La perfección, un movimiento de la Conciencia de Dios.

V.B. Anglada


La mayoría de nosotros tenemos un concepto muy erróneo de la Verdad. Frecuentemente la consideramos una meta y al alcance de la misma lo llamamos perfección. Pero... ¿es así realmente? La Vida de Dios expresada bajo forma de ley natural o de conciencia integradora en la expresión de la Naturaleza, está siempre en movimiento. No hay reposo alguno dentro del eterno dinamismo de Su acción creadora, ya que la detención de su impulso significaría la muerte para todo el Universo. De ahí que definir o proyectar una meta o tratar de reducir el impulso creador plegándolo a una circunstancia determinada, puede significar la paralización de la conciencia individual, aunque no la del eterno movimiento liberador. Naturalmente que Uds. argüirán que existen metas, absolutamente cósmicas incluso para la propia Divinidad, cuyo Universo se siente proyectado por el espacio infinito hacia zonas de incalculable trascendencia y que Ella -tal como se nos ha enseñado esotéricamente- se halla también evolucionando, persiguiendo determinados objetivos cuyo alcance jamás podrá medir el limitado entendimiento humano. Esta es una razón muy lógica y hasta me atrevería a decir que absolutamente científica, habida cuenta de que existe una mecánica común dentro del insondable Cosmos que impulsa los astros a seguir rutas aparentemente prefijadas en la inmensidad de los Cielos. Sin embargo, ningún astro se halla detenido jamás en su curso, ni aún después de haberse extinguido la vida orgánica en su interior, pues entonces la mecánica del propio movimiento cósmico provee a su movimiento, tal como ocurre en el caso de nuestro satélite, la Luna. Este astro muerto está inexorablemente unido a la gravedad terrestre y sigue la oscilación y traslación natural del planeta Tierra por todos los puntos zodiacales. Significa ello que el movimiento de los astros, sea cual sea su condición y estado, es eterno y que aún después de extintos y carentes de fuego creador continúan vagando por el firmamento hasta su total disolución.

Este símil puede ser íntegramente aplicado a la vida espiritual, tomando al hombre como una constante psicológica en nuestro intento de descubrir la Verdad. Recuerdo que siendo todavía muy joven soñé una noche que me hallaba parado en el centro del Universo y que todo el firmamento, soles, estrellas y planetas oscilaban a mi alrededor. El espectáculo era maravilloso, sin embargo no me satisfizo su visión. Años más tarde, comentando un día con el Maestro este sueño me lo descifró en este sentido: "Todo el Universo se halla en movimiento y todo ser que consciente o inconscientemente trata de detenerse sufre de la crisis de resistencia impuesta a la oscilación o movimiento general o universal. De ahí el sentimiento de falta de plenitud que experimentabas, aun cuando te encontrabas fuera del cuerpo y contemplabas parte del gran secreto cósmico. En aquella época perseguías tú una meta muy rígida e inamovible y pese a tu buena intención equivocabas el sistema ya que, sin darte cuenta, detenías dentro de ti el movimiento del corazón, verdadero centro espiritual de toda criatura, que te impelía incesantemente hacia el movimiento universal".

Los años transcurridos desde entonces fueron jalonados de grandes experiencias, tanto espirituales como psíquicas, pero jamás olvidé el sentimiento de soledad que me embargaba al sentirme solo, varado y sin movimiento dentro del incansable movimiento del sistema cósmico. Aquel sueño no fue por tanto un simple sueño, sino que tuvo caracteres de revelación. Las palabras posteriores del Maestro tuvieron el valor inapreciable de una experiencia trascendida. De ahí que desde entonces considero la Perfección como un eterno movimiento en espiral ascendente que surge del corazón en forma de luz y que constantemente va ascendiendo, pero que no culminará jamás. La paralización de la mente humana en cualquier punto dentro de esta espiral de luz, es decir, la fijación de una meta determinada como culminación de un sinnúmero de esfuerzos o disciplinas, sólo podrá indicar un logro más o menos perfecto, pero jamás la perfección. Así son realizados en el tiempo las ideas o los arquetipos que la Divinidad ha creado para el cumplimiento de Su Plan de Perfección. Lo que ocurre es que el ser humano, individualmente o como grupo, persigue constantemente metas o se propone objetivos, pero, cristaliza en sus actividades y se embebe en sus motivaciones parciales, por cuyo motivo queda detenido en el tiempo. Ha de existir lógicamente un sentimiento natural de descontento aún dentro del logro de cualquier meta, técnicamente reconocida como buena, cuando ha pasado un cierto tiempo y la conciencia se ha apropiado de todos sus posibles significados y experiencia. Este descontento y la natural sensación de falta de plenitud que lo acompaña, indicarán siempre que aquella meta ha sido rebasada por los propios acontecimientos temporales y que hay que reemprender el movimiento ascensional dentro de la espiral infinita de la perfección cósmica.

Una idea será buena, desde el ángulo esotérico o puramente analítico, en tanto que sus repercusiones mentales dentro del cerebro humano permitan destilar todavía más sutiles y profundos significados, de no ser así es mejor abandonarla y lanzarse audazmente a la búsqueda de otras más elevadas e incluyentes. Hay que recordar al respecto que sólo hace unos pocos siglos que el sistema geocéntrico era considerado correcto e indiscutible desde el ángulo astronómico para explicar la mecánica del Universo y que solamente los Conocedores e Iniciados sustentaban el sistema heliocéntrico, el único y verdadero, por cuyo motivo fueron cruelmente perseguidos e inmolados. No vamos a referimos aquí naturalmente a las despiadadas persecuciones religiosas contra aquellos que veían claro el proceso universal del movimiento cósmico, aunque si deberemos reconocer esotéricamente que la historia que es juez de los actos de los hombres y la ley del karma que es justicia y cumplimiento, sancionarán en su día a todos aquellos que con su inhumano proceder negaron el movimiento infinito de la Vida de Dios que surge incontenible de Su Corazón eterno y desbordante.

De acuerdo con el principio hermético de analogía el movimiento del corazón humano es idéntico al del sistema heliocéntrico. Tiene un centro místico de expansión natural que lo proyecta constantemente hacia el Cosmos y no es falsa, por tanto aquella afirmación evangélica de que "...sólo por el corazón será salvado y redimido el hombre", es decir, iniciado dentro de los Misterios solares. El descubrimiento del corazón espiritual, no simplemente del órgano físico cardiaco, será la más grande motivación de los discípulos y aspirantes de la Nueva Era, en la que la técnica de aproximación a los misterios celestes que contienen la clave del movimiento cósmico, se basará fundamentalmente en el AGNI YOGA, el Yoga del Fuego, en cuyas expresiones la mente será trascendida en su aspecto meramente intelectual y el Fuego solar reemplazará al Fuego de Kundalini en la expansión de las energías espirituales contenidas en el corazón.

Los nuevos tiempos vendrán revestidos lógicamente de nuevas ideas acerca del destino universal de hombre y, de acuerdo con un inusitado y maravilloso despliegue de energías siderales que tendrán como punto de proyección a nuestro planeta Tierra, la más correcta de las actividades humanas será sin duda la de seguir atentamente y sin detenerse la orientación natural que aquellas ideas ofrecen, pero sin tratar en ningún caso de paralizarse en los repliegues de la acción dinámica llevada a cabo. Percibir, sin detenerse, será la perfecta norma de vida y la expresión del AGNI YOGA. Así, de esta manera, la creciente expansión del movimiento en espiral de la vida humana irá cumpliendo su destino, abriéndose constantemente desde el corazón individual hacia el indescriptible Corazón cósmico. Tal es la ley que regirá los altos designios de la Nueva Era en la que el corazón, como centro del dinamismo creador, tendrá para los discípulos mundiales la más absoluta y augusta preferencia...



Capítulo 4 - La perfección, un movimiento de la Conciencia de Dios
Introducción al Agni Yoga - Por Vicente Beltrán Anglada

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