me había rebelado con tal pasión contra las homilías religiosas con caras largas amenazando violencia, castigos y condenación para los pecadores, ahora caminaba con alegría para encontrarme con estas multitudes.

    Tenía mi ‘Buena Nueva’ para compartir con ellas para animarles el día, y sanación de los malestares y aflicciones, para llenar de alegría sus vidas.

    Donde antes, me moví entre la gente de manera egoísta y con las manos vacías, aceptando su buena voluntad y a veces sus limosnas con poca gratitud, venía ahora con una abundancia de posibilidades vivificantes para todos aquellos dispuestos a escuchar mis palabras y a tomar pasos para mejorar su calidad de vida.

    Quiero que tú que estas leyendo estas páginas, comprendas plenamente mi posición en aquel momento, mi estado de consciencia después de mi iluminación en el desierto, y la persona que yo presentaba a mis paisanos como ‘Jesús.’ Ha habido tantas conjeturas que estoy a punto de contarte la verdad.

    Nací teniendo, al madurar, un buen físico, con fuertes rasgos aquilinos, un intelecto extraordinario, una afición por la mímica y la risa - pero, como tantos de vosotros hoy, no cuidaba mis talentos terrenales. Al entrar en el desierto, mi cara y mis modales podrían llamarse ‘degradados’ de lo que deberían ser. Mientras que había empezado a examinar y a rebelarme en contra de lo que me había convertido, mi intelecto también había padecido por el mal-uso, constantemente ocupado en discusiones y discordias sobre la religión y entregándome al habla frívolo e irrespetuoso. La gente se reía conmigo. Caía bien a la gente con quien frecuentaba, pero por supuesto no me respetaban. Por eso fue el asombro de aquellos que me habían conocido, cuando les hablé en la sinagoga de Nazaret. Mientras mi madre me asistió para recobrar la salud, hice poderoso uso del conocimiento e iluminación que me fue dado en el desierto. Esto me hizo volver a ser el hombre que debiera ser.

    Cuando empecé mi misión, era completamente consciente de que era el único con el supremo conocimiento de los secretos de la creación y de la existencia en sí.

    Por lo tanto podría decir con toda confianza:

    - Nadie, excepto yo ha visto al Padre.

    Sabía que todo en lo que creían los hombres de todo corazón era falso - no era la verdad.

    Sabía que yo había sido especialmente hecho y diseñado por el ‘Padre’ para esta misión. Había sido bendecido abundantemente con la energía física, la vitalidad del habla y con la habilidad de idear parábolas llenas de significado, para hacerme capaz de transmitir el mensaje con éxito y de tal modo que nunca fuera olvidado.

    Además de eso, comprendí a mis paisanos muy bien debido a la larga asociación con ellos y conocía sus esperanzas más abrigadas, sus temores más desesperados; sabía lo que les hacía reír y lo que les llevaba a la mímica y a la mofa de los ricos y pomposos; sabía también con qué profundidad tantos jóvenes y mayores sufrían con valentía y en silencio. Conocía y experimenté una profunda compasión por el pueblo que vivía atemorizado - o soportaba el látigo verbal de los fariseos, y se inclinaban ante las leyes de impuestos de los romanos. Sabía como su espíritu Judío orgulloso fue herido por los gentiles conquistadores a quienes estuvieron obligados a hacer honores con los saludos verbales de mano o rodilla, sin embargo a quienes despreciaban tras las puertas cerradas. Sabía y comprendía completamente las vidas y el pensamiento del pueblo. Antes había pensado sus pensamientos, había sentido sus resentimientos, sobrellevaba la clase de angustias en los momentos de falta, me había sentido impotente en las garras del gobierno romano.

    Ahora sabía que nada de este sufrimiento era realmente necesario. Sabiendo ya la Realidad de la existencia, la Realidad del ‘Dios’ universal podía percibir claramente la insensatez de las autoridades judías, quienes imponían una forma de vida pesada sobre el pueblo, la cual era totalmente errónea y en total contradicción con la Verdad del Ser. La situación me causaba un profundo enojo.

    Por lo tanto, sabía que había sido moldeado y definido para convertirme en un instrumento purificado de la Acción Divina en Palestina – impulsado por mi pasión por la Verdad e incitado por mi compasión hacia mi prójimo. Desde entonces me llamaba el ‘Hijo del Hombre’ porque sabía exactamente lo que padecía la humanidad en sus vidas cotidianas.

    Lo que es más, tenía perfecta confianza en poder alcanzar mis objetivos al traer la Verdad a la gente y así ser instrumento para cambiar la calidad de sus vidas. Por esa razón, aunque sabía al principio de mi misión que habría que pagar un precio por todo lo que me proponía a hacer – dar la vuelta al mundo judío de arriba abajo y desde dentro para fuera – estaba dispuesto a hacerle cara, llegar hasta el final. No podía eludirlo, porque amaba a la gente con el ‘Amor’ del ‘Padre’ que fluía a través de mi corazón y de mi ser. Pues la esencia del Amor del ‘Padre’ es la de Dar – dándose y convirtiéndose en ser visible, y en existencia visible y creciendo, nutriendo, sanando, y saciando todas las necesidades de toda la creación hecha visible.

    Sabía que yo era el regalo de salvación del ‘Padre’ para la gente – para el mundo – y NO – como suponían y enseñaron todos estos siglos – salvación del castigo dado a los pecadores por un Dios enojado – sino – para salvar a la gente de la repetición diaria de los mismos errores del pensar mal – el pensar mal que crea sus infortunios, la pobreza, la enfermedad y la miseria.

    Porque amaba tan profundamente a la raza humana, estaba dispuesto a enseñar y a sanar desafiando a los sacerdotes judíos, Estaba dispuesto a morir en la cruz por lo que verdaderamente había ‘visto’ en el desierto, sabía de todo corazón, y quería compartir hasta la última gota de mi habilidad en hacerlo.

    Continuación:
    http://trabajadoresdelaluz.com.ar/index.php?ndx=1016


    Las CARTAS de CRISTO se encuentran en www.christsway.co.za en inglés.
    Traducido al español para las personas hispano - hablantes en www.caminodecristo.com por Valerie.



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