Los cuerpos de la mente. El Cuerpo Causal.

Annie Besant


A.- EL CUERPO MENTAL
* B.- EL CUERPO CAUSAL
C.- EL CUERPO ESPIRITUAL
D.- CUERPOS TEMPORALES
E.- EL AURA HUMANA


B.- EL CUERPO CAUSAL

Pasemos ahora al segundo cuerpo mental, conocido por su propio nombre distintivo del cuerpo causal. El nombre es debido al hecho de que todas las causas residen en este cuerpo. Este cuerpo es el "cuerpo de Manas", el aspecto y forma del individuo, del hombre verdadero. Es el receptáculo, el depósito, en el cual todos los tesoros del hombre se almacenan para la eternidad, y aumenta a medida que la naturaleza inferior le va suministrando más y más lo que es propio para su construcción. El cuerpo causal es aquel en el cual se teje todo lo perdurable, y en el que se depositan los gérmenes de todas las cualidades que se transmiten a la encarnación siguiente; así, pues, las manifestaciones inferiores dependen por completo del hombre, "para quien jamás llega la hora".

El cuerpo causal acabamos de decir que es el aspecto y forma del individuo. Hasta que éste no existe, no hay hombre alguno; pueden existir los tabernáculos físico y etéreo preparados para su morada, las pasiones, emociones y apetitos pueden irse reuniendo gradualmente para formar la naturaleza kámica del cuerpo astral, y hasta que la materia del plano mental principie a mostrarse en los cuerpos inferiores desarrollados. Cuando por el poder del Ser (Yo), preparando su propia habitación, principia a desenvolverse lentamente la materia del plano mental, entonces tiene lugar una emisión desde el gran océano del Atma-Budhi, que siempre está cobijando la evolución del hombre, el cual, por decirlo, así, sale al encuentro de la materia mental que se halla en estado de desarrollo y crecimiento hacia arriba, se une a ella, la fertiliza, y en este punto de unión se forma el cuerpo causal, el individuo.

Los que tienen el don de ver en esas elevadas regiones, dicen que este aspecto y forma del hombre verdadero, es como una delicada película de la materia más sutil apenas visible, señalando dónde el individuo ha principiado su vida separada; esta película delicada y descolorida de materia sutil, es el cuerpo que dura toda la evolución humana, el hilo en el cual se engarzan todas las vidas, el Sutratma que se reencarna: "el hilo del ser". Es el receptáculo de todo lo que está en armonía con la Ley, de todos los atributos nobles y armoniosos, y por tanto, perdurables. Es lo que determina el crecimiento del hombre, la etapa de la evolución que ha alcanzado. Todos los pensamientos grandes y nobles, toda emoción pura y elevada, es llevada y elaborada en su substancia.

Tomemos, como ejemplo, la vida de un hombre ordinario y tratemos de ver qué parte de esta vida puede pasar a la construcción del cuerpo causal, e imaginémonos a éste pictóricamente como una delicada película; ésta tiene que ser fortalecida, que hermosearse con colores, activa de vida, radiante y gloriosa, y aumentada en tamaño, a medida que el hombre crece y se desarrolla. En un estado inferior de evolución, el hombre no muestra mucha cualidad mental, sino más bien mucha pasión y apetitos. Siente las sensaciones y las busca; son las cosas hacia las que se siente atraído.

Es como si esta vida interna del hombre emitiese un poco de la materia delicada de que está compuesta, y a su alrededor se juntase el cuerpo mental, y éste se introdujese en el mundo astral, relacionándose con él, de modo que se formase un puente por el cual pasase todo lo que fuese capaz de ello, El hombre envía sus pensamientos por este puente al mundo de las sensaciones, de las pasiones, de la vida animal, y los pensamientos se mezclan con todas estas pasiones y emociones animales; de este modo el cuerpo mental se queda enredado en el cuerpo astral, ambos se adhieren entre sí, y su separa-ción es dificultosa cuando llega la muerte.

Pero si el hombre durante la vida que pasa en estas regiones inferiores tiene un pensamiento desinteresado, un pensamiento provechoso para alguien a quien ame, y hace algún sacrificio para servir a esta persona, entonces ha dado lugar a algo perdurable, a algo que puede vivir, a algo que tiene en sí la naturaleza del mundo superior; esto puede pasar al cuerpo causal e incorporarse a su substancia, haciéndolo más hermoso, dándole quizás el primer toque de color intenso; quizás durante la vida del hombre sólo haya unas pocas de estas cosas perdurables que sirvan de alimento al desarrollo del hombre verdadero.

Así, pues, el crecimiento es muy lento, pues todo lo demás de su vida no contribuye a ello; los gérmenes de todas sus malas inclinaciones, nacidas de la ignorancia y alimentadas con la práctica, son retrocaídos en estado latente; cuando el cuerpo astral, que les dio cabida y forma se disipa en el mundo astral, son absorbidos por el cuerpo mental y permanecen en él en estado latente, por falta de material para expresarse en el mundo devachánico; cuando el cuerpo mental a su vez perece, pasan al cuerpo causal, y allí también permanecen latentes, con la vida en suspenso. Cuando el Ego vuelve a la tierra y llega al mundo astral, lánzase afuera y reaparecen allí como las tendencias malas aportadas del pasado. Así, pues, pudiera decirse que el cuerpo causal es el depósito tanto de lo bueno como de lo malo, siendo todo lo que queda del hombre, después de disipados los vehículos inferiores; pero el bien pasa a formar parte de su constitución y contribuye a su crecimiento, mientras que lo malo, con la excepción hecha antes, permanece como germen.

Pero el mal que el hombre hace en su vida, cuando pone en ejecución su pensamiento, ocasiona al cuerpo causal un perjuicio mayor que el de permanecer latente en él como germen de futuros pecados y tristezas. No es sólo que el mal no contribuya al crecimiento del hombre verdadero, sino que cuando es sutil y persistente, arranca, si se permite la expresión, algo del individuo mismo. Si el vicio es permanente, si se persiste constantemente en el mal, el cuerpo mental se enreda de tal modo en el astral, que después de la muerte no puede libertarse por completo, y una parte de su misma substancia le es arrancada; y cuando el astral se desintegra, esta parte vuelve a la substancia del mundo mental, quedando perdida para el individuo; de este modo, pensando en nuestra imagen de una película o burbuja, podemos considerarla como adelgazada hasta cierto punto por la vida viciosa, no solamente retardada en su progreso, sino con algo inmiscuido en ella que dificulta más su construcción.

Es como si la película fuese afectada en cierto modo en su capacidad de crecimiento, esterilizada o atrofiada hasta cierto punto. Más allá de esto no pasa, en los casos ordinarios, el daño que ocasiona el cuerpo causal.


El Cuerpo Causal

Pero cuando el Ego se ha hecho poderoso en inteligencia y en voluntad, sin haber desarrollado en la misma proporción el desinterés y el amor; cuando se contrae a su propio centro separado, en lugar de extenderse a medida que se desenvuelve, y construye un muro de egoísmo a su alrededor, usando sus poderes, en curso de desarrollo, para el "Yo" en vez de para todos; en estos casos surge la posibilidad que se encuentra indicada en tantas escrituras del mundo, de un mal más peligroso y arraigado: el del Ego, que conscientemente se vuelve contra la ley, que lucha de un modo deliberado contra la evolución. Entonces el cuerpo causal mismo labrado en el plano mental por vibraciones de inteligencia y de voluntad dirigidas a fines egoístas, muestra los matices oscuros que resultan de la contracción, y pierde la deslumbrante radiación que constituye su propiedad característica.

Semejante mal no puede llevarse a cabo por un Ego poco desarrollado, ni por comunes faltas mentales concernientes a las pasiones; pues para causar un daño de tal trascendencia, el Ego tiene que estar altamente desarrollado, y debe poseer energías muy poderosas en el plano manásico. He aquí por qué la ambición, el orgullo y los poderes intelectuales aplicados a fines egoístas, son mucho más peligrosos, mucho más mortales en sus efectos, que las faltas más palpables de la naturaleza inferior. El "Fariseo" se halla muchas veces más alejado del "reino de Dios" que el "publicano y el pecador". En esta senda se desarrolla el "Mago negro", el hombre que vence la pasión y el deseo, y desarrolla la voluntad y los poderes mentales superiores, no para ofrecerlos gustosos como fuerzas que coadyuven a la evolución progresiva del todo, sino para apropiarse cuanto puede como unidad individual; para guardar para sí en lugar de repartir.

Tales entidades se dedican a sostener la separación en contra de la unidad universal, trabajan para retardar la evolución en lugar de apresurarla, y por tanto, vibran en discordancia con el todo, en vez de vibrar en armonía, y se hallan en peligro de ocasionar el desprendimiento del Ego, lo cual significa la pérdida de todo el fruto de la evolución.

Todos los que principian a comprender algo acerca de este cuerpo causal, pueden hacer que su evolución sea un objetivo definido de su vida, pueden esforzarse en pensar desinteresadamente y contribuir así a su crecimiento y actividad. Vida tras vida, siglo tras siglo, milenio tras milenio, prosigue la evolución del individuo, y ayudando a su desarrollo por medio de esfuerzos conscientes, obramos en armonía con la voluntad divina y llevamos a efecto el objeto para el cual estamos aquí; mida de lo bueno que se teja en la urdimbre de este cuerpo causal, se pierde jamás, nada se disipa, pues es el hombre que vive por siempre.

Vemos, pues, que por la ley de evolución, todo lo que es malo, por más fuerte que por el momento parezca, contiene en sí el germen de su propia destrucción, mientras que todo lo bueno encierra la semilla de la inmortalidad; el secreto de esto está en el hecho de que todo lo malo es discordante y va contra la ley cósmica, y por tanto, más tarde o más temprano ha de ser destruido por esta ley, se hace pedazos contra ella, y queda reducido a polvo. Por el contrario, todo lo bueno, estando en armonía con la ley, es acogido por ésta, conducido adelante dentro de la corriente de la evolución, "no de nosotros mismos, sino de aquello que marcha hacia lo justo", y por tanto, no puede perecer jamás, no puede ser nunca destruido. En esto se encuentra para el hombre no sólo la esperanza, sino también la certeza de su triunfo final; y por más lento que sea el desarrollo, allí está; aunque sea largo el camino, éste tiene fin.

El individuo que constituye nuestro Ser, evoluciona y no puede ser destruido por completo; y aún cuando por nuestras locuras hagamos el desarrollo más lento de lo que debiera ser, esto no obstante, todo aquello con que contribuyamos al mismo, por poco que sea, permanece en él eternamente, y queda en nuestro poder por todas las edades futuras.



Extracto de EL HOMBRE Y SUS CUERPOS
ANNIE BESANT

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