La mediumnidad. Educación.

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EDUCACIÓN
¿El médium educa la mediumnidad o se educa para ejercerla?
Educarse incesantemente es deber a que el médium se debe comprometer íntimamente a fin de no estacionar, y, perfeccionándose, lograr las relevantes finalidades que la Doctrina Espírita propone APRA la mediumnidad con Jesús.
(No Limiar do Infinito, Cap.10, Juana de Angelis/Divaldo P. Franco – LEAL)
Ante ese concepto de educarse para la mediumnidad, ¿Qué debe hacer el médium para ejercer su facultad competentemente?
El ejercicio de la mediumnidad impone equilibrio, perseverancia y sintonía.
La disciplina, moral y mental, creará hábitos saludables que atraerán a los Espíritus Superiores interesados en el intercambio entre las dos esferas de la Vida, facilitando el ministerio.
El equilibrio, comedido en actitudes, durante la absorción de los fluidos y posterior comunión psíquica con los desencarnados, auxiliará de forma eficaz en el filtraje del pensamiento y en su exteriorización.
La perseverancia en la labor producirá un clima de armonía en el propio médium, que será credenciero del servicio del bien junto a los Obreros de la Vida Más Alta, objetivando los resultados felices.
La sintonía resultará de los elementos referidos, porque se constituye del perfecto encaje entre el agente y el que percibe en la tarea relevante.
Transitoria y fugaz, la mediumnidad, para ser ejercida, necesita de la interferencia de los Espíritus, sin lo que la facultad, en si misma, se deteriora y desaparece. Cuanto más trabajada, más fácil se hacen los registros, cuyas informaciones proceden del Más Allá del Túmulo.

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Las disposiciones morales del médium son de vital importancia para las tareas a que él se vincula por el impositivo de la reencarnación.
No tan sólo a anhelar por el bien, sino el ejecutar de las acciones de ennoblecimiento.
No solamente en los instantes al ministerio dedicado, sino en un comportamiento natural de instrumento de la Vida.
Siendo el recurso valioso de quien se encuentra en el medio, en condición de instrumental imprescindible a la concienciación del intermediario a favor de los resultados felices.
La educación del médium, coordinando actitudes, corrigiendo faltas de cualquier naturaleza, evitando estertores y disturbios, equilibrando el pensamiento y dirigiéndolo, es técnica eficaz para una sintonía correcta.
En ese sentido, la evangelización espírita se impone en carácter de urgencia, evitándose la vinculación con prácticas y supersticiones perfectamente dispensables.
Son los requisitos morales que responden por los resultados favorables o no, en la tarea mediúmnica.
(Oferenda, Cap. Educación Mediúmnica, Juana de Angelis/Divaldo P. Franco – LEAL)
¿Podríamos encontrar en las recomendaciones de Jesús una directriz segura para el ejercicio mediúmnico en la Tierra?
Jesús recomendó con sabiduría a Sus discípulos, portadores de mediumnidades: “
– Curad los enfermos, expulsad los demonios, dad de gracia lo que de gracia recibisteis” – en una directriz que no da margen a evasión del deber ni tampoco a la acomodación con el error, a la indolencia o a la colecta de lucros materiales o morales, como resultado de la práctica mediúmnica.
El galardón de quien sirve es la alegría de servir.
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Dona tus horas disponibles al ejercicio de la mediumnidad noble: habla, escribe, enseña, aplica pases, magnetiza el agua pura, ora a favor de tu prójimo, intervén con bondad y optimismo en los paisajes enfermos de quien te busca; ayuda, evangeliza a los Espíritus en perturbación, sobretodo, vive la lección del bien, arrimado a la caridad, pues médium sin caridad puede ser comparado a cadáver de buena apariencia, sin embargo, a camino de la degeneración.
(Oferenda, Cap. Educación Mediúmnica, Juana de Angelis/Divaldo P. Franco – LEAL)
¿Cuál es la importancia de la concentración mental en el proceso de educación mediúmnica?
Cuando solicitamos concentración de los cooperadores, pedimos que las

mentes sincronicen en la dinamo generadora de fuerzas, que es la Divinidad, a fin de poder catalizar las energías mantenedoras del ministerio mediúmnico.
A medida que resulta de las fijaciones mentales de los miembros, que constituyen el esfuerzo de la sesión mediúmnica, ofrece los recursos para las realizaciones programadas.
La concentración individual, por tanto, es de alta relevancia, porque la mente que sintoniza con las ideas superiores vibra en frecuencias elevadas.
Quien no es capaz de mantenerse en el mismo clima de vibración produce descargas oscilantes sobre la corriente general, que la desarmoniza, a semejanza de la estática que perturba la transmisión de la onda sonora en los aparatos de radio.

Indispensable crearse un clima general de optimismo, confianza y oración, lo que conduce a la producción de energías benéficas, de las que se utilizan los Instructores Desencarnados para las realizaciones edificantes en el socorro espiritual.
La concentración es, pues, fijación de la mente en una idea positiva, idealista, o en la repetición meditada de la oración que edifica, y que, elevando el pensamiento a las fuentes generadoras de la vida, da y recibe, en reciprocidad, descargas positivas de alto tenor de energías santificadoras.
Concentrar es detener el pensamiento en alguna cosa; fenómeno, al principio de naturaleza intelectual, que en breve se torna automático por el hábito, conforme ocurre en las personas pesimistas, enfermizas o idealistas, y que por un proceso de repetición inconsciente mantiene siempre el mismo clima psíquico, demorándose en las provincias del pensamiento que les atrae.
Con el esfuerzo inicial, como el ejercicio en continuación y con la disposición de acertar, se crearán las condiciones positivas para el éxito de una concentración feliz, facilitando, de esa forma, las comunicaciones espirituales que se sustentan en esas franjas de vibraciones.
(Intercambio Mediúmnico, Cap. 16, João Cleofás/Divaldo P. Franco – LEAL)
¿Cuál es el modo de concentración a practicar por los participantes de una reunión mediúmnica?
Algunas corrientes espiritualistas recomiendan la necesidad de la concentración como siendo un vehículo para el auto-aniquilamiento de la personalidad, por medio de cuyo ministerio el Espíritu logra alcanzar el éxtasis. Aseveran que esta búsqueda interior concede la plenitud, que libera la individualidad eterna de las amarras tiránicas de las múltiples personalidades resultantes de las reencarnaciones pasadas.
Aprendemos, sin embargo, con Jesús, que el trabajo ejecutado, con vistas exclusivamente para el éxito del trabajador, puede significarle la muerte temporal de la posibilidad redentora.
No obstante respetables los conceptos que preconizan la evolución individual, somos llamados por el Sublime Galileo a proceder de forma que nuestros hermanos de la retaguardia avancen con nosotros, costándonos encima, sacrificios que, sin embargo, lo son también de aquellos Instructores que siguen frente nosotros y hacen estada esperándonos.
En nuestro ministerio de intercambio con los sufrientes desencarnados, en las saludables reuniones de esclarecimiento espiritual, nuestra concentración no debe objetivar una realización estática, inoperante, de la cual pudiese gozar el
entorpecimiento de la conciencia, sin el resultado activo de socorro generalizado a los que respiran con nosotros la psicosfera ambiente.
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Concentración dinámica – es el ministerio a que nos debemos enfervorizar – llevando a través del pensamiento edificado a los hermanos que son comensales de nuestro mundo mental, momentáneamente, la oportunidad de experimentar lenitivo y esperanza.
Concedamos a los perturbadores y perturbados el plasma – alimento mediante el cual se liberten de las telas infelices que los fijan a los propósitos inferiores en que se complacen por ignorancia o desequilibrio.
El intercambio mediúmnico es sublime concesión de la Divinidad a los que aún se aferran a las ideoplástias desdichadas y al magnetismo de la carne, del que no se consiguen liberar, produciéndoles choques de variada procedencia en el instante de la psicofonía atormentada o del intercambio refrigerador.
Así nos elevemos en pensamiento, fijándonos en el Cristo de Dios, abriendo simultáneamente nuestros brazos a los sufridores del camino, sufridores que somos casi todos nosotros, considerando la trascendencia de la Misericordia Divina, para ayudarlos en la recuperación de la paz que todos necesitamos…
(Intercambio Mediúmnico, Cap. 19, João Cleofás/Divaldo P. Franco – LEAL)


Proyecto Manoel Philomeno de Miranda
Manoel Philomeno de Miranda
Calidad en la Práctica Mediúmnica

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