Facultades psíquicas. Era de transición.

V.B. Anglada


La atención de nuestra Jerarquía planetaria, y aún de otras Jerarquías planetarias y Solares está actualmente, y desde hace ya varios años, fijamente enfocada sobre la actitud de los hombres con respecto a ese terrible ingenio que llamamos “bomba atómica”, dispuesta de nuevo a intervenir drásticamente y por medio del fuego (característica específica del principio mental en el hombre), en caso de que la manipulación inconsciente de aquella poderosa energía nuclear, pudiese constituir un peligro inmediato para las demás corrientes evolutivas planetarias o para la evolución natural de otros planetas del Sistema y aún perturbar el ambiente cósmico de otros Sistemas Solares.

Cuando uno comprende analíticamente la raíz del proceso evolutivo tal como se enseña en los Ashramas de la Jerarquía y puede, aunque sea con carácter circunstancial, desgarrar el velo del tiempo y contemplar cierta extensión del pasado histórico de la raza o las inmensas perspectivas del futuro, se da cuenta exacta del peligro siempre latente en las ocultas raíces de la conciencia humana y “cambia drásticamente de actitud respecto a formas de vida gastadas o cristalizadas y a todas aquellas condiciones ambientales indeseables creadas y fomentadas por la inexperiencia de los seres humanos.

El psiquismo inferior es como “una pequeña bomba atómica”, en el sentido de que destruye los aspectos creadores del ser humano. Vista desde el ángulo oculto, la experiencia humana sobre el psiquismo inferior o astral aparece como una corriente de agua sulfurosa, hirviente, que se va adueñando de los centros etéricos, situados bajo el diafragma, produciendo a su paso desgarros en la delicada trama etérica de protección de los mismos y determinando tensiones psicológicas y enfermedades incurables. No es aquel fuego eléctrico, de potentísimo y claro fulgor que inunda los centros etéricos, singularmente los que se hallan situados por encima del diafragma, de unos vivísimos colores de belleza indescriptible, tal como puede ser observado en el cuerpo etérico y en los chakras de una persona altamente mental, positivamente controlada y henchida de aspiraciones espirituales

En esta difícil era de transición que vivimos, en la que Piscis -simbólicamente hablando- está en el proceso de dar a luz a Acuario, las personas que a estas actividades se dedican, vistas desde el plano espiritual, constituyen como frenos o impedimentos al nacimiento natural y normal de la Nueva Era, más sensible, más sutil y por lo tanto más delicada que la anterior. Hay ya bastante dolor y dificultades en el mundo, con los segregados por las pasiones naturales de los seres humanos y por la espantosa lucha de los elementos, en el interior de esta entidad que los esotéricos llaman “Anima Mundi” o alma de la naturaleza y este dolor y estas dificultades se acentúan y agudizan en todo período de transición.

Agreguemos a estas acciones que retardan el advenimiento de la Nueva Era, los riesgos y peligros de la potente resistencia ofrecida por los valores morales y sociales del viejo orden que aferrándose a las arcaicas prerrogativas del pasado se resisten a morir, ignorando que ello significa “renacer a una vida superior”.

Desde el ángulo de apreciación mental de lo que llamamos “investigación esotérica”, y aquí el énfasis va hacia el hemisferio causal de la vida del hombre, hay que negar muchas de estas ilusiones psíquicas y desdeñar a veces experiencias que a pesar de tener un cierto valor como prueba de la existencia de “unos universos paralelos” o de ciertas dimensiones superiores a las del mundo físico, nos privan sin embargo de la inmensa dicha de apreciar el alto valor de la experiencia espiritual de “continuidad” que caracteriza a la vida del hombre, como reflejo fiel en tiempo y espacio de la vida divina. “Las Facultades psíquicas” jamás deberían ser pretendidas para darle al mundo una prueba de evolución espiritual -lo cual no siempre es cierto- o para deleitar el ánimo personal más predispuesto a gozar de los efectos que de las propias causas.

Las facultades psíquicas, a igual que las flores de las plantas y los frutos de los árboles, deben surgir espontáneamente, sin cuidado alguno por parte del aspirante, por el sólo hecho de vivir correctamente y de emplear la buena voluntad en todas sus acciones. El aspirante espiritual del mundo moderno es, ante todo, un investigador científico de los hechos; esto equivale a decir que se mueve progresivamente en el nivel mental, siendo cada vez más consciente de las energías y fuerzas que actúan sobre la vida organizada de la humanidad y sobre cada uno de los niveles o planos en los que él debe actuar en su calidad de servidor consciente.

También muchas veces, ciertas condiciones de origen kármico por necesidad de desarrollar determinadas cualidades internas, pueden borrar circunstancialmente de la vida del discípulo espiritual y aun del Iniciado ciertas facultades psíquicas, sin que la vida interna se resienta en lo más mínimo y sin que en ningún momento cesen de florecer los lotos sagrados de la misma. Algo no hay que olvidar nunca, mayormente si se quiere hollar con seguridad el Sendero: es que la facultad psíquica nunca producirá por sí misma aquel sentimiento de paz e integridad, testimonio vivo de verdadero desarrollo espiritual que brota de las fuentes búdicas.


- Facultades psíquicas superiores

Las facultades psíquicas superiores son de tipo mental-espiritual y se desarrollan con el ejercicio de la discriminación, el discernimiento, la meditación oculta, el control de los deseos y de las emociones, el amor por la síntesis y el progresivo desarrollo del sentimiento de solidaridad, de coparticipación, de creciente afecto por los demás.

Son ellas las facultades naturales de la Nueva Era en el hombre; la intuición espiritual, la telepatía, la clarividencia mental consciente, la facultad de ver en el registro akáshico de los hechos, los Planes o Designios del Logos planetario, el desdoblamiento a voluntad con fines de servicio, la continuidad de conciencia “dentro y fuera” del cuerpo, el desarrollo progresivo del sentimiento de Compasión que ha creado a través de la historia de la Raza a los Grandes Taumaturgos y el elevado aspecto mental de Síntesis, que embellecerá la vida con unas corrientes de energía de extrema sutilidad que dará vida a un Arte y a una técnica suprema de contacto con los reinos sutiles e invisibles de la Naturaleza, produciendo aspectos de luz, color y sonido que nuestra más elevada y exaltada facultad imaginativa es todavía incapaz de visualizar y darle forma.

Sin caer en exageraciones, y mirando todas estas cosas desde el ángulo esotérico, podría decirse que consciente o inconscientemente muchos psíquicos de nuestro mundo actual están “jugando a la magia negra”, reviviendo en sus vidas muchos de los vicios atlantes y retardando con su actitud la aurora del Nuevo Día que tiene que venir. Si se dieran cuenta de que su forma de proceder, unida a la forma de proceder análoga de otros muchos, está creando en la Naturaleza que le rodea y en sus particulares ambientes un clima de muerte, de descomposición y de temor, en vez de fresca esperanza hacia el futuro, quizá revisarían profundamente sus actitudes.

Podemos decirles que están vitalizando constantemente sus cuerpos lunares inferiores, impidiendo con ello “el normal y natural proceso de descomposición de nuestro Satélite, la Luna”, cuyas Jerarquías Creadoras, los PITRIS, que nos dotaron de nuestros cuerpos inferiores, el físico y el astral, es decir, toda nuestra naturaleza instintiva, lo abandonaron hace millones de años, una vez cumplida su misión principal de preparar el tabernáculo, o cuerpo personal, que un día debería ocupar el Ángel Solar, el Yo divino en el hombre.

Por paradójico que parezca, algo muy similar se opera en las sesiones espiritistas cuando se vitaliza, contraviniendo todas las leyes de la libertad espiritual, el cuerpo etérico de los difuntos e impidiendo que un ser humano fallecido pueda penetrar en el Devachán, por esta invocación constante de sus deudos, amigos y médiums sin control espiritual que, sin darse cuenta, están impidiendo asimismo que los cuerpos inferiores de los muertos accedan a su normal y natural proceso de descomposición.

Por cuanto les hemos venido diciendo, toda persona inteligente y de buen criterio llegará a ciertas positivas conclusiones si se da cuenta hasta qué punto está colaborando con su actitud altamente pasiva, con respecto a la actividad psíquica inferior, al retraso cósmico que representa retardar la caída del maná espiritual, aquel alimento solar que nutre el cuerpo de los Dioses y que está presente en toda vida y acontecimiento planetario. Este alimento “solar”, base del correcto psiquismo, está actualmente, y desde hace ya muchos siglos, a nuestro alcance; son las facultades del Alma, su inmensa bendición de servicio y sacrificio, su infinito deseo de conducir al hombre a su verdadera Morada, al sagrado Lugar en donde la vida se expresa como paz, fraternidad; armonía, equilibrio… seguridad absoluta en relación con las leyes que rigen el tiempo y las cosas que en el tiempo hallan su razón de ser.

Son los poderes naturales que nacen del contacto con el Alma divina, y nada tienen que ver con las apetencias de la pequeña personalidad en los tres mundos, apegada siempre al fluir incesante de lo ilusorio, el vago placer de lo efímero, encadenada constantemente al vano oficio de tejer y destejer recuerdos e ilusiones ... Pero estas facultades se expresarán noble y adecuadamente a través de esta pequeña personalidad, cuando dejando de identificarse con sus pequeñas creaciones y autodeterminándose en un potente esfuerzo de voluntad, sepa amoldarse a la Voluntad de Aquel que es su vida y la raíz de todas sus existencias y aprenda el valor de lo inmediato, de lo cósmico, por primera vez a su alcance después de siglos de separatividad, soledad, tristeza y agonía.

Tal es la fértil promesa de Acuario, llevando implícita la Voluntad y el Amor de “Aquel que retorna al Mundo”, después de un inmenso período de Soledad espiritual, para llevarles a los hombres, una vez más, el testimonio vivo de los Misterios espirituales que “edad tras edad” dignifican la Raza y promueven en los infinitos recodos de las conciencias el Aliento divino que contiene la Gracia Santificante.

En lo que a la personalidad humana se refiere, el desarrollo de las facultades psíquicas superiores puede ser equiparado a la imagen de la Luna durante el período de plenilunio, en el que la potencia del Sol la cubre e ilumina completamente. Y tal es realmente el caso. Las facultades psíquicas superiores son en realidad “facultades solares”, puesto que ocultamente dimanan del aspecto subjetivo o espiritual del Sol. Existen por sí mismas, no son un reflejo como lo son las facultades psíquicas inferiores; están por lo tanto más allá de la vida y de la muerte de la personalidad. Nada tienen que ver, por tanto, con la Luna, con aquel astro que un día fue esplendente sede de la vida, pero que ahora está ya muerto, sujeto a la inexorable ley de descomposición del tiempo.

Pero, de la misma manera que el Alma tiene una personalidad donde reflejarse, donde reflejar su gloria, así el Sol, Gloria suprema en lo oculto, aprovecha todavía la Luna, como un espejo para reflejar sobre la humanidad aquellos poderes latentes que están más allá y por encima de la muerte y de todos aquellos elementos dentro de la Naturaleza que producen caos, confusión y temor. Esto parecerá extraño o sin sentido a muchos, pero les aconsejaríamos que reflexionaran acerca de las virtudes esenciales de la Luna, un astro virtualmente muerto, durante el período de la luna llena, en lo que a “vida existencial” se refiere. Existen en estos conceptos verdades que aun pareciendo misteriosas o novelescas, contienen sin embargo muchas de las claves que han de ordenar el proceso expansivo y fecundo de la Nueva Era.

Podemos decir que estos conceptos se ajustan íntegramente a las enseñanzas que normalmente se imparten en todas las verdaderas escuelas esotéricas u ocultas del mundo, y aun en los Ashramas de la Jerarquía, singularmente en momentos de grandes crisis de “necesidad planetaria”.

En las meditaciones grupales de la Jerarquía, en los grandes contactos planetarios con energías más allá de nuestro confín solar (como en el caso del Festival de Wesak), en los contactos especiales entre los discípulos del mundo con sus respectivos Maestros y en toda obra mágica cuyos fines reconocidos sean el contacto con la Voluntad de Bien que rige el Universo, se toma como punto de enfoque y referencia vital el momento cíclico de la Luna Llena.

No hay que olvidar nunca, cuando se hable de facultades psíquicas de orden trascendente, que todo contacto de naturaleza espiritual en orden a estas facultades debe realizarse cuando existe una perfecta conjunción Sol-Luna, esotéricamente hablando, pues todo verdadero discípulo sabe que los cuerpos de su personalidad, lo que denominamos vehículos inferiores, están regidos todavía por los Pitris lunares, en tanto que los que se centran en el Alma o Yo superior del hombre (la Tríada espiritual) son la sede de las facultades psíquicas superiores que vienen regidos directamente por el Oculto Sol Espiritual, velado, tal cómo se dice en el sublime canto del Gayatri, “tras un disco de luz dorada” (el Sol físico).

No estamos jugando con palabras; tratamos de explicar una verdad que, pese a sus dificultades de asimilación por la mente concreta del hombre, constituye el nervio vivo de aquello que es la esencia de toda posible evolución universal, la conciencia de dualidad existente en todas las cosas, en todos los seres vivos, en el proceso, mismo de expansión del Cosmos absoluto.

Los aspirantes espirituales del mundo se sentirán cada vez más inclinados a dedicarle una profunda atención al misterio espiritual que se produce durante la fase de luna llena y comprenderán progresivamente cómo las energías solares disponibles en aquellos mágicos intervalos del tiempo pueden ser aprovechadas para elevar la sintonía espiritual de sus vidas.

El momento de plenilunio, lo mismo que toda fase periódica en la vida cíclica del planeta, como son por ejemplo los solsticios y los equinoccios, regidos por constelaciones zodiacales y, en menor grado, las auroras y los crepúsculos que equilibran el día y la noche planetaria, así como los más humildes tatwas”, cuya duración puede medirse por segundos, deberán ser estudiadas cada vez con más profunda e interesada atención por parte de los aspirantes modernos, pues el orden cíclico a que están sujetas todas estas fases son el testimonio de una Voluntad, de un Poder y de un Designio divino con el cual todos, sin distinción, podemos establecer contacto conscientemente.



V.B.Anglada

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