Potenciales del alma. I

Seth


21.19 MIÉRCOLES

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

Bien. Retomamos el dictado. Estamos comenzando el capítulo ocho. (Nota: esto parece ser un error de pronunciación.)

Vosotros creéis que sólo tenéis una forma, la física que percibís, y ninguna otra. También creéis que vuestra forma sólo puede estar en un lugar a la vez. Os aseguro que tenéis otras formas que no percibís, y también creáis varias clases de formas para distintos propósitos, aunque éstas tampoco las percibís físicamente.

Vuestro principal sentido de identidad está basado en vuestro cuerpo físico, y por eso es tan difícil para vosotros, por ejemplo, el imaginaros sin él, o fuera de él, o desconectados de él de alguna manera. La forma es el resultado de la energía concentrada, y su patrón es consecuencia de las ideas de imágenes psíquicas o emocionales dirigidas vívidamente. La intensidad es de suma importancia. Si tuvierais, por ejemplo, un deseo muy vívido de estar en algún otro lugar, entonces, sin daros cuenta conscientemente, una forma pseudofísica idéntica a la vuestra podría aparecer en ese lugar. El deseo acarreará la impresión de vuestra personalidad e imagen, aún cuando no seáis conscientes de esa imagen o de su aparición en ese otro lugar.

Aunque, "generalmente", esta imagen–pensamiento no puede ser vista por otras personas, es bastante probable que en el futuro haya instrumentos científicos capaces de percibirla. Tal y como están las cosas ahora, esa imagen sólo puede ser percibida por aquellos que han desarrollado el uso de sus sentidos internos. Cualquier acto mental intenso –emoción o pensamiento– no sólo se traduce de alguna manera física o pseudofísica, sino que también acarreará hasta cierto punto la impronta de la personalidad que la concibió originalmente.

(21.30.) Existen muchas de esas formas latentes o incipientes. Para ayudaros a imaginar lo que os estoy explicando, podéis concebirlas como imágenes fantasmas, o imágenes de sombras, aunque esto no es más que una analogía; son las formas que están justo detrás, las que aún no han emergido completamente a la realidad física que vosotros conocéis, pero que, sin embargo, son lo suficientemente vívidas para conformarse. La verdad es que, si pudierais verlas, pensaríais que son bastantes reales.

En realidad cada individuo envía frecuentemente esas imágenes–réplica de sí mismo, aunque el grado de materialización puede variar; algunas formas, por ejemplo, son más indefinidas que otras. No obstante, esas formas no son meras proyecciones o imágenes «planas». Tienen un efecto definido sobre el ambiente. Se «hacen sitio» a sí mismas de una manera que es bastante difícil de explicar, aunque a veces pueden coexistir con formas u objetos físicos, e incluso se les pueden superponer, en cuyo caso hay una clara interacción, un intercambio que –de nuevo– está más allá de la percepción física.

Vosotros podríais, por ejemplo, desear fervientemente estar en una playa conocida, lejana y muy querida. Este deseo intenso actuaría inmediatamente como un núcleo de energía proyectada hacia afuera desde vuestra propia mente y tendría una forma: la vuestra. El lugar que habíais visualizado atraería entonces la forma, e inmediatamente ella estaría allí. Esto pasa con gran frecuencia.

Esa forma no podría ser vista en circunstancias normales. Por otro lado, si el deseo fuese aún más intenso, el núcleo de energía sería mayor, y una parte de vuestro propio flujo de energía se uniría a la forma, de tal manera que durante un momento en vuestra habitación podría sentirse repentinamente el olor del aire salado, o percibir de alguna otra manera el entorno en el que está esa pseudoimagen.

(21.44.) El alcance de la percepción variará enormemente. Para empezar, vuestra forma física es resultado de vuestro enfoque emocional. La maravillosa energía de vuestra psique no sólo ha creado vuestro cuerpo físico, sino que también lo mantiene.

El cuerpo no es algo continuo, aunque a vosotros os parece bastante permanente mientras dura. Está en constante estado de pulsación y, debido a la naturaleza de la energía y de su constitución, el cuerpo en realidad se enciende y se apaga.

Esto resulta difícil de explicar, y no es estrictamente necesario para nuestro propósito actual que comprendáis la razón de esta pulsación; pero, incluso físicamente, estáis «no aquí» casi tan a menudo como estáis aquí. Además de vuestro cuerpo físico, vuestra intensidad y enfoque emocionales crean otras formas, cuya duración y grado dependen de la intensidad del origen emocional.

Así pues, vuestro espacio está lleno de formas incipientes, bastante vívidas, que se encuentran bajo la estructura normal de la materia que percibís vosotros.

(Jane, como Seth, se inclinó hacia la mesita que había entre nosotros para coger mi vaso de cerveza, que estaba medio lleno. Hago esta nota debido a lo que sigue.)

Ruburt te lo agradece. No es necesario que anotes esto. Ahora iremos más despacio de vez en cuando, para poder escoger la palabra adecuada, pues algunas partes de este material son algo difíciles.

(–Muy interesante.– Ya había notado las variaciones casi regulares en el ritmo de transmisión de Jane poco después de comenzar la sesión. Algunos segmentos eran muy rápidos, otros lentos, y algunos párrafos a ritmo normal. Ese efecto era más evidente esa noche que otras.)

Bien. Estas proyecciones realmente se emiten constantemente. Unos instrumentos científicos más sofisticados que los que tenéis ahora podrían mostrar no sólo la existencia de estas formas, sino también las vibraciones de las cambiantes ondas de intensidad que rodean a esos objetos físicos que vosotros percibís.

(21.57.) Para aclarar este punto, mirad la mesa que está en la habitación. Es un objeto físico, sólido y podéis percibirlo fácilmente. Ahora, para esta analogía, imaginad que tras la mesa hay otra mesa exactamente igual, pero no tan sólida, y tras esa otra, y otra detrás de aquélla, cada una más difícil de percibir que la anterior, diluyéndose en la invisibilidad. Y delante de la mesa hay una exactamente igual, sólo que con una apariencia un poco menos física que la mesa «real», y que también tendrá otra sucesión de mesas cada vez menos físicas que se extiende hacia adelante. Y lo mismo ocurre a cada lado de la mesa.

Bien. Todo lo que aparece en un nivel físico, existe también en otros niveles que vosotros no percibís. Vosotros sólo podéis percibir las realidades cuando alcanzan un cierto «punto», cuando parece que se incorporan a la materia. Pero realmente también existen en otros niveles y con bastante validez.

Ahora podríais tomaros un descanso y relajaros en otro nivel.

(De 22.02 a 22.20.) También hay realidades (pausa) que son «relativamente más válidas» que la vuestra, en las que, siguiendo con la analogía, vuestra mesa física parecería una sombra, como aquellas otras mesas más indefinidas que hemos imaginado; tendríais, pues, una especie de «supermesa». El vuestro, sin embargo, no es un sistema de realidad que esté formado por la concentración de energía más intensa: es simplemente aquel con el que estáis sintonizados y del que sois parte. Y es simplemente por esa razón por la que lo percibís.

No obstante, hay otras partes vuestras que no conocéis conscientemente que moran en lo que vosotros llamaríais un supersistema de realidad en el que la consciencia aprende a manipular y percibir concentraciones de energía más fuertes, y a elaborar «formas» de naturaleza verdaderamente distinta.

Vuestro concepto del espacio resulta sumamente distorsionado, ya que para vosotros el espacio es sencillamente aquel lugar en el que no se percibe nada. Es evidente que está lleno de todo tipo de fenómenos (pausa) que no hacen impresión alguna en vuestros mecanismos de percepción. En algunas ocasiones conseguís sintonizar con esas otras realidades hasta cierto punto, y lo hacéis de modo intermitente, aunque en algunos casos la experiencia se pierde porque no se la registra físicamente.

(Pausa a las 22.30.) Volved a pensar en aquella forma que enviasteis al mar. Aunque no estaba equipada con vuestros sentidos físicos, era en sí misma capaz de percibir, hasta cierto punto. Vosotros la proyectasteis sin saberlo, pero siguiendo leyes bastante naturales. Era una forma elaborada a partir de un intenso deseo emocional. (Pausa.) Esa imagen sigue entonces las leyes de su propia realidad y, hasta cierto punto –y en grado menor que vosotros–, tiene su propia consciencia. (Pausa.)

Volviendo a usar una analogía, vosotros habéis sido enviados fuera por un superyó que deseó fuertemente la existencia en forma física. Pero no sois un títere de ese superyó; seguís vuestra propia línea de desarrollo y, con unos medios demasiado complicados para explicarlos aquí, añadís experiencia al superyó y ampliáis la naturaleza de su realidad. También aseguráis vuestro propio desarrollo, y podéis beneficiaros de la experiencia del superser.

Tampoco seréis nunca tragados por el “yo” que, así explicado, parece tan superior. Debido a que existís, enviáis fuera proyecciones vuestras, como hemos dicho antes. En la realidad de la consciencia no hay límites, ni tampoco en sus medios de materialización. Y tampoco existe límite alguno en los posibles desarrollos de cada identidad.

Bien. Quería empezar este capítulo esta noche para que pudiéramos tener un buen comienzo. Sin embargo, tendremos una sesión fácil y cómoda.

(–Estoy bien.)

Has bostezado bastante a menudo.

(–Eso no importa. Ahora me siento muy bien.)

Tomaos un pequeño descanso y luego continuaremos.

(22.43. El trance de Jane había sido bueno, y el ritmo regular. Volvemos con más lentitud a las 22.54.)

Dejadme que lo aclare de nuevo: vuestra personalidad actual, como la concebís vosotros, es verdaderamente «indeleble» y después de la muerte continúa creciendo y desarrollándose.

Lo vuelvo a mencionar para que no os sintáis perdidos, negados o insignificantes. Obviamente existe un número infinito de gradaciones en los tipos y clases de formas de las que hemos estado hablando. Esa energía que proyecta nuestro «superyó», esa chispa de intensa identidad que desencadenó vuestro nacimiento físico, ese ímpetu único, en cierto sentido tiene muchas similitudes con el viejo concepto del alma, excepto que sólo contiene una parte de la historia.

(Larga pausa a las 23.01. Jane hacía ahora pausas muy marcadas entre frases, mientras transmitía el material.)

Mientras continuáis existiendo y desarrollándoos como individuos, vuestro ser total, o alma, tiene un potencial tal que nunca puede expresarse totalmente a través de una sola personalidad, como ya expliqué someramente en un capítulo anterior.

Vosotros podéis crear una forma a través de un enfoque emocional intenso y proyectarla a otra persona, que puede entonces percibirla. Esto se puede hacer consciente e inconscientemente, y es bastante importante. Aquí no incluimos a la llamada forma astral, que es algo totalmente diferente. El cuerpo físico es la materialización de la forma astral.

(23.05.) Sin embargo, ella no abandona el cuerpo en ningún momento, y no es ella la que se proyecta en casos como los de la analogía de la orilla del mar que usamos anteriormente. En el presente no sólo estáis enfocados en el cuerpo físico, sino, también, en una frecuencia de acontecimientos que interpretáis como tiempo. Simultáneamente existen otros períodos históricos igualmente válidos, y otros “yoes” reencarnados, pero no estáis sintonizados con esas frecuencias.

Podéis saber lo que sucedió en el pasado y tener historia, ya que, de acuerdo con las reglas del juego que habéis aceptado, creéis que podéis percibir el pasado, pero no el futuro. Podríais tener la historia del futuro en el presente, si las reglas del juego fueran diferentes. ¿Me sigues?

(–Sí.)

(Larga pausa a las 23.11.) En otros niveles de realidad, las reglas del juego cambian. Después de la muerte –hablando en vuestros términos– estáis bastante abiertos a la percepción, y el futuro os parece tan claro como el pasado. Sin embargo, incluso esto es muy complicado, pues no hay un solo pasado. Vosotros aceptáis como reales sólo cierta clase de acontecimientos, y desdeñáis otros. No obstante, hay también pasados probables que existen más o menos fuera de vuestra comprensión. Escogéis un grupo particular de esos acontecimientos y os aferráis a ellos como si fuesen los únicos posibles, sin daros cuenta de que habéis seleccionado de una variedad infinita de acontecimientos pasados.

Obviamente, también existen futuros probables y presentes probables. Estoy intentando explicar esto en vuestros términos, ya que, básicamente, las palabras «pasado», «presente» y «futuro» carecen de significado en lo que se refiere a la verdadera experiencia, tanto como las palabras «ego», «consciente» o «inconsciente».

Terminaré ahora el dictado por esta noche. (Risueño:) En esta noche probable elijo esta alternativa probable. Mis mejores deseos para vosotros dos.

(23.20. A continuación Seth nos transmitió dos páginas de material muy interesante, relativo a un psíquico–escritor y a su mujer, que fueron testigos de la suprimida sesión 529, del pasado lunes 18 de mayo. La sesión de esta noche terminó realmente a las 23.35.)


SESIÓN 530, 20 DE MAYO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA - HABLA SETH por JANE ROBERTS

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