El Hombre y el Descubrimiento del Mundo Oculto. II

V.B. Anglada


Vicente.-

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Como digo, la idea del demonio ahora está de moda, se hacen películas que demuestran un interés en descubrir las causas de este proceso.

Precisamente, a través del tiempo y siguiendo un proceso de reincorporación estamos siempre, a través del proceso místico del karma o de la Ley de causa y efecto, de cargar nuestros vehículos con substancia de los tres mundos, y esto, este peso específico, es lo que impide la coordinación inteligente con los mundos invisibles y el que impide que nuestra mente pueda funcionar en zonas de alta sensibilidad y que nos está arrastrando por el suelo debido a la propia ley de gravedad, siendo así el demonio esta ilusión que, fíjense bien, no sólo es la entidad que hemos creado a través del tiempo, a través de los actos punitivos, de aquellos actos reprobables, de aquello que hemos realizado mal o de aquello que hemos omitido pudiendo realizarlo. Todo esto es el peso específico que impide la elevación del alma, todo este contenido es una substancia eléctrica, por así decirlo, que está cargando los éteres que nos circundan y que transmitimos unos a otros de la misma manera que nos transmitimos los microbios que causan las enfermedades. Si admiten ustedes como válida esta teoría de que de la misma manera que nos transmitimos por relación simpática los virus de las enfermedades, hay que admitir también, porque la analogía es la base de nuestro sistema, de que realmente también nos estamos transmitiendo aquellas energías que fluyen de nosotros cuando el cuerpo psíquico está cargado o cuando la mente no funciona adecuadamente. Entonces, es fácil suponer que el ambiente donde existen criaturas conscientes con la capacidad de apropiarse de nuestras energías constituyendo formas de pensamiento o formas emocionales, formando verdaderas nubes psíquicas que están conturbando el ánimo de la humanidad y están impidiendo realizar los arquetipos, entonces sabremos de la responsabilidad que tenemos de no cargar los éteres, porque de la misma manera que Cristo decía que el hombre es responsable no sólo de las palabras que haya dicho ofensivas sino también de las palabras inútiles, porque esto está creando en el éter las semillas de la descomposición psicológica de la raza. Basta que se fijen en los ambientes; cuando entren ustedes en algún lugar donde se haya pensado mal ustedes sentirán el impacto; si van a una Iglesia, la que sea, notarán un aura de paz creada por el sentimiento de fe de muchas personas; y si penetran en un santuario perdido en los montes, donde solamente existe un santo en oración sabrán también de la gloria de Dios. ¿Por qué?, porque Dios está en todo, pero por la ley de peso de la gravedad es justo y lógico admitir que solamente donde hay pureza existen ángeles y donde hay impureza existen demonios, no siendo entidades, no siendo formas objetivas tal como han sido supuestas sino como estados de conciencia permanentes de la humanidad que no han sido todavía destruidas por el poder de la voluntad de nuestra vida psicológica, y que nosotros hemos creado estas formas y al crear estas formas somos al propio tiempo los creadores y los que sufrimos las consecuencias de su acción. Es decir, que cuando hablamos —y esto es muy natural— de las consecuencias de los gobiernos que tenemos o de las filosofías que están inundando la literatura de los pueblos o de una forma determinada de evolución, tengan presente que hemos dinamizado el éter del espacio que nos circunda y que realmente tenemos aquello que merecemos, ustedes creerán que esto parece una cosa imposible pero analicen, por favor, esta cuestión. Es necesario que seamos conscientes del poder que tenemos, de la cantidad de energía que desarrollamos, de los elementales que creamos, o de los ángeles que invocamos, y cuando hablemos del demonio no le creemos como una figura antipática, como la que tenemos desde el principio de los tiempos, sino pensemos que la forma puede ser realmente horrible, pero es una forma creada con la substancia de nuestros pensamientos y de nuestras emociones. Así que no critiquemos al diablo, critiquémonos a nosotros, y cuando estemos en un proceso diabólico busquemos la paz y el diablo desaparecerá, perdamos peso y el guardián desaparecerá; reaparecerá el guardián del umbral seguramente en una etapa superior de trascendencia absoluta, cuando, al llegar a cierto punto donde solamente hay que atravesar una puerta para ver y realizar un arquetipo determinado, veamos ante nosotros el Guardián del Umbral por un lado, y el Ángel de la Presencia por el otro y tengamos que pasar por el centro, entonces se verá si realmente nos atrae más la forma del Guardián del Umbral o del Demonio tentador o si estamos insuflados por el poder y la gloria del Ángel de la Presencia. Esta distinción que llegará a todos nosotros en cierto periodo vital de nuestra vida espiritual, psicológica, debemos empezar a encararlo ahora, con la teoría de las fuerzas que vibran en el éter, por el dinamismo de los espacios intermedios, por aquel poder que existe que hace que una persona sea santa y que la otra malvada. ¡Esto es! Ahí está la cuestión de todo el esoterismo, tratar de resolver el dilema que existe en los éteres, tratar de conquistarlos, de dinamizarlos con una vida más suprema, más desbordante, más vívida, más noble. Siendo así, el problema del demonio desaparecerá; entonces quizás el problema inmediato sea el contacto con los ángeles. Ya directamente empezar una nueva civilización basada en la fraternidad, lo cual todavía no ha sucedido, porque se habla mucho de fraternidad pero evidentemente no existe, existe una opresión, existe siempre el egoísmo humano y este egoísmo es el verdadero demonio, el diablo, y cuando se nos hable de exorcismo pensemos que se trata de una actividad supremamente científica, que nada tiene que ver con la superstición, con el atavismo, con la tradición de aquello que nos enseñaron de pequeños, sino que es algo latente que surge de nosotros y que en nosotros mismos podemos resolver, que podemos evitar y que podemos crear nuevas situaciones en un mundo oprimido por la desesperación y el sufrimiento.

Prefiero que tengamos un poco de coloquio porque yo creo que el tema en sí es actual, evidentemente, siempre ha sido actual. El problema del hombre para la humanidad es siempre actual, pero hemos llegado a un punto dentro de la órbita de las conclusiones personales en que realmente precisemos quizá de aclarar este punto para no caer como en el pasado hemos caído en la tradición y abarcar el asunto de una manera totalmente nueva. Por ejemplo, todo cuanto existe es una creación del hombre, excepto aquello que es la naturaleza, fíjense bien el poder de crear que tiene el hombre, no solamente puede crear un edificio, un estado de conciencia, sino que puede dinamizar los éteres creando nuevas formas de vida y de civilización, y para esto no se precisan nunca los jurisconsultos ni los políticos ni los caudillos. Se precisa únicamente la fuerza de voluntad del individuo, el poder de la autoobservación, el poder, definitivamente, de dinamizar los éteres con aquel poder que es la ciencia máxima de la vida y que se llama, técnicamente, la voluntad. Educar la voluntad, con la voluntad podemos crear ángeles y demonios, entonces la elección es para nosotros, y para nosotros es realmente la responsabilidad. ¿Cuál será la tarea? ¿Cuál será la respuesta? Eso depende de nosotros, y podré continuar insistiendo con las preguntas de ustedes.

Interlocutor.- ¿Qué es más importante la fuerza de voluntad o la imaginación?

Vicente.- La imaginación y la voluntad siguen dos caminos muy diferentes aunque van al mismo sitio. La imaginación es mental, la voluntad es más alta siempre que la mente, es decir, que la voluntad es para hacer fruto o conciencia u objetiva la imaginación, por lo tanto, siendo la tendencia de la imaginación de llegar a un sitio determinado, entonces, lógicamente, hay que educar la voluntad con la fuerza de la intención o de la imaginación. La imaginación puede crear un mundo de maravilla y la voluntad complementará aquel fruto de la imaginación, pero la imaginación —ya estamos insistiendo en lo mismo— puede crear también la deformidad psicológica, por lo tanto, la imaginación en sí no es lo positivo, lo positivo si acaso será una imaginación dirigida por un gran sentimiento de fraternidad, buscando siempre lo mejor de lo mejor y utilizando la voluntad para dinamizar los éteres que harán posible que aquello se pueda realizar, que pueda ser objetivo y llevarse a cabo.

Interlocutor.- Bueno, es que pasa una cosa, es que yo he leído algo sobre este particular donde diferencian esto de una forma bastante notable, o sea, que dicen que con mucha voluntad y sin imaginación el hombre no puede crear nada porque toda la creación depende de la imaginación. O sea, tal como tú has dicho muy bien antes, toda la obra que se manifiesta que vemos, excepto la naturaleza que es obra divina es imaginación. ¿Estamos de acuerdo?

Vicente.- Justo, sí, naturalmente. Imaginación cristalizada en objetividad.

Interlocutor.- El demonio yo comprendo que es nuestro propio cuerpo con sus vicios, pasiones y mala sociedad…

Vicente.- Parte del demonio. Fijaos bien, estamos empleando palabras, palabras, quizás con el tiempo, con el devenir del tiempo, quizás serán reemplazadas por otras más asequibles, pero digamos demonio al contenido corporal de tres cuerpos, que son la mente inferior o intelecto, que está relacionado con el deseo, el propio deseo y la conducta, ahí está el demonio, pero el demonio no debe asustarnos porque nadie se asusta de sí mismo, pero la imaginación puede crear, puede sutilizar este demonio y convertirlo en un ángel. Ahí está el problema. No es que no exista el demonio, lo que pasa es que no existe tal como lo hemos supuesto siempre, existe una forma permanente que nosotros hemos creado a través de las malas inclinaciones del tiempo, de lo que hemos encontrado, de lo adquirido, del fruto amargo del karma del pasado, pero en el presente —y siempre debemos hablar en términos de presente—, estamos tratando de deificar el proceso, divinizarnos hasta el punto en que todas las tendencias queden transformadas en algo superior, tal es el sentido del Magnus Opus de los antiguos alquimistas de la Edad Media, que realmente lo que buscaban era transmutar el metal vil de los cuerpos inferiores en la gloria pura de la mente superior, por lo tanto, todo este proceso lo sabemos porque lo hemos leído, y todo el misterio ha sido llevado a un punto en el cual somos conscientes de que realmente podemos hacerlo, y como podemos hacerlo la responsabilidad es el porqué no lo hacemos.

Leonor.- Has tocado el tema del exorcismo, y yo algunas veces he pensado cómo es posible que si una persona tiene ciertas convulsiones producidas por equis cosas, cómo es posible que el exorcista pueda sacárselo en un instante o en una actuación suya. Si es producto de sus errores, si es producto de sus inclinaciones materialistas o de lo que sea, cómo puede sacárselo en un momento todo el proceso psicológico de aquella mente. Creo más bien que le asusta y nada más.

Vicente.- ¿Se dan cuenta de la pregunta? Entonces, vamos a tratar ya de aunar esto con lo que hemos dicho anteriormente. El exorcismo es magia y la magia tiene que ver con la substancia que vive en los éteres. Hemos dicho que el hombre ha creado en los espacios, en el éter que circunda los espacios, una forma positiva o negativa, cuando la persona ha creado de sí misma, ha elaborado, una cierta cantidad, una cierta forma de mal, este mal se adueña de la persona. No es que sea el demonio aparte, lo ha creado más la intromisión de todas aquellas partículas dinamizadas por otras personas que responden a aquella actitud, y como está indefensa aquella persona, entonces el mal penetra en ella por alguna obertura del cuerpo etérico, y entonces se dice que el demonio se ha adueñado de aquella persona. Realmente ha sido una potencia etérica formada por la humanidad y que ha encontrado en aquella persona un punto de anclaje, por lo cual el exorcista debe ser un mago utilizando mantras. ¿Qué es un mántram? El mántram es un sonido especial que disuelve en el éter la substancia maligna, pero tengan en cuenta también que el mago negro utiliza mantras para atraer las substancias negativas, lo cual hace que el proceso sea todavía más oscuro, más complejo, de ahí que el exorcista deba trabajar con magia negra cuando se trata de querer infundir el mal, porque también se hace así, pero cuando trabaja con magia blanca, entonces disuelve el mal a través de la fuerza de voluntad. ¿Por qué?, porque la voluntad es el mántram más la fuerza espiritual de la persona que puede galvanizar los éteres y disolver las substancias de mal en aquella persona. Ahora bien, que se haga bien o mal tal como vemos en las películas eso es aparte. Estoy hablando de magia depurada, estoy hablando de goecia. Yo creo que ninguno de nosotros debemos estar interesados en la magia negra, porque la teurgia es la que interesa al ser humano, y el exorcismo actual es un medio científico de liberar las substancias etéricas que están dinamizadas por el pensamiento y el sentimiento de las personas, pero teniendo en cuenta que el caso de posesión, el caso de obsesión, los espejismos mentales y todas las obsesiones que pueden venir por efecto de una rotura del cuerpo etérico de los hombres, en todos los casos siempre es producto también de aquello que hemos creado en el éter, se introduce y realmente, científicamente, es un caso de posesión. Entonces, el proceso —y a veces muy largo— es de hacer que los éteres vayan saliendo y vayan adoptando la forma que tenían antes o disolviéndolos por efecto de unos mantras especiales. En todo caso, antes que curar más vale prevenir, porque si estamos dando las razones por las cuales podemos prevenir el mal no hay por qué tener que luchar para restablecer el bien, sino que la forma más positiva de luchar contra la goecia es practicando la teurgia, es decir, practicar la magia blanca es lo que nos libera de la magia negra, y en toda magia negra ya tenemos el problema del demonio y en la magia blanca tenemos el problema del ángel, ya tenemos el problema del bien y del mal dentro del corazón del hombre. Por lo tanto, todo está dentro del corazón del hombre, no hay algo que esté fuera de nosotros, solamente existe algo que es la divinidad que nos está atrayendo a través de los arquetipos superiores, pero por lo demás estamos realmente protegidos para que el mal no pueda adueñarse de nosotros, (porque) es siempre deliberadamente que el mal se introduce en nuestro cuerpo etérico, siempre es deliberadamente que el mal se posesiona de nosotros. ¿Cuándo?, cuando no obramos adecuadamente, correctamente, según las leyes de la naturaleza. Así pues, si tenemos en cuenta esto, vemos que si somos capaces de restablecer el orden, el equilibrio perdido, solamente existirá en nosotros el Ángel de la Presencia, prontitud en el servicio, capacidad inteligente para reaccionar ante los acontecimientos, capacidad de donación, vida activa, proceso de voluntad, dinamizando positivamente los éteres, entonces, la ciencia del exorcismo nada tiene que hacer; solamente cuando el mal se ha apoderado de la humanidad es cuando hablamos de exorcismo.

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Conversaciones Esotéricas.
Barcelona, 8 de Marzo 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 19 Diciembre 2006

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