Flow Summit. Aceptar es perder la necesidad de controlar. Transitar. (Pilar Sordo)

Varios/Otros


Pilar Sordo


Soy Pilar Sordo y estoy aquí para darles la bienvenida a Flow Summit. En este video voy a hablarles de cómo fluir, pero desde el control.

Quiero tratar de explicarte en qué consiste el control, qué pasó con esta pandemia y estas situaciones difíciles que nos llevan a este cambio de paradigma, cuáles son los regalos que nos ofrece perder el control y cuál es nuestro trabajo en estos tiempos tan desafiantes para así sacar la máxima oportunidad de este proceso.

Soy psicóloga, chilena, y en este momento estoy en Santiago con muchísimo frío. Estamos en América del Sur. Soy una peregrina, llevo 30 años de profesión, he escrito diez libros. Yo dedico mi trabajo a hacer estudios que son más bien de campo, donde pregunto, sondeo, porque siempre siento que no sé nada, que no soy ni sabia, ni iluminada, que no tengo ninguna condición especial, entonces prefiero preguntar, meterme en lugares para poder observar. De ahí surgen las doce investigaciones que están en los diez libros. Ahora estoy haciendo otra investigación sobre todo este proceso y que debe ser la historia más grande de mi vida profesional. Tengo un hijo de treinta años y una hija de veintiséis. Me encantan la lluvia y el sol y con la pandemia tomé la decisión de vivir en el sur. Soy una buena persona e intento dar lo mejor de mí. Soy obsesionada, apasionada, impaciente, ansiosa, perfeccionista, tengo el combo perfecto y además ideal para poder hablarte de estos temas en estos tiempos tan desafiantes. Soy una mujer de cincuenta y cinco años que intenta dar lo mejor de sí en cada cosa que hace. Y por eso te quiero hablar, con toda la experiencia, de esta misma investigación en la que te estoy contando del cómo fluir. Pero para hablar del fluir necesariamente antes tenemos que hablar del control. Y resulta que antes de la pandemia tú, yo, teníamos la ilusión –porque siempre fue una ilusión- de que controlábamos todo, que podíamos planificar, que podíamos proyectar una vida de una semana a otra y nadie parecía extrañarse de nada.

Vivíamos en la ilusión, porque siempre fue una ilusión, de que si yo me acostaba por la noche despertaba en la mañana y si me despedía de mi hijo lo podía ver a la noche, si quería planificar algo lo más probable es que ese acto planificador resultara con toda naturalidad. “Les cuento que el próximo año voy a ir a Europa”. Y para ustedes era, “¡Guau, de América del Sur a Europa!”. A lo mejor me preguntan cuántas horas de vuelo, porque no sé de qué países me están viendo y escuchando en este momento. Y nadie parecía extrañarse. Piensen que yo llevaba diez años, y cuando lo digo y tomo conciencia de eso, hoy me parece una locura, pero llevaba diez años viajando todos los meses, quince días del mes recorriendo América Latina. Todo el continente. Toda el habla hispana. Y los restantes quince días recorriendo mi país, Chile, porque además tengo una Fundación que se llama Cáncer y Vida para acompañar a gente que tiene cáncer. El resto del tiempo que me quedaba era para mis afectos, pero lo más cercano que yo tenía en mi vida era una maleta, quizá más que una cartera u otro elemento. Nadie me hubiera dicho en esa locura del sube y baja de aviones: “Pilar, puede que venga una pandemia y te tengas que volver a tu casa, o puede que el país al que vas tenga las fronteras cerradas”.

Algo pasó con el control. El control se desvaneció. Y cuando se desvanece, muestra algo que estaba ocurriendo en el planeta completo. Fundamentalmente, aparece porque se acercan a tu casa, o a la del vecino, y nos tocan la puerta dos palabras: la soledad y la muerte. Eso hizo que automáticamente muchas personas tomaran conciencia de la incertidumbre. Quienes han tenido como yo muchas pérdidas en la vida, ya hemos aprendido a vivir con la incertidumbre. Seguramente a ti también te ha pasado eso, pero la gente que no estaba acostumbrada a transitar con esa palabra, aparece esa palabra y les da mucho miedo. El miedo es la no aceptación de la incertidumbre. Y creo que “aceptar” es la gran palabra para fluir. No se puede fluir sin aceptar. Busqué todas las acepciones y Jorge Bucay, gran amigo mío me dijo: “Pilar, aceptar es perder la urgencia de querer que las cosas sean como yo quiero que sean”. Y eso automáticamente libera tensiones de tu cuerpo físico, de tu cuerpo emocional o de tu cuerpo energético. Porque aceptar un no ni significa resignarse, ni tampoco estar de acuerdo con lo que acepto, simplemente significa soltar. Y para soltar pasó algo curioso. Cuando se desvanece este control porque llegan estas dos palabras, “soledad” y “muerte”, porque la incertidumbre se nos hace consciente y se deshace el control, nos empezamos a asustar porque no aceptamos lo incierto. Pero al mismo tiempo, y a mi juicio aquí está la maravilla de este proceso, nos ofrecen dos grandes regalos. Cuando el control desaparece, cuando se desmenuza frente a tu cara, cuando no puedes planificar casi nada para la próxima semana, donde seguramente estás -y te debe estar pasando- en conducta de alerta o en espera, esperando la vacuna, poder salir, poder viajar, poder volver a ver a alguien que quieres, hacer una fiesta, celebrar un cumpleaños, ¡tantas cosas!, porque sin duda todos y todas hemos perdido muchísimo durante este proceso.

El tema es que podemos ganar desde el fluir, porque para entender lo que pasó con el control, tenemos que entender que hay tres palabras que desaparecieron del diccionario, o que deberíamos hacer desaparecer: “enfrentar”, “manejar” y “controlar”. Y esas tres palabras se fundieron en una sola, que es la esencia de esto que te quiero transmitir. Ya no podemos decir: “¿Cómo manejo mi ansiedad, Pilar? ¿Cómo enfrento a mis hijos? ¿Cómo controlo el paso del tiempo?” Eso ya no va más. Hoy tenemos que ser capaces de decir: “¿Cómo transito?” Y esa es la gran palabra después del aceptar: “transitar”. Nunca más cierta en estos momentos la frase de Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos, de “Solo por hoy, y un día a la vez”.

Para fluir es central el tema en esta “flexibilidad”, tercera gran palabra que menciono para poder fluir en forma efectiva. Si no estás flexible, no puedes fluir. Si no aceptas, tampoco. Y de alguna manera, eso te lleva a transitar por los procesos que quieras transitar sin exigirle demasiado a nada afuera, porque afuera todo es un caos, afuera está todo desordenado no solamente por la pandemia sino por las crisis sociales, políticas, económicas, ambientales, que cada uno de nuestros países, sea donde sea que te encuentres, estamos ahí muriéndonos todo el tiempo. Todo es caótico afuera.

Entonces, ¿qué nos queda? Los dos grandes regalos del desvanecimiento de la ilusión de control. El primer gran regalo es que esta situación, nos guste o no nos guste, lo apliques o no lo apliques, nos está obligando a transitar en el presente. Nos evita esta gran enfermedad que se llama “exceso de futuro”, que tiene que ver con la imposibilidad en tu cabeza de conectarte con el ahora y estar permanentemente funcionando hacia afuera, tratando de correr hacia un no sé qué, para lograr un no sé dónde o un no sé cómo. Claramente, al sentir que no podemos planificar, al sentir que no podemos proyectar demasiado nuestras vidas, nos está obligando – queramos o no, lo apliquemos o no- a conectarnos con el presente. Y eso es un tremendo regalo, porque justamente para fluir, junto con las palabras que ya te he regalado (aceptar, transitar, flexibilidad), aparece esta otra: “conexión con el presente”. No podemos fluir si no estamos aquí. ¿Cómo fluyo si mi cabeza está intentando manejar lo que va a pasar dos horas más tarde, o mañana? O ¿cómo fluyo si permanentemente estoy recordando aquella etapa anterior en mi vida en la cual era tan feliz? Imposible, ¿no? No se puede. Tenemos que fluir en el presente. El presente es el que te conduce por esa capacidad de aceptación que ya veníamos desarrollando por esa flexibilidad que de una u otra manera nos permitía o nos permite movernos por todo este caos que hay afuera. Entonces necesitamos conectarnos con el presente. Y el desvanecimiento del control como energía es una tremenda luz en ese proceso, porque al desvanecerse esa ilusión aparecen estos regalos increíbles donde para mí uno de los importantes es esa, ahora.

Hay otro gran regalo que tal vez es el más importante y que tiene que ver con que cuando se cae la ilusión de control ocurre una súper buena noticia, que es que el control volvió a ti. O volvió a mí. Volvió a nosotros. Y cuando eso sucede, empezamos a entender que es lo único que sí controlas, y así ha sido toda la vida, no es novedad, pero hoy entendemos conscientemente que lo único que sí controlamos es nuestra actitud frente a lo que ocurre. Es el cuento que te cuentas para transitar el día sin intentar ni controlarlo, ni enfrentarlo, ni manejarlo. Es el cuento que te cuentas. De ese cuento va a poder salir o no un buen día, un día horrible, una experiencia que te centre en la gratitud o, muy por el contrario tal vez, te pueda centrar en la queja. De ese cuento depende.

Te voy a contar una historia. Imagínatela. Despiertas en la mañana. Cortinas cerradas en tu habitación. Las abres, y cuando las abres imagínate que no has prendido la televisión, que no has visto tu celular. Por lo tanto, no sabes cómo va a estar el tiempo. Abres la cortina, miras al cielo y ves una nube gris oscura, oscura, oscura, y tu cabeza piensa, porque solo hasta que lo piensas, pero vas a hacerlo aún más grande y lo puedes contar a quien esté contigo, lo puedes decir en tu casa: “¡El día está horrible!” y con eso está definido tu día. Porque los días que tú defines como horribles te hace colocarte ropa para un día horrible. Uno se viste distinto los días que se definen como horribles a los días que se definen como lindos. Vas a comer como para un día horrible. Generalmente, los días horribles uno come más carbohidratos, azúcares, cosas ricas, porque el día está horrible. Puede que incluso verbalices y digas: “’¡Tengo tan poca energía! ¡Es que el día está horrible!” Incluso puedes llegar a decirle a la gente: “No, ¿sabes qué?, veámonos mañana. Me quiero acostar temprano porque el día está horrible”. ¿Tú me puedes explicar qué culpa tiene la nube de todo lo que te pasó en el día? Evidentemente que ninguna. No tiene ninguna responsabilidad. Es tu definición frente a esa nube que viste en la mañana, que puede haber sido además donde el cuento que te contaste para ese día está definido por esa nube.

Eso es la maravilla del desvanecimiento del control que te entrega un poder maravilloso para poder transitar por tu día de buena o de mala forma, porque al final del día el fluir solo pasa o depende de los pensamientos que tenemos, de cómo transites de una u otra forma por la información que tú quieras ver. Si ese día te sentiste hinchada, fea, con la piel rara, todo el día va a estar determinado por esa sensación. Entonces, ¿de qué depende tu día? De ti. Y de cómo puedes enfrentar una llamada del banco con una mala noticia, un accidente pequeño en el auto que te abolló una parte de la puerta, un problema eléctrico en tu casa, se cortó el internet y no tenemos cómo. ¿De qué va a depender? De cómo lo vivas, de cómo te permitas transitar por ese proceso. Y ese tránsito es el fluir. Sin control, con mucha, mucha compasión, pero con esa compasión budista, esa que hace que nos abracemos, que entendamos y podamos informarnos de cómo está la panza, relajada, tensa, tonificada (ojalá), de cómo estás, de cómo vas a transitar la vida. Mira qué distinto es. Hagámoslo juntos. ¡Qué distinto es decir “Yo voy a controlar el día de hoy”! Escucha lo que le pasa a tu cuerpo cuando le dices eso. Observa, no digas “Guau”, no digas nada, solo observa. Ahora abre los ojos, ciérralos de nuevo y di: “Voy a transitar el día de hoy”. ¿Ves qué distinto? ¿Viste que cuando hablas de control te tensas y te aprietas entera o entero? ¿Ves que este tránsito es cómo aceptar, es cómo perder las urgencias? Es cómo moverte en la flexibilidad del bambú, esa planta maravillosa que crece firme, siempre en colectivo, fuerte, y es tan flexible que puede resistir un huracán y no se va a quebrar. Por eso los edificios que más se caen en un movimiento sísmico son los que no se mueven. El edificio que se mueve con la onda y transita, se mantiene erguido. Por eso es que a mayor rigidez sin duda hay mayor patología. A mayor flexibilidad, mayor salud, no solo mental, sino también física.

Por eso es tan bueno entender que para fluir en forma eficiente tienes que cuidar tus tres cuerpos. “¿Tres cuerpos? ¡Apenas puedo con uno!” Pero tenemos tres…


Tenemos el cuerpo físico al que hay que alimentar, darle sus horas de descanso, echarle cremita, besarlo. Nos acompaña tanta estupidez, es tan incondicional, nos manda tantos mensajes: tu jaqueca, tu colon irritable, tu zona lumbar, tus problemas en la piel, tu alta presión. Son mensajes. Escúchalos. Hay algo que tu cuerpo te está diciendo que tienes que cambiar, que hay que hacer un detente para observar. Hay que alimentarlo saludablemente, darle agua para que se hidrate.

Después está el cuerpo emocional, donde tú tienes que ser capaz de decir lo que sientes, de entender que este mandato horroroso judeocristiano que nos intentó convencer -y lo hizo- de que la fortaleza era el arte de aguantar y no el coraje de expresar, donde seguramente tú, yo y todos los que estamos aquí hemos aprendido a llorar solos y solas en los baños, a escondidas, secándonos las lágrimas rápido apenas aparecen, siempre teniendo la sensación de que si lloramos estamos haciendo algo malo. Ese cuerpo emocional necesita hablar, necesita decir -ojalá todos los días- en un proceso que yo he llamado “desinfección emocional”. Necesita hablar y decir lo que te dio rabia, lo que te dio tristeza. ¿Qué te dio miedo hoy? ¿Hay algo que te haya puesto contento? Sin duda que sí. Y esa dimensión de la expresión es tu cuerpo emocional.

Y después está el cuerpo energético, al que también hay que cuidar. ¿Con qué gente te juntas? ¿Te chupan o te dan energía? ¿Te la succionan o te la regalan? ¿Qué noticias ves? ¿Cuánto tiempo dedicas al Instagram, a la televisión? ¿De quién eres seguidor, porque se presupone que esa persona va más adelante que tú? Y eso me parece una impotencia, por eso yo siempre digo que me acompañen en las redes, no que me sigan. Pero ¿a quién sigues en las redes? ¿Cómo cuidas esa energía? ¿Cómo te limpias de aquello que recibes todo el día? Imagínense yo, como psicóloga, recibiendo todo el día dolores, dolores, dolores, problemas, discusiones, tensiones. Necesito ir limpiando y sacando. ¿Cómo lo haces? Porque ese autocuidado de tu cuerpo va a determinarse cómo fluyes dentro de este proceso. Si estamos diciendo que todo lo de afuera es un caos y que tú te ordenes dentro, eso es lo que te va a permitir fluir. Porque aceptaste, porque estás siendo flexible, porque estás aceptando tus funciones y cuidando tus tres cuerpos, porque estás conectado con el presente y sobre todo desarrollando otra palabra más que es hermosa, que es la “gratitud”.

Tiene que ver con colocarte frente a la vida en posición de alumno y decir “De verdad esto yo no lo sé, entonces me voy a colocar en posición para aprender lo que haya que aprender”. Y se agradece aquello que se tiene, el agua, la cama donde dormiste, el café de la mañana, a lo mejor un buen deseo de alguien que te quiere, y se agradece también aquello que no se tiene, porque lo que no se tiene probablemente nos está haciendo aprende algo importante. Sin resistencia, sin queja, sino desde el entendimiento. Hay una frase que me encanta que es que uno no siempre recibe lo que quiere o lo que pide, pero da la sensación de que uno recibe lo que necesita recibir, lo que haya que aprender, lo que haya que evolucionar, cómo hacemos para aumentar nuestro nivel de conciencia. Parecería que también tiene que ver con no tenerlo todo y creo que eso es súper importante de fluir. Vas mirando mientras te conduces, ves la figura de un río. Ese río tiene fuerza, cae el agua a las rocas, se mueve, echa chispas. El río no sabe a dónde va, pero no deja de avanzar. Y cuando llega al mar se debe dar cuenta de que venía tan apretado, con tanta fuerza, y de repente se encuentra con algo gigante, donde se suma una totalidad impresionante. ¿No será eso lo que nos va a pasar a nosotros cuando nos vayamos de aquí? Somos como ríos y vamos a terminar al final en un proceso llamado muerte, que yo le llamo “Pasar el Puente”. Hace veinte años que acompaño a personas en proceso de muerte, a las personas que se van y a sus familias y es tan impresionante lo que sucede con la pasada del puente hacia el otro lado, que a lo mejor es lo mismo que el río. El río se cuestiona, el agua se cuestiona, se pregunta: “¿A dónde voy? ¿Por qué con tanta fuerza? ¿Por qué tan rápido?” El río se conduce. Bueno, eso es la vida, eso es fluir, es entender que junto conmigo hay miles de ríos, miles de personas, estamos todos fluyendo para llegar a una comunión y a una totalidad, llámale Dios, llámale energía, llámale Universo, llámale cementerio, no importa, pero mientras más control le coloques a tu vida menos la vas a disfrutar.

Nunca te olvides de una frase que para mí es muy importante porque me ha producido grandes procesos internos y es “Lo que se resiste, persiste”. Mientras más te resistas a un cambio, mientras más pelees y jodas con la emoción, más crece, peor te hace, menos evolucionas, menos avanzas. Por lo tanto, no hay que resistirse. Hay una palabra que a la gente no le gusta mucho porque suena como a humillación, y es la palabra “rendición”. La rendición tiene una poesía en su significado. Rendirte es decir “solo voy a fluir, voy a aceptar, voy a ser lo más flexible que pueda, voy a estar en el presente, voy a manejar mi gratitud y voy a decir la palabra ‘tránsito’ en vez de `control’, `manejo´ o `enfrentar´”. Es una linda invitación.

Es lindo lo que nos está pasando. Yo sé que es angustioso, sé que es una tragedia, pero cuando existen tragedias, al otro lado de la tragedia –y les digo porque yo he vivido varias- siempre hay una oportunidad. Y esa oportunidad es entender que tu vida está en tus manos, en tus definiciones, en tus cuentos, como la nube. Entonces, si estás triste, solo estás triste ¿no? No estás mal. Eso es igual que el pegoteo de la nube. ¿Quién definió que la tristeza era estar mal? Si estás angustiada o angustiado, solo estás angustiado, no estás mal. Si estás contenta, solo estás contenta, no estás bien. Dejemos de pegotear, de añadir, de sumar. Simplemente dedícate a ser honesta u honesto contigo, a expresar lo que sientes el día de hoy, a cuidar tus energías, a cuidarte tú, a trabajar tu amor propio, para que tengas más fuerza para poder transitar por el río sin ir resistiendo ni su velocidad ni su corriente, simplemente entendiendo que todo está perfecto como está aunque no seas capaz de verlo así.

Quiero invitarte a fluir desde el desvanecimiento del control, desde el regalo que te da para estar en el presente y para entender que el día, solo el día de hoy, depende de tu evaluación. ¿Te parece? Bueno, y para eso te invito a hacer un ejercicio. Mira, existen tres formas para conectarte con el presente. Te voy a regalar tres formas. Puede que en el Universo existan muchísimas más, pero en la investigación que estoy haciendo focalicé en tres ejercicios y a veces yo ocupo una, otras veces aplico dos, hay veces que los días más tremendos uso las tres, pero hay días que también diría que me sirve más una que otra. Mira. Escucha.


Primera forma de conectarte con el presente: la Respiración Consciente. Hagámoslo. Mira, toma aire. Aguanta. Puedes aguantar uno, dos, tres, cuatro. Bota. Vuelve. Un, dos, tres, cuatro. Bota. Vuelve. Aguanta, Un, dos, tres, cuatro. ¿Dónde estás? ¡Estamos aquí! Yo estoy aquí, presente, contigo. El cuerpo me ancla en mi presente cada vez que respiro conscientemente. Por eso es que la gente que aprendió a meditar antes de la pandemia o durante la pandemia, tiene un tremendo recurso mental en sus manos para ser utilizado. Tú me dirás: “Obvio. Yo respiro, si no me muero”. Pero respirar conscientemente es otra cosa.

De hecho (y esto va para otro momento), hay autores que plantean que todos los problemas psicológicos del ser humano tienen que ver con respirar mal. Y algo debe tener, ¿no? Porque si tú te fijas, una de las cosas que hace el ser humano cuando nace es tomar aire, y la última que hace cuando se va es eliminar aire. ¿No es mágico? ¿No es un círculo potente la vida?


Segunda forma de conectarte con el presente: Cada vez que tu cabeza se vaya hacia adelante o hacia atrás, hazte dos preguntas: “¿Dónde estoy?” y “¿Qué estoy haciendo?” Automáticamente, cuando hagas eso, es como si cayera una carpa aquí que solo me deja la luz, la cámara, para poder llegar a tu corazón. Se me acaba todo el tiempo más, se me acaba lo que estaba haciendo antes, que ahora lo pienso cuando lo digo, pero mientras dije “¿Dónde estoy y qué estoy haciendo?”, estaba acá.


Tercera forma, y que tiene tanto que ver con el fluir igual que la respiración consciente: Hacer las cosas lo más lento posible. Yo sé que para este sistema en el que nosotros vivimos, con este nivel de economía, no es buen negocio. ¿Y saben por qué no es buen negocio? Porque la consciencia no es amiga de la rapidez. La lentitud, sí. Cuando yo estoy muy consciente, yo elijo mejor. Incluso puedo elegir, por ejemplo, no consumir. Por eso se inventa la comida rápida. ¡Para que comas rápido y quedes con más hambre! Por eso se inventa el Cybertel, para que aprietes y hagas clic. porque quedan todos en stop y tú no puedas decir: “Déjenme hasta mañana, quiero pensar…” No. Todo el mundo te va a decir: “Pero, ¿cómo? Si se quedan todos en stop, ya no va a quedar mañana, ¡tienes que apurarte!” Así está funcionando nuestro sistema económico, en base a la rapidez, o sea, a la no-conciencia. Si estamos tratando de fluir, tenemos que tratar de estar conscientes, y para eso hay que hacer todo lo más lento posible, porque la lentitud es muy amiga de la consciencia. ¿Y cómo no va a ser más fácil tener conciencia de mi fluir si hago todo lento? Entonces, ¿a qué te quiero invitar?


- Primer ejercicio: En primera instancia, descubrir cuáles son los cuentos que te cuentas, porque de eso depende tu buen día o tu mal día, ¿no? ¿Qué cuentos te cuentas?


- Segundo ejercicio: ¿Qué beneficios reales trae, como lo dije al principio, que el control se haya desvanecido de tu vida? ¿Te permitió de verdad estar en el presente? O ¿Lograste darte cuenta que al final todo lo que te pasa en el día depende de tu actitud? ¡Buena pregunta!


- Tercer ejercicio para que hagas, y tarea que te voy a dar: Practica cualquiera de estas tres formas de conexión con el presente, por eso te las dije al final y no las uní cuando te estaba dando los conceptos. Ve cuál te sirve más. A lo mejor vas a necesitar las tres, por ahí a lo mejor basta con una, pero practica las tres. Practica la respiración consciente, practica el dónde estoy y que estoy haciendo y practica hacer las cosas lo más lento posible.


Y te voy a dar otra tarea más que tiene con ver en ti en tu forma de sentir, cómo estás al perder las urgencias en el transitar o sigues diciendo: control, manejo, enfrento. ¿Cómo estás en la flexibilidad, en la expresión y en el cuidado de tus tres cuerpos? ¿Cómo estás en la conexión con el presente y cómo estás en la gratitud? Tienes mucho trabajo por hacer, pero además que hayas agotado cada una de las cosas y sobre todo importa que anotes estas últimas sugerencias para que de verdad las puedas trabajar, las puedas internalizar en tu mundo interno y emocional para que de verdad puedas fluir, pero entendiendo la maravilla que implica en tu vida la ausencia de control. Da miedo perder el control. Decimos: “Ay, ¿qué me va a pasar?”

El otro día –como anécdota- me hice un examen para el cual tenían que dormirme. Lo primero que le dije a la niña fue: “¡Qué susto perder el control, quizá qué estupideces voy a decir!” Y me parece que dije varias, porque se reía mucho después de mí cuando recuperé la consciencia. Pero bueno, qué importa. Pero da susto perder el control. Uno tiene la sensación de poder y de eficiencia, pero no de fluir. Y uno siempre está como andando en un carro como en primera, ¿no? Siempre como tirante, siempre como tenso.

Cuando uno fluye, cuando uno acepta, cuando uno es flexible, cuando uno está en el presente, cuando uno agradece, y sobre todo cuando uno entiende los regalos que te trae el no-control, que tiene que ver con el tránsito, que tiene que ver con definir tú tu actitud frente al día. Es tu poder. No hay nadie igual a ti, eres maravilloso y maravillosa como eres, es tu poder para poder transitar. Y además, te regala, porque como no controlas, tienes lo que yo llamo “conciencia de muerte”. Y cuando uno sabe que se puede morir en cualquier momento, porque así es, entonces ¿qué hace uno? Va y disfruta cada segundo, porque no da inconsciencia de que pueda ser vivido al segundo siguiente. Y porque lo que estás viviendo ahora listo, ya se fue. Qué loco, ¿no? Pero se fue y ya no se va a repetir. En este instante, solo en este instante, estás fluyendo mientras me escuchas. Ese instante ya se fue. Ojalá lo hayas aprovechado.

Me despido con todo cariño. Les agradezco que estén ahí. Es un honor, es un honor. Agradezco profundamente a toda esta asociación maravillosa de profesionales que pensó en mí para poder transmitirte estos conceptos. Gracias a cada una de las personas que organiza este maravilloso encuentro, a todos los otros relatores que vamos a intentar desde nuestra pequeñez aportarle un granito de arena a tu vida, pero por sobre todas las cosas, gracias a ti por darte el espacio para verme y haberme escuchado. Nos vamos a encontrar seguramente en otra oportunidad. Sigan disfrutando de este Flow! Summit que sin duda nos va a dejar muchas enseñanzas a todos y a todas. A fluir, a dejarse conducir como el río, que en algún momento nos va a llevar, sin duda, al mar.

Un beso. Que Dios los bendiga. Cuídense mucho. Gracias por todo.


https://www.flowsummitespanol.com/day-2/#sordo
29 de julio de 2021

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