Anastasia. Mi sueño romperá muchos de los mecanismos.

Varios/Otros


# Por encima del tiempo de las fuerzas oscuras

En aquella noche de los sueños míos, yo pensaba en cómo transportar a la gente por encima del lapso de tiempo de las fuerzas oscuras. Mi plan y mi conciencia sobre éste eran precisos y realizables, y ELLOS lo aceptaron.

En el libro que vas a escribir, habrá combinaciones discretas, fórmulas hechas de letras. Éstas despertarán sentimientos luminosos y buenos en la mayoría de la gente.

Estos sentimientos son capaces de vencer la enfermedad física y del alma, y van a contribuir al nacimiento de un nuevo nivel de conciencia, inherente a la gente del futuro. Créeme, Vladimir, esto no es misticismo, esto se corresponde con las leyes del Universo.

Es todo muy sencillo: vas a escribir este libro guiándote exclusivamente por los sentimientos y el alma. No podrás hacerlo de otra manera, puesto que no dominas la técnica literaria, pero con los sentimientos se puede TODO. Estos sentimientos ya están en ti. Tanto los míos como los tuyos. No eres consciente de ellos todavía. Ellos van a ser comprendidos por muchos. Plasmados en los signos y las combinaciones, serán más fuertes que el fuego de Zoroastro (60). No ocultes nada de lo que te ha sucedido, ni tan siquiera tus experiencias más íntimas. Libérate de cualquier pudor y no tengas miedo de ser ridículo. Domina tu soberbia.

Yo te he abierto todo mi ser, mi cuerpo y mi alma. Y a través de ti, quiero abrirme a toda la gente. Ahora se me permite hacer esto. Soy consciente de la enorme masa de fuerzas oscuras que arremeterá contra mí, y tratará de contrarrestar mi sueño, pero no tengo miedo de ellos. Soy más fuerte, y tendré tiempo de ver mi plan hacerse realidad, y de dar a luz y criar a mi hijo. A nuestro hijo, Vladimir.

Mi sueño romperá muchos de los mecanismos de las fuerzas oscuras, que han venido ejerciendo una influencia perniciosa en la gente a lo largo de miles de años, y además hará que muchos de éstos actúen en pro del bien.

Sé que ahora no puedes creerme debido al obstáculo que suponen los convencionalismos y dogmas engendrados en tu cerebro por las condiciones de vida de ese mundo en el que tú vives.

La posibilidad del transporte a través del tiempo te parece increíble. Pero vuestros conceptos de tiempo y distancia son relativos. Estos valores no pueden ser medidos por segundos o metros, sino por el grado de conciencia y voluntad.

La pureza de pensamientos, sentimientos y sensaciones que tenga la mayoría, es lo que determina el punto en el que se encuentra la humanidad en el Universo y en el tiempo.

Vosotros creéis en los horóscopos, creéis en vuestra dependencia completa de la posición de los planetas. Esta creencia se alcanza con ayuda de los mecanismos de las fuerzas oscuras. Esta creencia está frenando el avance del tiempo de luz, permitiendo al paralelo de oscuridad moverse hacia delante y agrandar su magnitud. Esta creencia os desvía de la comprensión de la verdad, de la esencia de vuestra existencia terrenal.

Analízalo atentamente. Piensa: Dios creó al Hombre a su imagen y semejanza. Al Hombre se le da la mayor libertad: la libertad de elección entre lo oscuro y lo luminoso.

Al Hombre se le da el alma. Todo lo visible está bajo el dominio del Hombre y él es libre incluso en su relación con Dios, libre de amarle o no. Nada ni nadie puede dirigir al Hombre, aparte de su voluntad. Dios quiere el amor del Hombre en respuesta a su amor, pero quiere el amor de un Hombre libre, perfecto y semejante a Él.

Dios creó todo lo visible, también los planetas. Éstos sirven para asegurar el orden y la armonía de todo lo vivo: de las plantas y del mundo animal. También ayudan a la parte carnal humana, pero no tienen ellos poder sobre el alma y la mente del Hombre, en absoluto. No son ellos quienes encauzan al Hombre, sino que es el Hombre quien mueve a todos los planetas a través de su subconsciente.

Si una persona manifestara el deseo de que en el cielo se encendiera otro sol, éste no aparecería. Las cosas están organizadas así para que no ocurra una catástrofe planetaria.

Pero si toda la gente simultáneamente quisiera un segundo sol, éste aparecería.

Para hacer un horóscopo, es necesario, antes que nada, considerar los valores principales: el nivel de conciencia temporal de la persona, su fuerza de voluntad y la de su espíritu, las aspiraciones de su alma y el grado de participación de ésta en el instante de la existencia presente.

Días favorables o desfavorables, tempestades magnéticas, presión alta o baja... da igual, la voluntad y la conciencia lo vencen todo con facilidad.

¿Acaso no has visto a una persona feliz y alegre en un día encapotado o lluvioso, o al revés, a una persona triste y decaída en un día de sol, con el tiempo de lo más favorable?

Piensas que estoy fantaseando como una loca cuando hablo de que las combinaciones y fórmulas de letras que puse en el libro van a curar e iluminar a la gente. No me crees porque no entiendes... Y en realidad es tan sencillo...

Pues ahora mismo te estoy hablando en tu lengua, con tus propios giros y, a veces, hasta con tus mismas entonaciones trato de hablarte. Te será fácil recordar lo que te estoy diciendo, ya que esto es tu lengua, la que te es propia solamente a ti, aunque también sea comprensible para mucha gente. Esta lengua tuya no tiene palabras incomprensibles o giros poco habituales. Es sencilla, y por eso es comprensible para la mayoría. Pero yo cambio las palabras un poco, como que las transpongo sólo un poquito. Ahora, al escucharme, te encuentras en un estado excitado y por lo tanto, al recordar este estado, recordarás todo lo que yo te estoy diciendo. Y lo escribirás.

Así, en lo que escribas, también se estarán metiendo mis combinaciones de letras.

Éstas son muy importantes. Pueden obrar maravillas, como una oración. En efecto, muchos de vosotros ya sabéis que las oraciones no son otra cosa que determinadas conexiones y particulares combinaciones de letras. Estas conexiones y combinaciones, son construidas por personas iluminadas con la ayuda de Dios.

Las fuerzas oscuras han aspirado siempre a privar al Hombre de la posibilidad de usar la bienaventuranza que emana de estas combinaciones. Para conseguirlo, ellos han ido haciendo incluso cambios en el idioma, han ido introduciendo palabras nuevas y han ido eliminando las viejas o tergiversando su sentido. Antes, por ejemplo, en vuestro idioma había cuarenta y siete letras, ahora sólo quedan treinta y tres. Las fuerzas oscuras han ido aportando sus propias combinaciones y fórmulas, agitando lo bajo y oscuro, se han esforzado por arrastrar al Hombre a la concupiscencia y pasiones carnales. Pero yo he trasladado las combinaciones primigenias usando solamente las letras y los símbolos de hoy en día y ahora ellas serán eficaces. ¡Me he esforzado tanto buscándolas! ¡Y las he ido encontrando! Recogí todo lo mejor de los diferentes tiempos. Recogí mucho. Las escondí en aquello que escribirás.

Como ves, esto es simplemente la traducción de las combinaciones de los signos de las profundidades de la eternidad e infinidad del Cosmos, exacta en sentido, significado y propósito.

Tú escribe todo lo que has visto, no te calles nada, ni lo malo, ni lo bueno, ni lo íntimo: entonces, ellas se conservarán. Tú mismo te vas a cerciorar de esto. Créeme, por favor, Vladimir. Te convencerás cuando lo escribas. En muchos de los que van a leer lo que escribas, se van a suscitar sentimientos y emociones que aún no serán comprendidos del todo por ellos, ni se les dará sentido todavía. Serán ellos los que te lo confirmarán. Verás y oirás que lo confirmarán. Y les aparecerán los sentimientos luminosos, y entonces muchos comprenderán por sí mismos, con ayuda de estos sentimientos, mucho más de lo que haya sido escrito por ti.

Escribe al menos un poquito. Cuando te convenzas de que la gente siente estas combinaciones, cuando te lo confirmen diez, cien, mil personas, te lo creerás y lo escribirás todo. Sólo, confía. Confía en ti. En mí confía.

Posteriormente, podré hablarte de cosas aún más significativas, y ellos lo van a comprender y sentir. Y lo más significativo es la crianza de los niños. Te resultó interesante saber sobre los platillos volantes y otros mecanismos, sobre los cohetes y los planetas. Y yo, lo que deseaba tanto era hablarte más acerca de la crianza de los niños, y lo haré, lo contaré cuando te haga a ti concebir una mayor conciencia.

Sin embargo, todo esto ha de ser leído cuando no haya interferencias de sonidos de mecanismos artificiales, hechos por manos humanas. Estos sonidos perjudican y desvían al Hombre de la verdad. Que se oigan sólo los sonidos del mundo natural, creado por Dios. Ellos llevan en sí la información de la verdad, la bienaventuranza, y ayudan a la elevación de la conciencia. Y entonces, la curación será mucho más fuerte.

Claro, otra vez dudas y no crees en la fuerza curativa de la palabra, piensas que yo...

Pero aquí tampoco hay mística, fantasía o contradicciones a las leyes de la existencia espiritual.

Cuando aparecen en una persona los sentimientos luminosos, estos, necesariamente, ejercen una influencia beneficiosa absolutamente en todos los órganos de la carne.

Precisamente los sentimientos luminosos, son el remedio más fuerte y eficaz para resistir cualquier enfermedad. Con ayuda de estos sentimientos, curaba Dios, y así obraban también los santos. Lee el Antiguo Testamento, te cerciorarás por ti mismo.

Con ayuda de estos sentimientos, puede curar también alguna gente de vuestro mundo.

Muchos de vuestros médicos saben esto. Pregúntales a ellos si no me crees a mí.

Ciertamente, te resulta más fácil creerles a ellos. Cuanto más fuerte y más luminoso es este sentimiento, tanto más grande es la influencia que ejerce en aquel a quien se dirige.

Siempre he podido curar con mi rayito. Siendo aún una niña, el bisabuelo me enseñó y explicó todo. Lo he hecho muchas veces con mis dachniks.

Ahora, mi rayito es muchas veces más fuerte que los del abuelo y el bisabuelo. Ellos dicen que es porque apareció en mí el sentimiento que se llama amor.

Este sentimiento es tan grande, tan agradable... y un poquito abrasador. Siento deseos de regalarlo a toda la gente y a ti. Se me manifiesta el deseo de que todos se sientan bien y que todo esté bien, como Dios quiso que fuera.

Anastasia pronunció su monólogo con una inspiración y una seguridad extraordinaria.

Como lanzándolo al espacio y el tiempo. Y se quedó callada. Yo miraba a Anastasia pasmado por su ardor y seguridad insólitos, después pregunté:

-¿Esto es todo, Anastasia? ¿No hay algún matiz más en tus planes, en el sueño?

-Lo demás, Vladimir, son menudencias. Nada de gran importancia. Las incluí sobre la marcha, como multiplicando “dos por dos”. Hubo sólo una complicación, que te concernía a ti, pero también la solucioné.

-Pues, háblame más detalladamente de eso, anda. ¿Cuál es esta complicación que me concierne?

-Verás, yo te hice la persona más rica de la Tierra. Y también te hice el más famoso.

Así sucederá dentro de un tiempo. Pero cuando el sueño estaba detallándose... Cuando éste todavía no había levantado el vuelo llevado por las fuerzas luminosas... Las fuerzas oscuras... están siempre intentando aportar lo suyo, lo pernicioso. Tratan de aportar todo tipo de efectos secundarios de su parte, que ejercen una influencia perniciosa en la persona a quien concierne este sueño, y también en otra gente.

Mis pensamientos volaban muy-muy rápidamente, pero las fuerzas oscuras no cedían.

Dejaron muchas de sus tareas terrenales y procuraron incorporar sus mecanismos alrededor de mi sueño, y entonces lo ingenié... Fui más astuta que ellos. Hice que todos sus mecanismos acabaran funcionando para el bien. Las fuerzas oscuras se desconcentraron durante menos de un instante, pero eso fue suficiente para que mi sueño fuera cogido al vuelo por las fuerzas luminosas, que se lo llevaron rápidamente a la infinidad de la luz, inalcanzable para las fuerzas oscuras.

-¿Qué es lo que ingeniaste, Anastasia?

-Inesperadamente para ellas, prolongué un poquito el lapso de tiempo de las fuerzas oscuras, durante el que tendrás que ir venciendo las diferentes dificultades. Y también me privé a mí misma de la posibilidad de ayudarte con mi rayito. Y ellos se quedaron estupefactos, no viendo en esto lógica alguna por mi parte. Y yo mientras tanto, rápido- rápido enviaba luz a la gente que se va a relacionar contigo en el futuro.

-¿Qué significa todo esto?

-A ti y a mi sueño ayudará la gente. Con sus pequeños, casi incontrolados rayitos.

Pero serán muchos, y vosotros juntos haréis realidad el sueño en el mundo físico. Os transportaréis por encima del tiempo de las fuerzas oscuras. Transportaréis a los otros.

Y no vas a ser arrogante ni avaro, cuando seas rico y famoso. Porque entenderás que el dinero no es lo principal, ya que nunca comprará el calor ni el sincero compartir del alma humana.

Lo comprenderás cuando estés pasando por ese intervalo de tiempo, cuando veas y conozcas a esta gente. Y ellos también lo comprenderán. Y lo de las flexiones... lo de tus relaciones con los bancos, lo inventé por si acaso también porque no miras por tu cuerpo en absoluto. Y así, al menos, harás gimnasia cuando vayas a recibir dinero del banco, y algunos banqueros también. Y que sea esto un poquito ridículo. Pero te librarás de la pecaminosa soberbia.

Así es que ha resultado que todas las dificultades y obstáculos que las fuerzas oscuras idearon en su lapso de tiempo, van a fortaleceros a ti y a los de tu alrededor. Os van a hacer más conscientes, y os protegerán en lo sucesivo de las tentaciones oscuras de las que ellas se enorgullecen tanto. Las propias acciones de las fuerzas oscuras os protegerán. Por eso ellas se desorientaron durante menos de un pequeño instante, y ahora ya nunca alcanzarán mi sueño.

-¡Anastasia! ¡Mi querida soñadora, mi fantaseadora!

-¡Ay...! ¡Qué bien has hecho! ¡Gracias! Te lo agradezco. Has dicho tan bien: “Mi querida”.

-De nada. Pero te he llamado “fantaseadora” también, “soñadora”. ¿No te ofende eso?

-No me ofende, en absoluto. Es que tú todavía no sabes de qué manera precisa se materializan siempre los sueños míos cuando me salen tan vívidos y detallados. Éste se materializará necesariamente. Es mi favorito y el más vívido. Y el libro va a resultar también así. En la gente aparecerán sentimientos extraordinarios. Estos sentimientos llamarán a la gente...

-Espera Anastasia, otra vez empiezas a entusiasmarte. Tranquilízate.

* * *

No pasó mucho tiempo después de que corté el ardiente discurso de Anastasia, que me parecía no más que una fantasía.

Yo no llegaba a entender del todo el sentido encerrado en aquel monólogo suyo. Todo lo que dijo me parecía demasiado fantástico. Fue tan sólo al cabo de un año, que el redactor de la revista “Chudesá y pricliuchéniya” (Maravillas y aventuras), Mijail Fýrnin (61), que había leído el manuscrito con este monólogo, me entregó emocionado el último número de su revista (de mayo de 1996).

La emoción me embargó a mí también, cuando conocí su contenido. Dos grandes científicos a la vez, los académicos Anatoli Aquímov (62) y Vlail Kaznachéyev (63), en sus artículos, hablaban sobre la existencia de la Razón Suprema, sobre la intercomunicación estrecha entre el Hombre y el Cosmos, sobre los rayos que emanan del Hombre, que no pueden ser apreciados por el ojo humano a simple vista. Con unos dispositivos especiales se les había podido fotografiar y en la revista se insertaron dos fotos de estos rayos que emanan de las personas.

Sin embargo, la ciencia estaba apenas empezando a hablar de algo que, no sólo conocía ya Anastasia desde su infancia, sino que además lo utilizaba con facilidad en su vida cotidiana, tratando de ayudar a la gente.

¿Cómo podía haber yo sabido un año atrás, que esa chica que se presentaba ante mí con su viejita y única falda, calzada con esas galoshas con pinta de incómodas, toqueteando nerviosamente los botoncitos de su blusa –esa chica llamada Anastasia–

poseía en verdad conocimientos colosales y la habilidad de influir en los destinos de la gente? O que los arrebatos de su alma, son en verdad capaces de oponerse a lo oscuro y pernicioso para la humanidad. Que el conocido sanador-naturista, presidente de la fundación de los sanadores de Rusia, V. A. Mirónov (64) iba a reunir a sus ayudantes y les iba a decir: “Todos somos bichos ante ella”. Y añadiría que el mundo no había conocido todavía una fuerza más grande que la de ella y lamentaría que yo estuviera tanto tiempo sin comprenderla.

Muchos iban a sentir la energía de enorme fuerza que emana del libro.

Tras la primera pequeña tirada de este libro, cuya autoría, según considero, es mérito también de Anastasia, iban a comenzar a caer los primeros versos lavando la suciedad como lluvia de primavera.

Pues bien, estimado lector, éste es el libro que estás sosteniendo en tus manos y leyendo en este momento. Si éste despierta sentimientos en tu alma o no, sólo a ti te corresponde juzgar. ¿Qué sientes? ¿A qué te está llamando?

Anastasia, quedándose sola en su claro de la taiga, iba a ahuyentar tenazmente con su rayito de bondad cualquier obstáculo que se interpusiera en su sueño. Ella iba a ir reuniendo e inspirando cada vez a más gente nueva para que éste se vaya haciendo una realidad.

Y así, en momentos difíciles para mí, tres estudiantes moscovitas iban a venir a mi lado e iban a apoyarme, sin recibir por su trabajo retribución monetaria alguna (e incluso ayudándome a mí económicamente). Ganando su sueldo donde quiera que podían, ellos –especialmente Liósha Novichkov– pasarían noches escribiendo el texto de “Anastasia” en sus ordenadores.

Ellos no dejarían su trabajo de mecanografiado ni siquiera cuando comenzara su periodo duro de exámenes.

La imprenta undécima de Moscú sacaría a la luz el libro con una tirada de dos mil ejemplares. Lo publicaría evitando la editorial. Pero aun antes de esto, la periodista Yevguéniya Kvitkó del periódico de granjeros “Krestyánskiye védomosti” (Gaceta de Campesinos) sería la primera en hablar de Anastasia en la prensa. Después, Katia Goloviná de “Moscóvskaya pravda” (La Verdad Moscovita), después “Lesnáya gazeta” (Gaceta Forestal), “Mir novostéi” (El Mundo de las Noticias), radio Rossii (Radio de Rusia). La revista “Chudesá y pricliuchéniya” (Maravillas y aventuras), la cual publica artículos de reconocidos científicos eminentes, concedería a Anastasia, desatendiendo la tradición, varios números. En ella se escribiría: “En sus sueños más atrevidos, los académicos no llegan a alcanzar las percepciones de Anastasia: mujer sabia de la taigá siberiana. La pureza de los pensamientos hace al Hombre omnipotente y omnisapiente.

El Hombre es la cima de la creación”.

Sólo la prensa seria de la capital publicaría Anastasia. Como si la propia Anastasia la hubiera ido eligiendo, evitando los periodicuchos, y protegiendo cuidadosamente la pureza de su sueño.

Pero todo esto no llegó a estar claro para mí hasta un año después del encuentro con ella. Y en aquel entonces, sin entenderla muy bien, y sin creerla del todo, yo saqué mi propia idea de toda aquella experiencia, y traté de cambiar el tema a uno con el que yo estaba más familiarizado: el de los empresarios.



# La gente fuerte

La más alta evaluación de tu personalidad viene de la gente que te rodea.

Anastasia me habló bastante rato de la gente a la que llamamos empresarios, acerca de su influencia en la espiritualidad de la sociedad, y después, cogió un palito y dibujó un círculo en la tierra. Dentro de éste, dibujó muchos circulitos con un punto en el centro de cada uno. Al lado de este círculo puso otros. Era como una especie de mapa de planetas dentro del mundo terrenal. Siguió añadiendo muchos más circulitos y dijo:

-El círculo grande es la Tierra, un planeta en el que vive gente. Los circulitos pequeños son pequeñas colectividades de gente unida entre sí por algo. Los puntos son la gente que encabeza estas colectividades. De la forma en que estas personas que están a la cabeza tratan a la gente, de lo que les obligan a hacer, del clima psicológico que están creando utilizando su influencia, va a depender el que la gente que les rodea se sienta bien o mal. De cada persona que se siente bien, emana una irradiación luminosa, y si la mayoría se siente bien, de la colectividad en general emana esta irradiación luminosa. Si la mayoría se siente mal, entonces la irradiación es oscura.

Y ella sombreó algunos de los circulitos haciéndolos oscuros.

-Por supuesto, muchos otros factores influyen también en el estado interior de las personas, pero cuando se encuentran en esta colectividad, el principal factor son las relaciones con el que está a la cabeza. Para el Universo es muy importante que de la Tierra como un todo, emane la irradiación luminosa. La irradiación de la luz del amor y la bondad. Esto está escrito en la Biblia también: “Dios es Amor”.

Siento lástima, me da mucha pena de las personas a quienes llamáis empresarios, ellos son los más infelices de todos. Yo quisiera tanto ayudarles, pero es difícil para mí hacerlo sola.

-Te equivocas, Anastasia. Nosotros consideramos infelices a los jubilados, a la gente que no sabe buscar trabajo y abastecerse de vivienda, ropa o alimentos necesarios.

El empresario es la persona que tiene todo esto en mayor medida que los otros. Le son accesibles placeres con los que los otros no pueden ni soñar.

-¿Cuáles, por ejemplo?

-Pues, incluso si hablamos de un empresario medio, éste tiene un coche moderno y un apartamento. O sea, que la ropa y la alimentación no le suponen un problema en absoluto...

-¿Y alegría? ¿En qué encuentra él satisfacción? Ven y mira por ti mismo.

Anastasia me condujo otra vez a la hierba y, así como la primera vez en la que me enseñó la mujer-dáchnik, me empezó a mostrar otras imágenes.

-¿Lo ves? Ahí lo tienes, sentado, precisamente, en un coche al que tú llamarías muy chic. ¿Ves? Con todo el asiento trasero para él, con temperatura climatizada. El chofer conduce muy suavemente. Pero mira qué tensa y pensativa está la cara del empresario en el asiento trasero, está pensando, componiendo algunos planes, tiene miedo de algo, mira: ahora ha agarrado eso que llamáis teléfono. Está preocupado... Ya, acaba de recibir una información... ahora tiene que apreciarla rápidamente y tomar una decisión.

Está todo tenso... Está pensando. Hecho. La decisión está tomada. Ahora mira, mira, parece tranquilo, pero en su cara hay duda e inquietud. Y no hay ninguna alegría.

-Es trabajo, Anastasia.

-Es un modo de vida que no tiene un rayo de esperanza desde el momento de despertar hasta el momento de dormir, ni incluso en los sueños. Y no ve él ni las hojas que se abren en los árboles ni los arroyos de primavera.

Alrededor, los eternos envidiosos, que desean adueñarse de lo que él tiene. El intento de protegerse de ellos con los que llamáis guardaespaldas y con una casa que parece una fortaleza, no consigue darle una tranquilidad completa, ya que el miedo y las preocupaciones están dentro de él y siempre se quedan con él.

Así hasta la misma muerte, y justo antes del final de su vida, él tiene un sentimiento de pesar por tener que dejarlo todo...

-El empresario tiene alegrías. Éstas vienen cuando alcanza su resultado deseado, cuando lleva a cabo el plan premeditado.

-No es verdad. No tiene tiempo para disfrutar de lo alcanzado, en sustitución viene otro plan más complicado aún, y todo vuelve a empezar de nuevo, sólo que con mayores dificultades.

La bella del bosque dibujaba ante mí un cuadro muy lóbrego y triste de la, aparentemente, próspera clase de nuestra sociedad, pero me resistía a creer en este cuadro. Le hice una observación intentando contra-argumentar su teoría:

-Te olvidas, Anastasia, de su habilidad para alcanzar el objetivo que se propongan y obtener bienes materiales, de las miradas de admiración de las mujeres y del respeto que sienten por ellos los que les rodean.

A lo que ella respondió:

-Eso es ilusión. No hay nada de eso. ¿Dónde has visto una mirada de admiración o respeto por parte de la persona que está mirando al pasajero de un coche chic o al propietario de la vivienda más suntuosa? Ni una sola persona te confirmará lo que has dicho. Son miradas de envidia, de indiferencia, de irritación. Y es más, las mujeres no pueden amar a estos hombres, porque su sentimiento se mezcla con el deseo de poseer no sólo a esta persona, sino también, lo que éste tiene. A su vez, ellos tampoco pueden amar a una mujer de verdad, puesto que no hay posibilidad de desocupar espacio suficiente para un sentimiento tan grande.

Era inútil buscar más argumentos porque lo dicho por ella sólo podía ser confirmado o rebatido por aquellos de quienes hablaba. Siendo yo mismo un empresario también, nunca había reflexionado en aquello que decía Anastasia, no había analizado la cantidad de minutos de alegría que yo tenía y menos aún podía hacerlo por los otros. No es habitual entre empresarios andar gimoteando o quejándose, todos tratan de mostrarse prósperos y satisfechos de la vida.

Y es por esto, quizás, que se ha formado en la mayoría, la imagen estereotipada del empresario como persona que sólo recibe de la vida bienes incesantes. Anastasia captaba, no las manifestaciones exteriores, sino los más imperceptibles sentimientos que se ocultan dentro. Ella determinaba el estado de la persona por la cantidad de luz que veía. Respecto a las imágenes y situaciones que ella veía, me pareció que yo las estaba visualizando más por escucharla a ella que por verlas por mí mismo. Se lo dije a Anastasia. Ella contestó:

-Te ayudaré ahora. Es sencillo. Te tumbas en la hierba y cierras los ojos, los brazos abiertos a los lados y tienes que relajarte. Mentalmente imagina toda la Tierra, intenta ver su color y la luminiscencia azulada que emana de ella. Después, ve estrechando el rayo de tu imaginación, no sigas abarcando con él toda la Tierra, sino hazlo cada vez más y más estrecho hasta que veas detalles concretos. Busca a la gente allí donde la luz azulada sea más intensa. Ve estrechando aún más tu rayito y verás a una persona o a varias. Vamos a probar otra vez con mi ayuda.

Ella me cogió de la mano, extendió sus dedos a lo largo de los míos, apoyando las puntas de sus dedos en la palma de mi mano. Los dedos de su otra mano, que tenía sobre la hierba, estaban dirigidos hacia arriba. Mentalmente, hice todo lo que ella me dijo, y no muy claramente, ante mí se apareció una escena de tres personas sentadas a la mesa que hablaban entre ellos con excitación. Sus palabras no me resultaban nada entendibles. No oía lo que hablaban en absoluto.

-No -dijo Anastasia-, no son empresarios. Ahora los encontraremos.

Ella buscaba y buscaba con su rayito, yendo a parar a grandes y pequeños despachos, clubes privados, festines y burdeles... La luminiscencia azulada era, o muy débil, o no la había en absoluto.

-Mira, allí ya es de noche y él todavía está sentado solo en el despacho lleno de humo, algo no le cuadra a este empresario. Y éste, mira qué contento, en la piscina rodeado de chicas. Está achispado pero no hay luminiscencia. Sólo intenta olvidarse de algo. La impresión de estar contento consigo mismo es pura apariencia.

Mira, éste está en casa. Aquí está su mujer, el niño le está preguntando algo...

Teléfono... ¿Lo ves? Ahí lo tienes, otra vez se ha puesto serio, hasta sus seres cercanos pasan a un segundo plano...

Y de nuevo, una tras otra, se iluminaban situaciones de toda clase, alternándose las aparentemente buenas y las no tan buenas, hasta que nos chocamos con esta escena terrorífica. De repente, apareció una habitación, en un apartamento bastante respetable, según parecía, pero...

En una mesa redonda había un hombre desnudo tumbado, con piernas y manos atadas a las patas de la mesa. La cabeza le colgaba, la boca amordazada con cinta de embalaje.

Dos hombres jóvenes de complexión robusta estaban sentados a la mesa, uno tenía el pelo muy corto, el otro, no tan robusto, con el pelo repeinado hacia atrás con brillantina.

En el sillón, a cierta distancia, bajo una lámpara de pie, estaba sentada una mujer joven.

Su boca también estaba amordazada, bajo el pecho estaba atada con un cordel de tender la ropa, apretándola contra el sillón. Cada pierna estaba atada a una pata del sillón. Ella sólo llevaba puesta una camisa interior desgarrada. Al lado de ella se sentaba un hombre delgado de edad avanzada y estaba bebiendo algo, coñac seguramente. En una mesa pequeña delante de él había chocolate. Los que estaban sentados a la mesa redonda no bebían. Ellos vertieron sobre el pecho del hombre que estaba tumbado un líquido -vodka o alcohol- y le prendieron fuego. “Ajuste de cuentas”, -entendí yo.

Anastasia apartó su rayito de esta escena. Pero yo exclamé:

-¡Vuélvete, haz algo!

Ella volvió a la escena y contestó:

-No se puede. Ya sucedió todo. No se puede detener, había que hacerlo antes, ahora es tarde.

Yo miraba como hechizado y de repente vi claramente los ojos de la mujer: sus ojos llenos de horror ni siquiera imploraban misericordia.

-¡Pues, haz algo por lo menos, si es que tienes corazón! -le grité a Anastasia.

-Pero esto no está dentro de mis fuerzas, ya está como programado de antes, y no por mí. No puedo intervenir directamente. Ellos son ahora más fuertes.

-¿Y dónde está, entonces, esa bondad tuya, tus poderes?

Anastasia no dijo nada más. La horrible escena se enturbió un poco. Después, de repente, el hombre de edad, que bebía coñac, desapareció.

De pronto sentí debilidad en todo mi cuerpo.

También sentí cómo se me empezaba a entumecer la mano que Anastasia estaba tocando.

Oí su voz algo debilitada. Ella, articulando las palabras con dificultad, pronunció:

-Quita tu mano, Vladimi... -No pudo ni tan si quiera terminar mi nombre.

Levantándome, tiré de mi mano, apartándola de Anastasia.

El brazo me colgaba como muerto, como ocurre cuando se te duerme un miembro, y se me puso todo blanco. Empecé a mover los dedos y la sensación de entumecimiento comenzó a disiparse.

Miré a Anastasia y me horroricé. Sus ojos estaban cerrados. El sonrosado de su rostro había desaparecido. Parecía no haber ni una gotita de sangre bajo la piel de sus manos y su cara. Ella estaba ahí tumbaba, como si no tuviera aliento. La hierba a su alrededor, con un radio de aproximadamente tres metros, también estaba blanca y marchitada.

Entendí que había pasado algo terrible y grité:

-Anastasia, ¡¿qué te ha ocurrido, Anastasia?!

Pero ella no reaccionó de ninguna manera a mi grito. Entonces la agarré por los hombros y sacudí su cuerpo, que ya no estaba elástico, sino algo flácido. Pero todavía, sus labios, absolutamente blancos, desangrados, no decían nada.

-¿Me oyes, Anastasia?

Sus pestañas se levantaron apenas un poco, y me miraron sus ojos apagados, que ya no expresaban nada. Agarré la cantimplora con agua, levanté la cabeza de Anastasia e intenté darle de beber, pero ella no pudo tragar. La miraba, y febrilmente pensaba qué hacer.

Por fin, sus labios empezaron apenas a moverse y susurraron:

-Llévame a otro lugar... al árbol...

Levanté su flácido cuerpo y lo llevé más allá del círculo de hierba blanca, la puse bajo el cedro más cercano. Al cabo de un rato, empezó a recobrarse poco a poco y le pregunté:

-¿Qué es lo que te ocurrió, Anastasia?

-Traté de cumplir tu petición -quedamente contestó ella y, después de un minuto, añadió: -Creo que lo conseguí.

-Pero si tienes muy mal aspecto... ¡Si casi te mueres!

-Transgredí las leyes naturales. Me entrometí en lo que no debo entrometerme. Esto requirió todas mis fuerzas, toda mi energía. Me sorprende que fuera suficiente.

-¿Para qué te arriesgaste si es tan peligroso?

-No tenía otra salida. Tú querías que lo hiciera. Tenía miedo de no cumplir tu petición... temía que me dejaras de respetar absolutamente. Ibas a pensar que yo sólo hablo y hablo siempre... pero no puedo hacer nada en la vida real.

Sus ojos me miraban implorantes y suplicantes, y con apenas un hilo de voz un poco temblorosa me dijo:

-Pero no puedo explicarte cómo se hace esto, cómo funciona este mecanismo natural, yo lo siento, pero explicártelo para que te sea comprensible, no puedo, y lo más probable es que vuestros científicos tampoco podrán hacerlo todavía.

Bajó la cabeza, estuvo callada durante un rato, como recobrando fuerzas. Otra vez me miró con los ojos suplicantes y pronunció:

-Ahora aún más vas a considerarme anormal o bruja.

Y súbitamente me entraron muchas ganas de hacer algo bueno por ella, ¿pero qué?

Quería decirle que la consideraba una persona normal, ordinaria, una mujer guapa e inteligente, pero en realidad, no tenía la sensación de una actitud ordinaria hacia ella, y ella con su intuición no me creería.

De repente, me acordé de su relato sobre cómo habitualmente en su infancia la saludaba su bisabuelo. Cómo el bisabuelo de pelo blanco apoyaba una rodilla ante la pequeña Anastasia y le besaba la manita. Me puse ante Anastasia con una rodilla en el suelo, cogí su mano aun pálida y un poco fría, la besé y dije:

-Si eres anormal, entonces eres la mejor, la más buena, inteligente y guapa de todas las anormales.

Por fin, otra vez se esbozó una sonrisa en los labios de Anastasia, sus ojos me miraban con gratitud. Empezó a volverle el sonrosado de sus mejillas.

-Anastasia, esa escena ha sido bastante lóbrega. ¿La elegiste a propósito?

-Estaba buscando al menos un ejemplo de alguna situación buena pero no la encontré. Están todos atrapados en las tenazas de sus preocupaciones. Afrontan sus problemas en completa soledad. No tienen, prácticamente, comunicación espiritual.

-¿Qué hay que hacer entonces? ¿Qué puedes proponer, aparte de sentir lástima por ellos? Y tengo que decirte: son gente fuerte, los empresarios.

-Muy fuerte -asintió ella-, e interesante. Es como si vivieran dos vidas en una.

Una vida, la conocen sólo ellos, ni tan siquiera sus seres cercanos, y la otra es la vida hacia afuera, para los que les rodean. Y lo de ayudarles, hay que hacerlo, creo, por medio de incrementar la comunicación espiritual y sincera entre ellos. Para lograrlo, se necesita tener una aspiración clara y abierta a la pureza de pensamientos.

-Anastasia, quizás intente hacer lo que me has pedido. Trataré de escribir un libro, y crear una asociación de empresarios con pensamientos puros también, pero sólo de una forma que yo mismo pueda entender.

-Te será difícil. No podré ofrecerte ayuda suficiente, me quedan pocas fuerzas. Van a tardar mucho tiempo en restablecerse. Ahora, no podré ver a distancia con mi rayito durante un tiempo. Es con la vista ordinaria, y no te veo muy bien ahora.

-¿Qué pasa, Anastasia, te estás quedando ciega?

-Creo que todo se restablecerá. Sólo es una pena que durante un tiempo no te podré ayudar.

-No tienes que ayudarme, Anastasia. Intenta guardar tus fuerzas para el niño y ayuda a los otros.

* * *

Necesitaba marcharme para alcanzar la nave. Después de aguardar hasta que ella casi había recobrado su apariencia habitual, al menos exteriormente, me subí a la lancha.

Anastasia agarró el mango de la proa y la empujó fuera de la orilla. La lancha quedó a flote y se movió con la corriente.

Anastasia estaba con el agua casi hasta las rodillas, su falda larga se había mojado y ondeaba con las olas.

Tiré fuertemente del cordón de arranque. El motor lanzó un rugido, desgarrando el silencio al que me había acostumbrado en esos tres días, y la lancha avanzó fuertemente, alcanzando cada vez más velocidad, alejándose de la anacoreta de la taigá, que quedaba sola en las aguas ribereñas.

De repente, Anastasia rápidamente salió del agua y se puso a correr por la orilla como para alcanzar la lancha.

Sus cabellos, que flotaban en el aire debido al viento de cara, parecían la cola de un cometa. Trataba de correr muy rápido, utilizando, quizás, todas sus fuerzas, para lograr lo impensable: alcanzar la lancha veloz. Pero esto, ni siquiera ella podía hacerlo. La distancia entre nosotros poco a poco se fue acrecentando. Me dio lástima de sus esfuerzos vanos y, deseando poner fin a este penoso momento de despedida cuanto antes, apreté la palanca de gas hasta el mismo tope con todas mis fuerzas. Por mi mente se cruzó la idea de que Anastasia podía pensar que otra vez había tenido miedo de ella y me largaba a todo gas.

El motor, que rugió desgarradoramente, hizo que la proa de la lancha se levantara por encima del agua, y se precipitó hacia delante aún más rápido, más rápido aún aumentando la distancia entre nosotros...

Y ella... ¡Dios mío! ¿Qué está haciendo?...

Anastasia, sin pararse, dio un fuerte tirón a la falda mojada que le dificultaba para correr y arrojó de sí la ropa desgarrada. La rapidez de su carrera aumentó y ocurrió lo increíble: la distancia entre ella y la lancha empezó a acortarse gradualmente.

Delante de su camino se divisaba un montículo casi vertical. Yo seguía metiéndole presión a la ya indoblegable palanca de gas, y pensé que el montículo la pararía y pondría fin a esta escena atormentadora para mí.

Pero Anastasia continuaba su carrera impetuosa, de vez en cuando extendía las manos ante sí, como palpando el espacio.

¿Será cierto que la vista se le ha empeorado tanto? ¿Es que no ve el montículo?

Anastasia subió corriendo el montículo, sin disminuir su rapidez en absoluto, cayó de rodillas, gritó levantando las manos al cielo y un poco hacia mí. Oí su voz a través del feroz rugido del motor y el ruido del agua, la oí como un susurro:

-¡¡Delante hay baancos de areeena, baaancos de areeena, troooncos hundiiidos!!

Rápidamente, volviendo la cabeza, sin tener tiempo aún de entender completamente lo que estaba ocurriendo, giré el timón tan fuertemente que la lancha, disparada hacia un lado, se inclinó tanto por la borda que por poco se llenó de agua.

Un enorme tronco que estaba anclado por un extremo en un banco de arena, arañó ligeramente con su otro extremo –apenas visible en la superficie– el costado de la lancha, que se movía velozmente. Con un choque directo habría perforado fácilmente su fino fondo de aluminio.

Una vez que pude salir hacia el canal franco del río, miré hacia atrás, al montículo, y susurré en la dirección de la solitaria figurita arrodillada, que se transformaba en un punto cada vez más pequeño:

-Gracias, Anastasia.

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60
Zoroastro (628-551 A. C): un místico persa también conocido como Zaratustra, que comparaba la naturaleza de Dios con una llama eterna e inalcanzable. El zoroastrismo se practica hoy principalmente en India (donde a sus partidarios se les conoce como parsis) y en áreas apartadas de Irán.

61
Mijail A. Fýrnin: editor para Molodaya Guardia (Guardia joven) donde trabajó especialmente en la serie “Vidas de personas célebres”. Uno de sus últimos proyectos ha sido Colección de pensamientos de Dostoevsky (2003).

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Anatoli Evguényevich Aquímov (1938-2007): Director del Instituto Internacional de Física Teórica y Aplicada de la Academia Rusa de Ciencias Naturales. Ver nota del capitulo 7.

63
Vlail Petróvich Kaznachéyev: miembro prominente de la Academia Rusa de Ciencias de la Medicina de Novosibirsk, especializado en la interrelación entre Hombre y Naturaleza. Veterano condecorado de la II Guerra Mundial. Ha recibido muchos premios por sus investigaciones y publicaciones.

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Vladimir Andréyevich Mirónov: Doctor de Medicina Alternativa, que dirige su propia clínica de terapia naturista en el centro-sur de Moscú, y ha publicado bastantes libros y artículos sobre el tema.



Extracto de: Libro 1 de la Serie Los cedros Resonantes de Rusia, Anastasia, del autor Vladimir Megré, traducido del idioma original ruso al español por Iryna O ?Hara y corregido y editado por Rocío Madreselva.

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