Facultades psíquicas. Atlántida.

V.B. Anglada


Cuando un médium llega a la conclusión de que es guiado o dirigido por un Ser superior, y para el médium cuantos tratan de comunicar mensajes a través de sí pertenecen a esta categoría, caen en la falsa idea de que todo se halla ya resuelto en su vida y que únicamente deben limitarse a transmitir mensajes, impartir consejos o curar enfermedades.

Al iniciar este proceso de comunicación astral, que es la mayoría de las veces de “actitudes personales dirigidas” por muy eficaces que puedan parecer a simple vista, ha quedado espiritualmente estancada la vida del médium. Ha dejado de ascender por las gloriosas rutas de la singularidad individual que marcan el proceso de la autoconciencia y caído en la limitada condición de simple vehículo de un propósito ajeno. Con ello pierde de vista una gran oportunidad de vida realmente espiritual. La trama etérica, a que anteriormente nos hemos referido y que protege su vida psíquica y física, se rasga en uno o varios puntos de su delicado tejido y por allí se escapa -simbólicamente hablando- el poder que confiere la visión directa y sin intermediarios de la realidad interna. Ruego mediten muy impersonalmente estas últimas palabras, por favor.

No es lo mismo, debemos decirlo y repetirlo hasta la saciedad, “vida espiritual” y “vida psíquica”. Hay un tremendo abismo entre ambos conceptos, un abismo de miles de años, exactamente el que separa en el tiempo a la civilización potentemente astral de los atlantes, de la civilización altamente mental, técnica y especializada de la raza aria de nuestros días. No es evidentemente el mismo el nivel en que se produce “la comunicación astral”, ya sea clarividente, clariaudiente o mediunímica de los psíquicos corrientes, efectuada a través del plexo solar, cerebro instintivo que utiliza el reino animal en evolución y que está siendo rápidamente trascendido por el hombre pensante, que aquel nivel, aquel punto sagrado dentro del cerebro humano que la ciencia denomina “glándula pineal” y a través del cual los aspirantes espirituales avanzados y los discípulos establecen contacto con su Alma, con su verdadero Yo divino.

Esta es, la sede espiritual de lo que podríamos con justicia denominar verdadera “mediumnidad”; aquí en este lugar o retiro sagrado el hombre no recibe mensajes ajenos, sino únicamente la guía e inspiración de su Alma. Hay que darse cuenta de la absoluta diferencia de ambos centros de comunicación y de lo que hay que entender por MEDIUMNIDAD en el sentido verdadero espiritual. Desde este centro inmaculado el tiempo y el sostenido propósito interno trabajan armoniosamente para la redención del hombre y de la raza entera.

Algunas experiencias retrospectivas realizadas en el Ashrama bajo la directa supervisión del Maestro nos demostraron la realidad de cuanto hasta aquí he venido diciendo sobre el tema del psiquismo. Remontándonos por las rutas retrospectivas del tiempo hasta la época atlante, era curioso observar cómo los métodos de comunicación con el plano astral eran idénticos con los que todavía hoy, después de algunos millones de años, practican los médiums y personas psíquicas de nuestros días. En general, el hombre corriente es todavía muy astral, muy psíquico, muy atlante podríamos decir, y sin que se aperciba de ello está practicando todavía muchos de los sistemas de contacto astral que deberían haberse perdido en lo que a civilización superior se refiere, en la lejanía de los tiempos o enterrada bajo el polvo piadoso de los siglos.

Uno de los grandes problemas que enfrenta la Jerarquía planetaria y que debiera afrontar resueltamente la humanidad inteligente de nuestros días, es el problema del psiquismo, limitado y mal orientado que constituye, debo repetirlo nuevamente, “un verdadero problema social” por el enorme porcentaje de energía astral que promueve y por los obstáculos que opone al ritmo mental moderno que propicia la Nueva Era con sus infinitas oportunidades de redención del género humano. No he tenido intención alguna de herir susceptibilidades de aquellas personas que poseen facultades psíquicas, sino más bien un enorme y fraternal deseo de inspirar por la buena voluntad y con el testimonio de ciertos hechos, un tipo muy importante de solución para algunos de los grandes, profundos y decisivos problemas de nuestros días.

La cualidad altamente emotiva de la raza atlante, el intensísimo deseo creador de situaciones, el afán desmedido de poder, los profundos arrebatos emocionales, que originaban potentes tensiones, y la presencia de ciertas condiciones astrológicas que favorecían en extremo el desarrollo de las facultades psíquicas inferiores, modelaron un tipo humano capaz de vivir simultáneamente en el mundo físico y en el mundo astral inferior. La comunicación mediúmnica, la visión astral, el poder de materializar por la fuerza del deseo los elementos etéreos circundantes (las fuerzas elementarias de la Naturaleza) y el desdoblamiento sin esfuerzo, aunque sin control, eran características de la raza atlante (1), lo mismo que el proceso analítico del pensamiento es una característica de la raza aria de nuestros días.

Los más sagaces y audaces, los más astutos y más poderosamente predispuestos se convirtieron pronto en “magos negros”. Manejaban extraordinario poder que se acrecentaba con el concurso de sus seguidores, ávidos como ellos de conquistas materiales, que utilizaban para favorecer el crecimiento de una personalidad que fuese capaz de “vivir en lo eterno sin dejar sus conquistas temporales”.(2) Este fue el gran error atlante en casi su totalidad, puesto que el punto medio, el alma inteligente, el poder coordinador espiritual no pudo manifestarse y el peso del “mal organizado” invocado de fuentes cósmicas por la práctica de un saber ciego e irreflexivo, condujo al mundo entero a una situación de tensión y de peligro de la cual nuestra mente no puede darse una exacta y clara idea.

Basta decir solamente que esta tensión planetaria, provocando ondulaciones negativas en el aura de la tierra, rebasó el “círculo-no-se-pasa” de la misma y “alertó” a las “Huestes de la luz”, a los Servidores del Bien Cósmico, a Jerarquías más allá de la Jerarquía Blanca de nuestro planeta. Se nos dice ocultamente que hubo un Concilio “extraplanetario”, en el que además de nuestra propia Jerarquía, figuraron Miembros de otras Jerarquías planetarias de nuestro Sistema Solar, y aún de este gran Sol Central Espiritual que es la inmaculada Logia de Sirio. Estas explicaciones, tienen un carácter muy esotérico y deberán apelar al testimonio de la propia intuición para reconocerlo y aceptarlo, pero las consecuencias de tal Concilio en lo que a la historia de la tierra se refiere, fueron de naturaleza eminentemente drástica, ateniéndose en todo momento a la ley de armonía y conservación del conjunto universal.

La terrible decisión fue ésta: el hundimiento del Gran continente de la Atlántida, con todo su contenido creativo, basado en el desorbitado desarrollo de la naturaleza astral, la que debía lavar a la raza atlante de “la herejía de separatividad”, que había ido creando alrededor de la tierra un aura nefasta de odio, tensión, enfermedad y muerte.

La Jerarquía Espiritual está siempre atenta al proceso de la vida evolutiva del planeta en su totalidad, y mira más los planos o diseños del conjunto, que los pequeños planes o proyectos humanos que la mayoría de las veces, atentan contra la idea básica, arquetípica u original del conjunto, que es un anhelo o voluntad suprema del Creador universal. No hay pues vacilación alguna en destruir algo que se considere nocivo o peligroso para el conjunto, lo mismo que un inteligente cirujano no vacila un sólo momento en amputar un miembro enfermo cuando éste atenta contra la seguridad del organismo entero.



V.B.Anglada

(1) Los Iniciados, Guías y Conductores de la raza atlante, no eran evidentemente astrales, ni estaban condicionados por la gran ola de psiquismo desbordante. Eran Miembros de la Gran Logia Blanca del Planeta y después del cataclismo atlante, “salvados milagrosamente del Diluvio”, llevaron nuevamente la antorcha viva de la evolución, del Plan y del progreso espiritual a otras regiones del Planeta; Egipto, Asia, Grecia...

(2) Esta es una característica propia del Mago Negro, que pese a la extraordinaria inteligencia que despliega en el orden concreto, o material de la vida, es incapaz de comprender el significado esencial de los valores permanentes, que le son prácticamente inaccesibles. De ahí, afortunadamente para la evolución planetaria, lo efímero de sus éxitos en el desarrollo del mal organizado y el terrible Karma final que le aguarda, una vez la rueda infinita de los ciclos temporales haya agotado todo residuo de mal en el corazón del hombre.

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