Los siete principios del hombre. Principio 5. Manas en actividad.

Annie Besant


MANAS EN ACTIVIDAD

Hemos visto ya que el Quinto principio tiene un doble aspecto durante los períodos de la vida terrestre, y que el Manas inferior unido a Kama, y llamado por conveniencia Kama-Manas, funciona en el cerebro y sistema nervioso del hombre. Tenemos que llevar algo más lejos nuestras investigaciones para poder hacer una distinción clara entre la actividad del Manas superior y la del Manas inferior, de manera que las funciones de la mente en el hombre sean menos obscuras para nuestros lectores de lo que son ahora para muchos.

Ahora bien; las células del cerebro y del sistema nervioso (como todas las demás células) están compuestas de diminutas partículas de materia, llamadas moléculas literalmente (montoncillos). Estas moléculas no se tocan entre sí, sino que están agrupadas por la manifestación de la Eterna Vida que llamamos atracción. No estando en contacto unas con otras, pueden vibrar de un lado a otro, si se las pone en movimiento, y en realidad se encuentran en un estado de continua vibración. H.P. Blavatsky dice (Lucifer de octubre 1890) que el movimiento molecular es la forma inferior y más material de la Vida Eterna y Una que es Movimiento ella misma, como el "Gran soplo", y el origen de todo movimiento en todos los planos del Universo. En sánscrito, las raíces de los términos espíritu, soplo, ser y movimiento, son esencialmente las mismas; y Rama Prasad dice que "todas esta raíces tienen por origen el sonido producido por el aliento de los animales"; el sonido de la expiración y aspiración.

Ahora bien; el Manas inferior o Kama-Manas, actúa en las moléculas de las células nerviosas por medio de movimiento y las hace vibrar, despertando la conciencia mental en el plano físico. Manas, por sí mismo, no podría afectar estas moléculas; pero su rayo, el Manas inferior, habiéndose revestido de materia astral y unido a los elementos kámicos, puede poner en movimiento las moléculas físicas, y dar así nacimiento a la "conciencia cerebral", incluso la memoria cerebral y todas las demás funciones de la mente humana, tal como la conocemos en su actividad ordinaria. Esta manifestación "como todos los demás fenómenos del plano material... debe referirse en su análisis final al mundo de la vibración", dice H. P. Blavatsky:

"pero", continúa diciendo, "en su origen pertenecen a un mundo de armonía diferente y superior. Su origen está en la esencia manásica, en el rayo; pero en el plano material, obrando sobre las moléculas del cerebro, se transforman en vibraciones”.

Esta acción de Kama-Manas es denominada por los teósofos psíquica. Todas las actividades mentales y apasionadas, son debidas a esta energía psíquica; sus manifestaciones están necesariamente condicionadas por el aparato físico, por medio del cual funciona. En otro lugar hemos consignado esto ampliamente, y ahora se verá con más claridad.

Si la constitución molecular del cerebro es delicada y la función de los órganos específicamente kármicos (hígado, bazo, etc.), es sana y pura, de tal modo que no perjudiquen la constitución molecular de los nervios que los ponen en comunicación con el cerebro, entonces, el soplo psíquico al recorrer el instrumento, despierta, en esta verdadera arpa eólica, armoniosas y exquisitas melodías, en tanto que, si la constitución molecular es grosera o pobre, si está perturbada por las emanaciones del alcohol, si la sangre está envenenada por una vida grosera o por excesos sexuales, las cuerdas del arpa eólica se aflojan o estiran demasiado, cargadas de suciedad o gastadas por un uso rudo, y al pasar el soplo psíquico por ellas, permanecen mudas o dan sonidos ásperos y discordantes, no porque el soplo esté ausente, sino porque las cuerdas se hallan en mal estado.

Ahora me parece que se comprenderá bien que lo que llamamos mente o inteligencia es, según las palabras de H. P. Blavatsky, "un pálido y con frecuencia desconcertado reflejo" del mismo Manas o nuestro Quinto principio; Kama-Manas es "la inteligencia racional del hombre, si bien terrestre y física, encerrada en la materia y restringida por ella, y por tanto sujeta a su influencia; es el Yo INFERIOR, que manifestándose por medio de nuestro sistema orgánico y actuando en este plano de ilusión, se considera a sí mismo el ego sum, cayendo así en lo que la filosofía buddhista estigmatiza como la "herejía de la separación". Es la personalidad humana de donde procede la sabiduría psíquica, esto es, "la terrestre" a lo más, al ser influida por todos los estímulos caóticos de las pasiones humanas o, mejor dicho, animales del cuerpo viviente (Lucifer, octubre 1890).

La clara inteligencia del hecho de que Kama-Manas pertenece a la personalidad humana, de que funciona en el cerebro y por medio de él, de que actúa en sus moléculas, haciéndolas vibrar, facilitaría grandemente el comprender la doctrina de la Reencarnación.

De este importante, tema se tratará en otro volumen de esta serie, por lo que no es mi propósito ocuparme en él por ahora, sino para recomendar al lector que fije cuidadosamente su atención en el hecho de que el Manas inferior es un rayo del inmortal pensador, que ilumina una personalidad, y que todas las funciones que se ponen en actividad en la conciencia cerebral, son funciones que se refieren al cerebro particular, a la personalidad particular en que se verifican. Las moléculas cerebrales que se ponen en vibración, son órganos materiales en el hombre de carne; no existían como moléculas cerebrales antes de su concepción, ni persisten como tales después de su desintegración. Su actividad funcional está contenida en los límites de su vida personal; la vida del cuerpo, la vida de la pasajera personalidad. Ahora bien; la facultad que designamos como "memoria", en el plano físico, depende de como corresponden esas mismas moléculas al impulso del Manas inferior, no existiendo otro eslabón entre los cerebros de las sucesivas personalidades, sino el representado por el Manas superior, que lanza su rayo para informarlas e iluminarlas consecutivamente. Se desprende, pues, inevitablemente de esto, que a menos que la conciencia del hombre pueda levantarse de los planos físicos y Kama-manásicos al plano del Manas superior, ninguna memoria de una personalidad puede llegar a otra. La memoria de la personalidad pertenece a la parte transitoria de la naturaleza compleja del hombre, y solamente pueden tener memoria de sus pasadas vidas los que pueden levantar sus conciencias al plano del inmortal pensador, y pueden, por decirlo así, ascender y descender conscientemente a través del rayo que sirve de puente entre el hombre personal que perece y el hombre inmortal que persiste. Si mientras estamos encerrados en el hombre de carne pudiéramos elevar nuestras conciencias a lo largo del rayo que une nuestro yo inferior a nuestro yo verdadero y alcanzar así el Manas superior, encontraríamos consignados en la memoria de este ego eterno todos los anales de nuestras pasadas vidas terrestres, y podríamos transmitirlos a nuestra memoria cerebral por medio de este mismo rayo, por el que podemos subir hasta nuestro "Padre". Pero esto es un perfeccionamiento que pertenece a un grado remoto de la evolución humana, y hasta que se llegue a él, las sucesivas personalidades informadas por los rayos manásicos, estarán separadas unas de otras, sin que haya memoria que sirva de puente para atravesar el abismo que las aparta. El hecho es bastante evidente para cualquiera que piense sobre el particular; pero como la diferencia entre la personalidad y la individualidad inmortal es algún tanta desconocida en occidente, será bien que quitemos de en medio del camino del estudiante, un tropiezo posible.

Ahora bien; el Manas inferior puede hacer una de estas tres cosas: puede elevarse hacia su origen, y por medio de constantes y tenaces esfuerzos llegar a ser una con su "Padre celestial", el Manas superior, el Manas no contaminado por los elementos terrestres, puro y sin mancha. Puede aspirar en parte a él y en parte atender hacia abajo, como ocurre en la mayoría de los casos, o, lo más triste de todo, puede cargarse tanto de elementos kámicos que se identifique con ellos, para ser al fin separado de su "Padre" y perecer.

Antes de considerar estos tres destinos, tenemos que añadir unas cuantas palabras tocante a la actividad del Manas inferior.

Así que el Manas inferior se liberta de Kama, se convierte en el soberano de la parte inferior del hombre, y manifiesta más y más su naturaleza verdadera y esencial. En Kama es deseo, impulsado por necesidades materiales, y voluntad que es una facultad de Manas, y que es a menudo prisionera de los turbulentos impulsos físicos. Pero el Manas inferior, siempre que se desprende por un momento de Kama, viene a ser la guía de las más elevadas facultades mentales, y el órgano del libre albedrío en el hombre físico. (Lucifer, octubre 1890). Pero es condición que esta libertad de Kama sea subyugado, que quede postrado a los pies del vencedor; para que la virgen Voluntad sea libertada, es preciso que el manásico San Jorge mate al Dragón kámico que la tiene cautiva; pues mientras Kama no sea vencida, el deseo, será dueño de ella.

Más aún: cuando el Manas inferior se liberta de Kama, se hace cada vez más capaz de transmitir a la personalidad humana, con quien está en relación, los impulsos que le llegan de su origen. Entonces es, según hemos visto, cuando el genio lanza destellos, irradiando la luz, desde el ego superior hasta el cerebro, a través del Manas inferior, y manifestándose al mundo. Así también, como dice H. P. Blavatsky, puede levantarse un hombre sobre el nivel normal del poder humano. "El ego superior", dice, "no puede obrar directamente sobre el cuerpo, puesto que su conciencia pertenece a otros planos de ideación completamente distintos; pera sí puede el "yo inferior"; y sus acciones y conducta dependen de su libre albedrío y de la elección que haga, ya gravitando hacia su padre (el Padre celestial), ya hacia el animal que informa, el hombre de carne. El yo superior, como parte de la esencia de la Mente universal, es incondicionalmente omnisciente en su propio plano, y sólo potencialmente en esta esfera terrestre, puesto que tiene que actuar únicamente por medio de su alter ego, el yo personal. Ahora bien...; el primero es el vehículo de todo conocimiento del pasado, de presente y del futuro, y... de vez en cuando "su doble" obtiene de esta fuente matriz, vislumbres de aquello que está fuera de los sentidos del hombre y los transmite a ciertas células cerebrales (cuyas funciones son desconocidas para la ciencia), haciendo así del hombre un vidente, un adivino y un profeta". (Lucifer, noviembre 1890). Esta es la verdadera videncia sobre la que diremos ahora algunas palabras. Es, por supuesto, muy rara, y tan preciosa como rara. En la llamada mediumnidad se da un débil y mal dirigido reflejo suyo, sobre lo cual dice H. P. Blavatsky: "Ahora bien; ¿qué es un médium? El término médium cuando no se aplica simplemente a cosas y objetos, supone una persona por medio de la cual se transmite o manifiesta la acción de otra, los espiritistas, que creen en las comunicaciones con los espíritus desencarnados, y que éstos pueden manifestarse por medio de los sensitivos o hacer que éstos transmitan sus mensajes, miran la mediumnidad como una bendición y un gran privilegio. Nosotros, los teósofos, por el contrario, no creyendo en la comunión con los espíritus, "al modo de los espiritistas", consideramos este don como una de las más peligrosas perturbaciones anormales de los nervios. Un médium es sencillamente uno en cuyo ego personal o mente terrestre, prepondera en tanta proporción la luz astral, que impregna con ella toda su constitución física; todos sus órganos por tanto, y todas las células están cometidas a esta influencia y sujetas a una enorme tensión anormal". (Lucifer, noviembre 1890).

En estos casos, la envoltura astral del Manas inferior a que hemos aludido, ha sobrepujado realmente el rayo manásico, el cual, en lugar de brillar por su intermedio, está oscurecido, despide sólo entrecortados destellos. Estos, iluminando las opacas regiones de las formas astrales y psíquicas, caen, ya en una, ya en otra, prestándoles calor y realidad engañosos, y extraviando tanto al médium como a los que lo toman por guía.

Volvamos a los tres "destinos" de que hemos hablado anteriormente, cada uno de los cuales puede afectar al Manas inferior.

Este puede elevarse hacia su origen y fundirse en uno con su "Padre en el Cielo". Este triunfo sólo puede obtenerse por medio de muchas sucesivas encarnaciones, conscientemente dirigidas todas hacia este fin. A medida que las vidas se suceden, la naturaleza pura concuerda más y más delicadamente con las vibraciones que corresponden a los impulsos manásicos, de modo que por grados va necesitando el rayo manásico cada vez menos de la grosera materia astral para vehículo suyo. "Parte de la misión del rayo manásico, es librarse gradualmente del ciego y engañoso elemento, el cual, aunque hace de aquél una entidad espiritual activa en este plano, lo pone, sin embargo, tan en contacto con la materia, que por completo obscurece su divina naturaleza y entorpece su intuición." (Lucifer, noviembre 1890, pág. 182). Vida tras vida se va descartando de este "ciego engañoso elemento", hasta que, por último, dueño de Kama, y con el cuerpo respondiendo a la mente, el rayo de funde con su radiante fuerza; la naturaleza inferior se pone en armonía con la superior, y el Adepto se muestra completo; el "Padre y el Hijo" se han hecho uno en todos los planos, así como han sido siempre "uno en los cielos". Para él ha concluido la rueda de las encarnaciones; el ciclo de necesidad ha sido hollado. En adelante puede encarnar a voluntad. para prestar algún servicio especial a la humanidad o puede permanecer en los planos que rodeen la tierra, sin el cuerpo físico, coadyuvando a la ulterior evolución del globo y de la raza.

Puede aspirar en parte a lo alto y en parte tender a lo inferior. Esta es la normalidad de la masa humana. Toda vida es un campo de batalla, y la batalla se libra en la región del Manas inferior, en donde Manas lucha con Kama por el imperio del hombre. Presto la aspiración hacia lo alto, vence; las cadenas de los sentidos se rompen, y el Manas inferior, con el resplandor de su origen, remonta su vuelo con gran impulso despreciando los lugares terrestres. Pero ¡ay! bien pronto se cansan sus alas y se debilitan y pliegan, y cesan de batir el aire; entonces el ave real, cuyo verdadero reino está en las alturas, desciende pesadamente otra vez al pantano terrestre para ser encadenada por Kama.

Cuando el período de la encarnación termina y las puertas de la muerte cierran el camino de la vida terrestre ¿qué sucede al Manas inferior en el caso que estamos considerando...?

Poco después de la muerte del cuerpo físico, Kama-Manas queda en libertad y permanece por algún tiempo en el plano astral, revestido con un cuerpo de la materia propia de este plano. De éste se separa gradualmente todo lo que ha permanecido puro y sin mancha del rayo manásico, que vuelve a su fuente, llevando consigo aquellas experiencias de su vida de naturaleza tal, que puedan ser asimiladas por el ego superior. Manas entonces vuelve así a ser nuevamente uno, y uno permanece durante el período que transcurre entre dos encarnaciones. El ego manásico, unido a Atma Buddhi, los dos principios más elevados de la constitución humana, de los que aún no hemos tratado, pasa al estado de conciencia devachánica, descansando, así como descansamos en el sueño, de las fatigas, de las luchas de la vida por que ha pasado, rodeado de sueños venturosos, matizados y poblados de las experiencias de la última vida terrestre. Estas son llevadas a la conciencia manásica por el rayo inferior retrotraído a su fuente y hacen del estado devachánico una continuación de la vida terrestre, pero sin sus pesares, complemento solo de los deseos y aspiraciones puras y nobles de la vida en la tierra.

La frase poética de que "la mente crea su propio cielo", es más verdadera de lo que muchos han podido imaginar; pues en todas partes el hombre es lo que piensa, y en el estado devachánico la mente queda libre de la grosera materia física que le sirve de instrumento en el plano objetivo. El período devachánico es el tiempo para la asimilación de las experiencias de la vida, en que se restablece el equilibrio antes de comenzar una nueva jornada. Es la noche que sucede al día de la vida terrestre; el lado opuesto de la manifestación objetiva. La periodicidad aquí, como en todas partes, en la naturaleza, es flujo y reflujo, pulsación y reposo, el ritmo de la Vida universal. El estado de conciencia devachánica tiene diversa duración, proporcional al grado de evolución alcanzado. El término medio del Devachán, para la generalidad de los hombres bastante evolucionados parece ser de unos mil quinientos años.

Mientras tanto, aquella porción de la impura vestidura del Manas inferior que permanece pegada al Kama, da al Kama-Rupa. (Rupa es forma o cuerpo, por lo tanto Kama-Rupa es cuerpo de Kama) cierta confusa conciencia, una memoria interrumpida de los sucesos de la vida última. Si las pasiones y emociones fueron intensas y el elemento manásico débil, durante el período de encarnación, el Kama-Rupa estará fuertemente vigorizado, y su actividad persistirá por largo tiempo después de la muerte del cuerpo.

Mostrará también considerable conciencia, en proporción al dominio ejercido sobre el rayo manásico por los vigorosos elementos kámicos y al tiempo que haya permanecido mezclado con ellos. Si, por el contrario, la última vida. estuvo caracterizada por las cualidades mentales y por la pureza, más bien, que por la pasión, el Kama-Rupa, poco vigorizado, será un pálido simulacro de la persona a que perteneció, y decaerá, se desintegrará y perecerá antes de que transcurra mucho tiempo.

El "fantasma" antes mencionado (véase el número anterior de nuestra REVISTA) se comprenderá ahora, completamente. Puede .mostrar una inteligencia muy considerable, si el elemento manásico está todavía presente en gran parte, siendo este el caso del Kama- Rupa de naturaleza muy animal y de poderosa aunque grosera, inteligencia; pues la inteligencia, actuando en una potente personalidad kámica, será extremadamente tuerte y enérgica, aunque no sutil ni delicada, y el fantasma de semejante persona, todavía más vitalizado por las corrientes magnéticas de personas vivas, puede mostrar mucha habilidad intelectual de bajo tipo. Pero este fantasma no tiene conciencia; está privado de buenos impulsos y tiende a la desintegración; las comunicaciones con él sólo pueden tener malas consecuencias, ya porque prolonga la vitalidad de aquél por la corriente que absorbe de los cuerpos y de los elementos kámicos de los vivos, ya porque agota la vitalidad de estas personas, mancillándolas con conexiones astrales de una clase que no es de desear.

Ni debe olvidarse tampoco que, aun sin asistir a sesiones espiritistas, pueden las personas vivas entrar en contacto reprobable con estos "fantasmas" kámicos. Como ya se ha dicho, son atraídos a los lugares en donde la parte animal del hombre obtiene principalmente su provisión; las tabernas, las casas de juego, los burdeles y los sitios semejantes, están llenos del más vil magnetismo, son vórtices cenagosos de corrientes magnéticas del tipo más inmundo. Estos. sitios atraen magnéticamente los "fantasmas" que se aglomeran en estos torbellinos psíquicos de todo lo que es terrestre y sensual. Vivificados por corrientes tan afines a las suyas propias, los Kama-Rupa se hacen más activos y potentes, impregnados con la emanación de las pasiones y deseos que ya no pueden satisfacer físicamente; sus corrientes magnéticas dan mayor fuerza a las corrientes similares de las personas vivas, siguiéndose alternativamente la acción y la reacción; por lo que las naturalezas animales de los vivos se hacen más poderosas y menos sujetas al freno de la voluntad, viniendo a ser juguete de estas fuerzas del mundo kámico. Kama-Loka (de loka, que significa lugar y, por tanto lugar de Kama), es un nombre usado a menudo para designar este plano del mundo astral a que pertenecen estos "fantasmas"', del que irradian corrientes magnéticas de carácter ponzoñoso, como se desprenden de una casa apestada de gérmenes de enfermedades que pueden arraigar y desarrollarse en el terreno propio de un cuerpo físico, pobre de vitalidad.

Es muy posible que muchos, al leer estas manifestaciones, digan que la Teosofía es la renovación de las supersticiones de la Edad Media. y que conduce a terrores imaginarios. La Teosofía explica las supersticiones de aquella. época y muestra los hechos naturales en que se fundaban, de los cuales derivaban su veracidad. Si existen en la naturaleza otros planos distintos del físico, ninguna clase de razonamientos podrá libramos de ellos, y la creencia en su existencia reaparecerá constantemente; pero el conocimiento les asignará su puesto inteligible en el orden universal y pondrá coto a la superstición por medio de una exacta comprensión de su naturaleza y de las leyes, bajo las cuales funcionan. Recuérdese que las personas cuya conciencia está normalmente en el plano físico, pueden abroquelarse contra las influencias no deseadas, manteniendo limpias sus mentes y fuertes sus voluntades. La mejor manera de defendemos de las enfermedades, es mantener nuestros cuerpos en vigorosa salud; no podemos preservamos de gérmenes invisibles, pero podemos impedir que nuestros cuerpos sean terreno apropiado para el arraigo y desarrollo de los mismos. Así como no tenemos necesidad de ponemos deliberadamente en el camino de la infección, no debemos colocarnos al alcance de estos gérmenes malignos del plano astral. Podemos impedir la formación del terreno Kama-manásico en que puedan aquéllos germinar y desarrollarse, pero no tenemos necesidad de ir a lugares corrompidos, ni alentar deliberadamente las tendencias receptivas y mediumnímicas. Una voluntad potente y activa y un corazón puro, son nuestro mejor escudo.

Queda ahora la tercera posibilidad para Kama-Manas, a la cual debemos prestar nuestra atención; es la suerte de que se ha hablado antes, como "terrible en sus consecuencias", que puede caber al "principio Kama-manásico".

Puede separarse de su fuente, y hacerse uno con Kama, en lugar de fundirse con el Manas superior. Esto es afortunadamente un suceso muy raro; tan raro en un polo de la vida humana, como lo es en el otro la completa reunión con el Manas superior. Pero la posibilidad existe, y tiene que ser tratada.

La personalidad puede ser tan dominada por Kama, que en la lucha entre los elementos kámico y manásico, la victoria puede quedar por el primero. El Manas inferior puede ser esclavizado de tal modo, que su esencia puede, por decirlo así, llegar a adelgazarse más y más con el frote y tensión constantes, hasta que al fin, el continuo abandono a las insinuaciones de los deseos, da el consiguiente fruto, y el delgado eslabón que une al Manas superior al inferior, el "hilo de plata que lo ata a su Maestro", se rompe en dos.

Entonces, durante la vida terrestre, el Cuaternario inferior es arrancado de la Triada a que estaba unido, y la naturaleza superior se separa por completo de la inferior. El ser humano se desgarra en dos; el bruto ha roto la sujeción, y, puesto en libertad, se lanza desenfrenado, llevándose consigo reflejos de aquella luz manásica que debió haber sido su guía por el desierto de la vida. Es un bruto mucho más peligroso que sus semejantes del mundo animal, que no han verificado su evolución, precisamente por los fragmentos que en el existen de la mente superior del hombre. Semejante ser, humano por la forma, pero bruto por naturaleza; humano en apariencia, pero exento de piedad, de amor y de justicia, puede encontrarse en las reuniones de los hombres, corrompido en vida, una cosa que hace estremecer con la más profunda y desesperada compasión. ¿Qué suerte le cabe después que ha sonado la fúnebre campana?

Sólo le resta deshacerse a la personalidad que a roto así con los principios únicos que podían darle la inmortalidad; pero aun persiste por algún tiempo.

El Kama-Rupa de un ser semejante, es una entidad de terrible poder, y tiene la peculiaridad única de reencarnarse en el mundo de los hombres. No es un mero "fantasma" en vías de desintegrarse; ha retenido en sus pliegues demasiada parte del elemento manásico, para que se verifique tal descomposición natural en el espacio. Es una entidad bastante independiente, obscura en vez de radiante; con llama manásica inmunda, en vez de purificadora; capaz de vestirse nuevamente la túnica de carne y habitar como hombre entre los hombres. Tal hombre, si esta palabra pudiera aplicarse a la nueva envoltura con el bruto en el interior, pasa por un período de vida terrestre, siendo enemigo natural de todos los que son todavía normales en su humanidad. Sin otros instintos que los del animal, impulsado solamente por la pasión y nunca por la emoción tan siquiera, con una astucia sin rival entre los brutos, con una perversidad deliberada para tramar el mal de modo desconocido a los meros impulsos naturales y francos del mundo animal, la entidad Kama-rúpica reencarnada llega al ideal de la abyección. Tales son los que manchan las páginas de la humana historia, como monstruos de iniquidad que nos aterran de cuando en cuando, haciéndonos exclamar estupefactos: "¿Es éste un ser humano?" Descendiendo más y más en cada sucesiva encarnación, la fuerza del mal se va desvaneciendo gradualmente; tal personalidad perece así, separada como está de la fuente de la vida. Finalmente se desintegra, sirviendo sus átomos para otras formas de vida; pero como entidad separada deja de existir. Es una cuenta desprendida del hilo de la vida, y el ego inmortal que encarnó en aquella personalidad, ha perdido la experiencia de aquella encarnación; no ha recogido cosecha alguna de aquella siembra de vida. Su rayo no ha reportado nada; el trabajo de la vida en aquel nacimiento ha sido un fracaso total, del que nada queda para ser tejido en la urdimbre de su propio eterno ser.



Los siete principios del hombre.
(The Seven Principles of Man)
Theosophical Publishing Society, London, 1892
Annie Besant

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