El encuentro con la imperfección. I

Emmanuel


El encuentro con la imperfección: miedo, duda y demás bloqueos

Vosotros sois una imperfección perfecta.


Vuestras zonas menos evolucionadas tienen derecho a ser.


Susurran cosas acerca del pasado.

Susurran acerca de la confusión, de la insatisfacción y el dolor del alma separada de su Dios y el deseo de recobrar la Unicidad de nuevo.

Tened en cuenta que sobre esta tierra sólo cabe una perfección relativa.

Tened en cuenta asimismo que no os hace falta ser perfectos para ser amados, Amaos los unos a los otros en vuestras imperfecciones, tiernamente y por completo. Sed cariñosos con vosotros mismos.

La pretensión de perfección en el plano físico puede ser vuestro peor enemigo.

Insistir en la perfección impide el crecimiento.

Admitir la imperfección como parte integrante de vuestra humanidad equivale a crecer.

Si sois capaces de amar la parte de vosotros que consideráis imperfecta, puede empezar entonces el acto de la transformación.

Si la condenáis y la expulsáis de vuestro corazón, se convierte en un duro caparazón que impide el paso de la Luz.

Si negáis aquello que constituye vuestra naturaleza, quedáis profundamente ligados a esa negación.

Cuando aceptáis lo que hay, en su autenticidad, os veis liberados.

No se libera uno rechazando.

Se libera uno amando.


Luchar por la Luz constituye una hermosa vocación, pero no hallaréis la Luz hasta que no reconozcáis la oscuridad.

Las almas que luchan con un anhelo perfecto se hallan tan cerca de la perfección como pueda hallarse cualquiera que esté en forma humana.

Lo que sois es un paso necesario para llegar a ser lo que seréis, y esa trayectoria continúa hasta la eternidad.

Estad a gusto con vuestras imperfecciones, mas no seáis complacientes con ellas.

¿ Quién pide perfección ?

Sólo vosotros, las almas presas de su forma humana, creéis que la perfección es un requisito imprescindible.

Pues no lo es. Lo que sí es un requisito es la sinceridad, y un corazón abierto.

Tal es la perfección que se pide: el perfecto deseo.

La perfección del universo constituye una realidad que engloba la imperfección de vuestro mundo humano.


Intentad comprender vuestros sentimientos como una madre amante negativos comprendería a un hijo confundido y asustado.

Cuando la negación de Dios dentro de vosotros esté siendo cuestionada es uno de los momentos más propicios de vuestra vida. No neguéis la parte de vosotros que se halla en la oscuridad o ésta volverá a manifestarse de nuevo.

Cuando seáis concientes del error de vuestro juicio, de la idea y la acción inoportunas, equivocadas, cuando admitáis vuestro deseo de venganza, vuestro enfado o vuestra inclemencia, habrá llegado el momento de auto-felicitaros.

La nueva perspectiva alcanzada os permitirá tratar todo esto de un modo mucho más conciente.

Es una oportunidad.

Una puerta se ha abierto.

Una luz se ha encendido.


Al estar alerta, os regaláis la apertura al crecimiento y al cambio.

No os critiquéis, pues en la oscuridad no seríais capaces de ver bien.

Cuando halléis la Luz en vuestro interior, conoceréis que siempre habéis estado en el centro de la sabidzría.

Cuando intentéis penetrar dentro de lo que realmente sois, con vuestra iluminación y vuestra confusión, con vuestros temores, deseos y distorsiones, hallaréis al verdadero Dios vivo.

Y entonces exclamaréis:

«Llevaba conociéndote toda la vida y te he puesto muchos nombres distintos.

Te he llamado madre, padre, hijo.

Te he llamado amante.

Te he llamado sol yflores.

Te he llamado corazón mío.

Pero nunca hasta ahora te había llamado «yo-mismo».


¿Cómo perdonarme a mí mismo?

¿Cómo no vais a perdonaros por ser precisamente lo que sois?

Para encontrar al Dios que está en vuestro interior debéis atravesar la puerta de la aceptación de uno mismo, aceptándoos tal como sois en este instante.

Sí, todas las faltas e imperfecciones, todos vuestros pequeños secretos, todas las terribles fealdades que tanto detestáis reconocer en vosotros mismos, son ya conocidas.

Forman parte del Plan Divino.

La verdadera aceptación consiste en decir: «Está bien».

«Está bien y está bien».

La aceptación de uno mismo evita la necesidad de perdonarse a uno mismo.


¿Cómo enfrentarme con algo que me da vergüenza o me hace sentir culpable?

Teniendo un remordimiento honesto.

El remordimiento honesto surge del corazón y limpia rápidamente.

La responsabilidad de gna acción es algo encomiable.

La responsabilidad y la culpa son dos cosas distintas.

La culpa es algo negativo, irreal.

La responsabilidad es algo maduro, que os hará salir del bosque y entrar en la Luz.

Al sentir que vuestra imperfección es la causante del dolor ajeno, empedráis vuestro mundo con la culpa.

La energía más destructiva, más inútil, y más anquilosadora de todas es la culpa.

No significa nada y obliga a detener el avance.

Da la sensación de ceguera, de ahogo y de soledad. El mundo es opaco.

Parece no haber escapatoria.

Es la negación del Dios Luz que habita en vosotros y del deseo de ser uno de nuevo con Dios lo que provoca el auténtico sentido de culpa.

Es el alma que se traiciona a sí misma.

No sólo no hay castigo alguno en Dios, sino que no hay castigo en el universo.

Vosotros, queridos seres humanos, parecéis opinar que el castigo es mejor que os lo inflijáis vosotros mismos antes de que caigáis en manos de Dios.


¿Cómo se domina el orgullo?

No lo dominéis.

El orgullo no es enemigo vuestro.

Es sólo una parte de vuestro espejismo.

Los que sienten orgullo han sentido ya el dardo de la humillación.

Aceptad vuestro orgullo como si fuera una necesidad infantil y trascendedlo hasta llegar al dolor que os hizo levantar el muro del orgullo.

Descubriréis una hermosísima conciencia en flor que, para sobrevivir, se cubrió con la armadura del orgullo.


La singularidad es algo que os separa.

La unicidad es algo que os liga a vuestros congéneres, los humanos y, a la vez, os permite aportar lo que solo vosotros podéis.

Atravesad las capas de esta experiencia humana y os amaréis a vosotros mismos.


La vanidad es la necesidad de establecer una relación agradable consigo mismo.

Sed pacientes y amables con ella.

Cuando hayáis aprendido a admiraros, (lo cual es algo que por supuesto merecéis), profundizaréis aún más, pues habréis descubierto al menos la concha de la seguridad.

Permitidme que os recuerde que tras la vanidad quizá se oculte una trampa.

y vosotros lo sabéis muy bien.

Os lo subrayo para que os libréis de ella.

Después de amaros en la superficie y descubrir lo inútil que resulta, se desarrolla una duda corrosiva que os hace preguntaros si es que nunca fuisteis vistos tal y como sois realmente, si sólo ven de vosotros la máscara que habéis aprendido a llevar puesta.

Cuando os deis cuenta de que vuestra vanidad se ha convertido en una trampa, empezaréis a quitárosla de encima, pues ya no os sirve para nada.

Pero nunca dudéis de su valor.

Es sólo una desfiguración de aquello que verdaderamente andáis buscando.

En cambio luego, si os levantáis y miráis a vuestro alrededor, a vuestro mundo, ¿acaso no está todo?


Habla de la cólera por favor! Menudo freno espiritual! ¿Qué formas prácticas hay de enfrentarse a ella?

Basta ya de llamarla «freno espiritual!» El hecho de que podáis sentir espontáneamente algo es un placer y constituye un don notable.

¿os dais cuenta de cuántos seres humanos creen que deben depurar hasta sus emociones más intensas a través del intelecto para seguir manteniendo el control?

Es una circunstancia de de lo más dolorosa.


Celebrad vuestra espontaneidad. No es un freno espiritual, sino una señal de que, si vuestra cólera halla una vía de escape, vuestro corazón puede abrirse y Dios puede hablaros de esa forma.


La rabia es un instrumento de defensa.

Os basta y os sobra con sentir vuestra cólera.

No hay que hacer nada más.

Detrás de la cólera se oculta siempre el miedo y detrás del miedo siempre está el deseo.




Extracto de El libro de Emmanuel
Transmitido por Pat Rodegast

126 lecturas

Comentario de lectores

Ninguno para este artículo