El alma y la naturaleza de su percepción. II

Seth


21.12 LUNES

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

Bien. Continuaremos con el capítulo que habíamos empezado.

Algunas personas imaginan que el alma es un ego inmortalizado, olvidando que el ego, tal y como vosotros lo conocéis, es sólo una pequeña parte del ser; de ese modo, proyectan ad infinitum esa pequeña porción de la personalidad. Como no comprendéis las dimensiones de vuestra realidad, es inevitable que vuestros conceptos sean limitados. Cuando el ser humano considera la «inmortalidad», parece esperar un mayor desarrollo del ego, e incluso en ese caso pone objeciones a la idea de que ese desarrollo implique un cambio. Sus religiones dicen que realmente posee un alma, sin tan siquiera pararse a pensar qué es el alma; y a menudo parece pensar en ella, repito, como un objeto de su posesión.

Ahora bien: la personalidad, tal y como la conocéis vosotros, cambia constantemente, y no siempre de manera previsible; de hecho, muy a menudo lo hace de una manera bastante imprevisible. Vosotros insistís en enfocar vuestra atención en las similitudes presentes a lo largo de vuestro comportamiento; y sobre eso basáis la teoría de que el ser sigue un patrón, sin daros cuenta de que sois vosotros los que se lo habéis inculcado. Y el patrón inculcado os impide ver cómo es realmente el ser. Por consiguiente, también proyectáis ese punto de vista distorsionado a vuestra concepción de la realidad del alma, y veis el alma a la luz de esas concepciones erróneas que tenéis sobre la naturaleza de vuestros seres mortales.

(21.25.) Como veis, incluso el ser mortal es mucho más maravilloso y milagroso de lo que vosotros podéis percibir, y posee muchas más capacidades de las que le adjudicáis. Todavía no comprendéis la verdadera naturaleza de la percepción, ni siquiera en lo que concierne al ser mortal, de modo que apenas podéis comprender las percepciones que tiene el alma, ya que el alma, sobre todo, percibe y crea. Recordad otra vez que sois un alma.

El alma que está en vuestro interior, por tanto, está percibiendo ahora. Sus métodos de percepción son los mismos ahora que los que poseía antes de vuestro nacimiento físico, y que los que poseerá después de vuestra muerte física. Así que, básicamente, vuestra parte interna, la sustancia del alma, no va a cambiar repentinamente después de la muerte física, ni sus métodos de percepción, ni sus características.

En consecuencia, ahora mismo podéis descubrir lo que es el alma. No es algo que os estará esperando después de la muerte, y tampoco algo que debéis salvar o redimir; asimismo, nunca podréis perderla. La frase «perder o salvar el alma» ha sido mal interpretada y distorsionada, ya que ésa es vuestra parte verdaderamente indestructible. Abundaremos sobre este particular en una parte del libro que trata sobre la religión y el concepto de Dios.

Vuestra propia personalidad tal y como la conocéis, esa parte vuestra más preciada, la que consideráis más exclusivamente vuestra, nunca podrá ser destruida o perdida. Es una parte del alma. No será engullida por el alma, ni borrada por ella, ni subyugada por ella; ni siquiera se separará jamás de ella. Pero, sin embargo, es sólo uno de los aspectos de vuestra alma. Vuestra individualidad, como quiera que os guste pensar en ella, continúa existiendo.

Continúa creciendo y desarrollándose; pero su crecimiento y desarrollo dependen enormemente de su comprensión del hecho de que, aunque sea distinta e individual, sólo es una manifestación del alma. Y, de su grado de comprensión de este punto, depende que aprenda a desplegar su creatividad y a usar esas capacidades que permanecen inherentes en su interior.

Desdichadamente, sería más fácil deciros sencillamente que vuestra individualidad continúa existiendo, y dejar el asunto ahí. Pero, aunque esto constituya una parábola bastante razonable, ya ha sido contada con anterioridad de esa manera, y existe peligro hasta en la simplicidad del cuento. La verdad es que la personalidad que sois ahora y la personalidad que habéis sido y seréis –tal como vosotros entendéis el tiempo–, todas esas personalidades son manifestaciones del alma, de vuestra alma.

(21.42.) Vuestra alma, por tanto, el alma que sois, el alma de la que formáis parte, es un fenómeno mucho más creativo y milagroso de lo que podáis imaginar. Cuando esto no se entiende claramente, y cuando el concepto se diluye en pro de la simplicidad, como hemos dicho anteriormente, la intensa vitalidad del alma no puede ser entendida jamás. Vuestra alma, por tanto, posee la sabiduría, la información y el conocimiento que forman parte de la experiencia de todas esas personalidades, y en vuestro interior tenéis acceso a esa información; pero sólo en el caso de que lleguéis a comprender la verdadera naturaleza de vuestra realidad. Permitidme subrayar de nuevo que esas personalidades independientes existen en vuestro interior y son parte del alma, y cada una de ellas es libre para crecer y desarrollarse.

Sin embargo, existe una comunicación interna, y el conocimiento que posea una está disponible para todas, no después de la muerte física, sino ahora, en el momento presente. Ahora bien: el alma en sí misma, como ya hemos mencionado, no es estática. Crece y se desarrolla gracias a la experiencia de esas personalidades que la componen, y es –diciéndolo de la manera más simple posible– mucho más que la suma de sus partes.

(21.50.) En la realidad no existen sistemas cerrados. En vuestro sistema físico, la naturaleza de vuestra percepción limita hasta cierto punto vuestra idea de la realidad, porque vosotros decidís expresamente enfocaros dentro de determinado «escenario». Pero la consciencia no puede ser nunca un sistema cerrado, y toda barrera de esa naturaleza no es más que mera ilusión. Por consiguiente, el alma en sí misma no es un sistema cerrado. No obstante, cuando examináis el alma pensáis en ella de esa manera; la consideráis inamovible, una especie de alcázar psíquico o espiritual. Pero un alcázar no sólo mantiene alejados a los invasores: también impide la expansión y el desarrollo.

Hay aquí muchos temas muy difíciles de expresar en palabras, ya que tenéis tanto miedo a vuestro sentido de la identidad que os resistís, por ejemplo, a la idea de que el alma es un sistema espiritual abierto, un faro de creatividad que dispara en todas las direcciones... y éste es en verdad el caso.

Os digo esto, y a la vez os recuerdo que vuestra personalidad presente no se pierde nunca. Bien. Otra palabra para el alma es la de entidad. Como veis, no es simplemente una cuestión de daros una definición del alma o de la entidad, porque incluso para poder tener una vislumbre de ella en términos lógicos tendríais que entenderla en términos espirituales, psíquicos y electromagnéticos y comprender también la naturaleza básica de la consciencia y de la acción. Pero podéis descubrir intuitivamente la naturaleza del alma o entidad, y, en muchos aspectos, el conocimiento intuitivo es superior a cualquier otro.

Un requisito para esa comprensión intuitiva del alma es el deseo de conseguirla. Si el deseo es lo suficientemente fuerte, seréis conducidos automáticamente a experiencias que desembocarán en conocimiento vívido e inequívocamente subjetivo. Hay para ello métodos que os comentaré más adelante.

(22.02.) Por el momento, he aquí un ejercicio bastante simple y efectivo. Cerrad los ojos, después de que hayáis leído este capítulo hasta este punto, e intentad sentir dentro de vosotros la fuente de poder de la cual proceden vuestra fuerza de vida y vuestra respiración. Algunos de vosotros lo lograréis con éxito al primer intento; otros necesitaréis más tiempo. Cuando sintáis esa fuente en vuestro interior, intentad sentir su poder brotando hacia afuera desde la totalidad de vuestro ser físico, por las puntas de los dedos de las manos y de los pies, por los poros de vuestro cuerpo, irradiando desde vuestra forma física en todas las direcciones, con vosotros como centro. Imaginad unos rayos gigantes que alcanzan el follaje y las nubes en el cielo, que llegan hasta el centro de la tierra bajo vuestros pies, y se extienden hasta los más lejanos confines del universo.

No quiero decir que éste sea un ejercicio meramente simbólico, porque, aunque pueda empezarse con imaginación, está basado en el hecho de que las emanaciones de vuestra consciencia y la creatividad de vuestra alma verdaderamente se extienden hacia afuera de esa manera. Este ejercicio os permitirá haceros una idea de la verdadera naturaleza, creatividad y vitalidad del alma, de la cual podéis sacar vuestra propia energía y de la que sois una porción individual y única.

(Con sentido del humor:) Podéis tomaros un descanso.

(–Gracias.)

(22.10. El trance de Jane había sido profundo; su ritmo, rápido y con pocas pausas. Digo que Seth podría haber continuado alegremente sin parar. Pidió la pausa sólo porque yo dejé caer mi mano cansada sobre el sofá. Jane se sentía bien. No se había dado cuenta de que había pasado una hora. Obsérvese la cantidad de material transmitido.)

(Como sucede a menudo, Jane dijo que no recordaba la primera parte del capítulo, dada el cuatro de mayo. Continuamos al mismo ritmo rápido a las 22.27.)

Todo este estudio no pretende ser una presentación esotérica con poco significado práctico para vuestras vidas dianas. El hecho es que, mientras mantengáis conceptos limitados de vuestra propia realidad, no podréis aprovechar las muchas capacidades que os son propias; y, mientras tengáis conceptos limitados sobre el alma, os aisláis hasta cierto punto de la fuente de vuestro propio ser y creatividad.

Esas capacidades operan aunque no lo sepáis, pero a menudo operan a pesar vuestro, más que con vuestra cooperación consciente; y muchas veces, cuando os dais cuenta de que las estáis utilizando, os asustáis, os desorientáis y os confundís. No importa lo que os hayan enseñado: debéis comprender, por ejemplo, que las percepciones no son físicas de la manera en que normalmente se usa el término. Si percibís información que no procede de vuestros sentidos físicos, deberéis aceptar que ésa es la manera en que funciona la percepción.

Lo que suele ocurrir es que vuestra concepción de la realidad es tan limitada que os entra pánico cuando percibís cualquier experiencia que se sale de vuestra concepción de la realidad (y no estoy hablando meramente de las capacidades llamadas imprecisamente «percepciones extrasensoriales»). Estas experiencias os parecen extraordinarias porque habéis negado durante largo tiempo la existencia de cualquier percepción que no llegara a través de los sentidos físicos.

La llamada percepción extrasensorial sólo os da una idea burda y distorsionada de los principales modos en que el ser interno recibe información, pero la concepción de la percepción extrasensorial está al menos más cerca de la verdad, y como tal representa un avance sobre la idea de que toda percepción es esencialmente física.

Es casi imposible separar una exposición sobre la naturaleza del alma de una exposición sobre la naturaleza de la percepción. Veamos algunos puntos muy resumidos. Vosotros formáis la materia física y el mundo físico que conocéis. Se puede decir realmente que los sentidos físicos crean el mundo físico, y por ello os fuerzan a percibir de un modo físico cualquier campo de energía disponible e imponen un patrón altamente especializado sobre ese campo de realidad. Cuando usáis los sentidos físicos no podéis percibir la realidad de ninguna otra manera.

(22.44.) Esa percepción física no altera en manera alguna la percepción innata, fundamental y desprovista de trabas característica del ser interno, es decir, de la parte del alma que está en vuestro interior. El ser interno conoce su relación con el alma. Podríamos decir que es la parte del ser que actúa como mensajero entre el alma y vuestra personalidad actual. Debéis daros cuenta también que cuando utilizo los términos «alma» o «entidad», «ser interno» y «personalidad actual», lo hago sólo por conveniencia, ya que uno forma parte del otro, por lo que no existe un punto en el que uno empiece y el otro termine.

Podéis ver esto fácilmente por vosotros mismos si consideráis la manera en que los psicólogos usan los términos «ego», «subconsciente» e incluso «inconsciente». Lo que parece ser subconsciente en un instante, puede ser consciente el siguiente. Un motivo inconsciente puede también ser consciente en un momento dado. Incluso tratándose de estos términos vuestra experiencia debería deciros que las palabras en sí mismas hacen divisiones que no existen en vuestra experiencia propia.

Os parece que percibís exclusivamente a través de los sentidos físicos, pero bastaría con que ampliarais vuestra idea egotista de la realidad para advertir que vuestro ego acepta con bastante facilidad la existencia de la información no física.

(Pausa a las 22.53.) Y, al hacerlo así, también sus ideas respecto a su propia naturaleza cambiarán y se expandirán en un instante, ya que habréis quitado las limitaciones que impedían su crecimiento. Ahora bien: todo acto de percepción cambia al que lo percibe, así que el alma, considerada como la que percibe, debe también cambiar. No existe una diferencia real entre el que percibe y la cosa aparentemente percibida; en cierta manera, la cosa percibida es una extensión del que percibe. Esto puede parecer extraño, pero todos los actos son mentales o, si lo preferís, psíquicos. Ésta es una explicación muy simple, pero el pensamiento crea la realidad. Entonces el creador del pensamiento percibe el objeto, y no entiende la conexión existente entre él y esa cosa aparentemente separada.

Esta característica de materializar pensamientos y emociones en realidades físicas es un atributo del alma. En vuestra realidad, esos pensamientos se hacen físicos, mientras que en otras realidades pueden ser «elaborados» de una manera completamente diferente. Vuestra alma, eso que sois, crea, pues, para vosotros, vuestra realidad física diaria a partir de la naturaleza de vuestros pensamientos y expectativas.

Por tanto, podéis comprender fácilmente lo importante que son realmente vuestros sentimientos subjetivos. Este conocimiento –el de que vuestro universo es la materialización de ideas– puede daros inmediatamente pistas que os permitan cambiar de una manera benéfica vuestro entorno y vuestras circunstancias. Cuando no comprendéis la naturaleza del alma y no os dais cuenta de que vuestros pensamientos y sentimientos forman la realidad física, os sentís impotentes para cambiarla. En otros capítulos de este libro espero poder daros información práctica que os permitirá alterar prácticamente la naturaleza y estructura de vuestra vida diaria.

(Jane, como Seth, se inclinó hacia adelante sonriendo.) ¿Estás cansado?

(–No me vendría mal un breve descanso.– Jane, que continuaba en trance, no dejaba de mirarme. Tenía los ojos muy oscuros–, Estoy bien –le dije–. ¿Quieres continuar? Yo estoy bien.)

No quiero echar esto sobre mi conciencia. Lo que verdaderamente necesitamos es un juego extra de dedos para ti. Tómate un descanso por encima de todo. (Divertido.) No tengo intención de que dure mucho.

(–No hay problema.)

(Repentinamente en voz alta y poderosa:) Una noche podría estar dictando toda la noche, y así adelantaríamos tres sesiones.

(–Estoy seguro de que eres capaz.)

(23.09. De nuevo el trance de Jane había sido profundo, y de nuevo yo tenía la mano acalambrada. No dudaba que Seth era capaz de hablar toda la noche; las limitaciones que había eran las nuestras. Jane sentía una energía muy fuerte.)

(Esta pausa marcó el final del dictado por esa noche, anunció Seth cuando volvió a las 23.28. Luego transmitió aproximadamente una página de material personal para Jane y para mí, y terminó la sesión con un talante jovial a las 23.35.)


SESIÓN 527, 11 DE MAYO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA - HABLA SETH por JANE ROBERTS

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