La orden más antigua y hermética del mundo.

Varios/Otros


En los centenares de cartas que mis Hermanos y yo hemos recibido de todas partes, la mayoría se interesa por comunicarse, en alguna forma, con nuestra Orden.

Tengo que pedir a todos ellos que me comprendan y disculpen de no poder satisfacer este noble anhelo, por las razones que se desprenden del contenido de este capítulo que, en cierta manera, ha de ser la respuesta a todos ellos.

En primer lugar, como lo hago en el Prólogo, quiero satisfacer ese deseo de mejoramiento, de superación de muchos, poniendo en sus manos este nuevo mensaje que lleva los conocimientos y la práctica de las lecciones que estoy recibiendo, para que ellos, también, puedan conocerlas, practicarlas y aprovecharlas. Pero no he podido, ni puedo, dirigirme personalmente a todos y cada uno, por la misma razón que motiva este nuevo libro: Me he apartado del mundo, de la vida de relación con todo lo que basta ahora era nuestro mundo en común, para cumplir, con los míos, el plan trazado en conformidad con mis maestros superiores para estar en condiciones favorables, según sus exigencias, de viajar a ese otro mundo maravilloso de nuestro sistema solar. Y ello implica necesidad de aislamiento y de disciplina de observación de normas y reglas que no podemos romper. Por eso es que escribo este libro como respuesta fraterna a todos vosotros.

Y en segundo lugar, a los que específicamente manifestaran deseos de vincularse con nuestra Orden, dedico este capítulo para que puedan sacar sus propias conclusiones, dentro de lo que me está permitido revelar sobre Ella...

Al decir que es la más antigua y hermética de todas las Ordenes Esotéricas del Mundo, debo explicarlo. Y para ello, he de remontarme a las épocas lejanas del inicio de las más antiguas civilizaciones pertenecientes al Gran Ciclo evolutivo, o Revolución Cósmica a que corresponde nuestra era actual. Me refiero a ese período de 28.791 años que termina el año 2.001 de nuestra etapa última conocida por la Era Cristiana en los calendarios modernos. Y en este lapso no tenemos datos concretos de una civilización más antigua que la del Egipto de los Faraones, porque la etapa atlante, muy anterior en el tiempo, aunque dejó muchas huellas, no podemos investigarla al detalle por haberse perdido en la noche milenaria del pasado al sumergirse en las profundidades del Océano Atlántico.

Es por tanto, en el Egipto, que se inicia la historia oficial de nuestra actual civilización, y por ende la evolución conocida por todos los pueblos de la Tierra en un lapso de más o menos 10.000 años. Y en tal período, todas las escuelas iniciáticas o de misterios, como antiguamente se llamaban, nacen como las ramas de un árbol, del poderoso tronco arraigado en el Egipto. Es en las riberas del Nilo donde florecen los primeros conocimientos esotéricos, las primeras nociones de la ciencia hasta hace poco denominada "oculta" por la necesidad de guardar sus secretos y defender a sus poseedores de la terrible ignorancia, del fanatismo feroz y de la incomprensión general, que, hasta hoy mismo, ha ridiculizado y perseguido a los sabios... Ejemplos hay por miles en la larga historia humana.

Y a cada paso, todavía en esta época de los magnos descubrimientos y de la salida del Hombre a la conquista de los espacios siderales, vemos' con» se ridiculiza y veja a quienes se atreven a revelar noticias o conocimientos de campos aún inexplorados, sólo por el ancestral defecto de nuestra humanidad en no aceptar lo que no se le demuestre con sus propios medios de análisis y por sus propios métodos... Y en los terrenos de las dimensiones superiores a la tercera que en este mundo conocemos, es imposible la demostración directa que requiere de sentidos e instrumentos correspondientes a la vida en la Cuarta Dimensión, o a planos superiores al Mundo Astral.

Cuando el antiguo Egipcio ingresa en la Historia o sea la sucesión de hechos aceptados oficialmente por esta humanidad ya en el valle del Nilo existían una organización y un pueblo con una civilización muy avanzada. Grandes ciudades, magníficos templos y majestuosos monumentos se levantaban en las orillas del Nilo, mucho antes que Menes, el fundador de la primera dinastía de Faraones, reuniera bajo su cetro a todos los jefes militares de distrito -algo así como los caballeros feudales de la Edad Media- estableciendo la unificación del Egipto y el trono de sus reyes, que se extendería a un largo período de sesenta siglos aproximadamente.

Pero cuando esto sucedió, la historia del Egipto ya contaba más de dos mil años; siglos en que su civilización había ido floreciendo bajo un sistema de gobierno teocrático encabezado por una casta sacerdotal heredera del poder celestial "de los Dioses" que bajaron del "Reino Divino" para enseñar y gobernar a los hombres, según rezan los viejos papiros y las pétreas inscripciones de esas épocas. Fue la etapa del gobierno de los Shesu-Hor, o mensajeros de Horas, que se decían receptores de la sabiduría divina y de las órdenes del Cielo...

En las viejas crónicas de esos tiempos se menciona el descenso de "dioses" que iniciaron la cultura y civilización en las orillas del gran río, para dar al mundo su sabiduría y ayudar a los hombres en un sendero de vida elevada que les permitiera avanzar hacia la superación y los convirtiera en hijos 'de Dios... De esto se ha hablado en detalle en mi libro anterior varias veces mencionado. Es lógico pensar -como en las revelaciones de "YO VISITE GANIMEDES..." se informa- que fueron extraterrestres tos seres considerados por los egipcios de la prehistoria con» "dioses". Y los habitantes de Ganímedes lo han manifestado así: que fueron ellos quienes, primero desviaron el Nilo, para permitir que floreciera allí esa gran civilización, y luego formaron una clase de sabios sacerdotes para delegar en éstos sus labores de instrucción y mando.

Todo eso, que figura en las antiquísimas crónicas, muy anteriores a las épocas de los primeros Faraones, confirma la verdad histórica de una etapa considerada legendaria y fabulosa. Pero hoy que los superhombres de Ganímedes han declarado, categóricamente haber sido ellos los autores de todo ese asombroso florecimiento cultural, demostrado por, los grandes monumentos que hasta ahora causan el asombro de los ingenieros, en algunos casos, no cabe llamar "leyenda" a lo manifestado por los viejos escribas de esos tiempos.

El traslado obligatorio de monolíticos monumentos como los colosos de Memnón, que pese a todo el adelanto moderno, no pudieron ser cambiados de sitio sino cortándolos en trozos, cuando hubo que retirarlos del Valle de los Reyes, al construirse la Represa de Asuán, nos prueba que los egipcios contaron con ayuda de tal magnitud, para ciertas construcciones, que ni las más poderosas y gigantes grúas modernas, empleadas hoy para la construcción de la mencionada represa, fueron capaces de realizar un trabajo ejecutado miles de años antes por los egipcios. Y hay que tener en cuenta que dichos colosos de piedra corresponden a una época muy posterior al período llamado "legendario" por los escépticos...

Y, entrando en materia, debemos tener presente que al iniciarse la era faraónica por el primer Rey Menes, ya existía en el Valle de Gizeh la misteriosa y formidable Esfinge. Este enorme monumento de granito rojo, que ha intrigado a la humanidad a través de ocho mil años, fue construido en ese lugar, por entonces completamente desierto, para coronar un templo y un santuario secreto, con todas sus amplísimas dependencias, dedicados a la escuela de misterios, sede oculta de los estudios iniciaticos en donde se preparaba a los sacerdotes elegidos para gobernar aquel país en los primeros tiempos, bajo la dirección de los maestros extraterrestres, sucesores de Hermes Trismegisto.

Es la revelación que hicieran sobre el misterio de la Esfinge, los superhombres de Ganímedes. Y ese fue en el nuevo período de florecimiento de la civilización correspondiente a este ciclo, la primera Orden o Fraternidad esotérica, cuna y madre de muchas otras que al correr de los siglos, se extendieron por el mundo. El gran misterio de que se rodeaban sus miembros, que podía llegar hasta la muerte impidió que se conociera su nombre y el secreto de sus reuniones. Pero con el transcurso del tiempo en las riberas, del Nilo comenzó a difundirse temerosamente el nombré que las gentes daban a los miembros de esa hermandad secreta, a quienes no podían conocer personalmente, pero a los cuales se referían, dentro de la más sigilosa discreción, con» si se hablase de figuras fantasmas, y ese nombre popular y misteriosamente comentado, fue el de "HERMANOS DE LA ESFINGE"...

Esta poderosa organización, de la que salían, al principio, los gobernantes teocráticos del período de los Shesu-Hor, extendió su influencia a todos los confines del imperio, y más allá hasta las tierras de la Nubia y el Sudán. Del templo oculto de la Esfinge partían los grandes iniciados que se destinaba al gobierno del país del Nilo en aquellos lejanos tiempos. Y cuando, tras una larga etapa de guerras y conflictos suscitados por los "monarcas" o jefes, militares de distrito, en su afán por dominar a los grandes sacerdotes-reyes, culminó esa época al fundar Menes la unión de todo Egipto bajo su cetro, los Hermanos de la Esfinge, en su acostumbrado hermetismo, continuaron en secreto ejerciendo su misterioso poder sobre la mayoría de los Faraones, hasta los tiempos de la decadencia de las últimas dinastías.

Pero la sabiduría y poder de esa hermandad oculta no se redujo solamente a la clase sacerdotal. Con el correr de los siglos, milenios más tarde, fueron miembros de aquella escuela de misterios, hombres laicos y grandes maestros de las ciencias profanas, como Imhotep, el enigmático y sorprendente constructor de la Gran Pirámide, y Moisés, el Gran Profeta y libertador de los judíos. A medida que pasaba el tiempo, esa hermandad de la Esfinge se fue extendiendo más allá de las fronteras del Egipto, y llevando, secretamente, su influencia y su sabiduría a tierras cada vez más lejanas. Así nacieron los famosos libros sagrados que constituyen el Zend-Avesta, fundamentos del "mazdeísmo" o religión de Zarathustra, o Zoroastro, como se le ha denominado en Occidente, religión de la antigua Persia, hoy Irán.

Y siglos más tarde, nace la fraternidad esenia entre los Israelitas. La orden o Hermandad de los Esenios, una de las más nobles y puras del pueblo hebreo, conserva mucho del hermetismo egipcio, y su sigilo y discreción, así como su sabiduría, le aseguran un papel destacado en la historia de ese pueblo. Nunca perdió el contacto con sus primitivos maestros, los Hermanos de la Esfinge, y en mi libro anterior se narra la importancia de esa vinculación al explicar el enigma de la Estrella de Belén.,

Y los Hermanos de la Esfinge, en esa milenaria marcha por el mundo, cumpliendo la misión secreta de llevar la antorcha de la LUZ interna a todos los confines de la tierra, fundan también con su acostumbrado hermetismo, las bases que en Grecia, con nuevos Ropajes, se conocería después como los Misterios Eleusinos o de Eleusis, establecidos en la ciudad del mismo nombre, cercana a Atenas. La sabiduría eterna iba sembrando la verdad oculta en su Sendero de Amor y de Verdad.

Y grandes nombres son conocidos por la antigüedad como los pioneros de una filosofía que habría que sentar las bases de la naciente civilización occidental: Sócrates, Platón, su discípulo; Aristóteles, discípulo predilecto del anterior; Pitágoras; Hipócrates, padre de la medicina; y otros van construyendo el camino luminoso por donde avanzaría el mundo greco-romano, padre moderno de la actual cultura...

La estrella del Egipto declinaba. La decadencia de las últimas dinastías, ya de sangre extranjera, hacían presagiar el ocaso definitivo, y los Hermanos de la Esfinge se dispersan en secreto, en los tiempos finales del Imperio, antes de llegar las horas trágicas de los últimos Faraones de sangre griega, y de la final conquista del país del Nilo por los romanos...

Roma dominaba al mundo antiguo, y sus confines alcanzaban ya hasta las costas lejanísimas de la Britania, hoy Inglaterra. El misterio de la Esfinge descansaba, al parecer, mientras en las tierras-dominadas por las águilas romanas, se levantaba, entonces, una nueva antorcha de Luz y de Amor: el mensaje sublime del Crucificado, la ley del Amor y del Perdón del Cristo, Rey del Sol...

Y mientras las legiones de los Césares imponían su política y vigilaban su religión, heredada de los griegos, la doctrina crística se iba abriendo paso en todos los confines del Imperio. Así llegaron los días en que la fe del nuevo culto, abonada por la sangre de los mártires, barrió con las creencias y los ritos del antiguo paganismo, y el signo de la Cruz se fue extendiendo por la Europa bárbara...

Pero los días de amor y sacrificio, de la pureza y de la austeridad primitiva, que sembrara el Maestro, fueron alejándose, mientras la influencia del lujo y las tentaciones del poder, a imagen de los Césares, se iban infiltrando, con los siglos, en el alma de los nuevos jerarcas del cristianismo. El alma humana es débil -ya lo sabemos- y la tentación de los reinos de la Tierra con su oropel y sus riquezas, con el poder y los honores, fueron dominando a los obispos del Medioevo, hicieron presa en los jefes de la Cristiandad, y un nuevo imperio religioso y mundano, más parecido a los tronos de la Tierra que al Reino Celestial predicado por el Divino Maestro, se enseñoreó del mundo conocido en esos tiempos, levantando estandartes y tropas, vendiendo el privilegio de los délos y bendiciendo las espadas que iban a derramar la sangre hermana...

Ante ese panorama, tan triste y tenebroso, en el silencio y el sigilo de herméticos lugares, el símbolo cristiano de la Cruz, el hombre con los brazos abiertos al Amorrecibió de nuevo el impulso de los viejos INICIADOS... Había que salvar la Luz Eterna, la Eterna Verdad y el Camino del Amor para que no muriese, en el caos de las humanas ambiciones, la Senda luminosa hacia los cielos... Y un símbolo sagrado y esotérico fue extendiéndose, en silencio, por la Europa Medioeval: el signo de la ROSA Y DE LA CRUZ...

Y en las nuevas escuelas Rosa-Cruces, volvieron a encontrarse los milenarios emblemas alegóricos, los simbolismos eternos que hablan de las cósmicas verdades, las enseñanzas del Amor, de la Paz y de la Luz, de la intima preparación para el camino de los Cielos, que miles de anos antes enseñaran los Hermanos de la Esfinge, en las fértiles riberas del gran río...

Corrieron los años. Pasaron los siglos y, a medida que se alejaban las centurias de superstición y de ignorancia del Medioevo, en el mundo occidental iban entrando las antorchas de luz de diferentes escuelas esotéricas. Ya se hablaba, con sigilo y con temor, de varios nombres: Rosacruces, Lamaístas del Tibet o de la India, Caballeros de San Juan, Caballeros del Tempo o Los Templarios, Caballeros de la Mesa Redonda, y otros nombres eran pronunciados, todavía en círculos cerrados y secretos, porque aún persistía en muchas partes la terrible, fanática y cruel persecución de la mal llamada Santa Inquisición, y eran tratados como herejes y brujos los sabios que buscaban y enseñaban las grandes verdades de la Naturaleza y los grandes conocimientos sobre el Cosmos...

Así corría el Tiempo, y a esa lista de nombres y de Ordenes secretas vinieron a juntarse otros nuevos, tales como los de Martinistas, Francmasones, Teósofos y ahora los Acuarianos de la Oran Fraternidad Universal.

Pero el conocedor de este terreno, el versado en temas esotéricos, el estudioso y observador comparativo de las enseñanzas de las diferentes Ordenes, encuentra en todas ellas, tras del ropaje externo de los símbolos y de las alegorías, de los ritos o ceremonias más o menos esotéricas, la misma esencia, igual metodología sustancial, iguales metas y ejercicios para alcanzar las cimas luminosas de la Perfección y de la Gloria... En otras palabras, como dije al comenzar: el mismo árbol frondoso que alimentó muchas ramas en el correr de los siglos, pero que mantuvo fresco y puro el añoso tronco...

¿A cuál de esas ramas pertenecemos el grupo que recibiera esta misión? -preguntarán ustedes-. Y esto sí que no puedo contestar porque los Hermanos menores de nuestra Orden debemos guardar un voto de silencio acerca de muchos aspectos de la institución. Básteles saber que ese nombre se encuentra en la lista de las más antiguas, y que si todas son ramas de un mismo tronco, ¿qué más da uno u otro nombre...?


Hipócrates y el Caduceo

Antes de terminar este capítulo debo mencionar algo que ha de tener repetida influencia en el método de educación y en el desarrollo del proceso de transformación personal de los educandos: el profundo significado hipocrático de las lecciones y de las dietas alimenticias, cuando entremos a explicarlas.

Al decir "hipocrático" todos van a pensar, inmediatamente, que se trata de aspectos relacionados con la medicina, pues es por todos conocida la figura del sabio griego, padre de la Medicina. En cierto modo sí tendrá alguna relación, en cuanto se refiera a determinados regímenes y a varios de los ejercicios y normas de conducta que el discípulo ha de practicar. Pero lo más importante, lo verdaderamente trascendental, es lo concerniente a la parte o faceta esotérica del famoso médico y maestro de Grecia en el siglo V antes de Cristo.

Hipócrates fue médico y su fama como tal lo ha llevado a ser patrono y paradigma de esa ciencia en nuestra humanidad. Mas, al mismo tiempo, era un iniciado, secreto como todos, en los Misterios de Eleusis, y su famoso CADUCEO, adoptado por la Medicina como símbolo mundial, es en verdad, una lección oculta del proceso que sigue el Hombre para alcanzar la suprema perfección.

Esto no ha sido conocido por la generalidad de las gentes, ni aun por los mismos médicos en su mayor parte. El Caduceo, esa figura que representa una varilla con una esferita como cabeza, con dos alas de águila un poco más abajo y dos serpientes o víboras que se enfrentan una a otra entrelazándose en torno a la varilla, aparece en toda la Tierra, como el emblema o signo de la Medicina y sus diversas ramas. Pero debemos conocer su verdadera historia y el porqué de su uso por Hipócrates, que lo hizo pasar a la posteridad.

Los profanos, y entre ellos la mayoría de los médicos en todo el mundo, piensan del Caduceo como una figura caprichosa escogida al azar entre el fárrago de alegorías fabulosas de la mitología griega. Los mismos diccionarios de todos los tiempos, muy particularmente los modernos, atribuyen un significado que no es el real, o sea el verdadero significado oculto que Hipócrates le diera, al tratar con sus discípulos en la hermética situación de los pocos escogidos para el camino iniciático.

La explicación profana se basa en una leyenda o fábula que se refiere al dios Mercurio, representado en las estatuas con un Caduceo en una mano: Dicen que Mercurio, dios del Comercio en la mitología helénica, pasaba un día por un camino y vio a dos víboras empeñadas en feroz combate. Apiadado de los reptiles, los separó con su báculo evitando que se mataran. Como se ve, no puede ser una explicación más infantil ni inútil.

En cambio, el significado hipocrático es profundo y abre las puertas del alma a todo un estudio que abarca la evolución completa del Ser. La varilla representa al Hombre, al ser humano sin distinción de sexo. La esfera o bola superior de la vara alude a la cabeza. Las dos serpientes que se entrelazan en torno, manteniendo sus cabezas frente a frente a un mismo nivel, son las fuerzas del BIEN y el MAL, constantemente en lucha en el alma humana; fuerzas cósmicas a las cuales hay que dominar para que un perfecto equilibrio mantenga la armonía. Y las alas dé águila bajo la bola superior de la vara, son el emblema de la PERFECCIÓN, o dominio absoluto y superación del Ser, que, a manera de las águilas, puede "volar a las cumbres de la Gloria" cuando ha dominado todas las pasiones y, señor absoluto de sí mismo, es capaz de elevarse a las cumbres esplendorosas de la SABIDURIA, del PODER y del AMOR...



Extracto de Mi preparación para Ganímedes
de Yosip Ibrahim

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1 Comentario de lectores

01/08/2021

Gracias, he aprendido bastante y confirmado acerca de la escuela bajo la esfinge.


Bertha Lilia desde Estados Unidos