Anastasia. Concierto en la taiga.

Varios/Otros


Le propuse que se viniera a Moscú y saliera por televisión.

Imagínate, Anastasia, con tu belleza, podrías fácilmente ser una top model de nivel mundial.

En ese momento me di cuenta de que las cosas terrenales no le son ajenas y como a cualquier mujer, le agrada sentirse guapa. Anastasia se echó a reír.

¿La más-más bella? ¿Si? ?precisó ella y empezó a hacer teatro como una niña, andando por el claro como una modelo por la pasarela.

Me dieron ganas de reír al verla imitar a una modelo, poniendo una pierna delante de otra y mostrando atavíos imaginarios. Me puse a aplaudir e incorporándome al juego, anuncié:

¡Y ahora, estimado público, atención! Ante ustedes la insuperable gimnasta e incomparablemente bella, Anastasia!

Esta presentación la regocijó aún más. Ella salió corriendo al centro del claro y dio un increíble salto mortal. Primero adelante, después atrás, uno hacia la derecha, otro a la izquierda. Después saltó muy alto, asiéndose con una mano a la rama de un árbol y tras balancearse dos veces, se pasó a otro árbol. Después de haber concluido la actuación con otro salto mortal más, empezó a hacer reverencias coquetamente ante mis aplausos.

Después, salió corriendo del claro y se escondió detrás de un frondoso matorral.

Sonriendo, Anastasia se asomaba desde allí como si estuviera detrás de bastidores, esperando con impaciencia la siguiente presentación. Me acordé de un vídeo con una grabación de mis canciones favoritas interpretadas por cantantes populares. De vez en cuando por las noches lo veía en mi camarote. Al recordar esta cinta, sin pensar si Anastasia podría interpretar siquiera algo, anuncié:

Estimado público, ahora ante ustedes, las mejores estrellas del pop del momento que interpretarán sus mayores éxitos. ¡Atención, por favor!

¡Oh, cómo me equivoqué al dudar de sus habilidades! Lo que ocurrió a continuación fue algo que nunca podría haber imaginado. Apenas había dado un paso desde detrás de sus improvisados bastidores, cuando Anastasia comenzó a cantar con la voz de Alla Pugachova (40). No, no era simplemente una parodia de la gran cantante o una imitación de su voz, sino que Anastasia cantaba sin ningún esfuerzo, transmitiendo vivamente, también las emociones.

Sin embargo, lo más sorprendente no era esto. Anastasia acentuaba ciertas palabras añadiendo algo de sí misma, aportándole matices complementarios, y la canción de Alla Pugachova, cuya ejecución parecía antes imposible de superar, suscitaba ahora toda una gama de sentimientos adicionales, iluminando las imágenes más vívidamente.

Por ejemplo, en la siguiente canción magníficamente interpretada en su totalidad:


Lienzos en su casa gris,
era una vez un pintor,
él amaba a una actriz,
ella amaba la flor.
Su casa entonces vendió,
vendió los cuadros y el lienzo,
con el dinero compró
de flores todo un océano...


Anastasia puso un acento especial en la palabra “lienzo”. Ella gritó esta palabra con asombro y espanto. Precisamente el “lienzo”, lo más preciado que pueda tener un pintor, sin lo cual, ya no puede crear, y sin embargo, él lo entrega por su amada.

Después, cuando cantaba las palabras El tren a lo lejos se la llevó, Anastasia caracterizó al artista enamorado, siguiendo con la mirada el tren que se alejaba y se llevaba para siempre a su amada. Vivificó el dolor de su corazón, su desolación y su perplejidad.

Maravillado como estaba con todo lo que había visto y oído, ni pude aplaudir al final de la canción. Anastasia, después de hacer una reverencia esperó los aplausos durante un rato, y al no oírlos, empezó una nueva canción con más empeño aún. Interpretó todas mis canciones favoritas en el orden en que las tenía grabadas en la cinta de vídeo. Y cada canción, que yo había escuchado tantas veces antes, sonaba ahora, interpretada por ella, más vívida y llena de contenido.

Después de ejecutar la última canción todavía sin oír los aplausos, Anastasia se dirigió hacia sus “bastidores”. Al haberme dejado estupefacto, me quedé sentado y callado todavía un rato más, sintiéndome bajo un efecto insólito. Después me levanté de un salto, me puse a aplaudir y grité:

¡Magnífico, Anastasia! ¡Bis! ¡Bravo! ¡Todos los ejecutantes al escenario!

Anastasia salió con cuidado e hizo una reverencia. Yo todavía gritaba:

¡Bis! ¡Bravo! ?aplaudiendo y zapateando.

Ella también se alegró. Se puso a aplaudir y gritó:

¿Bis significa más?

¡Sí! ¡Más! ¡Y más! ¡Y más!.. ¡Lo haces magnífico, Anastasia! ¡Mejor que ellos mismos! ¡Incluso mejor que nuestras estrellas del pop!

Me callé y empecé a mirar atentamente a Anastasia. Pensé qué polifacética debía de ser su alma si había podido añadir a la interpretación de estas canciones, que ya parecía perfecta, tantos matices nuevos, hermosos y vivos. Ella también se había quedado quieta y me miraba silenciosa e interrogante. Entonces le pregunté:

Anastasia, ¿tienes alguna canción propia? ¿Podrías interpretar algo tuyo, algo que no haya oído antes?

Podría, pero mi canción no tiene palabras. ¿Crees que te podría gustar?

Canta, por favor, tu canción.

Está bien.

Y ella empezó a cantar su singular canción. Anastasia primero lanzó un grito como de recién nacida. Después su voz comenzó a sonar suavemente, con ternura y cariño. Ella estaba bajo un árbol, con las manos estrechadas contra su pecho y la cabeza inclinada, como si arrullara a un bebé y lo acariciara suavemente con su voz, diciéndole algo con ternura. Esta voz silenciosa, admirablemente pura, hizo que todo alrededor de repente se silenciara: incluso los pájaros, y el sonido de las chicharras en la hierba. Después, era como si ella se regocijara al despertarse el niño y su voz dejaba oír su júbilo. Notas increíblemente agudas ya planeaban sobre la tierra, ya despegaban a la altura del infinito. La voz de Anastasia, primero imploraba, después entraba a la lucha, y una vez más, acariciaba al niño y regalaba gozo a todo a su alrededor.

Esta sensación de gozo se introdujo en mí también. Y cuando ella hubo terminado su canción, grité con alegría:

¡Y ahora muy estimadas señoras, señores y camaradas, el único e incomparable número de la mejor domadora del mundo! La más sagaz, atrevida y fascinadora, capaz de amansar a cualquier carnívoro. ¡Miren y palpiten!

Anastasia hasta lanzó un chillido de entusiasmo, saltó, empezó a dar palmadas rítmicamente, gritó algo y dio un silbido. Algo inimaginable comenzó en el claro del bosque.

Primero apareció la loba que saltó de las matas y se paró al borde del claro, mirando a todos lados sin entender nada. A los árboles cercanos al claro, saltando de rama en rama, llegaban raudas las ardillas. Dos águilas volaban bajo, haciendo círculos, y entre las matas se movían algunas fierecillas. Se oyó el chasquido de ramas secas. Abriéndose camino por entre las matas que aplastaba a su paso, entró corriendo al claro un enorme oso y se quedó clavado cerca de Anastasia. La loba comenzó a gruñirle con desaprobación, quizás, porque el oso se acercó demasiado a Anastasia sin recibir invitación para ello.

Anastasia se acercó corriendo al oso, jovialmente acarició su hocico, le cogió por las patas delanteras y lo puso en posición vertical. A juzgar por el hecho de que no parecía que ella estuviera haciendo un enorme esfuerzo físico, el oso debía de estar haciéndolo por sí mismo, obedeciendo sus órdenes en tanto en cuanto las comprendía. Permanecía quieto, esforzándose por entender qué querían de él. Anastasia tomó carrerilla, dio un salto a gran altura, se agarró a la espesa melena del oso, hizo el pino, y bajó de un salto dando una vuelta en el aire. Después agarró al oso por la pata, empezó a inclinarse trayéndose al oso consigo, dando la impresión de que ella lo pasaba por encima de sus hombros. Este truco sería imposible, si el oso no lo estuviera haciendo él mismo.

Anastasia solamente le dirigía. El oso, al principio, empezaba a caerse sobre Anastasia, pero en el último momento se apoyaba con su pata contra la tierra y hacía, seguramente, todo lo posible para no causarle daño a su dueña o amiga. La loba se ponía cada vez más nerviosa, ya no estaba parada, sino que corría de un lado para otro, disgustada, gruñendo.

Al borde del claro aparecieron algunos lobos más, y cuando Anastasia estaba de nuevo “lanzando” al oso por encima de sí, intentando hacerle además dar una voltereta, el oso se desplomó de lado y se quedó inmóvil.

Y ya, poniéndose completamente nerviosa y enseñando los dientes rabiosamente, la loba dio un salto hacia el oso. Con la rapidez de un relámpago Anastasia apareció en el camino de la loba, y ésta, comenzando a frenar con las cuatro patas, dio una voltereta y se golpeó contra los pies de Anastasia, la cual inmediatamente puso una mano en el cogote de la loba obedientemente pegada a la tierra. Con la otra mano empezó a hacer señales igual que hizo cuando yo quise abrazarla sin su consentimiento.

Alrededor de nosotros el bosque se alborotaba. Pero no como amenazado, sino con excitación. La agitación se dejó sentir también en las grandes y pequeñas fieras saltando, corriendo y ocultándose. Anastasia empezó a quitar la agitación. Primero acarició a la loba, le dio unas palmadas en el cogote y la hizo marchar dándole una palmada como a un perro doméstico. El oso permanecía tumbado de lado en una postura poco cómoda, como un espantapájaros caído. Quizás esperaba a ver qué más se requería de él. Anastasia se le acercó, le hizo levantarse, le acarició su hocico y le hizo abandonar el claro de la misma manera que a la loba. Enrojecida, alegre, Anastasia se acercó corriendo y se sentó a mi lado. Inspiró aire profundamente y espiró despacio.

Noté que su respiración en seguida se hizo regular, como si no hubiera hecho esos ejercicios increíbles.

Ellos no entienden de actuaciones de teatro, y no hay necesidad de que lo comprendan, esto no es completamente bueno ?observó Anastasia y me preguntó:

Bueno, ¿cómo estuve? ¿Podría colocarme en algún trabajo en vuestro mundo?

Lo haces magníficamente, Anastasia, pero todo esto ya lo tenemos, nuestros domadores de circo también hacen muchos trucos increíbles con los animales, no podrías abrirte camino a través de la barrera burocrática, un montón de convencionalismos, y chanchullos de todo tipo para colocarte. No tienes ninguna experiencia en esto.

La forma en que seguimos jugando a continuación consistía en analizar las distintas posibilidades sobre dónde podría conseguir Anastasia un empleo en nuestro mundo y cómo podría vencer las formalidades que surgieran. Pero no era fácil encontrar alguna posibilidad por no tener Anastasia certificado de educación ni empadronamiento. Y las historias sobre sus orígenes no las iba a creer nadie, por más extraordinaras que fueran sus habilidades. Poniéndose más seria, Anastasia dijo:

Sin duda, quisiera visitar alguna de las ciudades una vez más, probablemente, Moscú, para ver hasta qué punto soy justa en la modelación de ciertas situaciones de vuestra vida. Por ejemplo, para mí no está completamente claro de qué modo las fuerzas oscuras consiguen embaucar a las mujeres hasta tal punto que, sin ser ni siquiera conscientes de ello, atraen a los hombres con los atractivos de su cuerpo y con ello mismo impiden que los hombres puedan hacer una elección verdadera, cercana a su alma. Y después, ellas mismas sufren las consecuencias, ya que no pueden crear una familia verdadera porque...

Y una vez más, ella entró en razonamientos asombrosos de los que te exigen una toma de conciencia, acerca del sexo, la familia y la crianza de los niños, y no pude sino pensar: “Lo más increíble de todo lo que he visto y oído es su habilidad para hablar acerca de nuestro estilo de vida, y de conocerlo con detalles tan exactos”.



# ¿Quién enciende una nueva estrella?

En la segunda noche, temiendo que Anastasia me metiera su osa otra vez para calentarme o maquinara alguna otra cosa, me negué rotundamente a acostarme, si ella no se acostaba a mi lado. Pensé que si estaba a mi lado no maquinaría nada. Y dije:

Me invitaste, supuestamente, como huésped a tu casa. Yo pensaba que aquí habría, al menos, algunas construcciones, pero ni siquiera me dejas encender una hoguera y encima, me metes bestias por la noche. Si no tienes una casa normal, entonces ¿para que invitas a la gente?

Está bien, Vladimir, no te preocupes por favor, y no tengas miedo. No te ocurrirá nada malo. Si lo deseas, me acostaré a tu lado y te daré calor.

Esta vez la cueva-osera estaba sembrada con aún más ramitas de cedro, y había aún más hierba seca puesta con esmero, cubriendo el suelo, las paredes también estaban cubiertas de ramitas clavadas.

Me desvestí. Puse los pantalones y el jersey bajo mi cabeza. Me acosté, cubriéndome con la cazadora. Las ramitas de cedro desprendían ese aroma que, según la literatura científica de divulgación, descontamina el aire, aunque en la taigá, el aire de por sí es puro y fácil de respirar. La hierba seca y las flores añadían algo más... un aroma inusualmente delicado.

Anastasia cumplió su palabra y se acostó a mi lado. Sentí que la fragancia de su cuerpo excedía todos los olores. Era más grato que el más delicado de los perfumes que yo hubiera podido respirar alguna vez del cuerpo de una mujer. Pero ahora, ni se me pasaba por la mente poseerla. Después de aquel intento de hacerlo en el camino hacia el clarito de bosque de Anastasia, el miedo que se apoderó de mí entonces, y la pérdida de conciencia, no me surgieron más deseos lascivos, ni tan siquiera cuando la veía desnuda.

Mientras estaba acostado, soñaba con el hijo que mi mujer nunca me dio. Y pensé:

“¡Qué bueno sería si me naciera un hijo de Anastasia! Ella es tan sana, tan resistente y bella. Entonces, el niño también sería sano. Se parecería a mí. Bueno, a ella también, pero más a mí. Se hará una persona fuerte e inteligente. Va a saber mucho. Llegará a ser una persona de talento y feliz”.

Imaginé a mi hijo siendo un bebé, pegado a los pezones de su pecho e involuntariamente puse la mano sobre el elástico y caluroso pecho de Anastasia.

Inmediatamente, un temblor recorrió todo mi cuerpo y al momento se disipó, pero no era de miedo, sino excepcionalmente agradable. No retiré la mano, simplemente esperaba, conteniendo la respiración, a ver qué ocurría a continuación. Y entonces sentí cómo sobre la mía, descendió la suave palma de su mano: ella no me apartaba.

Me incorporé un poco y empecé a mirar el hermoso rostro de Anastasia. La blanca noche norteña (41) lo hacía aún más atractivo. Era imposible despegar la mirada. Sus cariñosos ojos de color gris-celeste me miraban a mí.

No pude refrenarme, me incliné y apenas con un roce, rápido y delicado, besé sus labios entreabiertos. De nuevo, por el cuerpo me recorrió un temblor agradable. El aroma de su aliento envolvía mi rostro. Sus labios no pronunciaron, como la vez pasada: “No lo hagas, tranquilízate”, y no había miedo en absoluto. Los pensamientos de un hijo no me abandonaban. Y cuando Anastasia me abrazó tiernamente, me pasó la mano por el cabello y se hizo hacia a mí con todo su cuerpo... ¡sentí algo indescriptible...!

Sólo al despertarme por la mañana pude tomar conciencia de que nunca antes en toda mi vida había experimentado una sensación tan magnífica de admiración y satisfacción tan dichosas. Otra cosa que me extrañó fue que después de pasar la noche con una mujer, siempre viene una sensación de cansancio físico, sin embargo, aquí todo era diferente. Y también tenía la sensación de alguna gran creación. La satisfacción no era solamente física, sino que era una satisfacción algo incomprensible, desconocida antes para mí, extraordinariamente bonita y alegre. Incluso cruzó por mi mente la idea de que, sólo por una sensación así, vale la pena vivir.

¿Y por qué no había experimentado antes nada parecido a esto? Aunque había habido diferentes mujeres: bellas, queridas, experimentadas en el amor...

Anastasia era una chiquilla. Una muchacha sensible y cariñosa. Pero además de esto, había algo en ella que no era propio de ninguna de las mujeres que yo había conocido.

¿Qué era?

¿Y dónde se había metido ahora? Me acerqué a la entrada de la confortable cueva- osera, me asomé y miré al claro.

El claro se hallaba en un nivel un poco más bajo que la morada nocturna, situada en una elevación. Lo cubría una capa de niebla matutina de medio metro. En esta niebla, Anastasia daba vueltas con las manos extendidas haciendo que una pequeña nubecilla de niebla se elevara a su alrededor. Y cuando ésta la envolvía por entero, Anastasia daba un salto con ligereza y volaba por encima de la capa de niebla extendiendo los pies en un spaccato (42) como una bailarina, se posaba en otro sitio, y de nuevo, girando y riéndose, formaba una nueva nubecilla a su alrededor, a través de la cual penetraban los rayos del sol naciente, acariciándola. Era una escena encantadora y fascinante y movido por la gran emoción que me embargaba grité:

¡Anastasiaaa! ¡Buenos días, hermosa hada forestal Anastasiaaa!

Buenos días, Vladimir ?gritó ella, respondiendo con alegría.

¡Me siento tan bien, tan estupendamente ahora! ¿Por qué es esto? ?grité con todas mis fuerzas.

Anastasia levantó las manos al encuentro del sol, se echó a reír con su atrayente risa feliz, y me gritó a mí y a alguien más en lo alto, como cantando:

¡De todas las criaturas en el Universo, sólo al Hombre le es dado sentir algo así!

>>¡Sólo al hombre y a la mujer que sinceramente desearon tener un hijo el uno del otro!

>>¡Sólo el Ser Humano que siente algo así, enciende una estrella en el cielo!

>>¡Sólo el Ser Humaaanooo que aspira a la creación.

>>¡Graaacias a tiii! Y volviéndose sólo a mí, rápidamente añadió:

Sólo al Ser Humano que aspira a la creación y no a la satisfacción de sus necesidades carnales.

Ella se echó a reír alegremente otra vez, dio un gran salto, se estiró en un spaccato, como si se echara a volar por encima de la niebla. Después se me acercó corriendo, se sentó a mi lado, a la entrada de la morada nocturna, y empezó a peinar sus cabellos dorados con los dedos, levantándolos de abajo a arriba.

¿Entonces no consideras el sexo como algo pecaminoso? ?pregunté.

Anastasia se quedó inmóvil.

Me miró con asombro y respondió:

¿Acaso fue esto sexo como el que en tu mundo se entiende por esta palabra? Y si no, entonces ¿qué es más pecaminoso: entregarse para que venga al mundo un ser humano o abstenerse y no dejarle nacer? ¡A un verdadero ser humano!

Me quedé pensativo. Efectivamente, no era posible llamar “sexo” a la intimidad de la noche con Anastasia. Así es que entonces, ¿qué fue lo que pasó por la noche? ¿Qué palabra sería apropiada aquí? Y otra vez pregunté:

¿Y por qué antes no me ha ocurrido nada semejante, y me atrevería a decir que tampoco a otros?

Lo que ocurre, Vladimir, es que las fuerzas oscuras aspiran a desarrollar en el hombre bajas pasiones carnales para no dejarle sentir la bienaventuranza regalada por Dios. Ellos inculcan, por todas las vías posibles, que la satisfacción es algo que se puede obtener fácilmente pensando sólo en la satisfacción carnal. Y precisamente con ello, desvían al Hombre de la verdad. Las pobres mujeres engañadas, que ignoran esto, pasan toda la vida aceptando sólo sufrimientos, y buscando la bienaventuranza perdida.

Pero la buscan en el sitio erróneo. Ninguna mujer podrá impedir al hombre la fornicación si ella misma se permite entregarse a él por la sola satisfacción de las necesidades carnales. Si ocurre esto, entonces su vida en común no será feliz.

Su vida en común es una ilusión de unión, una mentira, un engaño aceptado por las convenciones sociales. Puesto que la mujer misma en seguida se convierte en fornicadora, al margen de que esté casada con ese hombre o no.

¡Oh, cuántas leyes y convencionalismos ha inventado la humanidad esforzándose por consolidar esta falsa unión artificialmente! Leyes tanto religiosas como seglares. Todo en vano. Todo lo que han provocado estas normas es hacer que la gente haga un paripé de acuerdo con ellas y simplemente finja que esa unión existe. Pero los pensamientos interiores de una persona permanecen siempre inalterables y no están sujetos a nada ni a nadie.

Jesucristo vio esto, e intentando contrarrestarlo dijo: “Aquel que mira a la mujer con concupiscencia, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón (43)”.

Después vosotros, en un pasado reciente, os esforzabais por estigmatizar al que abandonaba a su familia. Pero nada en ningún tiempo, en ninguna situación, ha podido detener el deseo del Hombre de buscar esa bienaventuranza sentida intuitivamente: la gran satisfacción. Y de buscarla contumazmente.

La unión falsa es temible. ¡Los niños! ¿Entiendes, Vladimir? ¡Los niños! Ellos sienten la mentira, la falsedad de tal unión. Y ponen en duda todo lo dicho por sus padres. Los niños, en su subconsciente, perciben el embuste ya durante el momento de su concepción. Y se sienten mal por ello.

Pero es que... dime, ¿quién, qué persona, va a querer venir al mundo como consecuencia, sólo, de placeres carnales? Todos y cada uno quisiéramos ser creados en un gran arrebato de amor, en la misma aspiración a la creación, pero no venir al mundo sólo como consecuencia de los placeres carnales.

Quienes entran en una falsa unión, van luego a buscar la satisfacción verdadera a escondidas el uno del otro. Van a tratar de poseer un cuerpo nuevo cada vez, o usarán sólo sus propios cuerpos de forma rutinaria y abocada al fracaso, sintiendo, de forma intuitiva, que la bienaventuranza de la unión verdadera está cada vez más y más lejos de ellos.

Anastasia, espera. ¿De veras, tan irremediablemente condenados están el hombre y la mujer, si la primera vez, todo lo que pasó entre ellos, fue simplemente sexo? ¿Acaso no hay retorno, no hay posibilidad de subsanar la situación?

Hay posibilidad. Ahora, yo sé qué hacer. Pero ¿dónde, qué términos encontrar para poder expresarlo con palabras? Yo estoy buscando todo el tiempo, esas palabras. En el pasado he buscado, y en el futuro. No las he encontrado. Quizás estén muy cerca, y de un momento a otro, se aparecerán; nuevas palabras nacerán, capaces de hacerse oír por la razón y el corazón. Nuevas palabras que hablen de la verdad ancestral de los orígenes.

Pero no te preocupes mucho, Anastasia. Dilo de momento con las palabras que hay, poco más o menos. ¿Qué más puede necesitarse para la satisfacción verdadera, aparte de dos cuerpos?

¡Conciencia! Una mutua aspiración a la creación, sinceridad y pureza en esta aspiración.

¿Cómo sabes todo esto, Anastasia?

No soy la única que lo sabe. Los maestros iluminados trataron de explicar la esencia de esto a la gente: Veles, Krishna, Rama, Shiva (44) , Cristo, Mahomed, Buda.

¿Pero tú qué? ¿Has leído sobre toda esta gente? ¿Dónde? ¿Cuándo?

No he leído sobre ellos, yo simplemente sé lo que decían, lo que pensaban, lo que querían conseguir.

¿Entonces el sexo por el sexo, según tu parecer, es malo?

Muy malo. Desvía al Hombre de la verdad. Destruye las familias. Se malgasta una enorme cantidad de energía.

Entonces, ¿por qué se publican tantas revistas de toda suerte con mujeres desnudas en posturas eróticas y se proyectan tantas películas con erotismo y sexo? Y todo esto goza de muchísima popularidad. La demanda engendra la oferta. ¿Es que pretendes decir que nuestra humanidad es completamente tonta?

La humanidad no es tonta, pero el mecanismo de las fuerzas oscuras que eclipsa la espiritualidad y despierta las bajas pasiones de la concupiscencia es un mecanismo muy fuerte. Este trae muchas desgracias y sufrimientos a la gente. Funciona a través de las mujeres, utilizando su belleza. La belleza, cuyo propósito es engendrar y mantener en el hombre el espíritu de un poeta, un artista, un creador. Sin embargo, la mujer misma tiene que ser pura para esto. Si no hay suficiente pureza, se presenta la tentativa de atraer al hombre con los encantos de la carne. Con la belleza externa de una vasija vacía. Así le engañan a él, e inevitablemente, sufren en ellas mismas las consecuencias de este engaño toda la vida.

¿Y qué ocurre entonces? ¿A través de milenios de existencia no ha podido la humanidad vencer este mecanismo de las fuerzas oscuras? Eso significaría que este mecanismo es más fuerte que el ser humano ¿La humanidad no lo ha podido vencer, a pesar de los llamamientos de los espirituales o iluminados, como tú dices? Entonces,

¿es simplemente imposible vencerlo, y quizás no es necesario?

Es necesario. ¡Es absolutamente necesario!

¿Y quién lo puede hacer?

¡Las mujeres! Las mujeres que hayan podido comprender la verdad y su propósito. Entonces los hombres cambiarán también.

Pues no, Anastasia, es poco probable. A un hombre normal siempre le van a excitar las bonitas piernas de las mujeres, sus pechos... Especialmente cuando te encuentras en una comisión de servicio o estás de vacaciones lejos de tu compañera.

Así funcionan las cosas. Y eso no lo podrá cambiar nadie, no podrá ser de otra manera.

Pero si yo lo he hecho contigo.

¿Que has hecho?

Ahora ya no podrás practicar ese sexo pernicioso.

Un terrible pensamiento, como un calambre, me atravesó y empezó a expulsar el magnífico sentimiento nacido por la noche.

¿Que has hecho qué, Anastasia? Ahora yo... ¿Ahora yo qué? ¿Impotente?

Al contrario, ahora tú te has convertido en un verdadero hombre. Sólo que el sexo habitual te va a resultar repugnante. No te podrá dar lo que ya has experimentado, y eso que viviste anoche es sólo posible en el caso de que desees tener un hijo, y la mujer desee lo mismo de ti. Que te ame.

¿Que me ame? Pero con esas condiciones... ¡Eso sólo puede pasar unas pocas veces en toda una vida...!

Te aseguro, Vladimir, que con esas veces es suficiente para ser feliz toda la vida.

Lo comprenderás... Lo sentirás más tarde... La gente entra en relaciones una y otra vez sólo a través de la carne. Ignoran que nadie podrá concebir una satisfacción verdadera usando sólo su cuerpo. Un hombre y una mujer unidos en todos los planos de existencia, en un arrebato de luminosa inspiración, aspirando fervorosamente a la creación de su hijo, experimentan una gran satisfacción. Solamente al Hombre dio el Creador la oportunidad de concebir algo así. No es ésta una satisfacción efímera, no. Nunca podría compararse con la gratificación carnal... ¡Todos los planos de la existencia, que guardan los sentimientos de esa satisfacción verdadera durante mucho tiempo, os aportarán felicidad a ti y a tu mujer! ¡Una mujer capaz de dar a luz a una creación a imagen y semejanza de Dios!

Anastasia alargó su mano hacia mi lado e intentó acercarse. Me aparté rápidamente de ella de un salto, hacia el rincón de la cueva y grité:

¡Más te vale que te apartes de la salida!

Ella se puso en pie. Salí de la cueva y me retiré unos pasos de ella.

Me has arrebatado, muy posiblemente, el principal placer en la vida. Todo el mundo trata de conseguirlo, todos piensan en ello, sólo que no todos lo expresan abiertamente.

Esos placeres, Vladimir, son una ilusión. Te ayudé a librarte de esa terrible, perniciosa y pecaminosa inclinación.

Ilusión o no, no importa, es un placer reconocido por todo el mundo. Ni se te ocurra salvarme de otros apetitos “perniciosos”, como tú los consideras. ¡A ver si cuando salga de aquí no voy a poder ni relacionarme con mujeres, ni brindar, ni picar algo entre copas, ni fumar! Esto no es algo a lo que la mayoría de la gente esté acostumbrada en la vida normal.

¿Y qué hay de bueno en beber, fumar, en la perniciosa digestión desprovista de sentido de la gran cantidad de carne de animales, habiendo tanta abundancia de excelentes vegetales creados especialmente para la alimentación del Hombre?

Pues anda tú y te alimentas de tus vegetales si eso te gusta. Y no interfieras en lo mío. Para muchos de nosotros es un placer fumar, beber, sentarnos a una buena mesa.

Así es nuestra costumbre, ¿entiendes? ¡Así es!

Pero todo lo que has nombrado es malo y pernicioso.

¿Malo? ¿Pernicioso? Si me vienen huéspedes a una fiesta, se sientan a la mesa, y les digo: “Aquí tenéis unas nuececillas para roer, tomad alguna manzanita, bebed agüita y no fuméis”, eso sí sería malo.

¿Es eso acaso lo principal cuando te reúnes con amigos? ¿Sentarse a la mesa de inmediato, beber, comer y fumar?

Lo principal o no, da igual. Es que ésa es la costumbre en todo el mundo y es aceptado por toda la gente. En algunos países existen incluso platos tradicionales para las celebraciones importantes, como el pavo asado, por ejemplo.

No toda la gente, ni siquiera en vuestro mundo, está aceptando eso.

Vale, no todos, pero es que yo vivo entre los normales.

¿Por qué consideras a los que te rodean como los más normales?

Porque son la mayoría.

Eso es un argumento insuficiente.

Para ti es insuficiente, porque no hay manera de que tú lo comprendas.

El enfado con Anastasia se me empezó a pasar. Me acordé de que había oído hablar de ciertos medicamentos y de los médicos-sexólogos y pensé: “Si ella me ha causado algún perjuicio, los médicos podrán subsanar la situación”, y le dije:

Está bien, Anastasia, hagamos las paces, ya no estoy enfadado contigo. Te doy las gracias por la maravillosa noche, pero no quieras tú librarme de más costumbres mías por tu propia iniciativa. Y el asunto del sexo lo subsanaré con ayuda de nuestros médicos y medicamentos modernos. Vamos a nadar.

Me dirigí al lago, admirando el bosque en la mañana. Y justo cuando empezaba a recuperar mi buen humor, ¡toma!, caminando ella detrás de mí, va y me dice:

Ni medicamentos ni médicos te ayudarán ahora. Para volver a poner todo como estaba, tendrán que borrar de tu memoria lo sucedido y lo que sentiste.

Me paré petrificado.

Entonces vuelve tú a dejarlo todo como estaba.

Yo tampoco puedo.

Otra vez, un arrebato de furia y al mismo tiempo un sentimiento de miedo se apoderaron de mí.

¡Tú!... ¡Pero qué cara tienes! Te entrometes y estropeas mi vida. Entonces ¿qué?,

¿puedes hacer tus truquitos sucios muy bien, pero de repararlos, nada de nada?

Yo no hacía ningún truco sucio. Tú has deseado tanto tener un hijo. Pero han pasado muchos años y no lo tienes. Y ninguna mujer de tu vida te lo daría ya. Yo también deseé un hijo contigo, y también un niño. Y yo sí puedo... Así es que ¿por qué te inquieta de antemano que te vayas a sentir mal? Puede que todavía lo comprendas...

No tengas miedo de mí, por favor, Vladimir, yo no me meto en tu mentalidad en absoluto. Esto ha ocurrido por sí solo, has recibido lo que querías.

>>Y también desearía muchísimo liberarte de, al menos, un pecado mortal.

¿Y cuál es ése?

La soberbia.

Eres extraña. Tu filosofía y modo de vida son inhumanos.

¿Qué hay tan inhumano en mí que te espanta?

Vives sola en el bosque, te relacionas con las plantas y los animales. Nosotros no tenemos a nadie que viva así, ni parecido siquiera.

¿Cómo, Vladimir? ¿Por qué? ?empezó a hablar Anastasia con emoción?. ¿Y los dachniks (45)? Ellos también se relacionan con las plantas y los animales, sólo que, de momento, no de forma consciente. Pero ellos entenderán más tarde. Muchos ya han empezado a entender.

¡Venga ya! ¿Ahora ella es una dáchnik? ¿Y qué me dices de ese rayo tuyo? Dices que no lees libros, pero es que sabes mucho. Esto debe de ser algún tipo de misticismo.

Trataré de explicarte todo, Vladimir. Sólo, que no de inmediato. Me estoy esforzando, pero no puedo encontrar las palabras adecuadas, las palabras comprensibles.

Créelo, por favor. Todo lo que hago es inherente al ser humano. Es algo que le fue dado desde el principio. En los tiempos de sus orígenes primigenios. Y todos y cada uno de vosotros podríais hacer lo mismo. Y a pesar de todo, la gente va a volver a los orígenes.

Será un proceso gradual que empezará aquí cuando las fuerzas luminosas obtengan su victoria.

¿Y tu concierto? Cantabas con todo tipo de voces, representabas a todos mis cantantes favoritos, y además en el mismo orden en que aparecen en mi cinta de vídeo.

Así sucedió, Vladimir. En una ocasión vi esa cinta. Luego te contaré cómo ocurrió.

¿Y eso qué? ¿No me dirás que pudiste memorizar de una sola vez la letra y música de todas las canciones?

Las recordé. ¿Qué tiene eso de difícil o de místico? ¡Ay, qué he dicho, qué he dejado ver! ¡Te has asustado de mí! ¿Seré torpe y precipitada? Abuelo me llamó así una vez. Yo pensaba que él lo había dicho cariñosamente. Pero quizás es verdad que soy precipitada. Por favor... Vladimir...

Anastasia hablaba con una emoción muy humana, y quizás por esto, el miedo que ella me estaba provocando casi pasó. La idea de mi hijo ocupaba todos mis sentimientos.

Vale, ya no tengo miedo... Pero procura ser más contenida. ¿Ves? Tu abuelo también te lo decía.

Sí. Y el abuelo... ¡Vaya! Y aquí estoy yo habla que te habla todo el tiempo... Es que deseo tanto contártelo todo. Soy una cotorra, ¿verdad? Pero me esforzaré. Voy a esforzarme, de verdad, en ser más contenida. Procuraré decir sólo lo comprensible.

¿Así es que, entonces, darás a luz pronto, Anastasia?

¡Por supuesto! Sólo que será a destiempo.

¿Cómo a destiempo?

Lo ideal es que fuera en verano, cuando la naturaleza ayuda a criar?

¿Por qué has tomado esta decisión, entonces, si es tan arriesgado para ti y para el niño?

No te preocupes, Vladimir, por lo menos nuestro hijo va a vivir.

¿Y tú?

Yo intentaré aguantar hasta la primavera también, y más adelante todo se regulará.

Anastasia dijo esto sin sombra de tristeza ni miedo por su vida, después cogió carrerilla y saltó a las aguas del pequeño lago. Miles de gotas de agua, brillantes por el sol, salieron disparadas como fuegos artificiales, y descendieron al puro y liso cristal del lago. Unos treinta segundos más tarde, su cuerpo empezó a aparecer en la superficie lentamente. Se tumbaba en el agua, extendiendo bien las manos con las palmas hacia arriba y sonreía.

Yo estaba en la orilla, la miraba y pensaba: “¿Oirá la ardilla el chasquido de sus dedos cuando ella esté tumbada con el bebé en uno de sus abrigos? ¿La ayudará alguno de sus cuadrúpedos amigos? ¿Le bastará el calor de su cuerpo para calentar al niño?”.

Si mi cuerpo se enfriara y el niño no tuviera nada que comer, empezaría a llorar ?dijo Anastasia quedamente al salir del agua?, su grito de descontento puede despertar a la Naturaleza previa a la primavera, o parte de ella, y entonces todo irá bien.

Ellos le criarán.

¿Leías mis pensamientos?

No, supuse que estabas pensando en ello. Si es natural.

Anastasia, me dijiste que en los terrenos vecinos viven tus parientes. ¿Podrían ayudarte ellos?

Están muy ocupados, y no se les puede distraer de sus asuntos.

¿Con qué están ocupados? ¿Y qué haces tú durante días enteros, Anastasia, si prácticamente, la naturaleza que te rodea te sirve por completo?

Me mantengo ocupada... Y procuro ayudar a la gente de vuestro mundo, a quienes llamáis dachniks u horticultores.

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Alla Borísovna Pugachova (1949- ...) Una de las cantantes rusas de los escenarios y la pantalla más populares del siglo xx, ganadora de premios nacionales e internacionales.

Conocida como “una leyenda nacional rusa” ha hecho muchas giras por el extranjero incluido Canadá y América. Su Compañía Artística Alla se desarrolló a partir de su Teatro de Canción Alla Pugachova que ella dirigió desde 1988.

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Las noches blancas – son las noches norteñas claras, cuando el crepúsculo vespertino se encuentra con el matutino y dura toda la noche crepuscular, sin llegar a la oscuridad. Se pueden ver en ambos hemisferios, por encima de los 60o de latitud.

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Spaccato: en ballet o gimnasia, salto con las piernas totalmente abiertas y estiradas en el aire, quedando los pies lo más distante posible entre sí.

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Mateo 5: 28.

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Veles —en la tradición eslavo-rusa: el dios de la sabiduría y la Naturaleza, uno de la Triglav (Trinidad) y la encarnación del Dios Creador Rod en la tierra. Krishna: una encarnación terrena del dios Vishnu, una de las divinidades de la Trimurti (las tres personalidades de Dios en la tradición hindú), responsable del mantenimiento del mundo. Rama: un dios-rey y otra encarnación terráquea de Vishnu (en la tradición hindú). Shiva: otra de las divinidades de las Trimurti junto con Vishnu y Brama. Mientras que Brama es considerado el creador del mundo, a Shiva se le atribuye la responsabilidad de destruirlo al final de cada ciclo cósmico.

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Dachniks: Personas que pasan su tiempo libre, fines de semana y vacaciones –de verano especialmente– cultivando sus pequeños trocitos de tierra en las afueras de pueblos y ciudades – dachas– y viviendo en sus pequeñas casas de campo.




Extracto de: Libro 1 de la Serie Los cedros Resonantes de Rusia, Anastasia, del autor Vladimir Megré, traducido del idioma original ruso al español por Iryna O ?Hara y corregido y editado por Rocío Madreselva.

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