La elección del campo de expresiones logoicas.

V.B. Anglada


4. LA ELECCIÓN DEL CAMPO DE EXPRESIONES LOGOICAS

Siguiendo las líneas de investigación que nos hemos propuesto en este Tratado, deberemos insistir constantemente en el hecho de que los Ángeles, los misteriosos agentes de la Luz y de la Creación, constituyen el principio constructor de la Naturaleza divina. Responden a la Ley, al Orden y al Poder organizador que en forma de Inteligencia creadora surgen del Corazón del Sol, refiriéndonos aquí concretamente a la actividad logoica de nuestro Universo. Cuando hablamos de cualquier ser humano decimos corrientemente "que está siguiendo el proceso kármico que marca su destino". Con esta sencilla afirmación estamos revelando una gran verdad esotérica, teniendo en cuenta que el karma, el pasado del Alma, su experiencia psicológica, sus cualidades, etc., son consustanciales y constituyen el Ser en la integridad de sus aspectos.

Parte inexorable del destino del hombre, en relación con las líneas maestras de este Tratado, son las infinitesimales, incalculables y desconocidas "vidas menores" que participan desde el principio mismo de los tiempos en la composición y construcción de sus mecanismos expresivos, siendo los más conocidos, como todos sabemos, el cuerpo físico, el vehículo emocional y la mente. Esta es una afirmación muy importante considerando que estas misteriosas vidas que cíclicamente nos acompañan son virtualmente ángeles o elementos dévicos en variadas e incalculables jerarquías y niveles de actividad, que elaboran el proceso kármico de acuerdo con los materiales, nobles o burdos, que vienen transportados a través del tiempo por la conciencia humana en permanente proceso de "memorización" o de evolución. El karma y el destino, palabras de las cuales no siempre se hace un debido y correcto uso, ofrecen amplísimas vertientes de estudio esotérico.

No sólo son el resultado de pasadas experiencias y un depósito vivo de cualidades latentes, sino que constituyen un poder soberano, "una orden" -si podemos expresarlo así- a las innumerables vidas angélicas, las cuales, de manera maravillosa e inenarrable, son las "depositarias y al propio tiempo salvaguardadoras" de la integridad del Destino, sea humano o cósmico. Por lo tanto, cuanto digamos acerca de la "Elección del Campo de Expresiones" con respecto al Logos creador de un Sistema de mundos, tiene absoluta validez para el ser humano, sea cual fuere su valoración individual o su condición social. Nos referimos siempre a un proceso místico de integración de valores angélicos surgiendo de un determinado Centro creador y encarnando la luz de un destino, experiencia viva de un pasado que se pierde en la inmensidad del tiempo y tejiendo en el éter los acontecimientos kármicos que caracterizarán la vida de un Dios, de un hombre o de un insignificante átomo.

¿Qué hay que entender por la frase: -aparentemente sin sentido- elección del campo de las expresiones logoicas? Podríamos señalar al respecto, aunque creemos que esta idea exigirá un gran esfuerzo de comprensión por parte de todos nosotros, que hay una misteriosa relación entre el Karma, la Cualidad de Vida Logoica y el Lugar en el Espacio que debe contener las semillas de un Universo. La selectividad del Espacio es aparentemente un proceso de "identificación". Cuando esotéricamente se afirma "que hay un destino para cada hombre y un hombre para cada destino", estamos afirmando este proceso natural de "identificación" o de reconocimiento por parte de los Ángeles que forman parte de este destino, del "lugar en el Espacio", o el emplazamiento justo, concreto y definido en donde tiene que realizarse la experiencia creadora.

El Manto de un pasado, individual o logoico, es extendido por los Ángeles en el Lugar previamente elegido creando allí una zona de influencia que es caracterizada por aquellas conocidas frases esotéricas de "...el Espacio viene teñido de Karma antes de la Creación del Universo" y "...el Manto del Karma se cierne sobre los mares del Espacio para iniciar un nuevo destino creador". Estas ideas serán quizás difíciles de asimilar intelectualmente por cuanto sus implicaciones, por claramente que sean expuestas, contienen una fuerte dosis de abstracción. No en vano tratamos de los Ángeles y del Misterio de sus vidas, así como de sus capacidades de integración en la imponderabilidad del Espacio.

En el caso del Universo "la elección del campo de situaciones" o la selectividad del campo magnético que ha de producirlas en la infinita extensión del espacio, aunque aparentemente se aprecie como una actividad natural de los Ángeles, hay que tener en cuenta que dichos Ángeles son una emanación natural del propio Logos creador de un Sistema, significando con ello que "sus mónadas angélicas" participan de la Voluntad creadora y son inducidas a la actividad por la Intencionalidad de la Vida divina. Este punto lo analizamos en un capítulo precedente. Se trata del secreto de la correspondencia cósmica del cual deriva el eterno sincronismo existente entre las motivaciones logoicas y las actividades angélicas. Tengamos en cuenta que aislamos intencionadamente el proceso selectivo de situaciones universales de la motivación particular de un Logos, sólo para aclarar mejor el sentido de la Creación.

Este sentido, como esotéricamente se sabe, consta de tres fases consustanciales: intención, ideación y construcción, inherentes a las actividades logoicas reconocidas en todas las grandes religiones de la Humanidad como la Voluntad del Padre, el Amor del Hijo y la Actividad del Espíritu Santo, los tres aspectos integrantes de la Vida de cualquier Logos o de cualquier ser humano, su reflejo microcósmico en el tiempo.

Una frase esotérica del "LIBRO DE LOS INICIADOS", traducida a nuestra mente occidental, dice así: "El Espacio se abre para contener la semilla de una nueva creación". Esta frase se refiere concretamente a los preliminares de la Creación, a lo que podríamos llamar "una concepción cósmica", extendiendo la idea al proceso generador de situaciones humanas que culminan en la concepción, este misterio universal de reproducción de todas las especies vivientes, así en el orden cósmico como en el individual y general, habida cuenta de que la Ley de polaridad y su consecuencia natural, el principio de generación, constituyen aspectos inefables de toda posible concepción. Las matrices del Espacio eternamente virgen y las entrañas físicas del aspecto femenino humano guardan entre sí una absoluta relación y analogía.

El germen creador del Logos, descompuesto en los aspectos positivo y receptivo y el germen humano conteniendo en su maravilloso centro de expansión la totalidad de un destino creador, son los elementos sustanciales de que se revisten los Ángeles para producir todas las formas conocidas. En el caso de un Logos, el primer síntoma objetivo de concepción es la nebulosa creada etéricamente por los Grandes Arcángeles, en el del ser humano es el movimiento de la sustancia etérica en forma circular alrededor del átomo permanente, el cual empieza a latir como un diminuto corazón.

Cuanto hemos dicho en este capítulo deberá considerarse como la piedra angular de este Tratado esotérico, por cuanto se analiza la vida de los Ángeles desde el ángulo de vista de su actividad principal, la que incansablemente les lleva a "tejer en la luz" de los acontecimientos del pasado y en las oportunidades del presente, un mejor y más claro destino en la vida de todo Dios y de cada hombre. Empezamos a considerar científicamente la esencia del proceso vitalizador del Universo y a introducirnos en los misteriosos arcanos del tiempo para descubrir allí el secreto de las edades. Podemos entrever ya, aunque sólo en una cierta medida, el principio de Vida generador de un Sistema Solar y a considerar las actividades angélicas, en sus infinitos niveles de expresión, como las corrientes vitales que descompuestas en energía, fuerza y movimiento constituyen la realidad visible de toda posible creación.

Estas ideas, consecuentes de las examinadas en los capítulos precedentes, nos permitirán ver más claramente el sentido de identidad psicológica de un Logos en relación con la inefable corriente de Vida que se expansiona y exterioriza en el Cosmos por medio de un Arcángel.

Vicente Beltrán Anglada

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