Los ángeles y la evolución de los sentidos superiores.

V.B. Anglada


En orden a lo dicho en el capítulo anterior está claro que el esfuerzo del aspirante espiritual de nuestros días ha de tender necesariamente al desarrollo de sus facultades superiores prolongando la actividad de los cinco sentidos físicos a los niveles ocultos. Hay que tener en cuenta que el esfuerzo realizado repercutirá en bien del conjunto humano y que las zonas misteriosas del éter en donde las Entidades angélicas realizan sus actividades han de ser descubiertas y analizadas tan concreta y analíticamente como lo hacen los científicos de nuestra época en las áreas físicas del mundo. El desarrollo y utilización correcta de los sentidos superiores implicará lógicamente el contacto con aquellas maravillosas Fuerzas invisibles que constituyen lo que esotéricamente definimos como "la LUZ de un Plano" y son impulsoras de los diferentes tipos de energía que en el mismo se originan y que a través del mismo se manifiestan.

La versión tradicional y mística sobre las Vidas angélicas y el velo de misterio que acompañó siempre los conceptos que sobre sus actividades espirituales fueron edificados, han impedido que su verdadera misión con respecto a la humanidad y a los demás Reinos de la Naturaleza fuese correctamente comprendida y explicada. Sin embargo, su obra es la obra de la Evolución. En algunos textos místicos de la más lejana antigüedad se las denomina "Las Manos del Señor", ya que es a través de Ellas que la Divinidad se manifiesta en cada ser y en cada cosa creada. Siendo los sentidos humanos en cada Plano del Universo los mecanismos de contacto con la obra de la Creación, es obvio admitir que forman parte del gran contexto evolutivo de la Naturaleza y que también tienen asignada una misión muy concreta y definida: "Permitirle a la Divinidad ser consciente de Su Obra".

Las Manos del Señor, las Jerarquías angélicas, modelan estos sutiles mecanismos humanos de respuesta a la Vida y el ser humano evoluciona incesantemente por medio de los sentidos, siendo cada uno de ellos una puerta secreta que deja entrever siempre la gloria de un Misterio. De ahí que al investigar profundamente el origen de los sentidos y las sucesivas etapas de su crecimiento y desarrollo en la vida de la humanidad, asistimos a la verdadera historia de la evolución humana. También empezamos a percibir, siquiera fugazmente, aquellas Manos misteriosas que utilizando el éter como medio de expresión crean las oportunidades cíclicas de una Era y los elementos vitales que acompañan siempre en la expresión de un sentido externo o en el desarrollo de una facultad interna.

Todo cuanto existe en el Universo, sea subjetivo u objetivo, tiene su adecuada proyección en el Espacio y puede ser contactado si se poseen los adecuados instrumentos de percepción. Cuando esotéricamente nos referimos a la tercera, cuarta, quinta o sexta dimensión del Espacio, no hacemos más que tratar de reconocer y de sentirnos impelidos a descubrir lo que hay "más allá del velo de la materia conocida" e investigar las razones ocultas que guían el proceso evolutivo de todo cuanto existe, sabiendo de antemano, ya que todo en la vida de la Naturaleza se halla estrecha e indisolublemente vinculado, que la investigación muy profunda de un hecho externo ha de conducir lógicamente al descubrimiento de su contraparte interna.

Con ello un proceso radicalmente científico puede convertirse en metafísico sin menoscabo alguno de la comprobación objetiva, por cuanto esotéricamente sabemos y la experiencia así nos lo ha demostrado, que las cosas subjetivas pasan a ser objetivas cuando se las estudia o investiga en su propio nivel de expresión. Podríamos asegurar que las investigaciones científicas del futuro se realizarán en la cuarta, quinta o sexta dimensiones por haber sido convenientemente desarrolladas algunas de aquellas facultades de percepción superior o sentidos de evolución interna de que actualmente se carece. Hay que tener en cuenta que cada dimensión del Espacio corresponde a un determinado Plano del Universo, a un nivel definido de conciencia y a un sentido específico de percepción. Utilizando creadoramente la analogía podríamos establecer el siguiente cuadro de relaciones:


- Plano Ádico.
Elemento: Éter Cósmico. Agente atómico.
Raza: CÓSMICA

- Plano Monádico.
Elemento: Éter Solar. Agente sub-atómico.
Raza: SOLAR

- Plano Átmico.
Elemento: Éter planetario. Agente etérico.
Sentido: Conocimiento total Perfección Realización Servicio Beatitud
Dimensión: Séptima
Raza: Séptima

- Plano Búdico.
Elemento: Aire Agente sub-etérico
Sentido: Idealismo espiritual Intuición Visión divina Curación Captación
Dimensión: Sexta
Raza: Sexta
Agentes Dévicos: Ángeles planetarios bajo la suprema dirección del Arcángel INDRA

- Plano Mental.
Elemento: Fuego Agente Gaseoso
Sentido: Discernimiento Discriminación Clarividencia Telepatía Clariaudiencia
Dimensión: Quinta
Raza: ARIA
Agentes Dévicos: AGNISHVATTAS, bajo la dirección del Arcángel AGNI. Algunas de sus elevadas jerarquías son los Ángeles Solares o Dhyans Chohanes.

- Plano Astral.
Elemento: Agua Agente liquido
Sentido: Idealismo emocional Imaginación Clarividencia Mediumnidad Clariaudiencia
Dimensión: Cuarta
Raza: ATLANTE
Agentes Dévicos: AGNISURYAS, bajo la dirección del gran Arcángel VARUNA

- Plano Físico.
Elemento: Tierra Agente sólido
Sentido: Olfato, Gusto, Vista, Tacto, Oído
Dimensión: Tercera
Raza: LEMUR
Agentes Dévicos: AGNISCHAITAS, bajo la dirección del gran Arcángel YAMA


Estas relaciones podrían ser todavía más ampliamente extendidas, pero entendemos que serán suficientes para el desarrollo de nuestro estudio.

Las razas humanas desarrollan normalmente sus sentidos de percepción de acuerdo a las presiones cíclicas de una Era determinada y a las condiciones astrológicas reinantes que dinamizan los éteres planetarios y cualifican determinados tipos de civilización. El ritmo de la evolución prosigue incesantemente y sobre las bases de lo mejor que fue desarrollado en épocas anteriores deben ser erigidas las estructuras de los nuevos tiempos. Por acumulación de la experiencia que se transmite de edad en edad son creados los nuevos tipos raciales y cada uno de ellos desarrolla nuevos sentidos y nuevas facultades de percepción o de respuesta a la Vida. Nuestra Era actual, profundamente marcada por la técnica, ha de saber inhibir inteligentemente los sentidos astrales del oído, del tacto y de la vista que conserva todavía como rudimentos de una etapa de evolución astral anterior y estructurar el entero proceso de desarrollo emocional sobre el sentido astral del GUSTO, es decir, sobre la IMAGINACIÓN.

Esta IMAGINACIÓN corresponde armoniosamente con la facultad de DISCRIMINACIÓN mental que ha de desarrollar la humanidad en los momentos actuales con vistas al noble ejercicio del DISCERNIMIENTO espiritual que oportunamente llevará a la INTUICIÓN. Nuestra participación activa en este proceso podría coadyuvar en el establecimiento del nuevo orden planetario, y deberíamos considerar un honroso deber y una inapreciable oportunidad el desarrollo consciente de los sentidos superiores para poder captar así, más ampliamente, el mágico sentido de la Vida. Para los aspirantes espirituales de nuestra época y en general para todos los hombres y mujeres inteligentes de buena voluntad en el mundo, ésta es la tarea a realizar de acuerdo con la visión y comprensión del plan evolutivo de la Naturaleza:

a) Relegar inteligentemente bajo el umbral de la conciencia las facultades psíquicas inferiores procedentes de la era atlante y utilizadas sin control alguno, tales como la clariaudiencia, la psicometría astral o mediumnidad, y la visión astral y desarrollar al máximo la IMAGINACIÓN creadora con lo cual se vitalizarán ciertas células del corazón y se activará el desenvolvimiento de los correspondientes pétalos del chacra cardíaco.

b) Desarrollar mentalmente el sentido de la DISCRIMINACIÓN hasta convertirlo en DISCERNIMIENTO claro, preparando así las bases del sentido búdico de la INTUICIÓN que corresponde a la más elevada forma de IMAGINACIÓN en el nivel astral.

c) Alcanzado este punto y libres de los espejismos provenientes del mundo emocional, recobrar y utilizar creativamente bajo control individual las facultades o sentidos astrales circunstancialmente relegados bajo el umbral de la conciencia y situar todos los sentidos desarrollados bajo la supervisión del ÁNGEL SOLAR.


Vicente Beltrán Anglada

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