Las Leyes de Evolución del Hombre. II

V.B. Anglada


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Con respecto a las leyes de evolución, voy a exponer una idea que para mí puede ser una idea experimentada, y hasta cierto punto vivida, pero que presento a ustedes sólo como una hipótesis mental de trabajo, y es que consustancialmente con el proceso de evolución en el tiempo, desde el momento mismo en que el hombre adquirió la conciencia, se nos dice que esto ocurrió hace unos dieciocho millones de años, nadie puede probar esto, pero podemos afirmar el proceso de que un día el hombre adquirió por ciertas razones de origen cósmico, el poder de discernir, el poder de la autoconciencia, el poder de recordar, el poder de vivir libremente una vida humana en oposición, o separado del reino animal, del cual procedía por ley de evolución hereditaria. Desde el momento mismo en que (surge) el ser humano que viene al final del proceso de la vida animal y que, por lo tanto, el proceso es de individualización, empieza a regir ya en aquel momento la ley de karma. Desde entonces cada uno de nuestros pensamientos y actos están regidos por la ley, y empezamos a crear dentro del telamen del tiempo la trama de otro estado, de otra vida, de otro poder.

Empieza a rodar la Rueda de Samsâra, y empieza para el hombre el código de la ley y, entonces, automáticamente, empiezan a crearse vida tras vida unas vertientes. Unas vertientes tienden al lado sombrío, al lado oscuro, al lado negativo, otras conducen, por el contrario, a la luz, al entendimiento, a la superación, a la bondad, a la belleza. Hemos creado a nuestro alrededor, con el recuerdo incesante que da el descubrimiento de los hechos, dos grandes entidades en nosotros. Ahora está de moda el demonio, se habla de exorcistas, se habla de un poder contra el cual aparentemente el hombre no puede luchar y que viene... (corte de sonido)... la falta de caridad en el corazón, la falta de conciencia ha creado un elemento, una forma en el éter que nos persigue constantemente. También ha creado por otro lado a través de la belleza de las actitudes, a través de las cualidades de vida, a través de las místicas resoluciones, a través del poder de la gracia, otra entidad. Una entidad crece alimentándose de la substancia de las sombras, es el karma malo de la humanidad; la otra entidad se alimenta de las virtudes y de los acontecimientos bellos de toda vida humana. Se dice, esotéricamente, que el hombre antes de realizar el arquetipo, del cual hemos hablado, debe equilibrar las funciones de estas dos entidades. La una es el demonio, y en términos esotéricos es el Guardián del Umbral, que cuando vas a atravesar la puerta de los misterios para encontrarte frente a frente con la Divinidad, reflejada en el arquetipo, se pone delante y te dice “no puedes pasar hasta que no me hayas vencido”, y esto es un hecho objetivo. Es una experiencia de todos los místicos, y de todos los iniciados a través del tiempo, no es una razón casual, tampoco es una hipótesis más o menos dulce con la cual embellecer un estado de conciencia. Es una realidad aquí y ahora, porque todos –de lo cual todos somos conscientes- pensamos a veces en forma incorrecta, hablamos en forma incorrecta, a través de la murmuración, de la crítica, o de la maledicencia. Cada vez que nuestro pensamiento es movido por esta fuerza estamos robusteciendo esta entidad, este demonio tentador que no es externo a nosotros, es substancia de la propia vida y de la propia conciencia.

Pero, tengamos esperanza, porque por el otro lado se está creando la imagen bellísima, pura y blanca del Ángel de la Presencia, del Alma humana, del Arquetipo en funciones, que está luchando constantemente contra las sombras por el imperio de una razón justa. Llega el momento en la vida del hombre que tiene que atravesar el dintel que conduce a la eternidad, Entonces, por un lado encuentra el Guardián del Umbral y, por el otro, el Ángel de la Presencia, es entonces cuando debe realmente decidir en conciencia qué es lo que debe hacer, si va a decidirse por el ángel negro o por el ángel blanco. Cuando hablamos nosotros en conversaciones -no técnicas, místicas- de magia negra, asignándole un factor externo siempre a nosotros, porque siempre nos consideramos víctimas de la magia negra, “porque piensan mal de mí, me encuentro mal por esto”, ¿por qué no pensamos la manera de cómo estamos creando esta fuerza negativa del ángel negro o del Guardián del Umbral, y en vez de practicar la magia negra como respuesta, por qué no vivimos según las leyes típicas de la magia blanca por la conducta, por el pensamiento, por la razón superior? Dándonos cuenta que a medida que vamos robusteciendo el Ángel Solar, el arquetipo en funciones, esta fuerza superior que nos gobierna, y que en el fondo del corazón nos da la idea de lo eterno en vez de estar constantemente prodigando las atenciones o cuidados de la personalidad, esta personalidad que tiene que desaparecer, que no se puede llevar ninguna de sus conquistas en el tiempo. Queremos entrar en el Reino de los Cielos con el saco lleno de deseos, con la mente llena de pensamientos, y con una conducta llena de imprecisiones. Les ruego que mediten, cuando hablamos de karma, que no crean que el karma es un castigo, o el hecho de nacer o de morir otro castigo, sino que es el justo dictado de la ley que nosotros hemos puesto en movimiento y que tiene que resolverse finalmente en un estado de equilibrio. El equilibrio del bien y el mal, de la luz y de las sombras, y que algo en nosotros se libera y vuelve a su patria celestial con toda la conciencia de lo que ha aprendido en el tiempo, con todas las buenas cualidades, para entrar en un cielo que nos ha sido prometido en otra vida pero que está en el fondo del corazón.

Existe ciertamente una lucha tremenda, la estamos viendo por doquier, y si analizamos el mundo en el momento actual, después de tantas guerras, guerras que todavía están en potencia, y pensamos en cómo nosotros actuamos, tendremos quizás la respuesta de cómo podría ser aminorado el mal del mundo si nosotros diéramos una preferencia exclusiva al Ángel de la Presencia, al ángel de la Luz, a ese testigo del bien supremo. Entonces, quizá, seríamos conscientes de que el mundo no puede cambiar si no cambiamos nosotros, ahí está el karma. Y que el mundo no se convertirá nunca en un planeta sagrado y luminoso en tanto la humanidad esté debatiéndose en la lucha de las sombras, en esta danza, en esta vorágine en donde existe solamente confusión, crisis y dificultades.

Me pregunto si he llegado a descubrir algo que sabemos todos, pero que he explicado con toda honradez y sinceridad, porque desde el momento en que he visto que el mundo se transforma cuando yo me transformo, que el mundo está en paz cuando yo paso por el mundo, cuando siento paz en mi interior y que, por lo tanto, puedo prodigar paz, amor y suficiencia sin pretenderlo, o porque yo lo estoy viviendo, y que como flor puedo prodigar este perfume a la humanidad, en vez de transgredir leyes, y perdiendo de vista los principios eternos estamos debatiéndonos en el conflicto del tiempo.

Creo que la idea está más o menos apuntada para el coloquio, lo principal no es hablar mucho sino el coloquio, el contacto de corazón a corazón, porque es cuando existe la posibilidad de que el arquetipo pueda manifestarse, porque el arquetipo que está en la línea o en la meta de toda posible evolución, no es ni más ni menos que el afecto fraternal que nos podamos sentir los unos a los otros.

Interlocutor. — En días pasados estamos hablando en una reunión de amigos también interesados en esto, en estas cosas transcendentales, y se nos decía que el mal, la gente que hace el mal, que es necesario para llegar al bien. Se hablaba de una posible fraternidad universal, y entonces se quedó en el aire la posibilidad de establecer una fraternidad universal en la Tierra, porque si el mal es necesario para llegar al bien, entonces, ¿cómo se puede establecer esa fraternidad universal en un futuro posible?

Vicente. — La idea es muy justa y apropiada, y creo que necesariamente en ciertos estados de la humanidad, incluido el presente que estamos viviendo, un punto dentro del cual, o un centro de conciencia, dentro del cual para poder comprender el bien tenemos que ponernos en contacto con el mal, o para comprender la luz tenemos que estar en contacto con las sombras para hacer la diferenciación. Yo no sé si esto será así o no será así, pero existe una ley, que es la ley que rige el corazón del hombre y que lo está conduciendo inexorablemente hacia un punto omega, o un centro omega, que parece ser que es la meta de la evolución, de la misma manera que cuando existe luz, realmente luz, es porque ha existido un equilibrio entre los polos positivo y negativo. En tanto estemos trabajando en un polo y alterando el equilibrio, quizá no tendríamos luz, pero si el Ángel de la Presencia y el Guardián del Umbral se reconcilian dentro del corazón, es que realmente hemos creado un arquetipo, porque el arquetipo es realmente un equilibrio de funciones. Es una realidad que transciende los hechos conocidos, es como el caso del andrógino, por ejemplo, aplicado a las leyes de muerte y nacimiento. Se han preguntado ustedes alguna vez por qué durante vidas somos mujeres, del sexo femenino, y otras épocas están marcadas por el aspecto masculino, porque la naturaleza está buscando incesantemente a través de todos los seres y de todas las cosas un equilibrio de funciones, cuando se ha realizado el arquetipo humano se llega al andrógino, un ser que no tiene que luchar contra el sexo como ocurre actualmente. Un ser que no tiene que luchar contra la razón ni contra el sentimiento porque razón y sentimiento se han fundido en una sola pieza de substancia universal.

¿Comprenden la idea de la evolución como un equilibrio de funciones de la personalidad? De una función o equilibrio de las potencias del Alma, y, finalmente, como el equilibrio superior del espíritu, y que la vida arranca de allí pura y que debe volver pura a sus orígenes, y que todo el proceso del tiempo, la experiencia acumulada de todos los seres, de todas las cosas, y del conjunto planetario, no es sino la unión mística de la Divinidad con otras entidades superiores a la propia humanidad terrestre y a la propia fuerza expansiva de este Señor que gobierna nuestro mundo. Es un equilibrio en funciones constantemente. La luz y las sombras cuando están en equilibrio no son ni luz ni sombras, es el espíritu de Dios. Es el arquetipo del cual estamos hablando desde el principio.

Interlocutor. — A lo mejor es una forma de ver menos equivocadamente si los aspectos del bien y del mal, porque quizás los analizamos desde las diferentes leyes de moralidad que nos han dado los hombres, entonces resulta que hay un mal que puede ser mal para unos y no puede ser mal para otros. En fin, para eso deberá desnudarse quizá la persona de todas las leyes conocidas, para poder conocer la que está por encima de las leyes conocidas, porque sabemos que en algunas naciones o razas se considera moralidad en unas y en las otras no, y finalmente entonces cómo entender el bien por el mal trasladándose en un helicóptero o en un avión rápido desde un lugar a otro. Quizá yo pienso que estas personas que para conocer el bien han de estar en contacto con el mal es que deben hablar de este bien y mal que nos han enseñado las enseñanzas humanas. Esto quería decir y si se puede puntualizar un poco más en aquello de saber amar sin apegarse, porque en esto hay dos expresiones que parecen distintas, hemos de vivir para la fraternidad universal, o sea, amar a los demás, y por otro lado hemos dicho que no hay que apegarse, entonces, ¿podrías aclarar esto un poco más?

Vicente. — Sí, naturalmente, el bien y el mal son relativos según la apreciación mental de la persona que está considerando el bien y el mal, por tanto, yo lo considero que el bien y el mal deben reconciliarse creando un equilibrio. Y, en cuanto a las razones aducidas, por ejemplo, por la señora, yo creo que es muy interesante también de que nos demos cuenta de que realmente existe en nosotros una tendencia a apegarnos a todo cuanto nos rodea, nos apegamos a un vestido porque nos gusta más y porque nos favorece. Nos apegamos a la familia, los hijos nuestros son más queridos que los hijos de los demás. Siempre tenemos un punto de escape para quedar apegados a algo olvidando sin duda lo que hemos dicho antes, que solamente existe un propósito y una meta para los seres humanos aunque varíen las circunstancias de su vida, y que la única manera de parar la rueda de muertes y nacimientos dando fin a la vida de este karma planetario es dejar de dar impulso a la rueda siendo fraternal para con todos. No podemos evitar de tener preferencias en un mundo sujeto a la relatividad, pero es que el apego, la pasión por algo impide el razonamiento superior. Impide la evolución del sentimiento de integridad y de belleza. Impide la percepción del objetivo inmediato, porque damos a lo inmediato una atención fundamental, y queremos a ciertas personas y a las demás las consideramos solamente o las soportamos, pero no las queremos. No podemos evitar en nuestro presente estado de evolución de apegarnos a las cosas, pero podremos realizar el esfuerzo de dejar de apegarnos en la medida de las fuerzas que nos vaya suministrando la razón superior y el entendimiento superior. El karma de familia arranca en las raíces universales del tiempo, hay seres que vienen enlazados a través de las edades, pero, cuando se da un caso de que a través de las edades venimos enlazados con un ser humano, estos vínculos no son de apego sino de amor, porque el amor transciende el apego. Yo puedo amar mucho a un amigo y al propio tiempo amar a la esposa, el amor es el mismo, difiere solamente el contenido, el colorido emocional que damos a las cosas, y cuando el colorido es muy fuerte es cuando existe el apego.

El programa de la humanidad es desapegarse. Es lo que decía Buda, “en tanto la humanidad se apegue la rueda girará”. Solamente cuando la humanidad deje de apegarse, a lo que sea, la rueda continuará funcionando, segregando materia de fuerza incombustible que va a corroer el corazón humano y le va a impedir conocer la realidad. Y todos sabemos esto, como sabemos que las palabras pueden ofender y no obstante las pronunciamos. Sabemos que el pensamiento tiene niveles expresivos que son realmente corrosivos y, no obstante, continuamos aplicándolos. Sabemos que hay pasiones que nos corroen íntegramente el ser y las soportamos, sabiendo esto, sabemos también de la responsabilidad, sabemos también del precio que hay que pagar, sabemos también que la rueda continúa girando. Yo escucho a veces con mucha simpatía, pero, dentro del corazón con algo de angustia, a la persona que dice, “la próxima vez no quiero volver a la Tierra, me quiero librar ya definitivamente”, y aparentemente lo dicen con buen sentido, pero realmente este sentido no existe, porque ves a aquella persona apegada a pequeñas cosas. El apego, ya puede ser el apego a un perrito lanero, de esos que llevan por la calle las señoritas, como al propio Dios, el apego es el mismo, y el que se apega a Dios, a la idea de Dios, tampoco llegará a Dios, porque el deseo en sí es lo que vale. Es este deseo que se apega a las cosas el que debe ser eliminado o cuando menos purificado. Es una energía, una fuerza que tenemos que liberar de la misma manera que pudo liberarse en su día la energía contenida en el átomo. La energía contenida en el átomo ha sido la demostración de un desapego absoluto de los átomos que constituyen un cuerpo de materia, pues de la misma manera que por un proceso de aceleración del proceso de liberación de los elementos pudo ser encendida la bomba atómica, asimismo nosotros dentro del corazón podremos realizar también una liberación similar, dejando definitivamente de apegarnos a las cosas sobre las cuales podemos tener todavía algún dominio. Progresivamente el esfuerzo, como será una pequeña piedrecita en la construcción del Ángel de la Presencia, y una piedrecita menos al Guardián del Umbral, podremos llegar a vitalizar un cuerpo emocional sin deseos, y entonces conoceremos regiones de sentimiento y ciertos estados de conciencia que son superiores a todos los apegos conocidos de la vida y, entonces, seremos conscientes también de que en esta integridad y en esta belleza existe la paz, el descanso, la demostración de la gran misericordia de Dios.

Interlocutor. — Sr. Beltrán, yo siento una necesidad para mí, y creo que todos mantendrán que va para todos, esas dos imágenes, esas dos criaturas de que nos habló, el Guardián del Umbral y el Ángel de la Presencia, si para cada ser humano hay uno creado por él para él mismo, y es su propio demonio al que debe dominar, o existe uno sólo general que a veces nos creemos que creado por el otro nos va a tentar. Si usted me pudiera aclarar si hay uno para cada uno, pues esto es muy importante, que cuando nos sentimos tentados, saber que no es tentador de nadie, si acaso es para uno sólo.

Vicente. — Sí, naturalmente, es una pregunta muy inteligente y trataré de responderle con toda la atención [Para mí será muy importante la respuesta]. Fíjense bien, cada persona, tal como hemos ido desarrollando el tema, tiene la capacidad de crear en dos vertientes muy amplias, la vertiente que conduce al mal, digámoslo así hablando en un término genérico, queda condensada en un núcleo de conciencia que para muchos clarividentes es visible, sobre todo cuando el clarividente está observando su propia aura, y es una figura terrorífica que está formada por el residuo kármico de todas las vidas, de todo aquello que hicimos mal, o que pudiéndolo hacer bien lo hicimos incorrectamente, de todos los deseos que no pudieron ser consumados y que están latiendo en aquella fuerza, de todas las palabras mal pronunciadas contra los demás, porque existen unas palabras de Cristo que dicen: “En el día del Juicio os serán tenidas en cuenta no sólo las malas palabras de murmuración, de crítica o de maledicencia, sino también las palabras inútiles”, pronunciadas sin motivo, y conste que todos amamos la conversación.

Por otro lado, tenemos la fuerza, ya lo sabemos, que ahora vamos a dejar por un lado, para examinar la fuerza del Guardián del Umbral, que es, técnicamente, el demonio tentador de cada persona, creemos nosotros que viene el mal del exterior, si existe un mal exterior tal como decía el amigo, porque como nosotros somos solidarios en el bien y en el mal, y todos contribuimos al buen karma o al mal karma de la humanidad, es lógico suponer por analogía hermética que el Guardián del Umbral mío, y el de todos ustedes, está condensado también en una gran entidad planetaria. Un lado sombrío dentro del planeta que está constantemente irradiando el mal, de la misma manera que existe otra entidad constituida por el alma pura de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que están creando una fuerza liberadora constante. El caso del demonio tentador, ahora está de moda el demonio, hasta se da por la televisión, ustedes lo saben, existen los exorcistas que están tratando de destruir el demonio, pues bien, cuando el mal de la humanidad es tan grande y el pequeño ser humano, que somos nosotros, es incapaz de resistirlo, lógicamente existe el caso de posesión, posesión del demonio que hemos creado entre todos, que no es una entidad fuera del planeta que viene aquí porque sí o porque Dios lo desterró a un lado sombrío de la vida, sino porque todos hemos transgredido leyes.

No hemos percibido los principios superiores y estamos continuando actualmente actuando a favor de esta fuerza negativa. Cuando en un punto crítico del ser humano existe un momento de debilidad y aprovechando ciertas circunstancias astrológicas planetarias existe la posibilidad de que parte del mal del mundo pueda introducirse dentro de esta parte negativa dentro del hombre. Se produce (entonces) una obsesión, decimos “el demonio se ha apoderado de un ser”, y entonces corremos todos al sacerdote para que quite el demonio o los medios para que nos quiten el demonio, o aquel ser perturbador. Y me pregunto yo si comprenden claramente la idea de que el demonio es la creación de la humanidad, que no es una entidad extraña a nosotros, de la misma manera que el Ángel de la Presencia, que el Alma pura que todos tenemos en el corazón, es también una creación nuestra y que, por lo tanto, estamos siempre en equilibrio o tratando de restablecer un equilibrio entre el bien y el mal, entre el demonio y el ángel. Nosotros estamos solamente observando el proceso, porque una vez hayamos creado algo fuera de nosotros, lo podemos observar, podemos observar así al llegar a la cúspide de cierto estado meditativo cómo actúa el Ángel de la Presencia y cómo actúa el Guardián del Umbral, o el demonio tentador y, en esta observación serena y desapasionada existe una desintegración de los andamiajes donde se asienta el mal planetario, y esta persona está libre porque observa desapasionadamente y sin apego, fíjense bien, al Guardián, a su propio demonio, porque, tal como decía Santa Teresa, si al demonio lo observas tiende a desaparecer, porque cuando observamos nuestro demonio estamos alejados del demonio. Solamente cuando no podemos observarlo es cuando él actúa, de ahí que existe un proceso de atención psicológica contra todos y cada uno de nuestros actos, porque en el fondo y en los repliegues de cada uno de nuestros actos, sentimientos y pensamientos está envuelto siempre el Guardián del Umbral, o este demonio tentador. De ahí que es verdad que el mal del mundo, aprovechando ciertas condiciones cíclicas, puede apoderarse de un ser humano, pero también existen circunstancias favorables mediante las cuales un ser llamado endemoniado puede ser curado y alejado el demonio, que no es otra cosa que desplazar el centro de conciencia que pertenece al mundo del individuo. El individuo no queda libre de su demonio tentador, pero sí queda libre del demonio tentador del mundo. ¿Se dan cuenta?, y que todo cuanto ahora está preocupando...


Vicente Beltrán Anglada
Barcelona, 1 de Agosto de 1974
Digitalizada por el grupo de transcripciones de conferencias. (G.T.C.) 7 de Mayo de 2008

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