El tiempo y la eternidad.

Varios/Otros


El tiempo, como vosotros lo experimentáis en los límites de la realidad tridimensional, es un marco completamente artificial. Es decir, vuestra percepción del tiempo se basa en la construcción lineal de un pasado ambiguo, de un presente evasivo e indefinible y de un futuro de resultados previstos que, con frecuencia, os hacen sentir ansiosos e inseguros de la vida.

En verdad, gran parte de vuestras dificultades nace de vuestras concepciones erróneas del tiempo, especialmente en estos momentos, a finales del milenio. Estáis empezando a tratar de ser plenamente conscientes del momento presente, de vivirlo, pero a la mayor parte de vosotros os falta mucho para entender que es el único que existe. Esto es comprensible, pues la experiencia del no-tiempo pertenece a un reino más elevado que trasciende vuestras capacidades actuales, aunque sí la experimentáis cuando os escapáis del mundo sensorial en vuestros estados de sueño y viajes fuera del cuerpo.

Por este motivo es indispensable para vuestra evolución espiritual que exploréis el material de vuestros sueños, que meditéis y desarrolléis la capacidad de proyectaros al mundo astral. Allí residen las mejores oportunidades para liberaros de vuestras limitaciones y dejaros llevar por la exquisita libertad de la conciencia sin tiempo y el movimiento sin cuerpo.

Visto desde las octavas más altas, lo que vosotros percibís como pasado, presente y futuro es coexistente y simultáneo. Esto es incomprensible desde el punto de vista tridimensional, porque vuestra historia —la conciencia misma de vuestra raza— ha evolucionado en el contexto de un modelo de tiempo lineal. No obstante, si podéis reconocer el no-tiempo de la realidad multidimensional (aunque sea sólo intelectualmente), os podéis liberar de pesadillas pasadas o recuerdos de tiempos mejores, así como también de invenciones futuristas, tales como la inminente perdición apocalíptica.

En el redescubrimiento de vuestro yo de luz, empezáis a integrar el concepto de la conciencia del alma que se crea y recrea a sí misma en el cuerpo, concepto que actualmente procesáis a través de hipótesis sobre el pasado y el futuro que percibís como reales, de acontecimientos temibles y fantásticos que creéis que han hecho de vuestra vida lo que es, o de sucesos que han de vivirse «algún día», en un tiempo nebuloso que se halla siempre justo fuera de vuestro alcance.

Paradójicamente, la ilusión de pasado-presente-futuro es tan verosímil, aparentemente tan tangible, que resulta inimaginable que el tiempo pueda existir en cualquier otro contexto. Dado que vuestra vida está organizada en ese plano, habéis necesitado de la seudo-estructura del tiempo en una línea, pues como raza os ha encaminado en la dirección de los vientos de cambio, tanto hacia delante como hacia atrás en vuestra proyección del pasado y la memoria de vuestro futuro. Y nadie va a convenceros de que un mañana con una salida del sol, una primera taza de café, la oficina y la miríada de actividades de la rutina cotidiana son simples productos de la imaginación; no obstante, nos permitimos enfatizar que sí lo son.

No existe nada más que el momento. Esa es la realidad y la experiencia, momentos dentro de momentos que se imprimen para siempre en la matriz de la Mente Eterna.

Veamos el ejemplo de Benjamín Franklin, quien apareció en la estructura del tiempo lineal de la Tierra a comienzos de la década de 1700 y personificó lo que vosotros consideráis con orgullo la rica fibra de la historia de Norteamérica. Delegados al pasado, sus logros se aprecian con veneración, pues su visión y conocimiento cambiaron la estructura misma de la experiencia humana.

Desde nuestra perspectiva, en este momento el maestro Benjamín sigue rebosante de vida, en verdad mucho más vivo aún que en aquella referencia finita del tiempo de la Tierra. Su dedicación y su intelecto curioso y audaz dieron a la humanidad el conocimiento elemental necesario para comprender el aprovechamiento de las frecuencias eléctricas del cuerpo electromagnético de Gaia, lo cual condujo a la civilización a la era industrial. Un alma antigua ha llevado la sabiduría a innumerables seres en muchas dimensiones, y sus enseñanzas han alterado una infinidad de realidades. Actualmente, reside aquí con nosotros en la sexta dimensión, un emisario del comité científico de este Consejo.

¿Os pedimos que aceptéis a Benjamín Franklin, el gran icono de la historia de los Estados Unidos, como un «extraterrestre»? Sí.

Al dar a conocer su identidad, os retamos a que superéis el escepticismo y reconozcáis el infinito que está justo al otro lado de vuestra percepción, donde un universo pletórico de vida guarda los patrones del alma de todo ser consciente que haya existido alguna vez, y donde la Tierra no es más que una diminuta mancha verde-azul en el colorido lienzo del cosmos.

Ella es apenas uno de los millares de cuerpos planetarios que componen el universo material, y en los planos etéreos éstos son sencillamente innumerables, tan infinita es la experiencia del Todo-lo-que-es. Os pedimos que aceptéis que no sólo se nos ha de definir como «extraterrestres», sino también como extradimensionales, proyecciones de vuestra propia conciencia en otra fase de su existencia de múltiples niveles.

Os decimos que la mente de Benjamín Franklin, la concentración consciente de la entidad manifestada de ese ser, contribuye a estas transmisiones, y esto no es más surrealista que la idea de que nuestro instrumento, para empezar, capte, descodifique y registre las frecuencias de la sexta dimensión.

En otro aspecto de vuestro ser, vosotros existís en estas ondas y, asimismo, sois capaces de enviar corrientes de luz a un canal receptivo, a un nivel de vuestra existencia que actualmente identificaríais como una vida «futura», pero que nosotros preferimos definir como una etapa más elevada de vuestra evolución. Es muy posible que, atraídos por estas enseñanzas, hasta cierto punto ya estéis desempeñado esa función, tanto en la esfera tridimensional como en otros niveles, con los cuales tal vez ya estéis conscientemente sintonizados, o no.

Os decimos que lo que cambia es la forma de vuestra existencia, y no el tiempo. Las vidas pasadas, que concebís más fácilmente que las vidas futuras, aún se perciben en terminología lineal, en tanto que nosotros queremos inculcaros la noción de que todas estas extensiones de vuestra energía dinámica ocurren simultáneamente, remontando los mares cósmicos como las olas de los grandes océanos.

Los mares constantes de Gaia (aunque cambiantes en cuanto a la forma) son infinitos. Cada ola, un reflejo del cuerpo más grande, vive su momento como esencia espectacular que rompe en la orilla y, posteriormente, al regresar a la profundidad del océano, cambia de forma. Sin embargo, sigue existiendo allí. También vosotros, un cuerpo manifestado en algún marco de tiempo fabricado en la Tierra, regresáis al mar cósmico y existís allí como vibración del alma, asumiendo a la vez otros múltiples aspectos en vidas simultáneas que creáis en el despliegue kármico de vuestra travesía.

En cuanto al maestro Benjamín, sabed que cada vez que leéis sus escritos o hacéis referencia a él en cualquier ámbito, una ola de luz impregna su campo de experiencia consciente, pues así es como funciona la resonancia. Pensad que cada vez que se enciende un interruptor eléctrico, una luz cósmica asciende por la espiral e ilumina su aura, el regalo de haber servido al prójimo.

Os aseguramos que no existe recompensa más grande que recibir la luz del amor, pues iluminar la conciencia es el propósito de todas las misiones en nuestro camino de regreso al Creador Original. El maestro Benjamín es conocido como el Trabajador de Luz Manifiesto de la realidad de la Tierra, y goza de gran notoriedad en planos más elevados por esa contribución específica a vuestro desarrollo.

Visto desde un punto de referencia que sobrepasa vuestras posibilidades de percepción actuales, el tiempo no es un factor. Es decir, nosotros percibimos vuestra totalidad como pensamiento manifestado en la materia, y que cada unidad de conciencia contribuye a la totalidad de vuestra existencia material. Accedemos al registro akásico para presenciar la unión de ese óvulo material (el mar de la materia existencial) con el semen (la voluntad activada del Creador Original), y de dicha unión nace el universo material.

Desde nuestra dimensión, vemos la vida completa —el nacimiento y la muerte de lo material— a medida que sube por la espiral cósmica hasta su próxima manifestación. No podemos prever o entender nuestras propias realidades dimensionales más elevadas, pues ésa es la naturaleza de la travesía; no obstante, sí percibimos vuestro mundo y existencia física como un Ser, una totalidad, cuyas unidades individuales de conciencia (al igual que las células de vuestro cuerpo) viven como materia durante un período específico de vida y, al morir, finalmente se transmutan en niveles de conciencia menos densos y más elevados.

Cuando os miráis en el espejo, no podéis discernir los millones de células que están muriendo y renaciendo cada día de vida de vuestro cuerpo; veis el conjunto, la totalidad; solamente contempláis vuestra propia mortalidad cuando el yo da comienzo al deterioro del ciclo de vida o ante una amenaza de muerte. Al abriros al Espíritu, se os recuerda que el propósito de esa muerte es regresar a la luz y ascender por la espiral evolutiva. Es así para el universo material, y para los muchos cuerpos de su alma.

Desde la cuarta dimensión en adelante, vosotros estáis en los reinos más elevados, donde todos los seres y cosas son conscientes de que ocupan el mismo espacio infinito como intercambios de energía que están constantemente mutando y cambiando de forma, de acuerdo con el propósito del alma. Nosotros experimentamos la forma como vibración, y tal como lo hemos descrito en el caso de las ondas y partículas cuánticas, todo se encuentra en un estado de movimiento y variación constante.

Por consiguiente, la interconexión de todos los seres conscientes en el universo material e inmaterial crea continuamente todas las formas y resultados, y el tiempo, como vosotros creéis que lo conocéis, no es una medida fija en absoluto.

Aquí necesitamos incluir el aspecto de la huella o impresión etérea presente en el mar de la materia en todas sus formas de densidad. Os decimos que todo aquello que ha tenido la experiencia de existir, lo cual definiremos como «pensamiento», permanece a nivel etéreo. Por consiguiente, el Ser Supremo, tan absoluto en su aspecto que no podemos percibir su magnitud, se define acertadamente como el Todo-lo-que-es, Que-siempre-ha-sido y Que-siempre-será, y eso es exactamente lo mismo que «el momento»: todo existe ahora mismo, siempre ha sido así y siempre será.

Una de las claves de conocimiento más importantes que os es útil en estos momentos, conforme os preparáis para el cambio, es la comprensión de la intemporalidad, la cual experimentáis cuando os salís del cuerpo. La percibís fugazmente en el estado de sueño y en la meditación profunda; notamos que aquellos de vosotros con experiencia en el viaje astral tenéis una conciencia más profunda de los reinos más elevados.

Considerad que vuestra existencia como seres humanos os restringe por la naturaleza misma de vuestros cuerpos, los cuales se mueven en forma muy lineal en la densidad material.

Vais a estudiar y a trabajar, os levantáis y os acostáis; de hecho, aquello que vosotros consideráis actividad consciente, en muchos sentidos, realmente es algo muy mecánico. Desde la perspectiva inconsciente, el cuerpo desempeña cientos de miles de intrincadas funciones instantáneamente; sin embargo, obviamente, sois inconscientes de la enorme energía que se le exige a vuestro ser tan sólo para bombear la sangre, bajar una fiebre o combatir una infección. Vuestro corazón saludable, motor sin tiempo, late la vida entera sin fallar jamás, sin tropezar jamás; tan sólo eso es uno de los aspectos más milagrosos del albergue que os proporciona el cuerpo físico.

De igual manera, sois bastante inconscientes de vuestras emanaciones, las que impregnan el espacio inmediato a vuestro alrededor y más allá, cuando remontan las olas del mar de la conciencia, constituido por el pensamiento de toda la creación.

Siguiendo con el tema del tiempo, os pedimos nuevamente que entendáis que todo pensamiento y emanación que vosotros enviáis al mar es eterno y profundo a la vez, y resuena en el cosmos para siempre; pues si sólo existe el ahora, entonces la eternidad existe siempre. En alguna parte, en niveles que aún no entendéis, la voz colectiva de vuestro planeta viaja a civilizaciones inenarrables y penetra muchas capas de la existencia, y este momento de la realidad de la Tierra —su revolución convulsiva y la inminente ascensión— se está transmitiendo a través de las ondas, pues Gaia es el centro de comunicaciones de la red de chakras de vuestra Deidad Solar, y todos los que pueden oír están escuchando.

A la metamorfosis que está viviendo vuestro planeta la llamaremos un aspecto del cambio tridimensional que se sentirá en todo el universo, un momento inmenso y sin precedentes para la humanidad, así como para otros seres conscientes en el cosmos.

Por esto son tantos los que han entablado contacto directo desde innumerables dimensiones, pues entendemos que vosotros estáis dando el salto en conciencia que os permitirá ingresar y procesar la información, dado que, como civilización, en este momento tenéis que prepararos para el cambio a la cuarta dimensión, un mundo más allá del tiempo y más allá de la ilusión.

Hemos mirado de cerca y largamente la oscuridad de vuestro destino mientras os esforzabais arduamente por redescubrir la luz, y ese momento ha llegado. Celebramos vuestro despertar tanto como nos esforzamos por nuestra propia iluminación, pues la travesía no termina jamás. Cada unidad de conciencia sube por la espiral como en una sinfonía magistralmente orquestada, en la que cada instrumento —el laúd y el tambor— es vital para la interpretación de la melodía.

Ahora nos concentraremos en el tiempo cero, para muchos la llegada del Cristo, para otros el nacimiento del Iluminado: dos puntos en la historia de la humanidad que detuvieron los relojes. El impacto de estos dos acontecimientos fue tan monumental que hizo que el tiempo se definiera en función de los mismos, de tal forma que el calendario asiático describe el tiempo como antes y después de Buda, en tanto que el calendario cristiano marca el nacimiento de Jesucristo de la misma manera.

Esto quiere decir que el tiempo se detuvo y luego llegó a cero: una pausa en el marco lineal del tiempo, donde la humanidad supo lo que significaba «el ahora» en su totalidad. Tan grandiosa fue la luz de estos Maestros Ascendidos, tan inmensa y profunda, que gran parte de la humanidad escapó momentáneamente a la barrera del tiempo y experimentó la conciencia tetradimensional durante el tiempo que ellos anduvieron en la Tierra.

Los mayas han proporcionado el próximo punto de referencia del tiempo cero, pues su calendario galáctico sitúa el fin del tiempo el 21 de diciembre de 2012. En vuestra calidad de seres físicos en el tiempo lineal, teméis esta ominosa referencia, pues para muchos de vosotros «el fin del tiempo» es sinónimo del fin de la vida, y presentimos el miedo que crece en vuestro vientre a medida que el reloj marca la cuenta regresiva.

Vuestra comprensión de esta próxima clave os servirá para liberaros de vuestro miedo y avanzar en la luz de vuestra ascensión:

El cierre del calendario,
el fin del tiempo,
será llegar al punto cero otra vez...,
vuestra evolución más allá de las restricciones
de la realidad tridimensional.

Sin duda, presentís desconcertados que algo espectacular está a punto de suceder, pero son vuestros miedos y el trastorno de Gaia lo que os lleva a la perdición.

De modo que hacemos aquí un paralelo con otros momentos de vuestra historia, cuando el tiempo cero anunció el brillo de la luz en vuestro planeta, y os invitamos a levantar una copa por el nacimiento del nuevo amanecer. A pesar de vuestros sentimientos de pavor y ansiedad, no sólo estáis listos para ello, sino que lo necesitáis, lo habéis creado, pues el péndulo ha oscilado hasta los extremos de los polos, y Gaia regresa al pleno centro en 2012, que es tanto el pasado y el futuro, como el ahora mismo de vuestra existencia.

...
Como estaba escrito en las paredes del templo de las Escuelas de Misterio de Eleusis, en la antigua Grecia:
«Hombre, conócete a ti mismo.»
¿Adonde queremos llegar? ¿Cómo se entrelaza todo esto?

Si os habéis mantenido al tanto de algunos de los acontecimientos más significativos de vuestro sistema solar, sois conscientes de que vuestra Deidad Solar ha estado erupcionando con llamaradas y violentas explosiones de una magnitud nunca vista en la historia escrita de la Tierra, lo cual está generando una mayor inestabilidad en vuestro planeta.

Podéis esperar más manifestaciones extremas de clima, mares violentos y poderosas tormentas eléctricas.

Muchos de vosotros experimentáis llamaradas solares en vuestro cuerpo etéreo al margen de vuestra percepción consciente, pero ahora será importante prestar mayor atención a la actividad solar, pues la información que os damos aquí está manifestándose actualmente como las etapas preliminares de la transformación del Sol.
...
Por eso, actualmente, se está enviando tanta información a la Tierra: una metodología para la curación del cuerpo y la liberación del miasma, formas de pensamiento y masas de energía que evitan que la luz fluya a través de vosotros.

Tenéis que estar preparados para recibir una radiación intensificada de luz fotónica en el proceso de abordar el agujero y salir de él.

Lo que ahora experimentáis como luz solar no es más que la manifestación física de la luz cósmica pura, la cual pasará por vuestro cuerpo con una brillantez inimaginable e iluminará vuestra alma en el extático despliegue de la transmutación de vuestra Deidad Solar.

Pues no es únicamente Gaia quien se transforma, y si hasta ahora hemos abordado principalmente sólo la ascensión de la Tierra, ello se debe a que ése es el ser celeste que conocéis mejor, si bien de las cosas terrenales, vosotros, la raza humana, es aún muy poco lo que sabéis.


Extracto del libro: "El Cosmos de Alma".
Un despertar para la humanidad.
Capítulo VIII - El tiempo y la eternidad.
Patricia Cori.

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